La NATO nació como una alianza de los países del norte del Atlántico Norte. Para defensa de los intereses de Londres y Nueva York. España no pinta nada ahí porque lo nuestro es o debiera ser, en todo caso, el sur del Atlántico Norte. Y el Atlántico Sur.
Algo más tarde, a Londres y NY se unió Tel-Aviv. En esa cosa entramos con el PPSOE de González y Aznar. Ahora España es parte de una comparsa indigna que se mueve zarandeada por la propaganda y el miedo. No hay proyecto común detrás de esa fachada, porque los ideales de la OTAN, incluso aunque decaiga la ridiculez woke ecoelegetebepé, no son mejores que los del Partido Comunista Chino ni por supuesto que los del Moscú actual.
Pero aún hay más. Marruecos, el ladrón del Sáhara, la narcomonarquía emergente, el país que más celebra nuestra decadencia es nuestro aliado gracias a la OTAN y bajo la mirada patriarcal del Tío Sam, socio preferente de la Alianza y títere colonial lo mismo que nosotros. "Tócala de nuevo, Sam", que decía aquel en Casablanca.
Yo no digo nada, pero el mundial de fútbol hispano-marroquí (algo más que pan y circo), ideado vaya usted a saber por qué sabios (los de "África empieza en los Pirineos", supongo), ¿no apesta a globo-sonda, a una especie de prefiguración de una amorfa republiquita intercontinental? ¿A algo así como un Panamá euroafricano para custodiar el "canal" de Gibraltar?
La pregunta que a estas alturas nos hacemos todos los que no vemos la tele es: ¿Dónde está, en definitiva, nuestra amenaza geoestrategica? ¿Estará allá, en Moscú, la Madre Rusia, la patria de Tchaikovsky, la víctima superviviente del marxismo, a tres mil kilómetros de distancia? ¿O más bien en Rabat, el vecino complicado, punta de lanza ahora moderadita y tolerante, vanguardia engañosa del totalitarismo islamista que viene detrás, como siempre, al estilo yihadista?
¿Es entonces por tanto Marruecos nuestro mayor enemigo? Responderé a esto con una preciosa palabra hispanoárabe: ¡Ojalá! Si Marruecos fuera nuestro enemigo podríamos amarle. El drama es que hoy por hoy nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos. El mayor enemigo de la España tradicional es la españita de la Revolución, la que se regodea en el autoodio, la que se suicida demográficamente, la que babea sumisamente ante Bruselas o ante la OTAN. Hasta que no recuperemos nuestra identidad ¿a quién nos vamos a enfrentar? Si no nos amamos primero a nosotros mismos ¿cómo vamos a poder amar al prójimo? ¿O cómo podríamos permitirnos el lujo de tener buenos enemigos?