13 mar. 2019

La violencia es típicamente masculina


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Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, que es como la abuela que NO necesitaban los políticos progres, ha descubierto la pólvora y ha dicho en una tertulia televisiva superfeminista que la violencia es algo típicamente masculino. Posteriormente, en su cuenta oficial de twitter, un portavoz de Vox ha salido al paso diciendo que si en esa televisión hubiera estado una representante de su partido no hubiera permitido esa afirmación sin rebatirla. Es lo que pasa con twitter, que si no se tiene un poco de cuidado se pueden escribir cosas sin pensar. Y es lo que tiene la política partitocrática, que a uno le da la sensación de que para marcar el territorio de su propio partido tiene que contradecir necesariamente todas las tesis del contrario. Pues bien. Sin que sirva de precedente tengo que decir que Manuela Carmena no ha dicho -con eso- ninguna tontería.
El problema no es que se diga que la violencia es algo típicamente masculino. El problema es que todos identifiquen violencia con injusticia. La violencia no es mas que el uso de la fuerza, sencillamente. Y ese uso puede ser muy justo y muy necesario cuando se ejerce en defensa de “los tuyos” o en la conquista de la naturaleza. También en defensa de la mujer. ¿No es esa la misma historia de la humanidad? ¿Una sucesión de luchas y de violencias, justas unas, injustas otras, practicadas para repeler a las fieras, para dominar la Tierra, para rechazar a los pueblos invasores y para asegurar una vida en paz?. La especie humana no se liberó de las bestias sin luchar; no fabricó los campos de cultivo sin arrancar violentamente millones de árboles; no extrajo de la tierra el mineral con el que se han hecho los abalorios de la alcaldesa Carmena sin dar violentos golpes a las herramientas. En todas las sociedades humanas, excepto en algunos raros experimentos de tipo “amazónico” que acabaron extinguiéndose por pura lógica, ha existido una división complementaria de roles en los que la biología ha ido siempre acompañada por la convención social. La violencia, es decir, el uso de la fuerza en sus versiones más extremas, ha sido generalmente una responsabilidad propia de los varones. Por eso fue un avance de la civilización la costumbre de impedir al 50% de la humanidad el acceso a los cuerpos militares. Pensar que eso nos hace mejores a los varones es una estupidez. Pero pensar que nos convierte automáticamente en criminales en potencia es profundamente injusto.
Existen muchos pecados que no son violentos. En la lista de los 10 mandamientos bíblicos sólo el quinto es el que prohíbe expresamente la violencia homicida. Por otra parte no siempre es necesaria una violencia explícita para acabar con una vida humana. Muchos de los cien mil niños (niños y niñas) que cada año mueren en España antes de nacer son ejecutados en el vientre materno por medios químicos, en un ambiente aséptico y no violento, con un hilo musical relajante como telón de fondo, tal como propugnan todas esas feministas tan enemigas de la violencia típicamente masculina.
Si lo que quería la señora Carmena era decir que hombres y mujeres somos iguales realmente ha dicho lo contrario. Si lo que quería era decir que los hombres somos peores es que se olvida de que la fuerza, como el veneno, puede ser justa y benéfica en la dosis adecuada. Si lo que pretendía era simplemente abogar por la táctica política de la no-violencia debería recordar que Ghandi fue un hombre. Y si, en fin, lo único que quería era despistar al personal utilizando ese argumento demagógico e histérico del “terrorismo machista” sería un gran error llevarle la contraria. Lo que hay que decirle es, efectivamente, que tiene razón. Que el uso de la fuerza bruta es cosa típica de los hombres: Por eso nunca habrá paridad en las cárceles. Por eso siempre las Carmenas nos seguirán necesitando para abrir los botes de mermelada o para cambiar la rueda del coche. Por eso sus guardaespaldas serán, generalmente, varones.