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22 ene 2023

El materialismo también era mentira


El materialismo también era mentira. No pretendía centrarse en lo material, real y palpable sino en una idea desordenada de la realidad. Los -ismos y las ideologías son así. Destrozan todo lo que tocan. El liberalismo la libertad, el comunismo la comunidad, el feminismo la feminidad, y el materialismo -aunque nos haya costado más verlo- la materia. De ahí los viejos rollos psicológicos y esotéricos y la nueva obsesión digitalizadora.

Frente a las metafísicas averiadas que se lían innecesariamente con el mito de la caverna, el pienso luego existo, el rollo maniqueo y otras idas de olla de gente ociosa y pedante los cristianos afirmamos la fuerza armónica de la realidad creada, espíritu y materia. Por eso nosotros no somos ni espiritualistas ni materialistas. El único -ismo que admitimos, porque es imposible exagerar la realidad, es el realismo. Como Aristóteles y Aquino.

Volviendo al materialismo... Hubo un tiempo en que la Revolución parecía aferrarse a lo material, a los kilos y a los litros de las cosas medibles y entonces teníamos que defender lo espiritual, el alma, la oración, el más allá... Esa fase ha terminado. Las cosas materiales han sido tan manoseadas que ahora toca salvar lo analógico. Quién defiende ahora la realidad, la bondad de la Creación y de la hermana naturaleza, las relaciones personales cara a cara, el dinero en efectivo, las cosas buenas del mundo sensorial somos nosotros, los cristianos.

La última fase de la Revolución se ha engolfado en un maniqueísmo cutre que, como profetizaba Matrix, prefiere la simulación digital, la digitalización obsesiva, antes que la cruda y bendita verdad real. Una plaga que deja aislado al individuo, solo con sus pensamientos manipulados. Los antiguos anacoretas cristianos buscaban la soledad a propósito, para centrarse en lo esencial y en la experiencia religiosa. Los postmodernos se encuentran cada vez mas solos, en una soledad indeseada, que no logran paliar las llamadas redes sociales digitales. Lo digital resulta enfermizo porque nos acaba alejando de los cinco sentidos y de la experiencia gozosa de lo real. 

Los digitalizados ya ni siquiera pecan a gusto. Se quedan -nos quedamos- en los malos pensamientos y las omisiones. ¡Qué cosa más triste!¡Aquellos pecados carnales antiguos... ! La gula, la lujuria, la ira... Eran y son totalmente reprobables, pero al menos en ellos uno, adorando torpemente a sus criaturas podía acabar encontrando al Creador. En cambio los pecados digitales, tan fáciles y tan baratos, solitarios, refugiados en los recovecos de la imaginación, la adicción y el pensamiento... ¿No esclavizan mucho más que los viejos pecados analógicos de toda la vida?

La obsesión digital no es el único enemigo de la realidad. Hay otros, ya mencionados, que son el psicologismo, el esoterismo y, por supuesto, las ideologías. Al final todas estas tendencias evasivas coinciden en predicar algo que se parece sospechosamente los viejos errores dualistas, mazdeístas, gnósticos, maniqueos, bogomilos, cátaros o albigenses: lo material es malo, lo espiritual es bueno.

Por eso es preciso negar la mayor. Ir a la raíz del debate y afirmar con sencillez y confianza que "vió Dios que todo era bueno", que el mal no tiene entidad propia, y que la realidad de las cosas, pase lo que pase, al final acabará imponiéndose.

21 ene 2023

Los inventos, lo posible y lo correcto


Los inventos están sobrevalorados. Hemos puesto a Leonardo da Vinci y a Edison por encima de Tomás de Aquino y Gracián y así nos va. Primero se los inventa para demostrar que funcionan. Y luego, si eso, cuando queda un rato libre, se convoca un simposium para reflexionar sobre los pros y los contras de cada ocurrencia. La emoción que genera cada novedad juega con eso, con vértigos, adrenalina y, peor aún, con el típico voluntarismo ciego y orgulloso que no ve mas que retos, apuestas, oportunidades para la diversión y conquistas innecesarias. Primero se inventa, luego ya vendrá la ética para hacer lo que pueda. O, peor aún, que vengan otros inventos -un clavo saca otro clavo- para intentar corregir los daños colaterales del primero.

Estas tardes oscuras de invierno en las que sigues trabajando aunque se haya hecho de noche acuérdate de los felices antiguos que solamente trabajaban de sol a sol. Y recuerda que además sabían descansar a la sombra en verano, porque la electricidad mató la noche pero también la siesta. Así es como funcionan los inventos. Aparecen para resolver y facilitar, con un aura de salvadores de la humanidad difícil de criticar pero nadie se dedica luego, de verdad, a hacer un balance ecuánime de las pérdidas y ganancias que suponen. El transporte urbano, por poner otro ejemplo vulgar... ¿Quién podría oponerse al progreso de incorporar un trenecito que en diez minutos nos lleve de punta a punta de la ciudad? El problema es lo que viene después del trenecito: otro trenecito, y otro, y otro que se van encadenando sucesivamente de forma que si antes se tardaba media hora en recorrer la ciudad a pie, ahora se tarda exactamente la misma media hora en recorrer la misma ciudad recrecida en tren. Viaje usted media hora en tren para llegar a tiempo al gimnasio en el que pagando hará el ejercicio equivalente a media hora de caminata. 

Otro ejemplo aún más tonto: el ascensor. ¿Se ha molestado alguien en hacer un verdadero estudio en profundidad sobre la evolución, influencia social y consecuencias reales provocadas por este invento?Me dirán que gracias al ascensor hemos ahorrado a nuestras pobres rodillas el esfuerzo de subir 15 pisos. Pero es que sin ascensor no existirían edificios de quince pisos. Por otra parte, ese tipo de inventos que podríamos llamar "cómodos", como el maravilloso ascensor, ¿no son precisamente los que nos han convertido en seres sedentarios y con sobrepeso? Desde el punto de vista psicológico, ¿qué beneficio ha traído el ascensor a nuestras interacciones vecinales? Las conversaciones de ascensor, cuando alguna vez se producen, son penosas. En un ascensor hasta los pensamientos se hacen incómodos. ¿Por qué será? El ascensor ha tenido también una importante incidencia en la conformación del urbanismo y ha roto cualquier equilibrio ciudadano. Ha igualado los precios de todos los pisos independientemente de su altura con lo que ha contribuido a un igualitarismo empobrecedor. Cuando no había ascensores podían compartir una misma escalera desde el industrial del primero hasta el bohemio de la buhardilla pasando por una sucesión de clases diversas. Gentes que día tras día aprendían a convivir y a tolerarse en los rellanos o el patio de vecinos. La novela rusa o la creatividad de los artistas parisinos no habrían existido en un mundo repleto de ascensores. En la era pre-ascensor las clases -y las generaciones- podían vivir entremezcladas, pero al extenderse el invento se potenció la segregación por barrios, por clases y por edades, y así es como tenemos barrios familiares, barrios envejecidos, barrios bajos y altos, etc.

Aquí lo dejo. No pretendo abolir los ascensores, ni el metro, ni la electricidad. Sería una estupidez. Pero me alegraré si les he hecho pensar algo en los pros y los contras. Vuelvo a mi pregunta inicial ¿para qué sirven los inventos? ¿qué tal si pensáramos en las consecuencias antes de aplicarlos? El 90 por ciento de los inventos, a cuál más inútil, consiste en reproducir lo que ya hace de forma razonable la naturaleza. Mucho madre Tierra, mucho amor al ecosistema pero no sabemos vivir sin plastificarlo todo: un perro mecánico; un altavoz que te dispensa de gritar; un vehículo que te impide andar; un motor para sustituir a una sencilla manivela; una flor de plástico; un sol artificial; una probeta en vez del abrazo conyugal; un útero de silicona... 

Vivan los inventos bien pensados. Que viva la inventiva y que muera la aberración antinatura. Lean la historia de Frankenstein. Estamos endiosando la tecnología y los inventos como si todas las ocurrencias fueran inevitables. Olvidando que la razón y la ética están para algo. Y que no estamos aquí para hacer todo lo posible sino todo lo correcto. 

15 ene 2023

"La incorporación de la mujer al mercado laboral"


Las leyes de racimo que acaba de lanzar el gobierno para empeorar las ruinas entre las que vivimos nos tienen medio aturdidos. Pero no es este último vómito legal lo que más ha contribuido a la destrucción de la familia sino ese otro viejo criminal de guante blanco que es el capitalismo liberal. Todas las ideologías, todas, han hecho su papel para que estemos como estamos. La laicidad del estado, el matrimonio civil, la anticoncepción, el feminismo, el divorcio, el aborto, las parejas de hecho, la ideología de género, el aberrosexualismo, la eutanasia y los 16 modelos de familia no son banderas enfrentadas sino capítulos de un mismo libro. Escaleras descendentes que, peldaño a peldaño, responden a una misma lógica interna.

Pensemos por ejemplo en eso de "la incorporación de la mujer al mercado laboral". Un eufemismo como una casa. Las mujeres siempre han trabajado fuera de su hogar cuando ha hecho falta. Y no me refiero solo a la necesidad de dinero porque, al menos en los países cristianos, no han faltado mujeres desarrollando sus talentos en cualquiera de los oficios o de las artes. Lo que sucede es que una sociedad sana necesita que una parte no pequeña de su fuerza laboral se dedique a atender el hogar y la crianza. Y eso es lo que han hecho las mujeres toda la vida. Más felices que resignadas. Pero aquí lo que ha pasado es que se ha demolido, a propósito, el dignísimo oficio y trabajo de madre de familia y ama de casa. Dicen que antes había una mentalidad que reprimía a las mujeres, bueno, habría que ver a qué "antes" nos estamos refiriendo. Lo cierto es que ahora la nueva mentalidad está reprimiendo de muchos modos la vocación de ama de casa. Ha habido grandes cambios, sí, y se mire como se mire han sido para peor porque si no ¿cómo se explica que la institución más valorada, la familia, sea al mismo tiempo la que sufre una crisis más profunda?

Lo que principalmente ha roto las familias es denigrar la vocación típicamente femenina. Llamar maruja al ama de casa; insistir -incluso cuando era para negarlo- en el estereotipo machista burgués de la mujer-florero; dar a entender que el sueldo del padre de familia era una ganancia individual y no el sostén familiar; hacinar a la gente en pisos aislados, sin vida social, como celdas... Todo eso y más es lo que corroe a la familia natural. Porque ¿qué mujer cristiana, consciente de su dignidad, podría soportar esa vida? Denigrada, empobrecida y encerrada en un piso... Si eso es lo que ofrece el capitalismo a la mujer media es normal que prefiera trabajar en una gasolinera. Servir a cualquier jefe antes que a su marido.

Las consecuencias de ese acoso y de ese abandono están a la vista: mujeres masculinizadas y resentidas, hombres afeminados y con complejo de culpa, niños obesos, jóvenes desmadrados, abuelos desatendidos, aborto para interrumpir las vidas no deseadas, y divorcio como fábrica para esos "nuevos modelos de familia" que no son mas que trozos de familia. Un absoluto desastre. Y no. No hemos necesitado que venga Lenin ni una dictadura social-comunista para ver la destrucción del orden social familiar. Eso nos lo hemos ganado a pulso con "la democracia que nos hemos dado".

12 ene 2023

Ni izquierda ni derecha: armonía sintética


Uno de mis hermanos me ha pasado un artículo de Francisco Canals Vidal, leído allá por 1967, en un Congreso de Amigos de la Ciudad Católica, titulado "Monismo y pluralismo en la vida social". Es magnífico. Como no podía ser de otra manera, la única "receta" que ofrece es esta: "... el de la soberanía de Dios, único principio que puede asegurar en lo político la armonía sintética y ordenada de la unidad y de la multiplicidad."

Las palabras de Francisco Canals siempre, y ese artículo en concreto, ofrecen mucha luz. Me asombra particularmente cómo ilumina la acción política. En él nos enseña por ejemplo que dividir el mundo entre izquierda y derecha es lo mismo que cronificar todas nuestras enfermedades sociales. Que en realidad, son todo ese tipo de divisiones diabólicas -valga la redundancia- lo que nos aleja de la verdad, el bien y la belleza. Aberraciones gnósticas y maniqueas que nos impiden vivir en paz.     
 
Año 1967: en aquel entonces ya todos andaban pensando en categorías de izquierda o derecha, y en qué pasaría cuando faltara Franco. Canals no. Él pensaba, como Dios manda, en la armonía sintética. En aquella coyuntura el Carlismo, que siempre ha querido ser una armonía sintética al estilo español, fue manipulado por unos para cobijar a iluminados de izquierdas y por otros para tratar de convertirlo en mamporrero de las derechas. Gracias a Dios salimos de aquellas trampas. Maltrechos y menguados, pero salimos. Yo no se qué percepción tendrán ustedes de la Comunión Tradicionalista actual, pero en lo que de mí dependa estaremos trabajando por esa armonía sintética de la que hablaba Canals. 

No se trata de caer en el indiferentismo, el accidentalismo, el neutralismo, el buenismo o el centrismo. Se trata de amar con locura la verdad y la realidad de las cosas. Y de estar dispuesto a encontrarlas allí donde quiera que se encuentren. Porque lo cierto es que el mal actúa siempre, necesariamente, a través del bien; que el pecado se propaga atravesando e hiriendo como primera víctima al pecador; que el mal no tiene entidad. Por eso no tiene mucho sentido hablar de "ellos y nosotros", de "los buenos y los malos". El amor a los enemigos no es ninguna locura. Tiene toda su lógica en tanto que nos exige huir de la soberbia para poder aprovechar todo lo que hay de bueno allí donde pensábamos que solo habría cizaña.
 
Pero volviendo a la armonía en política. Eso es lo que siempre aprendimos de los viejos carlistas. Ellos se habían convertido en facciosos a su pesar, en banderizos y partidarios forzosos cuando lo que anhelaba su corazón era la bendita unidad en una patria de hermanos. Carlos VII ofreciendo una tregua, Luis de Trelles canjeando prisioneros, el requeté cargando en sus espaldas con su enemigo malherido, abogados carlistas defendiendo a los anarquistas, María Rosa Urraca Pastor amiga de Dolores Ibarruri, Alvaro d'Ors carteándose con el republicano Sánchez-Albornoz, mi padre de tertulia con el jefe comunista del pueblo... ¡Tantos y tantos ejemplos que podría poner!

Insisto, no se trata de buenismo ni de beaterías, se trata de entender que esto, lo de tejas abajo, no lo arreglarán ni la izquierda ni la derecha. Que ningún reduccionismo de moda nos ha de traer ni la paz, ni el respeto, ni la alegría de vivir. Que el "único principio que puede asegurar en lo político la armonía sintética y ordenada de la unidad y de la multiplicidad" es reconocer la soberanía de Dios. Nada más y nada menos.