22 mar. 2020

Unidos, sin partidos, rezando. Y sin caceroladas

Desde que comenzó esta crisis sanitaria llevo oyendo teorías de la conspiración a cual más peregrina. Que si los chinos, que si la CIA, que si un plan de eutanasia globalista para matar a los viejos y quitarnos la Santa Misa... Son teorías contradictorias unas con otras... Explicaciones incompletas que se suman al rifi-rafe partidista de siempre, multiplicado ahora por cien.

Todo ello son sombras que se superponen a las tinieblas, oscuridades que no ayudan. La verdad es una, no me cabe duda. Y algún día todo se acabará sabiendo: el origen del brote, los ocultamientos y las chapuzas, los intereses inconfesables y las incompetencias... Pero a mí ahora no me interesa lo más mínimo ver esa película, ni saber si lo que nos amenaza son galgos o podencos.

Ahora es el momento de la auténtica unidad. La de los hombres de buena voluntad, la de quienes renuncian a las banderías y a las jugadas partidistas para salir de esta pandemia de la mejor manera posible.

Porque lo que tenemos ahora en juego no es el colchón de Pedro Sánchez, ni una convocatoria de premios al mejor gestor de la crisis. Ni siquiera es lo más importante saber si la hegemonía mundial acabará siendo deTrump o de Xi Jimping.

Lo que nos jugamos con el coronavirus es la vida de miles de abuelos, bibliotecas andantes, un eslabón de nuestra misma identidad. Pero también la vida misma del tejido social. Ese ecosistema de los cuerpos sociales naturales que lleva dos siglos bombardeado por las ideologías liberales y que ahora está a merced de un estado orwelliano. Queríamos individualismo y ya tenemos prohibido el abrazo. Queríamos eutanasia y ya tenemos la muerte más indigna. Queríamos un mundo sin Dios y lo hemos conseguido. Queríamos seguridad y al fin hemos logrado que la delincuencia se reduzca a mínimos históricos. ¿Era esto lo que queríamos? ¿No? ¿Cómo haremos entonces para salir de aquí con el menor daño posible?

Mi respuesta es clara: unidos y rezando. Sin quejas y sin caceroladas. Entiendo el cabreo de muchos con los partidos del gobierno, que ni siquiera en una crisis como esta han sido capaces de soltar el lastre de sus ideologías; entiendo el hartazgo que producen los monólogos cínicos y caraduras de Pedro Sánchez. Pero es que Sánchez ya era así antes del COVID-19. El personaje es ya conocido. No necesitaba una gran crisis sanitaria para descubrir su cinismo y sociopatía. El problema es que detrás de Sánchez y de Iglesias hay muchos compatriotas abducidos y el rencor crece con cada cacerolada. Por eso, si de verdad queremos cambiar la tendencia guerracivilista que nos amenaza debemos actuar de una forma distinta. Esta crisis era una ocasión de oro para unirnos todos los españoles como nunca. Sería muy irresponsable dejar pasar este momento. Sería criminal. 

Por eso termino animando a que sepamos al menos aprovechar esta crisis para crecer. Y para prepararnos bien para lo que vendrá después.

No entremos en partidismos suicidas, manías conspiracionistas ni quejas inútiles. Busquemos la unidad y construyamos lo que otros destruyen. Todo esto parece nuevo... pero no lo es: la lucha es la de siempre.

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Apostilla sobre las caceroladas:
Si las caceroladas fueran solo contra los políticos estupendo. Pero son de una parte de los españoles contra otra parte. Ahora no podemos alentar eso. No debemos ser como ellos.
No pretendo imponer mi opinión pero tengo la convicción de que el papel del Carlismo no puede ser en este momento el de sumarse a la queja ni alimentar el cabreo. Para eso ya están otros.

27 feb. 2020

¡Adoctrina! (Que Alguien Haga Algo nº43)

Fíjense en lo que voy a decir: hay que adoctrinar a los niños. Eso es lo que hay que hacer. Porque lo que  los niños necesitan no son dudas, incógnitas, vacíos ni superficialidades. Lo que tienen que darles sus mayores, sus padres principalmente, es doctrina. Certezas, cimientos, respuestas y pensamiento fuerte. Sólo así es como podrán desarrollar un espíritu crítico. La peor amenaza a los niños y a las escuelas no es que se les adoctrine, sino el hecho de que los políticos progres lgtbp pretendan hacerlo a su estilo.

La doctrina es el alimento del alma. Los malos alimentos no se combaten con hambre sino con alimentos buenos. Las doctrinas perversas no se frenan con el vacío imaginario de los liberales sino con la sana doctrina.

Adoctrinar a los hijos es lo que cabe esperar de un buen padre. Es normal que un caníbal adoctrine a sus hijos en el canibalismo. Es posible que el considerar a sus hijos dignos de adoctrinamiento sea lo único bueno que haga. Porque lo malo es su canibalismo, no su paternidad.
Adoctrinar es, al fin y al cabo, una forma de alimentar. Es la forma ordinaria que -salvo casos parapsicológicos de ciencia infusa- utilizamos los seres humanos para amueblarnos el cerebro, y para ordenar la conciencia. Sin adoctrinamiento no hay ser humano, no hay tradición, no hay crecimiento social sino pura animalidad, puro instinto genético. Por eso, cuando uno deja de adoctrinar sucede que viene otro para llenar el vacío. Si hiciéramos caso a aquellos ingenuos que nos previenen “en contra de todo tipo de adoctrinamiento” estaríamos condenando a los jóvenes al engaño de las ideologías, y a la programación de aquellos que no les aman.


24 feb. 2020

Letreros farisaicos

De un tiempo a esta parte se colocan en las entradas de muchos pueblos y ciudades letreros de color rosa o morado con la leyenda: "Este pueblo no tolera las agresiones sexistas" o alguna similar. No está mal. Pero este mandamiento apenas abarca una parte del sexto de los que exige la Ley Divina.

Antes, cuando la gente no necesitaba ser progre para saber si estaba actuando conforme a los principios morales o no, cada ciudad tenía un crucero a su entrada. Un crucero, un humilladero, un calvario, un cruceiro... Era el recordatorio de que había no medio sino diez mandamientos en los que los vecinos manifestaban su rechazo total y radical a las agresiones lujuriosas así como a todas las demás obras del demonio.

Es muy posible que dentro de poco al cartelito contra la lujuria se añada otro exigiendo el respeto al medio ambiente, o sea, lo que vendría a ser una parte de las exigencias que encierra el cuarto mandamiento judeo-cristiano. Y así, poco a poco, si nos ponemos optimistas, podríamos soñar con que llegará un día, seguramente lejano pero posible, en el que las entradas de las ciudades sean un bosque de preceptos. Más parecidos a un código fariseo que a la sencillez del Evangelio que, en un alarde de síntesis, resumió hace dos mil años todos los mandatos y todo el código penal en una frase: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo".

12 feb. 2020

Segunda tertulia en Radiocadena Española. 12 de febrero de 2020

Hoy he intervenido por segunda vez en Radiocadena Española, en la tertulia La Ratonera dirigida por Santiago Fontenla.

Hoy hablamos de:
- eutanasia
- rebaja en las perspectivas de crecimiento económico de España
- problemas en el congreso del Móvil de Barcelona por el coronavirus
- visita de don Felipe a Trump
- elproblema de la estructura insostenible del estado español

El programa se emite a las 07:00 y se repite a las 10:00 h.

Se puede escuchar en formato Podcast en cualquier momento

https://www.spreaker.com/user/radiocadena/laratonera1202

LA RATONERA

7 feb. 2020

Presentación de Babelicismos en Pamplona

El viernes 7 de febrero presenté mi último libro en Pamplona, y tuve el honor de hacerlo en el aula magna del Seminario Conciliar de San Miguel, acompañado por el director de La Verdad, don Alfredo Urzainqui. Como no sabía muy bien qué decir me animé a escribir un nuevo "babelicismo". El número 101. Es éste:

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PRESENTACIÓN:

Si un libro es como un hijo una presentación es como un bautizo. No entraré en terrenos pantanosos para dilucidar si sería mejor compararla con la circuncisión de los judíos, o con la presentación en el templo. Digamos simplemente que se trata de compartir una alegría. Atrás quedaron el doloroso parto y las molestias de la gestación. Ahora solo queda la satisfacción de que este hijo, con todas sus imperfecciones, ha tomado vida propia. Vida más larga en esta tierra que la breve y trabajosa de su pobre autor mortal. Y esa alegría es la que se quiere compartir.

Las presentaciones son muy importantes. Siempre he pensado que hay libros para los que su presentación es más importante que su mismo contenido. En parte por aquello de que la primera impresión es la que cuenta. Pero también porque a veces no existe nada más allá de esa primera impresión. Libros, como todo el mundo sabe, los hay de todas clases. Hay libros, como la Biblia, que tienen una presentación todos los días. Es lo que llamamos "liturgia de la Palabra". Los grandes libros admiten una presentación para cada una de sus páginas. Otros, en cambio, sospecho que son libros en blanco, libros que solamente tienen una portada, y una cubierta de diseño. No puedo demostrarlo, pero estoy seguro de que existen libros que nadie ha escrito y que nadie leerá. Pero son libros que tienen su presentación, por supuesto. Porque una buena presentación vale más que mil palabras. Cualquier libro la agradece, aunque no la merezca, y da igual que sea una tesis, que una recopilación de articulitos, que una sarta de chistes. Los libros, como las especies en la cabeza de Darwin, ayudan a la evolución del espíritu humano, constituyen ecosistemas que tienden al equilibrio y que se basan en las relaciones que establecen a lo largo de la cadena trófica los libros gordos, los medianos y los ligeros. Con una salvedad: en el mundo de las letras la cadena funciona al revés que en los océanos. Las grandes ballenas literarias son el alimento de los libros intermedios. Y estos a su vez, constituyen el nutriente del pequeño plancton. 


Las presentaciones son además fundamentales para el alimento de la vida social. Cuando no había internet eran lo que sostenía la cultura de los pueblos. Aun hoy siguen siendo un momento privilegiado para hablar de cosas distintas a las tediosas anécdotas del telediario. Los bautizos, los funerales, las presentaciones... tienen todos estos eventos una parte de acto social que nos mantiene con vida porque en ellos hablamos de la vida y de la muerte, y aprovechamos para recapitular las trayectorias de nuestros coetáneos. Aunque a uno no le apetezca asistir sabe que es su obligación, como quien reconoce que necesita de vez en cuando una transfusión de sangre. 


En las presentaciones, conforme se va uno alejando de la fecha de edición, se mezclan entre el público asistente quienes han leído la cosa presentada y quienes aguardan el momento propicio. Momento que todos sabemos que nunca llegará para algunos. Los autores de novela, -perdón, los autores de novelas- tiemblan ante la posibilidad de que la indiscreción de los lectores adelantados descubra el final de la trama a los ingenuos. Los autores de retales y ocurrencias no sufrimos por eso. Sabemos que nadie va a ir por ahí contando cien finales. (No se si se habrán dado cuenta, pero ya estoy terminando el párrafo sin haber dicho esa cosa horrible de "hacer un espoiler". Vaya... ya lo he dicho).

Una buena presentación debe comenzar, en fin, con una acción de gracias. Es lo que se espera de un autor considerado. Que dé gracias a la familia que ha soportado sin asesinar al autor los ratos de ausencia física y mental que conlleva la creación literaria. Gracias al inspirador, al editor, al mecenas, al corrector, al prologuista, al diseñador gráfico, al distribuidor, al librero... funciones que a veces, se reúnen casi todas a la vez, en las mismas espaldas de un autor desconocido. Son tantas las pequeñas facetas y faenas que intervienen en cualquier proceso creativo, aunque sea en la creación de un humilde librito que a veces, lo que más se agradece, de corazón, es no molestar. Y cuando digo esto me viene a la cabeza, no sé por qué, ese típico grito sanferminero que dice: "Dejen trabajar a los dobladores".  Decía que una buena presentación debe comenzar con una acción de gracias. Aunque también podría terminar así. Para que esta sea la última palabra que quede flotando en torno al nuevo libro recién nacido: ¡gracias!

5 feb. 2020

Tertulia en Radiocadena Española. 5 de febrero de 2020

Hoy he intervenido por primera vez en Radiocadena Española, en la tertulia La Ratonera dirigida por Santiago Fontenla.

Hoy hablamos de:
- Las estadísticas del paro.
- La crisis del coronavirus.
- El Pin Parental y la versión aún más floja del PP.
- Elecciones en Estados Unidos. Los caucus de Iowa.

El programa se emite a las 07:00 y se repite a las 10:00 h.

Se puede escuchar en formato Podcast en cualquier momento aquí:
https://www.spreaker.com/user/radiocadena/laratonera0502 

LA RATONERA






4 feb. 2020

Estética bolivariana en La Moncloa


No se... A lo mejor soy un conspiranoico pero con la que está cayendo sobre Venezuela, y conociendo de qué va el totalitarismo y la importancia que esta gente da a la puesta en escena... No me resulta casual la coincidencia en el decorado de estas ruedas de prensa. Solo falta que la ministra se deje bigote.

En la Moncloa hay al menos 500 asesores. 500 personas para quitarle la caspa de los hombros a Sánchez y cosas de esas. Zapatero llegó a tener 641 asesores. ¿No van a cuidar hasta el último detalle? La imagen que transmiten nunca es casual. Eso es lo más importante para ellos. Si yo, que estoy trabajando, he perdido unos minutos comparando y compartiendo estas dos fotos imaginen a 500 personas que tienen 4.000 horas cada día entre todos para hacer sus cosas. El parecido de las banderas no es casual.

Que alguien haga algo (42): ¡Filosofa!

¡Filosofa!

O lo que es lo mismo, piensa. Pero no en las nubes, no en el mundo de las ideas etéreas. No en los reduccionismos flotantes que derivan en ideología. No en soluciones perfectas como figuras matemáticas. La geometría no existe. Camine usted por un paisaje real cualquiera y entenderá cómo es más fácil encontrarse con un fantasma que con un octaedro. Somos alma y somos cuerpo, una extraña mezcla de lógica y corazón. Y el mundo de lo que las cosas son es un conjunto de seres en crecimiento, aún inconclusos. La lógica es una parte de la filosofía, pero no es toda la filosofía. Es una herramienta y ha de aplicarse primero en la tarea de atarnos con el origen antes que desperdiciarla construyendo castillos en el aire.

Cuando dijo Dios que todo era bueno no dijo que fuera perfecto. La filosofía perfecta hace daño, como un zapato sin curvas. La filosofía verdadera en cambio se adapta siempre a nuestras necesidades vitales porque no tiene límites. Porque siempre será posible descubrir algún nuevo misterio, reencontrar cualquiera de los hilos que nos conectan con las raíces de todo.

Dicen que la educación moderna no enseña a los niños a filosofar porque no anima a descubrir de dónde vienen las cosas. Si la leche sale de la nevera y las respuestas de google... ¿para qué quiero saber más? Es lo que tiene vivir de rentas y descuidar el agradecimiento a nuestras raíces. Por eso es tan importante la filosofía, porque despierta en nosotros la curiosidad sobre el porqué de las cosas. Filosofa. Piensa. Lee a los que pensaron antes que tú. Esa manera de entender tu paso por el mundo te convertirá en un ser más lúcido. Y más agradecido.

28 ene. 2020

¿Cuántos años NO tienes?


Desde pequeñitos se nos ha enseñado a contar los años vividos como años ganados y no gastados. Cuando alguien nos pregunta ¿cuántos años tienes? solemos responder invariablemente diciendo el número de los años pasados, esos que ya no volverán. Se tienen recuerdos. Sí. Y se pueden tener experiencias acumuladas, esas que conforman la memoria de los sabios. Sí. Pero la verdad es que sería mejor responder a esa pregunta que tener, lo que se dice tener, ninguno. Tendremos, para servir a Dios y a usted de aquí en adelante, los que Dios quiera. Ni uno más ni uno menos. Porque está escrito que nadie, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida. Y porque los años pasados, esos que nunca volverán, ya nadie los tiene en ninguna parte. El "que me quiten lo bailao" es un consuelo estúpido, si perdiste en tonterías el tiempo precioso que ibas teniendo arrepiéntete. Y si lo invertiste en cosas buenas tampoco lo tienes, así que no te engrías. 

24 ene. 2020

La batalla del pin: hay que apuntar más alto

Podríamos decir con Chesterton que la autoridad del estado sobre las familias puede ser invocada en los casos de familias anormales. Ahí es donde el estado, si quisiera y pudiera hacerlo, podría ayudar a muchas familias. Nuestro problema es que ahora lo más anormal es el estado. Porque el estado del estado, -como dirían los luthiers- es un estado lamentable.

El plan de la Revolución es simple y descarado: abortemos a todos los niños que podamos y eduquemos a los supervivientes. Dicho así, a lo bruto, suena conspiranoico, como siempre que terminamos hablando de "ellos" sin determinar quiénes son exactamente esas mentes capaces de tan tremendas maldades. Y sin embargo los hechos son los que son. No hace falta demostrar que las mismas corrientes de pensamiento, los mismos periódicos y televisiones, los mismos políticos que promueven el aborto denominándolo salud reproductiva son los mismos que luchan con todas sus fuerzas por acabar con la patria potestad y el derecho primordial de los padres a educar a sus hijos.

La salida de la ministro progre abortista Celaá y la de todos sus corifeos ha sido asombrosa por el descaro con el que han respondido a una medida tan básica y de sentido común como el llamado pin parental. En su argumentación, histérica e ilógica, han pasado del "es mi cuerpo" al "los hijos no son de sus padres" sin despeinarse. Pero si los hijos no son de los padres (que es verdad porque lo que es de los padres es el derecho a educarlos) entonces ¿por qué los abortan diciendo que son suyos?

Lo que tendría que haber dicho la ministro es que los hijos no son de los padres, lo que es de los padres es la responsabilidad de su cuidado y por eso no pueden abortarles. O que los hijos no son de los padres, lo que es de los padres es la responsabilidad de educarles y por eso no pueden permitir que asistan a unas enseñanzas aberrosexualistas. 

Resulta curioso leer que en las escuelas británicas son los musulmanes quienes están logrando eliminar talleres LGTBP gracias a mantener intactos algunos principios de derecho natural. ¿Y en España? ¿Tendrán que sacarnos las castañas del fuego los marroquíes?

De todas formas lo más llamativo de esta "batalla del pin parental" es la aceleración del proceso y el descaro con el que la izquierdona arrincona cualquier tímida reacción de la derechona. Por su parte, los que en teoría dicen defender la libertad han apuntado el tiro tan bajo con eso del pin que al final va a quedar en nada. Se han quedado cortos. Lo que tendrían que haber hecho es apuntar más alto. Cuando haya políticos que exijan que no haya corrupción aberrosexual en los colegios, para ningún alumno, entonces sí tendremos un debate mucho más productivo. Por el mismo precio los políticos conservadores podrían haber exigido una limpieza general para dejar las escuelas libres de aberrosexualismo. Les aseguro que la respuesta del rojerío no habría sido más histérica que la que están teniendo. ¡Pero si hasta han llegado a pedir la aplicación del 155 para Murcia!

Pedir el pin o, más concretamente, pedir que el pin sea aceptado por el profesorado para que determinados niños puedan dejar de asistir a las charlas y talleres aberrosexualistas está bien, no digo que no, pero para pedir eso no hace falta ser político. Eso lo puede hacer cualquier padre responsable. Y cuando el cole no haga caso los padres, la familia, siempre pueden plantearse la insumisión. Todo eso sirve para que un padre proteja a sus hijos. Pero un político decente tendría que tratar de proteger a todos -no solo a sus hijos- y exigir algo así como un "pin patriótico". Porque si no quieres mierda para tu hijo no la toleres para los demás ¿no?.

Entonces, ¿cuál es la propuesta realizable que pediría? Muy sencillo. Para los padres: pin, objeción o insumisión según convenga en cada caso. Para los políticos: que utilicen sus altavoces y sus votos para denunciar la presencia de corruptores de niños en los colegios. ¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué no empiezan la batalla un poco más arriba? Porque la cobardía de la derechona es paralela a la sobreactuación y la jeta de acero de la izquierdona. Así ha sido toda la vida. 

Estas cosas pasan cuando se pierde el concepto de Revolución, cuando no se entiende que hay algo más gordo detrás de algunos políticos radicales y caprichosos. Y con la Revolución no se puede negociar. Es inútil ceder o dialogar. No hay que pasarles ni una. Hay que negar la mayor. A todos esos políticos e ideólogos progres habría que decirles, por ejemplo:

– que el estado no tiene que organizar la enseñanza

– que el ministerio de educación debe desaparecer

– que los padres son los responsables de la educación

– que los niños tienen derecho a rezar en el colegio y a que se les hable de Dios en cualquier asignatura

– que las ideologías aberrosexuales tendrían que estar prohibidas

– que hay que recuperar el delito de corrupción de menores

– etc.

¿Existe algún político que diga todo esto?

Bueno, aquí hay uno.