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12 oct 2021

La Hispanidad es regional, no provincial



No, Vox, no. Las tradiciones de la España viva no son provinciales sino regionales. El hecho de que los nazionalismos y las mafias autonómicas lo pongan difícil no es motivo para renunciar a nuestra verdadera diversidad. Las provincias son un invento jacobino, afrancesado, racionalista. Están bien para organizar el correo o los bomberos pero no responden ni a nuestra historia ni a nuestra identidad. Esa pluralidad de baraja infantil provincial ya se practicó durante el franquismo para acallar las incómodas reivindicaciones regionales. Y no resultó. El nacionalismo sin escrúpulos aprovechó el vacío para erigirse en defensor de unas regiones olvidadas.

Hay que acabar con las autonomías, sí, por supuesto, estoy de acuerdo. Porque son las nuevas taifas de los políticos corruptos. Pero poco arreglaremos con pasar de 17 a 52 departamentos. Lo que hay que hacer es recuperar las regiones, con su personalidad plena. Aunque sea complicado es lo que exige la realidad de lo que somos. 

En mi caso, como navarro, podría ahorrarme este artículo porque Navarra es región y provincia a la vez. Pero como español no puedo dejar de solidarizarme con castellanos, gallegos, aragoneses y con todos aquellos españoles cuya identidad es regional, no provincial.Vamos a ver, ¿qué quería demostrar Vox al apostar por esa pluralidad artificiosa de las 50 provincias? ¿Que son más plurales 50 provincias que 17 autonomías? Pues les brindo una idea para su próxima fiesta: que pongan una caseta por cada uno de nuestros 431 partidos judiciales.

El problema no está en las regiones sino en las autonomías. Y las regiones no se desautonomizarán hasta que desterremos el perverso concepto de autonomía. Nunca las regiones fueron tan dependientes del gobierno central como ahora. Tengan en cuenta que autonomía es lo que se va dando a los hijos antes de que accedan a la independencia. Y es en esa fase cuando más evidente es la dependencia y minoría de edad del hijo. Por eso afirmo que es un error de concepto equiparar la relación con las regiones con la de los hijos que van creciendo. Las regiones no son hijas de nadie. Las regiones son antiguos estados cuyo vínculo con el conjunto de España es conyugal, indisoluble. España en este sentido no es nuestra madre sino el proyecto común que nace de la unión conyugal de las regiones, la misión que llevan a cabo todos aquellos territorios que comparten el ideal de la reconquista.

Tienen razón los asturianos. Hubo un tiempo en que Asturias era España porque no quedaba más España que Asturias. A partir de ahí España siempre ha sido el suelo que han ido civilizando y evangelizando los españoles. Desde Oviedo hasta Manila, todo es España, o Hispania, o Hispanidad.

20 sept 2021

Presente y futuro del Carlismo (Lo que más o menos dije en el Club Empel de Barcelona)



Este domingo he tenido el honor de acudir como conferenciante invitado al Club Empel de Barcelona, un reducto de la Hispanidad que es a la vez refugio amistoso, catacumba, foro de debate, fuente de formación y punto de encuentro. El título asignado (Presente y futuro del Carlismo) me permitía hablar sobre casi todo y además dió lugar al final a un interesante diálogo con preguntas del público. En realidad lo único que quedaba descartado en el enunciado era el pasado del Carlismo, o sea, esa historia admirable de 180 años de lucha en defensa de la España tradicional, ese cúmulo de ejemplos admirables que, desde luego, hubiera exigido una mayor preparación por mi parte. Además, aunque soy licenciado en historia, siempre me ha interesado más el futuro que el pasado. Digamos que siempre me ha interesado conocer el pasado para entrever mejor el futuro. 


EL PRESENTE

Lo primero que hay que decir sobre el presente es que el Carlismo existe, que está vivo. La prueba es que hoy, 19 de septiembre de 2021 aquí estamos, un grupo numeroso de personas hablando sobre el Carlismo. Ayer un grupo de carlistas, en su mayoría jóvenes subieron al mítico Montejurra. Hoy mismo otro grupo estará reunido al pie de Isusquiza, en Alava. En fin, sería largo enumerar todas las ocasiones en las que hoy en día, se reúnen habitualmente los carlistas que quedan repartidos por el mundo. 

Es evidente que somos pocos, que tenemos pocos medios y que nos faltan millonarios financieros. También es verdad -aunque eso pasa en las mejores familias- que no siempre vamos a una. Pero tenemos nuestras organizaciones, empezando por la Comunión Tradicionalista Carlista, que a pesar de su humildad es una organización muy seria. Tenemos además en nuestro entorno decenas de pequeños núcleos de resistencia, pequeños círculos o asociaciones generalmente de ámbito local, que hacen un trabajo cotidiano muy respetable. Contamos, y esto es quizás lo más importante, con familias enteras leales a la Tradición. Familias en las que aún hoy en día, el amor a nuestros principios se transmite de padres a hijos como se ha hecho siempre, sin grandes discursos, con el ejemplo, en el día a día. Y seremos pocos, pero más de lo que parece a simple vista. 

Lo mejor de todo, nuestra mejor arma para el futuro es que podemos decir con el corazón en la mano una cosa sorprendente: que tenemos razón. Esto de tener razón es a veces una carga pesada y conlleva dos graves tentaciones que hemos de conocer y rechazar. 

La primera es la de pensar que ya está todo profetizado, que ya está todo dicho y todo hecho, que ya no queda nada mas que encerrarse en la catacumba para esperar la Parusía. A lo largo de nuestra historia los carlistas hemos ido anunciando una serie de males que se han ido cumpliendo uno tras otro: la destrucción del orden tradicional, municipal, laboral, familiar, educativo, de los principios de autoridad, solidaridad, etc. El separatismo, el engordamiento del estado, la inmoralidad hecha ley, etc.

La otra tentación es la del purismo. La de engreírse por pensar que todo lo sabemos, que nadie tiene nada que enseñarnos. La de  renunciar a cualquier clase de proselitismo porque eso, al fin y al cabo, implica tener un contacto con personas "impuras" que podrían contaminarnos o ensuciar nuestro sagrado depósito. 

En fin, si somos capaces de superar estas dos tentaciones y nos esmeramos en cuidar lo que tenemos -que no es poco- estoy convencido de que el Carlismo tiene por delante un futuro bien amplio; que habrá carlistas en el futuro y que además tendrán mucho qué hacer y qué decir. 

EL FUTURO

El futuro será lo que Dios quiera. Nosotros podemos prepararnos, podemos imaginar y podemos prever consecuencias aplicando la lógica. Pero agobios los justos. No es verdad que el futuro esté en nuestra mano. Nosotros podremos hacer mucho o poco pero quien dirige la historia es la Divina Providencia. Así que tranquilidad. No es difícil intuir que vamos a vivir una fase de agonía social que irá seguida por otras de persecución, de catacumbas, de resistencia y de reconquista. Lo que no sabemos son los ritmos con los que se irán sucediendo estas distintas fases. Además, a pesar de la globalización actual es probable que las cosas no sucedan de forma uniforme en todas las regiones y países. En todas y cada una de esas fases, en la agonía, en la persecución, en la reconstrucción... habrá carlistas. De hecho no me las imagino sin carlistas. Y también me aventuro a afirmar que esos carlistas tendrán un papel significativo: como aglutinante, como intendencia ideológica o para animar, para dirigir, para servir a los demás. En todas esas fases jugarán un papel importante las familias, las organizaciones, las "guerrillas" tradicionales y también, en un plano superior, para levantar el ánimo, el espíritu religioso así como la idea de la Hispanidad como gran ideal geoestratégco. 

CONSEJOS PARA EL FUTURO

Concluyo con algunos consejos que creo que nos ayudarán a enfrentar mejor el futuro, venga como venga. 

1º. Cuida tu familia. Conviértela en un bastión físico y espiritual que sirva de refugio para todos sus miembros, para los amigos y para otras familias. 

2º. Cuida la organización, las organizaciones que sirven a la Tradición hispana, empezando por la Comunión. No es lo mismo trabajar en solitario que hacerlo en equipo. Esto último es más difícil y requiere esfuerzo y paciencia, pero merece la pena. Obedece a las autoridades, se disciplinado cuando se dicten cosas realmente importantes. 

3º. Aprende a distinguir lo fundamental de lo accesorio. No discutas por tonterías. Se tolerante con los que en las cosas centrales piensan igual que tú. Cuando pienso en esto me viene a la memoria la rivalidad entre Quevedo y Góngora en el siglo de Oro. Los dos estaban absolutamente de acuerdo en lo fundamental. Casi hasta se podría aplicar a ambos en anacronismo de llamarlos carlistas porque efectivamente ambos creían en el mismo orden de Dios - Patria- Fueros y Rey tal como lo amamos los carlistas actuales. Sin embargo ellos son el paradigma del antagonismo vital. No deja de ser curioso. No saco este ejemplo para que les imitemos en sus riñas, lógicamente, sino precisamente para que caigamos en la cuenta de que dentro de la misma Hispanidad, y del mismo Carlismo, podemos caber personas con estilos, talantes o espíritus muy diversos. 

4º. Fomentad las guerrillas, o sea, toda clase de pequeñas organizaciones espontáneas, prácticas, locales, muy pegadas al terreno, que sirvan a un ideal común, que respeten la autoridad de los que saben y la buena doctrina, pero que sepan funcionar con libertad y flexibilidad máxima. No nos ha ido nada mal la estrategia de guerrillas a lo largo de nuestra historia.

5º. Estad atentos al problema religioso pero sin obsesionarse con el mismo. Si la gente no está catequizada poco podremos hacer como políticos católicos. Por ejemplo, ¿cómo explicar el amor a la Patria a alguien que no conoce el cuarto mandamiento o, peor aún, que ni siquiera tiene un padre como Dios manda? Cualquiera de nosotros puede ayudar a la catequización, a la evangelización pura y dura a través de las instituciones de la Iglesia, pero la misión del Carlismo no es catequizar sino completar la dimensión social y política de los ya catequizados. "Dadme católicos y los haré carlistas", decía Carlos VII. Pues eso. 

6º. Defendamos la Hispanidad, con ideas, libros y conferencias y con la práctica, fomentando sin descanso toda clase de lazos entre los pueblos hispanos. 

En fin, con todo esto y con algunas otras cosas que seguramente me dejo en el tintero cumpliremos con nuestra misión, cada uno en el puesto que Dios le reserve, con humildad, cada uno según su vocación. Y ojo: sin quemarse, porque ese es otro de los peligros que amenazan al militante. Hay que trabajar con entusiasmo pero sabiendo medir las propias fuerzas. Llevando a cabo el trabajo encomendado de forma sostenible en el tiempo. Durante toda la vida si fuera preciso. Porque como ya he dicho no sabemos los tiempos, ni los ritmos. Sabemos que podría terminar mañana mismo. Pero que nuestra actitud es la de la mirada larga, la del largo plazo. Esa es nuestra especialidad, fieles a ella será como mejor sirvamos a Dios y a España. 



18 sept 2021

Preceptos humanos



Respeto que puedas pensar que las vacunas están bien porque tanto ellas como los mensajes oficiales que las respaldan te ofrecen seguridad. Pero ¿de verdad que no te chirría este titular? (El Mundo. 16 de septiembre. "A partir del próximo 15 de octubre será necesario el pasaporte Covid para poder trabajar en Italia").

EL MUNDO
@elmundoes
· 16 sept.
A partir del próximo 15 de octubre será necesario el pasaporte Covid para poder trabajar en Italia http://socy.es/o4zwa1

Hoy un amigo afirma que se ha vacunado cediendo a las presiones familiares, no por la salud sino por la paz familiar. Otro me ha reconocido que lo ha hecho no por miedo al virus sino por miedo al gobierno. ¿No será eso lo que quieren los gobiernos? ¿Un gesto de sumisión? ¿Un trámite burocrático más que les proporcione un nueva vuelta de tuerca en el modelo totalitario chino por el que han apostado?

De todas formas, que exijan el trámite de la vacuna obligatoria poderes mundanos más o menos corruptos; políticos, científicos o periodistas regados con el dinero de empresas farmacéuticas de ética dudosa, entra dentro de lo esperable. Pero que lo exijan autoridades religiosas supone entrar en el terreno pantanoso del fariseismo. Y eso me preocupa bastante más. 

Por ejemplo ¿Se puede expulsar a un joven de un seminario diocesano porque no crea necesario vacunarse? ¿Habrá que recordar que lo que hace al hombre puro o impuro no es lo que se inyecta por una aguja sino lo que sale del corazón?

Ojo con este fariseismo que amenaza a la Iglesia, a su libertad y a su misma misión: preceptos humanos como reciclar la basura, o inyectarse una vacuna están siendo elevados a la categoría de mandatos divinos. Y al mismo tiempo, claro, para llenar el vacío y ordenar el desorden, preceptos divinos como no odiar están siendo legislados chapuceramente como delitos civiles. No olviden que el verdadero revolucionario no aspira a quemar los templos sino a tener los suyos propios. 


Amar incluso a los amigos



Hay católicos tan celosos del amor a los enemigos que no reservan ni amor, ni comprensión alguna hacia sus amigos. La frase es mía pero inspirada por un cura catalán llamado Félix Sardá. Él había estudiado a conciencia las distintas especies de liberalismo y conocía la típica incoherencia de los católicos liberales, tan blandos con los herejes, tan duros con sus hermanos ultramontanos.

Los mandamientos del amor incumben a toda la humanidad ¿pero no sería deseable que fuéramos nosotros, los cristianos, sus más fieles cumplidores? ¿No deberíamos tener grabado a fuego aquel primitivo elogio del "mirad cómo se aman"? 

El sorprendente mandato de amar a los enemigos está ahí, y hay que cumplirlo. Pero me parece no tendremos enemigos de verdad a quienes amar mientras no amemos al próximo. Amar al lejano no suele generar ni problemas ni enemigos. Porque la distancia todo lo difumina.

El verdadero reto del cristiano -el más difícil- es querer el bien del vecino. Solo cuando sepas amar de verdad a aquel que ves empezarán a surgir los enemigos que no ves.

Resumiendo el asunto con un criterio cronológico (y si algún teólogo pasa por aquí y percibe alguna herejía que me lo diga, por favor). La cuestión es que tienes que amar: primero, a Dios; segundo, a tí mismo; tercero, al próximo como a tí mismo; y cuarto: a los enemigos. 

15 sept 2021

La historia no os perdona, progres



Yo no olvido que los progres que ahora inventáis una neolengua inclusiva sois los mismos progres que hace doscientos años empezasteis con el rollo liberal y machista de los derechos del hombre y del ciudadano, siempre y únicamente en masculino.

No olvido que los mismos progres que ahora os arrodilláis ridículamente con el gesto del BLM sois los nietos de los esclavistas, los segregacionistas y los luteranos del apartheid que en su momento eran lo más moderno del mundo.

No olvido que los mismos que ahora imponéis letreros en viejas lenguas pastoriles -y lo digo sin afán de ofender a nadie- sois los que no hace tanto tiempo decretábais la obligatoriedad de una sola lengua oficial normalizada en vuestras repúblicas bananeras revolucionarias.

No olvido que vosotros, los progres que os dedicáis compulsivamente a pesar el CO2 del aire y a medir la carbonilla sois los mismos que inventasteis las cadenas de montaje, el ferrocarril y los petroleros.

No olvido que vosotros, que ahora presumís de arrojar solamente bombas ecológicas y selectivas fuisteis los inventores del militarismo y la guerra total.

No olvido que vosotros, los llorones del despoblamiento rural -y del despoblamiento en general- sois los mismos que procurásteis tener a todos los "paletos" amontonados en los suburbios y los mismos que lleváis décadas dictando leyes pro-muerte.

No olvido en fin que estáis, progres, buscando una moral universal, un credo internacional, un gran imperio benéfico y que sois los mismos que habéis arrasado la Tierra con guerras nacionalistas y con una persecución constante a todo lo que ya era católico (universal).

La historia no os perdona, progres, porque deja en evidencia vuestra inconsistencia, vuestras palabras vacías y el papel mojado de vuestras bellas declaraciones. No lograréis engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Mientras haya un estudiante de historia habrá esperanza.

13 sept 2021

¿Por qué se ocultan?



Los drones, las agencias de verificación, los fondos de inversión, los comités de expertos... Todos los tentáculos y herramientas de la dictadura progre tienen el mismo aspecto opaco que los demonios. ¿Quiénes son? ¿Hasta dónde llega su poder? ¿Qué es lo que pretenden realmente? La respuesta a estas preguntas conlleva la etiqueta de conspiranoico para cualquiera que se atreva a formularlas. 

Matar, desprestigiar, arruinar, engañar... Al fin y al cabo es lo de siempre, pero lo que resulta admirable es la capacidad de adaptación y renovación que demuestran. Su arte para lanzar la piedra y esconder la mano. Para  dirigir al rebaño sin que se sepa cómo. ¿Cómo se explica esta humildad aparente, esta discreta presencia tan alejada del orgullo extremo que ha sido siempre la tentación preferente de los poderosos? 

Dicen que el mayor éxito del Demonio es hacer creer a la gente que no existe. No es que no ansíe un reconocimiento total de sus discípulos y sus víctimas. La cuestión es que es astuto y sabe esperar. Por eso creo que progreso de sus discípulos se observa también en esto: no necesitan que se sepa que son los que mandan. Hasta hace poco los bombarderos, los periodistas comprados, los banqueros sin escrúpulos y los científicos corruptos eran más fáciles de ver. De alguna manera sabíamos cómo ponernos a salvo de sus malas artes. Sus responsables aparentes solían coincidir con los reales. Uno podía poner cara a los genocidas. Ahora viven agazapados en la sombra y no es tan fácil escapar de ellos. George Soros o Bill Gates son una excepción. Y hasta es posible que sean un señuelo para facilitar el anonimato de sus colegas. 

He dicho que todo esto es admirable, pero nunca será imitable. Nuestros reyes, profetas, santos y mártires actuaron normalmente a pecho descubierto y gustaban de dar la cara andando en la verdad, sin falsa humildad. Ciertamente los hijos de la luz no somos tan astutos. Ni falta que hace. 


11 sept 2021

Suicídate, pero antes pasa por ventanilla



Los políticos que acaban de aprobar el suicidio asistido están alarmados por el incremento de los suicidios espontáneos. Da la sensación de que no les importa que la gente se mate sino que salpique al hacerlo.

No se dan cuenta, o sí, que un suicidio premeditado, planificado y legalizado es más inhumano e inmoral que un desgraciado arrebato de desesperación. Estoy seguro de que el juicio divino será más indulgente con los segundos que con aquellos que han creado una estructura oficial aséptica e inodora para facilitar la muerte voluntaria a manos de médicos renegados.

En realidad esos políticos hacen lo mismo con todo. No les importa el sufrimiento humano. Lo que quieren es que ese sufrimiento discurra por los cauces burocráticos para alimentar su afán de dominio.

No quieren broncas conyugales espontáneas -yo tampoco-. Prefieren que la gente sufra mediante denuncias, demandas de divorcio, o problemas en la custodia de los hijos, todo ello perfectamente tasado y asépticamente registrado por el funcionariado.

El pecado, en fin, para la dictadura progre no es el acto malvado en sí sino aquel que escapa a sus estadísticas: el aborto clandestino, la economía sumergida, la enseñanza en casa, las parejas de hecho, la fe, la reyerta, el maltrato o el suicidio por arrebato. Cualquiera de esas cosas, sean buenas o malas en sí mismas -eso es lo de menos-, pueden recibir la correspondiente bendición o absolución del Estado: pero antes que pasen por la ventanilla.

9 sept 2021

Aquellos pecadores humildes



Cada uno tiene sus cruces y sus pecados. Debilidades para las que hay siempre remedio cuando se conservan la fe, la humildad y la conciencia de pecado. 

El problema es cuando se engorda el ego dotando al individuo de una libertad exagerada que aumenta el orgullo y oscurece la conciencia. Hablamos de la hipertrofia de la libertad o, lo que es lo mismo, del liberalismo.

En la sociedad tradicional o pre-liberal cada persona era tentada en uno, dos o tres pecados. Pero no en todos. Por eso existían, tal y como atestigua la literatura en el caleidoscopio de sus tipos humanos, ladrones generosos, asesinos fieles a su palabra, o tiranos piadosos. Nuestros abuelos eran cristianos y disponían de la lista de los diez mandamientos como una ayuda práctica para minimizar los daños. Como los compartimentos estancos que evitan el hundimiento de un barco, así es como funcionaban. La expresión genérica de "es una buena persona" no les decía nada. Las tablas de Moisés, la lista de los pecados capitales, las bienaventuranzas... eso sí que ayudaba a crecer y no la ñoñez difusa de "procura ser una buena persona". 

En cambio, en este tiempo parece que final de la historia, los errores se encadenan constituyendo entre los adoradores de la intocable diosa libertad extensas estructuras de pecado. Lo de "ser buena persona" es tan solo el envoltorio del caramelo porque en realidad ellos viven y quieren que vivamos como si conculcar uno tras otro los diez mandamientos hiciera aumentar nuestros derechos. 

Alguna razón tiene que haber para que los pro-muerte, por ejemplo, sean al mismo tiempo mentirosos compulsivos, para que se hayan hecho ateos, renieguen de la familia, defiendan la pornografía y relativicen los ataques a la legítima propiedad. 

Me dirán que exagero, que en el mundo real hay muchos grises. Sí, aún hay grises. Todavía se vive de inercias. Pero cada vez menos. El mal se expande. Y si antes se contentaba con anularnos a cada uno con dos o tres pecados personales ahora tiene en su mano nuestra alma entera y a tiempo completo. 

En resumen: antes, señores liberales, teníamos diez pecados para elegir. ¡Hasta en eso éramos más libres! Ahora es o todo o nada. Ser relativista consiste en pecar contra todos los mandamientos a la vez. 

6 sept 2021

La derecha teme, la izquierda odia




¿Qué es lo que mueve el mundo? ¿El amor, el odio, la razón, el progreso...? ¿Y si fuera el miedo? Al fin y al cabo ¿qué es realmente el instinto de supervivencia? ¿es amor a la propia vida o miedo a la muerte? Se trata de sentimientos tan entrelazados que resulta difícil distinguirlos. ¿Cómo separar el amor de una madre del miedo a la pérdida del hijo amado? El miedo es muy poderoso. La historia de las sucesivas civilizaciones ha dejado un rastro de miedos dibujado en los perfiles de muros, murallas, refugios, castros, torres, puertas, rejas, trincheras, graneros y pozos. El terror levantó las pirámides aztecas, el miedo a los espíritus la práctica totalidad de las construcciones del paganismo. Y si en unos casos se procuraba conjurar el miedo propio, en otros el objeto deseado era causar miedo en los demás.  

En el desarrollo de los conflictos políticos podemos tratar de analizar también desde estos presupuestos los conceptos de derecha e izquierda. Ser de derechas, en el fondo, es lo único que puedes hacer cuando te domina el miedo al avance revolucionario. El derechista ama, pero lo que hace desgraciadamente es transformar el amor en miedo. El izquierdista lo sabe perfectamente y por eso ridiculiza a la derecha presentándola como una fábrica de fobias. El hombre de derechas llega un momento en que olvida afirmar aquello que ama y, preso de sus fobias, se conforma con frenar a la izquierda. Olvida sus raíces y traiciona sus orígenes por miedo a sufrir una pérdida que imagina insoportable. Por su parte ser de izquierdas consiste en dar un paso más para transformar el miedo en odio. Por eso la izquierda siempre parece ir por delante, y por eso es el campo abonado para el resentimiento y la venganza.

El católico en cambio, es -o debiera ser- alguien que no necesita ser de derechas, ni mucho menos necesita ser de izquierdas, porque no necesita ni tener miedo ni odiar, porque en el centro de su acción política no pone el miedo y mucho menos el odio sino la confianza en Dios. Porque lo contrario del odio es el amor, pero lo contrario del miedo no es la valentía sino la confianza en Dios. 

La autodeterminación de Novell



Lo del obispo de Solsona, Xavier Novell, solo demuestra una cosa: que la autodeterminación entendida como libertad para romper votos sagrados es insostenible tanto para las comunidades políticas como para las personas. No me voy a hacer aquí eco de las circunstancias escabrosas que rodean este caso. Las noticias vuelan, especialmente las malas, así que no creo que nadie me necesite para informarse. Sí en cambio quiero aprovechar la ocasión para decir, ante todo, que rezo por él y por Cataluña. 

Creo que merece la pena reflexionar sobre el significado de la tan manoseada autodeterminación. La idea de romper unilateralmente la unidad secular de los pueblos se facilita si previamente se ha admitido la posibilidad legal del divorcio matrimonial que no es mas que la ruptura de un voto sagrado. Porque los lazos que unen a unas regiones de España con otras, más que de hermandad son vínculos conyugales. De hecho, y muy significativamente, son uniones que a lo largo de la Reconquista se personificaron a menudo en pactos matrimoniales como, sin ir más lejos, el de Isabel y Fernando. 

Así, la unidad de lo que quedaba de España en 1975 fue sentenciada a muerte con dos cargas de profundidad: la denominación de "autonomías" a las regiones, partes de un mismo cuerpo, y la introducción legal del divorcio que no es sino pura autodeterminación individual. 

Por eso, volviendo a la historia del pobre Novell, el daño que su autodeterminación personal provoca al cuerpo de la Iglesia es simétrico -y coherente- con el daño que la autodeterminación separatista pretende causar en el cuerpo de lo que queda de España. Habrá más, cosas diversas que se nos escapan  en el trasfondo de esta historia, por supuesto. Pero también cabe la reflexión que acabo de lanzar. Porque cuando uno bendice una idea de autodeterminación basada en la pura voluntad, tal como predica el liberalismo, está dinamitando la posibilidad de establecer lazos y compromisos ya sean personales o comunitarios, perpetuos o sagrados.

28 ago 2021

Consecuencias históricas




La historia de las naciones tiene unos ritmos que escapan a las luchas de partidos y a las vomitonas ideológicas. Van más allá de los intereses personales de los políticos trileros y mucho más allá del horizonte electoral que mueve a la partitocracia. Eso que los derechistas más alarmistas llaman la "gran sustitución", o sea, la invasión demográfica y cultural que están sufriendo las viejas potencias coloniales europeas está directamente relacionada con decisiones que se tomaron hace casi dos siglos.

Los pueblos tienen pecados y virtudes pero sus cielos y sus infiernos no están más allá sino aquí mismo, y suelen parecerse mucho a eso que llamamos consecuencias.

Las colonizaciones europeas, salvo honrosas excepciones, fueron depredadoras, racistas y esclavistas. Los ingleses presumían de conocer a los clásicos grecorromanos pero a la hora de la verdad se dedicaron a imitar a fenicios y vikingos.

Los colonialistas franceses por su parte, siempre haciendo las cosas más complicadas de lo que son, algo debieron errar para acabar siendo expulsados como perros de indochina, de Argelia, de Costa de Marfil... Y eso por no mencionar el infierno de Haití que dejaron en su parte maldita de La Española.

Se mire como se mire, aunque viva uno empachado de leyenda negra, la Hispanidad brilla aún más cuando se comparan sus resultados prácticos con los de las otras formas de expansión europea que conocemos. El esclavismo que practicaron los europeos modernos, por ejemplo, ni siquiera tenía que ver con la brutalidad primitiva de los paganos sino que fue un neo-esclavismo, racionalista, utilitarista y racista, o sea, dotado de un aire científico. (Por cierto: "neo-" no suele significar nuevo sino peor. Casi siempre).

Pero he hablado de consecuencias. Hechos que se acumulan para anunciarnos uno tras otro la muerte del Occidente que conocemos. Creo que lo que esta aconteciendo en Europa no responde a un malévolo plan neocomunista que quería aplastar el paraíso liberal burgués sino que se trata de las puras consecuencias de malas ideas y de malas acciones.

Malas ideas que han vaciado a las naciones europeas. Vacío literal porque han hecho perder a los europeos hasta el gusto por vivir y dar vida. Y malas acciones que han creado legiones de pueblos rencorosos.

Una de las ironías mas sangrantes es que los cabecillas del rencor se han criado todos ellos en las universidades, ejércitos y logias europeas. Desde Gandhi, hasta Bin Laden, pasando por Idi Amin. ¿Qué clase de complejo autodestructivo fue el que les enseñaron sus maestros europeos? 

En la gran historia de los imperios los hay constructores e integradores como Roma, el Austro-Húngaro, la misma Rusia o la Monarquía Católica hispánica y depredadores racistas como los demás pequeños o grandes neoimperios. Lean a María Elvira Roca. Y cuando digo constructores e integradores no quiero decir perfectos. Lo que quiero decir es que sí, que es posible y sano establecer comparaciones. Porque conforme va pasando el tiempo la gran historia pone a cada uno en su sitio.

14 ago 2021

Internet: burbujas y discusiones



No permitáis que las redes sociales os encierren en la burbuja selecta de los que piensan como vosotros. Sed agradecidos con los que os lleven la contraria. Discutid sin enfados siempre que podáis. Buscad la verdad.

No todas las redes sociales electrónicas funcionan igual. Algunas, como Facebook o Instagram, son amables, blanditas y confortables. No permiten que nada altere la comodidad del usuario pero eso no significa que respeten tu libertad sino que su manipulación es más sutil, como la muerte de la rana que es cocida a fuego lento para que no salte.

Las burbujas confortables, los refugios seguros, es mejor procurarlos en la vida real, en la familiar y de amistad. Fuera hay un mundo inmenso que necesita nuestro testimonio. Y ojo, que también necesitamos adversarios, y hasta enemigos, para no ensoberbecernos. Quien tiene un enemigo tiene un tesoro.

Twitter es algo diferente, lo que más me gusta de la aplicación del pajarito azul es que aun es posible encontrar ahí gente dispuesta a contrastar opiniones contrarias. Y sin insultar al otro. No se cuánto durará porque entre la censura y los algoritmos todo conspira para que crezca la polarización. Pero al menos por nosotros que no quede.

En sociedades revueltas y plurales como la nuestra es muy importante que existan espacios comunes para hablar, y para tratar de descubrir entre todos aquellas cosas que nos unen, que las hay. No me gusta el revoltijo cultural, creo que el pluralismo exagerado nos está conduciendo directamente a una dictadura que intentará poner orden. Sería mucho mejor vivir en una sociedad cohesionada en torno unos grandes principios solidos. Pero las cosas son lo que son. 

Las redes sociales de internet empezaron siendo una especie de plaza pública virtual pero poco a poco las van adulterando para que los usuarios tengan cada vez un menor contacto digital con sus vecinos y compatriotas que piensan diferente. Eso en los bares de pueblo no pasaba. Hay que ser realistas y, a falta del bar del pueblo, twitter te permite hablar de todo, incluso de religión y política con vecinos que no son de tu cuerda. 

Es verdad que hay que tener paciencia, y no digo que no bloquees al que se pase de la raya, pero también hay mucho pobre que necesita tu ayuda para pensar y para darse cuenta de sus errores. Además... a veces el pobre eres tú.

9 ago 2021

¿Somos anarcos los carlistas?



No me acostumbro a que los llamamientos más insistentes al orden, la prudencia y el cumplimiento sumiso de las normas estén viniendo de los que hasta hace cuatro días eran hippies, contestatarios, gentes subversivas, marginales, filoetarras o insumisos. Me he criado en la Pamplona de la kale borroka y se de lo que hablo. Hay cuadrillas que antes preparaban cócteles molotov y ahora se han especializado en hacer leyes y decretos.

Y no me refiero solo al COVID con todo su vaivén de preceptos farisaicos. Una vez conquistado el poder, alcanzada una hegemonía cultural, el "prohibido prohibir" de los perroflautas del 68 ha sido cambiado por el "prohibido disentir".

Esto demuestra dos cosas: que todo ese culto a la rebeldía de las tribus urbanas que se ensalzaba como el colmo de la libertad mientras unos y otros se dedicaban a socavar los últimos principios de la cristiandad era una impostura. Y, en segundo lugar, que al final toda sociedad necesita, como siempre ha afirmado el pensamiento tradicional, un "unum", una misma fe común. Un ideal al que servir como pueblo, aunque sea mentira.

Ahora que ya, definitivamente, somos nosotros los rebeldes no mintamos como ellos. No olvidemos nunca que la contrarrevolución no es una revolución de signo contrario sino que consiste en hacer lo contrario de la revolución. Dejemos claro que nuestra insumisión es sólo una herramienta para destruir su tiranía. Porque nuestra vocación es la de levantar de nuevo una civilización cristiana. Que somos gente pacífica y que nos gusta construir.

Soy carlista. Pertenezco a una vanguardia que lleva 200 años levantada en armas y en almas contra el orden mediocre que instauró con mentiras la revolución liberal. Nosotros podríamos por tanto, no sin motivo, erigirnos en el prototipo del rebelde, del justiciero solitario, del anarco. Sin embargo, salvo por alguna inevitable adherencia romántica, los carlistas no hacemos de la protesta el núcleo de nuestra acción. No queremos engañar exigiendo una libertad disoluta y genérica en la que no creemos. No somos anarquistas. No podemos sentirnos halagados por las caricaturas que nos pintan como el loco trabucaire que siempre está enfadado, siempre contra todo y contra todos. No es verdad. Nosotros no somos los que viven exagerando e idolatrando la libertad, nosotros queremos un buen gobierno.

Sépanlo aquellos que sonríen ante la imagen entrañable del carlista cascarrabias. Nosotros no nos contentaremos con ser una minoría más o menos tolerada. Nunca nos rendiremos. Nosotros queremos una reconquista plena y todo lo que no sea eso serán escalas necesarias, pausas inevitables. Y aquél orden con el que soñamos no estará al servicio de ninguna ideología... o volveremos a sublevarnos. Estará presidido por la justicia, para que haya libertad y nadie tendrá que presumir de anarco para defender su dignidad frente al poder porque el poder estará en su sitio, limitado por encima por la autoridad y por debajo, por el servicio.

Por algo Valle-Inclán comparaba al Carlismo con una catedral. Porque la inmediatez de nuestra sublevación a la contra no nos impide soñar con lo que ha de venir después. Porque nuestro horizonte no es tanto la destrucción imprescindible de las estructuras de pecado sino la reconstrucción de un orden cristiano. 

7 ago 2021

Apartheid sanitario



El término apartheid (separación en afrikaans) ocupa en la cosmovisión progre uno de los círculos de su particular diccionario infernal junto con las palabras dictadura, segregación, fascismo y otras parecidas. Aquella legislación racista de raíces protestantes estuvo vigente en Sudáfrica hasta 1992 y todo parecía indicar que nada, nunca, podría volver a justificar su rehabilitación. Sin embargo, ha tenido que llegar la menos letal de las grandes pandemias de la historia para que los políticos del sistema globalista hayan empezado a pensar en dividir de nuevo a la gente en ciudadanos de primera y de segunda. Los primeros son aquellos que cumplen todas las normas y se inoculan sin rechistar aquello que prescribe el gobierno. Los segundos, los parias, los nuevos apestados, leprosos asintomáticos, son aquellos que -por la razón que sea- no disponen del pasaporte covid. Son los nuevos simpapeles y no podrán ir al circo. 

¿Se acuerdan de cuando se crucificaba a un empresario si se le ocurría despedir a un empleado con SIDA? ¿De cómo se podía llegar a estigmatizar a un propietario por negar el alquiler a una persona seropositiva? Pues bien, ya se dan casos (acaban de hacerlo con empleados de la televisiva CNN) de despidos a personas por carecer de la documentación sanitaria que identifica a los "buenos ciudadanos". Y no solo se trata de empresas particulares. El nuevo apartheid está obteniendo el visto bueno de los tribunales y ahora son los propios gobiernos los que empiezan a cerrar el acceso a los espacios públicos a aquellos parias que no lleven la marca adecuada en la frente.

Malos tiempos para la libertad, para la igualdad y para la fraternidad. Muy malos cuando las ideologías que eclosionaron en 1789 se sienten tan fuertes que ya no necesitan disimular sus malas intenciones con bellas y vacías palabras.

5 ago 2021

La crisis demográfica y los viejos del PSOE



Joaquín Leguina, prototipo de viejo socialista asustado, ha conseguido colar este lacrimógeno titular en la prensa: "Que haya pocos niños crea soledad". Leguina, que además de ex-empleado del PSOE es demógrafo, ha sido fichado por el CEU para ocupar el cargo de Director del Observatorio Demográfico. Se supone que con el objeto de ser una voz que alerte y denuncie las desastrosas políticas demográficas y antifamilia que nos han llevado a la situación actual. 

Es evidente que con este nombramiento la universidad de la Asociación Católica de Propagandistas no buscaba un ejemplo de coherencia sino presentar un figurón que aún conserva cierto gancho periodístico. Pero la cosa no deja de ser chocante porque, si nos paramos a pensar un poco, decir PSOE es lo mismo que decir pornografía, anticonceptivos, divorcio, feminismo, aborto e ideología de género. O sea que si hay que buscar algún culpable de la crisis de nupcialidad y natalidad que asola nuestra patria es el PSOE, bien acompañado por la leal oposición malminorista, quien se lleva la medalla de oro. 

Leguina, que ha sido durante décadas un pez gordo en la organización socialista dice ahora que "es preciso influir en la esfera política y empresarial" o que "necesitamos una política para que las mujeres puedan cumplir ese deseo (de tener más hijos de los que tienen)". ¡Arrepentidos quiere Dios! Pero arrepentidos de verdad, no caraduras. ¿Quiere el Observatorio Demográfico del CEU llamar la atención de los medios? Pues en su próxima rueda de prensa saquen otra vez a Leguina, pero vestido de saco y con ceniza en la cabeza.

¿Un año sin don Juan Carlos?



Dice la radio que llevamos un año sin don Juan Carlos. No. Don Juan Carlos nunca estuvo entre nosotros o, al menos, no desde 1978. Nunca fue uno de los nuestros. Juan Carlos de Borbón desapareció entonces, cuando más falta hacía, cuando era el titular de todos los poderes del Estado como sucesor a título de rey por el general Franco, y cuando decidió hacer dejación de todas sus responsabilidades en manos de la partitocracia naciente. Cuando abandonó su alta misión de defensor de los débiles y decidió ponerse al servicio de la plutocracia. 

Aquello no fue una transición sino una transacción. Don Juan Carlos, sin ser rey legítimo -porque no lo era-, tenía de hecho en sus manos el futuro de una España diferente, un tanto adormecida, pero más auténtica que esta España descreída, resabiada y depresiva del siglo XXI. Todos sus discursos grandilocuentes del servicio a España, del amor a la Patria, de la entrega al bien común de los españoles se vinieron abajo a la primera dificultad. Juan Carlos optó por la vía fácil y rápida. "Yo me quito de en medio y allá os las apañéis" -les vino a decir a los nuevos politicastros-. Por eso lo que él ha hecho y lo que hace ahora su hijo no es reinar, porque rey sólo es el que rige. El llamado rey constitucional está ahí, ocupando los cuadros oficiales, tan sólo para dar un aire de respetabilidad al sistema. Ese era el pacto. Para eso es para lo que servía el "rey". 

Y por eso ahora no le perdonan sus chanchullos. Porque un trato es un trato, incluso entre mafiosos. El papel de la nueva monarquía hueca era aportar respetabilidad y lo que al final ha hecho Juan Carlos hace que la gente vea que todo esto -todo el sistema- es muy, pero que muy poco respetable. 

El coche eléctrico no arranca



Lo del coche eléctrico parece que no cuaja. Las cuentas no salen. ¿De dónde podría salir la electricidad necesaria para mover todo el parque automovilístico actual? ¿De quemar en grandes centrales el mismo petróleo que ahora se va quemando poco a poco en cada coche? Para ese viaje... Y eso sin entrar en otros graves problemas aún no resueltos como son la financiación de unos vehículos caros; los puntos de conexión que resultará difícil o imposible poner al alcance de cualquiera; o hasta el reciclaje de las baterías y otros componentes altamente contaminantes. A corto plazo el vehículo eléctrico podría quedarse en algo así como los cochecitos del golf, un capricho para algunos. 

La respuesta de nuestros políticos es la de siempre: la huída hacia adelante. Vender la burra aunque la burra ya lleve un tiempo muerta. Cuando existe un empeño ideológico la realidad es lo de menos. Lo que no saben es que la realidad siempre, siempre, se acaba imponiendo. En este asunto caótico de la movilidad más valdría estudiar los problemas con un poco más de humildad, dejar de lado los tintes electoralistas, dar prioridad a la libertad de las familias y dejar trabajar a los expertos, que los hay. 

El silencio atronador de los médicos


El pasado 29 de julio se publicó en Navarra el Decreto Foral 71/2021 "por el que se crea la Comisión de Garantía y Evaluación de la prestación de ayuda para morir de la Comunidad Foral de Navarra y el Registro de profesionales sanitarios objetores de conciencia para realizar la prestación de ayuda a morir". Tanto eufemismo ñoño provoca arcadas. "Prestación de ayuda para morir" lo llaman. 

Supongo que en el resto de comunidades autónomas harán el mismo copia y pega demostrando una vez más que todo este rollo de las autonomías no es para defender peculiaridades regionales sino para ejecutar con mayor eficacia las normas totalitarias que vienen dictadas desde arriba. No, de Madrid, no, de más arriba.

Lo que no entiendo es por qué no se rebelan los colegios de médicos. Primero les imponen una ley que contempla el matar a los pacientes como una prestación sanitaria más. ¿Y encima a los que no estén conformes se les obliga a inscribirse en una lista? No señor. La lista, en todo caso, tendría que ser la de aquellos matarifes o verdugos que estén dispuestos a cobrar un sueldo por ejecutar mediante inyección letal a sus pacientes. Si yo fuera médico no me apuntaría en una lista de objetores porque el no matar a los pacientes es lo que va incluido en la profesión. Es la podredumbre moral de los que acceden a acabar adrede con la vida de sus pacientes lo que, en todo caso, merecería ser consignado en la lista de la ignominia. 

El silencio de los médicos en defensa de sus propios códigos éticos es atronador. Me temo que tendríamos que haber guardado los aplausos aquellos para los médicos que aún se atreven a denunciar el aborto, la eutanasia o la vacunación infantil. 

En fin, como paciente exijo que la lista de eutanasiadores sea pública. No me interesa la lista de los buenos médicos que quieran seguir siendo fieles al juramento de Hipocrates. Quiero saber quiénes son los malos, dónde viven y a qué se dedican. Quiero saberlo para curarme en salud, y para cambiarme de acera cuando me los encuentre por la calle. Por si acaso.

30 jul 2021

Castillo y los castellanos



El nuevo presidente de el Perú, Pedro Castillo, ha utilizado su discurso de investidura para hablar de historia. ¡Como fuera esto mismo lo que enseñaba en su escuelita... pobres alumnos!. En un momento dado, después de aludir a un tiempo de leyenda (¡cuatro milenios y medio!) durante los cuales los peruanos vivían en armonía con sus semejantes y con la naturaleza, se ha sumado al típico argumentario de la leyenda negra para hablar despectivamente de la llegada de "los hombres de Castilla". La cosa es sorprendente viniendo de uno que se apellida Castillo. Está claro que lo que impide que el Perú levante cabeza es el autoodio.

No conozco demasiado al personaje. Apenas las cuatro cosas que van llegando en las escuetas biografías de internet, pero a falta de alguna que otra sorpresa el profesor Castillo parece estar cumpliendo con creces los niveles típicos de incoherencia propios de esta clase de políticos. Se llama Pedro y es católico, pero lidera un movimiento marxista; rechaza el imperialismo yanqui pero su mujer y sus hijos (Alondra, Jennifer y Arnold) militan en una secta protestante. Cada cosa que hace es un insulto a sus abuelos. Es como otro pequeño y fraudulento Evo. Lo siento por el Perú.

Incluso el sombrero chotano que lleva con orgullo, imitando el efecto de los jerseis populistas de Morales, no es de origen inca, ni huari, ni del Tahuantinsuyo, ni nada parecido. ¿De dónde se creen que vino? En efecto, lo trajeron los hombres de Castilla. Sus propios antepasados. Esos mismos que él pisotea con su ceguera ideológica. Antepasados peruanos indios y mestizos que, en el momento crítico de la revolución liberal antihispánica del XIX, hicieron del virreinato el último reducto realista. 

Como dice María Elvira Roca, los hispanos tienen un problema con su pasado, con sus abuelos, con sus complejos. Sobre esta enfermedad de autoodio es imposible construir políticamente nada que no sea una republica bananera dominada por USA o por China. O sea, más de lo mismo.


Nueva manipulación de las palabras del Santo Padre



Diversos medios y periodistas del entorno liberal, neocon o incluso algún presunto tradicionalista que ha caído en la trampa, han aprovechado una nueva catequesis del Papa sobre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (25 de julio) para acusar al Papa de comunista, materialista, pobrista y hasta de modernista negador de los milagros.

Libertad Digital, por ejemplo titula: "El Papa corrige a Cristo: "El milagro no es multiplicar los panes y los peces". Este titular es una manipulación como una casa. Aunque, la verdad, cualquiera que sepa un poco de historia sabrá que nada mas propio de los liberales que mentir. Siempre lo han hecho.

Resulta muy hipócrita hacerse pasar por guardián de la fe y la ortodoxia y, al mismo tiempo, ser un adalid de la ideología liberal. ¿De verdad alguien cree que van a ser los redactores de Libertad Digital, anticlericales por naturaleza, quienes van a salvar la recta interpretación del Evangelio de las supuestas herejías que afirme el Obispo de Roma en sus homilías o catequesis?

Infovaticana, medio que no siempre hila demasiado fino en sus análisis eclesiales titula: "Francisco insiste en que el milagro de los panes y los peces fue "compartir". Se trata de un desafortunado artículo de Carlos Esteban, a quien por lo demás aprecio y sigo. Pero en esta ocasión creo que él e infovaticana han entrado al trapo y están haciendo un servicio a los liberales neocon que no soportan al Papa. Además, ¡Qué malo y qué difícil es resumir un texto tipo homilía en un titular! Por definición, este tipo de discursos podrían ofrecer tantos titulares como oyentes. Que a Infovaticana o a uno de sus redactores le llame la atención eso de "compartir" es lo más alejado de la neutralidad periodística pues se basa en un criterio absolutamente subjetivo.

A veces por otra parte, entre los católicos, parece que quienes más obsesionados están por todo lo que dice el Papa son los que nos acusan de papólatras sólo porque reconocemos su legítima autoridad. Cuando el papa patine -que todo es posible- o diga cosas que no me cuadran me podré callar o mostrar una disconformidad respetuosa, lo que nunca haré es sumarme al carro de los neocon o de los liberales que no se preocupan por la ortodoxia del Papa sino que tratan de manipular a la Iglesia al servicio de sus ideologías.

Por su parte, un redactor de Electomania.com ha escrito: "El Papa Francisco pide cambiar el "multiplicar" de los panes y los peces por "compartir". Resulta que en el Evangelio no aparece la palabra "multiplicar". Así que no hay nada que cambiar. ¿Cuál es el problema entonces?

En esta ocasión el Papa no niega ningún milagro, lo que hace es explicar en qué nos concierne el mandato de "Dadles de comer". ¿De verdad vamos a ser tan simples de creer en Jesús sólo porque un día hizo aparecer de la nada cinco mil panes? ¡Por favor! ¡Que ha creado el Universo! Para quien tiene fe en el auténtico Jesús lo de los panes y los peces es una anécdota. Para los más simples -o para los materialistas- era un acontecimiento que les llevaba a querer proclamarlo rey. El Papa, como digo, pone el foco no en el fenómeno milagroso en sí sino en el hecho de repartir. Y nos recuerda que si damos con fe, si repartimos en nombre de Dios poniendo lo poco que tengamos con amor, aun nos sobrará. En eso consiste realmente la caridad, en dar sin medida, sin cálculos. Así lo han hecho todos los santos y así lo pueden confirmar por ejemplo las familias numerosas. Todo lo que se da con generosidad al final vuelve con creces, y rebosa.

En este mundo tan polarizado parece que cada vez cuesta más defender la verdad y poner las cosas en sus justos términos. Si apoyas al Papa te tachan de comunista. ¿Comunista yo? Lo que siempre he sido es antiliberal. O, en todo caso, comunionista... Aunque siempre he pensado que los -ismos los carga el diablo y por eso cuanto menos se usen mejor.

No se si esta maniobra farisaica de ir a buscar la paja en el ojo papal se hace para utilizar a la Iglesia como arma arrojadiza contra las ideologías adversarias o si se emplea directamente para provocar división e inquietud entre los católicos. En cualquier caso, no se fíen ni un pelo de los titulares ni de los comentarios periodísticos. Acudan a la fuente, oigan con buena fe la palabra del Papa y verán que no ha dicho nada terrible, ni comunista, ni modernista. Lo ha dicho en el típico estilo jesuítico, sí, ese que a veces nos pone un poco nerviosos porque obliga a pensar. Sólo es eso. Además, las enseñanzas o reflexiones de sus homilías o catequesis -como las de cualquier otro sacerdote de Dios- aprovecharán más o menos, estarán más o menos inspiradas, moverán más a unos que a otros, serán más o menos ocurrentes o agudas. Pero aprovecharán mucho más si se escuchan con buena intención, tratando de encontrar la viga propia.
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Aquí está lo que realmente dijo el Papa el 25 de julio: 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de este domingo narra el célebre episodio de la multiplicación de los panes y los peces, con los que Jesús sacia el hambre de cerca de cinco mil personas que se habían congregado para escucharlo (cf. Jn 6,1-15). Es interesante ver cómo ocurre este prodigio: Jesús no crea los panes y los peces de la nada, no, sino que obra a partir de lo que le traen los discípulos. Dice uno de ellos: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tantos?» (v. 9). Es poco, no es nada, pero le basta a Jesús.

Tratemos ahora de ponernos en el lugar de ese muchacho. Los discípulos le piden que comparta todo lo que tiene para comer. Parece una propuesta sin sentido, es más, injusta. ¿Por qué privar a una persona, sobre todo a un muchacho, de lo que ha traído de casa y tiene derecho a quedárselo para sí? ¿Por qué quitarle a uno lo que en cualquier caso no es suficiente para saciar a todos? Humanamente es ilógico. Pero no para Dios. De hecho, gracias a ese pequeño don gratuito y, por tanto, heroico, Jesús puede saciar a todos. Es una gran lección para nosotros. Nos dice que el Señor puede hacer mucho con lo poco que ponemos a su disposición. Sería bueno preguntarnos todos los días: “¿Qué le llevo hoy a Jesús?”. Él puede hacer mucho con una oración nuestra, con un gesto nuestro de caridad hacia los demás, incluso con nuestra miseria entregada a su misericordia. Nuestras pequeñeces a Jesús, y Él hace milagros. A Dios le encanta actuar así: hace grandes cosas a partir de las pequeñas, de las gratuitas.

Todos los grandes protagonistas de la Biblia, desde Abrahán hasta María y el muchacho de hoy, muestran esta lógica de la pequeñez y del don. La lógica del don es muy diferente de la nuestra. Nosotros tratamos de acumular y aumentar lo que tenemos; Jesús, en cambio, pide dar, disminuir. Nos encanta añadir, nos gustan las adiciones; a Jesús le gustan las sustracciones, quitar algo para dárselo a los demás. Queremos multiplicar para nosotros; Jesús aprecia cuando dividimos con los demás, cuando compartimos. Es curioso que en los relatos de la multiplicación de los panes presentes en los Evangelios no aparezca nunca el verbo “multiplicar”. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: “partir”, “dar”, “distribuir” (cf. v. 11; Mt 14,19; Mc 6,41; Lc 9,16). Pero no se usa el verbo “multiplicar”. El verdadero milagro, dice Jesús, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios. Probemos a compartir más, probemos a seguir este camino que nos enseña Jesús.

Tampoco hoy la multiplicación de los bienes resuelve los problemas sin una justa distribución. Me viene a la mente la tragedia del hambre, que afecta especialmente a los niños. Se ha calculado —oficialmente— que alrededor de siete mil niños menores de cinco años mueren a diario en el mundo por motivos de desnutrición, porque carecen de lo necesario para vivir. Ante escándalos como estos, Jesús nos dirige también a nosotros una invitación, una invitación similar a la que probablemente recibió el muchacho del Evangelio, que no tiene nombre y en el que todos podemos vernos: “Ánimo, da lo poco que tienes, tus talentos y tus bienes, ponlos a disposición de Jesús y de los hermanos. No temas, nada se perderá, porque, si compartes, Dios multiplica. Echa fuera la falsa modestia de sentirte inadecuado, ten confianza. Cree en el amor, cree en el poder del servicio, cree en el poder de la gratuidad”.

Que la Virgen María, que dijo “sí” a la inaudita propuesta de Dios, nos ayude a abrir nuestros corazones a las invitaciones de Dios y a las necesidades de los demás.