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22 ene 2023

El materialismo también era mentira


El materialismo también era mentira. No pretendía centrarse en lo material, real y palpable sino en una idea desordenada de la realidad. Los -ismos y las ideologías son así. Destrozan todo lo que tocan. El liberalismo la libertad, el comunismo la comunidad, el feminismo la feminidad, y el materialismo -aunque nos haya costado más verlo- la materia. De ahí los viejos rollos psicológicos y esotéricos y la nueva obsesión digitalizadora.

Frente a las metafísicas averiadas que se lían innecesariamente con el mito de la caverna, el pienso luego existo, el rollo maniqueo y otras idas de olla de gente ociosa y pedante los cristianos afirmamos la fuerza armónica de la realidad creada, espíritu y materia. Por eso nosotros no somos ni espiritualistas ni materialistas. El único -ismo que admitimos, porque es imposible exagerar la realidad, es el realismo. Como Aristóteles y Aquino.

Volviendo al materialismo... Hubo un tiempo en que la Revolución parecía aferrarse a lo material, a los kilos y a los litros de las cosas medibles y entonces teníamos que defender lo espiritual, el alma, la oración, el más allá... Esa fase ha terminado. Las cosas materiales han sido tan manoseadas que ahora toca salvar lo analógico. Quién defiende ahora la realidad, la bondad de la Creación y de la hermana naturaleza, las relaciones personales cara a cara, el dinero en efectivo, las cosas buenas del mundo sensorial somos nosotros, los cristianos.

La última fase de la Revolución se ha engolfado en un maniqueísmo cutre que, como profetizaba Matrix, prefiere la simulación digital, la digitalización obsesiva, antes que la cruda y bendita verdad real. Una plaga que deja aislado al individuo, solo con sus pensamientos manipulados. Los antiguos anacoretas cristianos buscaban la soledad a propósito, para centrarse en lo esencial y en la experiencia religiosa. Los postmodernos se encuentran cada vez mas solos, en una soledad indeseada, que no logran paliar las llamadas redes sociales digitales. Lo digital resulta enfermizo porque nos acaba alejando de los cinco sentidos y de la experiencia gozosa de lo real. 

Los digitalizados ya ni siquiera pecan a gusto. Se quedan -nos quedamos- en los malos pensamientos y las omisiones. ¡Qué cosa más triste!¡Aquellos pecados carnales antiguos... ! La gula, la lujuria, la ira... Eran y son totalmente reprobables, pero al menos en ellos uno, adorando torpemente a sus criaturas podía acabar encontrando al Creador. En cambio los pecados digitales, tan fáciles y tan baratos, solitarios, refugiados en los recovecos de la imaginación, la adicción y el pensamiento... ¿No esclavizan mucho más que los viejos pecados analógicos de toda la vida?

La obsesión digital no es el único enemigo de la realidad. Hay otros, ya mencionados, que son el psicologismo, el esoterismo y, por supuesto, las ideologías. Al final todas estas tendencias evasivas coinciden en predicar algo que se parece sospechosamente los viejos errores dualistas, mazdeístas, gnósticos, maniqueos, bogomilos, cátaros o albigenses: lo material es malo, lo espiritual es bueno.

Por eso es preciso negar la mayor. Ir a la raíz del debate y afirmar con sencillez y confianza que "vió Dios que todo era bueno", que el mal no tiene entidad propia, y que la realidad de las cosas, pase lo que pase, al final acabará imponiéndose.

21 ene 2023

Los inventos, lo posible y lo correcto


Los inventos están sobrevalorados. Hemos puesto a Leonardo da Vinci y a Edison por encima de Tomás de Aquino y Gracián y así nos va. Primero se los inventa para demostrar que funcionan. Y luego, si eso, cuando queda un rato libre, se convoca un simposium para reflexionar sobre los pros y los contras de cada ocurrencia. La emoción que genera cada novedad juega con eso, con vértigos, adrenalina y, peor aún, con el típico voluntarismo ciego y orgulloso que no ve mas que retos, apuestas, oportunidades para la diversión y conquistas innecesarias. Primero se inventa, luego ya vendrá la ética para hacer lo que pueda. O, peor aún, que vengan otros inventos -un clavo saca otro clavo- para intentar corregir los daños colaterales del primero.

Estas tardes oscuras de invierno en las que sigues trabajando aunque se haya hecho de noche acuérdate de los felices antiguos que solamente trabajaban de sol a sol. Y recuerda que además sabían descansar a la sombra en verano, porque la electricidad mató la noche pero también la siesta. Así es como funcionan los inventos. Aparecen para resolver y facilitar, con un aura de salvadores de la humanidad difícil de criticar pero nadie se dedica luego, de verdad, a hacer un balance ecuánime de las pérdidas y ganancias que suponen. El transporte urbano, por poner otro ejemplo vulgar... ¿Quién podría oponerse al progreso de incorporar un trenecito que en diez minutos nos lleve de punta a punta de la ciudad? El problema es lo que viene después del trenecito: otro trenecito, y otro, y otro que se van encadenando sucesivamente de forma que si antes se tardaba media hora en recorrer la ciudad a pie, ahora se tarda exactamente la misma media hora en recorrer la misma ciudad recrecida en tren. Viaje usted media hora en tren para llegar a tiempo al gimnasio en el que pagando hará el ejercicio equivalente a media hora de caminata. 

Otro ejemplo aún más tonto: el ascensor. ¿Se ha molestado alguien en hacer un verdadero estudio en profundidad sobre la evolución, influencia social y consecuencias reales provocadas por este invento?Me dirán que gracias al ascensor hemos ahorrado a nuestras pobres rodillas el esfuerzo de subir 15 pisos. Pero es que sin ascensor no existirían edificios de quince pisos. Por otra parte, ese tipo de inventos que podríamos llamar "cómodos", como el maravilloso ascensor, ¿no son precisamente los que nos han convertido en seres sedentarios y con sobrepeso? Desde el punto de vista psicológico, ¿qué beneficio ha traído el ascensor a nuestras interacciones vecinales? Las conversaciones de ascensor, cuando alguna vez se producen, son penosas. En un ascensor hasta los pensamientos se hacen incómodos. ¿Por qué será? El ascensor ha tenido también una importante incidencia en la conformación del urbanismo y ha roto cualquier equilibrio ciudadano. Ha igualado los precios de todos los pisos independientemente de su altura con lo que ha contribuido a un igualitarismo empobrecedor. Cuando no había ascensores podían compartir una misma escalera desde el industrial del primero hasta el bohemio de la buhardilla pasando por una sucesión de clases diversas. Gentes que día tras día aprendían a convivir y a tolerarse en los rellanos o el patio de vecinos. La novela rusa o la creatividad de los artistas parisinos no habrían existido en un mundo repleto de ascensores. En la era pre-ascensor las clases -y las generaciones- podían vivir entremezcladas, pero al extenderse el invento se potenció la segregación por barrios, por clases y por edades, y así es como tenemos barrios familiares, barrios envejecidos, barrios bajos y altos, etc.

Aquí lo dejo. No pretendo abolir los ascensores, ni el metro, ni la electricidad. Sería una estupidez. Pero me alegraré si les he hecho pensar algo en los pros y los contras. Vuelvo a mi pregunta inicial ¿para qué sirven los inventos? ¿qué tal si pensáramos en las consecuencias antes de aplicarlos? El 90 por ciento de los inventos, a cuál más inútil, consiste en reproducir lo que ya hace de forma razonable la naturaleza. Mucho madre Tierra, mucho amor al ecosistema pero no sabemos vivir sin plastificarlo todo: un perro mecánico; un altavoz que te dispensa de gritar; un vehículo que te impide andar; un motor para sustituir a una sencilla manivela; una flor de plástico; un sol artificial; una probeta en vez del abrazo conyugal; un útero de silicona... 

Vivan los inventos bien pensados. Que viva la inventiva y que muera la aberración antinatura. Lean la historia de Frankenstein. Estamos endiosando la tecnología y los inventos como si todas las ocurrencias fueran inevitables. Olvidando que la razón y la ética están para algo. Y que no estamos aquí para hacer todo lo posible sino todo lo correcto. 

15 ene 2023

"La incorporación de la mujer al mercado laboral"


Las leyes de racimo que acaba de lanzar el gobierno para empeorar las ruinas entre las que vivimos nos tienen medio aturdidos. Pero no es este último vómito legal lo que más ha contribuido a la destrucción de la familia sino ese otro viejo criminal de guante blanco que es el capitalismo liberal. Todas las ideologías, todas, han hecho su papel para que estemos como estamos. La laicidad del estado, el matrimonio civil, la anticoncepción, el feminismo, el divorcio, el aborto, las parejas de hecho, la ideología de género, el aberrosexualismo, la eutanasia y los 16 modelos de familia no son banderas enfrentadas sino capítulos de un mismo libro. Escaleras descendentes que, peldaño a peldaño, responden a una misma lógica interna.

Pensemos por ejemplo en eso de "la incorporación de la mujer al mercado laboral". Un eufemismo como una casa. Las mujeres siempre han trabajado fuera de su hogar cuando ha hecho falta. Y no me refiero solo a la necesidad de dinero porque, al menos en los países cristianos, no han faltado mujeres desarrollando sus talentos en cualquiera de los oficios o de las artes. Lo que sucede es que una sociedad sana necesita que una parte no pequeña de su fuerza laboral se dedique a atender el hogar y la crianza. Y eso es lo que han hecho las mujeres toda la vida. Más felices que resignadas. Pero aquí lo que ha pasado es que se ha demolido, a propósito, el dignísimo oficio y trabajo de madre de familia y ama de casa. Dicen que antes había una mentalidad que reprimía a las mujeres, bueno, habría que ver a qué "antes" nos estamos refiriendo. Lo cierto es que ahora la nueva mentalidad está reprimiendo de muchos modos la vocación de ama de casa. Ha habido grandes cambios, sí, y se mire como se mire han sido para peor porque si no ¿cómo se explica que la institución más valorada, la familia, sea al mismo tiempo la que sufre una crisis más profunda?

Lo que principalmente ha roto las familias es denigrar la vocación típicamente femenina. Llamar maruja al ama de casa; insistir -incluso cuando era para negarlo- en el estereotipo machista burgués de la mujer-florero; dar a entender que el sueldo del padre de familia era una ganancia individual y no el sostén familiar; hacinar a la gente en pisos aislados, sin vida social, como celdas... Todo eso y más es lo que corroe a la familia natural. Porque ¿qué mujer cristiana, consciente de su dignidad, podría soportar esa vida? Denigrada, empobrecida y encerrada en un piso... Si eso es lo que ofrece el capitalismo a la mujer media es normal que prefiera trabajar en una gasolinera. Servir a cualquier jefe antes que a su marido.

Las consecuencias de ese acoso y de ese abandono están a la vista: mujeres masculinizadas y resentidas, hombres afeminados y con complejo de culpa, niños obesos, jóvenes desmadrados, abuelos desatendidos, aborto para interrumpir las vidas no deseadas, y divorcio como fábrica para esos "nuevos modelos de familia" que no son mas que trozos de familia. Un absoluto desastre. Y no. No hemos necesitado que venga Lenin ni una dictadura social-comunista para ver la destrucción del orden social familiar. Eso nos lo hemos ganado a pulso con "la democracia que nos hemos dado".

12 ene 2023

Ni izquierda ni derecha: armonía sintética


Uno de mis hermanos me ha pasado un artículo de Francisco Canals Vidal, leído allá por 1967, en un Congreso de Amigos de la Ciudad Católica, titulado "Monismo y pluralismo en la vida social". Es magnífico. Como no podía ser de otra manera, la única "receta" que ofrece es esta: "... el de la soberanía de Dios, único principio que puede asegurar en lo político la armonía sintética y ordenada de la unidad y de la multiplicidad."

Las palabras de Francisco Canals siempre, y ese artículo en concreto, ofrecen mucha luz. Me asombra particularmente cómo ilumina la acción política. En él nos enseña por ejemplo que dividir el mundo entre izquierda y derecha es lo mismo que cronificar todas nuestras enfermedades sociales. Que en realidad, son todo ese tipo de divisiones diabólicas -valga la redundancia- lo que nos aleja de la verdad, el bien y la belleza. Aberraciones gnósticas y maniqueas que nos impiden vivir en paz.     
 
Año 1967: en aquel entonces ya todos andaban pensando en categorías de izquierda o derecha, y en qué pasaría cuando faltara Franco. Canals no. Él pensaba, como Dios manda, en la armonía sintética. En aquella coyuntura el Carlismo, que siempre ha querido ser una armonía sintética al estilo español, fue manipulado por unos para cobijar a iluminados de izquierdas y por otros para tratar de convertirlo en mamporrero de las derechas. Gracias a Dios salimos de aquellas trampas. Maltrechos y menguados, pero salimos. Yo no se qué percepción tendrán ustedes de la Comunión Tradicionalista actual, pero en lo que de mí dependa estaremos trabajando por esa armonía sintética de la que hablaba Canals. 

No se trata de caer en el indiferentismo, el accidentalismo, el neutralismo, el buenismo o el centrismo. Se trata de amar con locura la verdad y la realidad de las cosas. Y de estar dispuesto a encontrarlas allí donde quiera que se encuentren. Porque lo cierto es que el mal actúa siempre, necesariamente, a través del bien; que el pecado se propaga atravesando e hiriendo como primera víctima al pecador; que el mal no tiene entidad. Por eso no tiene mucho sentido hablar de "ellos y nosotros", de "los buenos y los malos". El amor a los enemigos no es ninguna locura. Tiene toda su lógica en tanto que nos exige huir de la soberbia para poder aprovechar todo lo que hay de bueno allí donde pensábamos que solo habría cizaña.
 
Pero volviendo a la armonía en política. Eso es lo que siempre aprendimos de los viejos carlistas. Ellos se habían convertido en facciosos a su pesar, en banderizos y partidarios forzosos cuando lo que anhelaba su corazón era la bendita unidad en una patria de hermanos. Carlos VII ofreciendo una tregua, Luis de Trelles canjeando prisioneros, el requeté cargando en sus espaldas con su enemigo malherido, abogados carlistas defendiendo a los anarquistas, María Rosa Urraca Pastor amiga de Dolores Ibarruri, Alvaro d'Ors carteándose con el republicano Sánchez-Albornoz, mi padre de tertulia con el jefe comunista del pueblo... ¡Tantos y tantos ejemplos que podría poner!

Insisto, no se trata de buenismo ni de beaterías, se trata de entender que esto, lo de tejas abajo, no lo arreglarán ni la izquierda ni la derecha. Que ningún reduccionismo de moda nos ha de traer ni la paz, ni el respeto, ni la alegría de vivir. Que el "único principio que puede asegurar en lo político la armonía sintética y ordenada de la unidad y de la multiplicidad" es reconocer la soberanía de Dios. Nada más y nada menos.

22 dic 2022

Providencia y suerte


Aprovechando el Día Nacional de la Suerte y la celebración de los premios gordos y flacos rescato una curiosidad barroca y una reflexión. Dice Baltasar Gracián en El héroe que la fortuna es "gran hija de la suprema Providencia" y además que se pega "a los del lado". ¿Qué opinan ustedes? ¿Son estos pensamientos reminiscencias paganas del Renacimiento o habrá algo más? ¿Será acaso que la Providencia se sirve realmente de la suerte para dirigir la historia de los hombres? Y si esto fuera cierto ¿en qué momento dejamos de entender esa suerte como parte de un plan misterioso que, en el fondo, nos favorece?

El espíritu providencialista tan típicamente católico y español, cuando es de verdad reflejo del abandono confiado en la voluntad divina y no simple dejadez, es maravilloso y hace que todo en la vida sea más sencillo y llevadero. Por eso creo que Gracián, tan sabio y tan cristiano, habla así de la suerte, de la fortuna, personificándola como a una diosa del Panteón pero llevándola con todos los honores -hija de Dios- a las hornacinas de los altares barrocos. 

Peor encaje le veo a eso de que se pega "a los del lado? ¿Habrá que creer también, por el mismo precio, en los gafes o la baraka? Es posible que esto último no sea mas que una parte de las contradicciones del barroco. Pero en cualquier caso estamos ante una típica historia de inculturación. La leyenda negra nos ha contado tantas veces que la Iglesia, rígida e impasible, aplastó o borró las tradiciones antiguas que hemos acabado por ignorar los grises, los grados y las excepciones.  No es cierto, la Iglesia no barrió las tradiciones antiguas sino que las fue integrando, depurando, explicando y armonizando con mano izquierda. Con una flexibilidad y una tolerancia de la que hoy serían incapaces las ideologías modernas.

¡Paparruchas!


La Navidad está en el centro del huracán. Distorsionada por fuerzas antagónicas corremos el riesgo de volvernos tacaños y rancios, nostálgicos, solitarios y misántropos cuando estamos con el Niño del pesebre y eufóricos vociferantes desde la ventana para celebrar la nada, la noche, las luces parpadeantes, el calendario y los copitos de nieve. Exactamente como
 Mr. Scrooge pero al revés.

En el Cuento de Navidad de Dickens todo estaba en su sitio. El avaro vivía amargado y temeroso mientras que los generosos creyentes eran felices. El cuento acaba bien porque Ebenezer Scrooge se une a la celebración cristiana con todas sus consecuencias. Acaba bien porque la felicidad del viejo se hace evidente. 

¿Pero qué pasaría si Ebenezar fuera un típico urbanita del siglo XXI, descreído y jovial, que se ha suicidado espiritualmente para pasarse al rollo del solsticio, que prescinde de su Salvador entre aspavientos de felicidad aparente? ¿Y qué pasaría si por el contrario las buenas influencias del empleado o del sobrino se vieran descafeinadas en medio de una celebración sentimentaloide, timorata, íntimamente egoísta y perfeccionista? En ese caso la tarea de los fantasmas de las navidades sería más complicada. Porque no tendrían que convertir sólo al viejo sino a todos. 

La celebración de la Navidad, entre los que sí creemos -aunque sea un poquito- que el protagonista es Jesús niño está siendo acosada desde fuera por el laicismo, y desde dentro por una exageración de las expectativas, por un estrés que nos desdibuja el meollo de la celebración por el afán de construir una fiesta íntima, decadente, inolvidable y perfecta. 

Deberíamos poner las cosas en su contexto. La Navidad es una ocasión no menos preciosa que la Pascua de Resurrección y no menos familiar y entrañable que cualquier otro momento que sirva para celebrar la fe, reunirse en buena compañía y cantar con alegría. ¿No nos habremos pasado un poco inflando la parte sensiblera del evento? Las navidades antiguas eran más recias, no menos sinceras que las de ahora y sin tanta ñoñería. Eran más normales. No había tantos regalos ni tanto consumo. En cuanto a las obras de caridad se hacían todo el año, no solo "porque es Navidad". Me temo que en esto como en otras cosas hemos ido al rebufo de la cultura anglosajona que, al tratarnos como a una de sus pobres colonias, no ha hecho sino imbuirnos unos complejos que no nos van pero que nos vienen por la fuerza. No se si sabían ustedes que en Inglaterra los puritanos prohibieron la Navidad durante 15 años  (¡y en Escocia 250 o más, ojo!). Mucho después, seguramente para compensar aquella muermez herética, la Inglaterra de Dickens, al tiempo que machacaba a los proletarios en sus minas y sus telares quiso despertar un sentimiento humanitario y lo que hizo fue poner en marcha el sentimentalismo humanitarista navideño, que no es lo mismo. Desde entonces el mundo se llenó de felicitaciones algodonosas y casi casi estoy tentado a decir como el avaro del cuento... ¡de paparruchas! 

En España, exceptuando los años del puritanismo republicano, nunca habíamos tenido esos altibajos. Hasta ahora, que desciende el sentido religioso y sube el autoodio inducido hacia nuestras propias tradiciones. Hasta ahora, que imitando los errores de los anglos hemos eliminado, o sustituido, o aguado los motivos para la celebración y hemos dejado... las paparruchas.

Y ya vale por hoy. ¡A cantar villancicos! Vayan para todos mis pacientes lectores mis mejores deseos. ¡Feliz y santa Navidad!

20 dic 2022

En defensa del cuñado


No se me ocurren en este momento palabras más antisistema que esas que nos sirven para categorizar los vínculos familiares. La campaña de desprestigio contra todas ellas es implacable en los medios de reeducación de masas: los abuelos son seres caducos y prescindibles, los hijos como perros, los padres memos, las madres locas, de las suegras mejor no hablar... y así todo. Pero ¿y los cuñados? ¿qué les han hecho los cuñados para que ensañen con ellos de ese modo? ¿habrán cambiado realmente para dejar de ser lo que eran? Antes el cuñado, tanto en la ficción como en la vida real, era un confidente, un amigo, un compañero con el que descubrir las cosas buenas de la vida. Ahora lo han convertido en una especie de supercontagiador que hay que soportar con paciencia. Una compañía sospechosa, entrometida y venenosa, portadora de bulos y de teorías de la conspiración, chistes inapropiados o delitos de odio sin freno. 

La presión es tan terrible que ya nadie quiere ser cuñado. Antes los hombres se convertían en esposos por amor a la novia, pero también animados por la perspectiva de vivir emparentando con una gavilla de cuñados decentes. Ahora se palpa el miedo cada vez que llega un día festivo. Cualquier reunión familiar, por trivial o vacía que haya llegado a ser es presentada por nuestros idiotizadores antifamilia como una situación de riesgo. La nupcialidad ha caído también por esta razón y se dice poco. 

Es preciso romper una lanza en favor del cuñado de toda la vida. Necesitamos recuperar su prestigio de antaño. Que sí, que alguno también te puede salir malo en el primer intento, pero es que las cosas hay que trabajarlas. Los cuñados suelen ser diamantes en bruto y por eso conseguir un buen cuñado es a veces cuestión de tiempo. Se acercan días propicios para entrenar el espíritu familiar. Esta Navidad empatiza con tus cuñados y cuñadas, no es tan difícil. Al final, con un poco de paciencia cualquiera puede descubrir el corazoncito que todos ellos esconden. Lo que es imprescindible para ello es que nos liberemos de los prejuicios del individualismo woke y que nos abramos a la maravillosa perspectiva de consagrar la vida al servicio de un clan. Nadie dijo que fuera fácil, pero la gratificación para el que lo consigue es generosa. 

Lo que ofrece el Carlismo


Me acabo de enterar de que existe una cosa que se llama El Jacobino y que se presenta como "la izquierda ilustrada" bajo el original lema de "libertad, igualdad, fraternidad". El caso es que es el ejemplo perfecto de lo que vengo denunciando en mi particular cruzada contra la peste de los historicismos en política. Vas a la historia, buscas algo que te hace tilín, lo rediseñas y lo vendes como el nuevo detergente que lava más blanco. Frente a esta clase de ocurrencias, nostalgias, neoinventos y fotocopias nosotros, los viejos carlistas, ofrecemos continuidad y tradición. Porque -como enseñaba Eugenio d'Ors- todo lo que no es tradición es plagio.

En estos doscientos años de Revolución triunfante hay multitud de ejemplos de historicismos tramposos. De izquierda y de derecha. Hay quien quiso resucitar a los comuneros, otros prefieren atascarse en fechas sonadas y manipulan los hechos de 1512 en Navarra o 1714 en Cataluña... Los romanos inspiraron a Napoleón, y a los fascistas; las tribus prehistóricas a los nacionalistas separatistas; los sans-culottes a los anarquistas y a los perroflautas; y ahora estos masoncetes neojacobinos buscan su prestigio recordando a aquellos guillotineros con gorro de pitufo. Unos y otros rebuscan en el pasado ejemplos con buena prensa porque, en el fondo, están asqueados de su propia tradición. Saben que son hijos de los asesinos de la Cristiandad, de los destructores del orden antiguo y necesitan creer, como los mismísimos masones -quizás los primeros historicistas-, que están construyendo algo importante. 
 
Ojo con los historicismos, ojo con los neos, ojo con emocionarse en el supermercado de la historia que nos lleva al engaño y nos hincha el orgullo. La buena política es la realista, la que parte del aquí y del ahora, la que no tiene miedo y por tanto no se dedica a la pura conservación porque sabe de dónde viene: la política tradicional. Habrá otras muchas cosas bienintencionadas en el mundo, pero aquí y ahora lo único que garantiza una continuidad con la España de siempre, con nuestro ser e identidad es el viejo Carlismo. Busquen y comparen. 

Y si digo que el historicismo encubre una posición orgullosa es porque supone una política basada en recetas, en "soluciones", en promesas. Los carlistas ni recetamos ni prometemos. Sabemos que el mundo es muy imperfecto y que perfecto sólo es Dios. Por eso lo único que ofrecemos es lo que hemos recibido: unos principios iluminados por la fe, una guía para mejorar, un rumbo seguro y un respeto enorme a la libertad de las personas, las familias y los cuerpos sociales naturales.

18 dic 2022

Pensamiento navarro: La mano izquierda de Irulegui


No sé por qué se han puesto tan contentos los euskadianos con lo que nos revela la mano de Irulegui. El hallazgo, curioso y divertido, parece demostrar que la alfabetización de los pobladores prerromanos de la comarca de Pamplona, se hizo al estilo ibérico, o sea, como en muchos otros pueblos de la Península. La mano demuestra asimismo que el diccionario batua no ayuda demasiado a desentrañar el lejano idioma vascónico pues apenas ha ayudado a entrever una palabra de las cinco que componen la inscripción. Finalmente, para rebajar un poco más la propaganda fuera de lugar que ha generado la pieza, podríamos apuntar que el uso de este tipo de amuletos es habitual en todas las culturas, algunos de ellos con cierta semejanza en forma y significado como la famosa "mano de Fátima", tan común entre hebreos y musulmanes. 

A mí también me gusta la arqueología y aprecio la singularidad del hallazgo. Me resulta simpático el buen rollo que transmite esa única palabra presuntamente legible. Pero me parece que estamos ante un caso evidente de historicismo interesado. ¿Qué se esperaban encontrar en una puerta de un poblado del Bronce? ¿Una chapita del Sagrado Corazón?

La misma palabra supervasca de sorioneku/zorionak merece un apunte desconcertante. Julio Caro Baroja afirmó su procedencia latina, de sors (suerte) y bonus (bueno). (Así lo explicaba Patxi Mendiburu hace tiempo aquí : http://patximendiburu.blogspot.com/2016/12/asiron-un-zorionak-del-neolitico.html?m=1…). Sin embargo el mismísimo Jon Juaristi discrepa de don Julio manteniendo la tesis original, de txoria (pájaro, símbolo ancestral de buen augurio). Debate abierto, por tanto.

Y más. Han llegado a decir los propagandistas euskadianos, dominados por el complejo de Asterix, que el poblado vascón de Irulegui fue "arrasado por los romanos". La verdad es que tan "romanos" eran entonces los que atacaban como los que defendían Irulegui. La guerra sertoriana, una guerra civil por el control del imperio, obligó a los vascones, como a otros pueblos o tribus de la Península, a tomar partido por unos o por otros. En el transcurso de aquel conflicto se incendiaron Irulegui o Cascante, pero también se fundó Pompaelo. Así es la vida.

Por mi parte me remito a lo que vayan diciendo los expertos. De momento afirman que lo que pone en la mano de Irulegui no es euskera arcaico sino en todo caso un idioma vascónico escrito en alfabeto ibérico. Demasiado bombo para una sola palabra.

Ya se que nuestros progres autóctonos, digan lo que digan los estudiosos, se seguirán viniendo arriba con sus interpretaciones sacadas de contexto -me consta que estas navidades van a regalarse unos a otros camisetas con el bendito sorioneku a 18,75 euros la unidad-. En el fondo les entiendo. Esa mano -que además es una mano izquierda- pudiera ser el antecedente del logotipo feminista del "no es no". Me temo que no se han parado a pensar que si la cosa hubiera aparecido en los años 40 alguien podría haber dicho que era un testigo indudable del saludo paleofascista. Es lo que tienen los historicismos, que todo sirve si la intención es barrer para casa. 

En fin, dejemos trabajar a los historiadores y no busquemos en los jirones de la historia anécdotas que justifiquen nuestras ideicas preconcebidas.











16 dic 2022

¿Golpe de estado? No. La constitución también era esto


Señores constitucionalistas, esto no es un golpe de estado. Es sencillamente el cumplimiento de la constitución. Como la última ley promuerte que en breve firmará el jefe del estado. Exactamente lo mismo. Como todas las leyes sovietizantes que nos dicen cómo y cuándo podemos fumar, conducir, salir de paseo o poseer animales. 

Los ex-perroflautas que ahora gobiernan sosteniendo a caradecemento Sánchez no han venido para suprimir la constitución sino para darle cumplimiento. La consolidación de la partitocracia liberal es lo que ha hecho posible este régimen radicalmente positivista que nos obliga a afirmar que lo verdadero, bueno y bello es lo que decida la mitad mas uno del parlamento. O sea, lo que diga el gobierno y aquellos intereses ocultos que en última instancia son quienes manejan al gobierno. Todos los que creen en el mito de la soberanía nacional son culpables de lo que está pasando.

Hecha la ley, hecha la trampa, dicen. Así que en un mundo hiperlegalista al final como todo son leyes, todo son trampas. Porque ahora ya no existe nada valioso si no lo dice una ley. Si las cosas siguen así es cuestión de tiempo que veamos aún más mermadas todas las libertades. Porque las leyes, además de legales, han de ser justas, en eso consiste la libertad.

El régimen del 78 se ha mantenido dentro de un orden, en un suave declive de todos los indicadores sociales, no por su fortaleza interna sino por las inercias morales de los españoles de antes que son las que han frenado la corrupción general. Ahora ya quedan pocos límites porque uno tras otro, tal como estaba previsto en la constitución, están siendo barridos por el rodillo partitocrático. Si queremos salir de esta más nos valdría olvidarnos de la inútil, contraproducente y absurda receta constitucionalista.

14 dic 2022

Corte inglés


¿Por qué misterioso designio tienen que llevar nuestros hijos, descendientes al fin y al cabo de aquellos orgullosos españoles de los tercios, camisetas con inscripciones en inglés? Las únicas palabras en español que lleva la gente en sus camisetas son San Francisco, Colorado, Los Ángeles, Texas, Nevada, Florida, etc. Aunque hay algo más inexplicable todavía... ¿por qué será que la ropa de bebé no va en inglés sino en francés? 

Somos una maldita colonia. Es evidente. En algunos puntos de nuestra geografía resulta complicado sacar a la calle un llavero rojigualda, no digamos un paraguas. Sin embargo muchos de los nuestros llevan sin pudor, como marcados por alguna voluntad superior, la union jack en su pecho, en su toalla playera, en la vajilla de su casa. 

Todo esto es algo más que una anécdota. Es un indicador cultural de primer orden porque como es sabido el ser humano se compone de cuerpo, alma y vestido. El simple hecho de vestir así, como súbditos de una patria ajena, demuestra el borreguismo de muchos españoles así como el autoodio que caracteriza a aquellos que tienen alguna responsabilidad en el diseño, fabricación o comercialización de los productos que se llevan a los escaparates. ¿Qué podíamos esperar, en fin, de nuestras grandes empresas si el más español de nuestros grandes almacenes se llama "corte inglés"?

Desconfía de los neos


Desconfía de cualquier movimiento, corriente de pensamiento o partido que lleve el prefijo de "neo-". En el mejor de los casos será una copia aguada y nostálgica del original. En el peor la justificación empecinada de errores antiguos.

Todas las creaciones humanas son imperfectas por definición. Sólo pueden mejorar envejeciendo, corrigiendo sus errores en un proceso sinuoso, con altibajos y sin rupturas, haciendo tradición. La tentación neo, en cambio, suele ser un apaño historicista que pretende mejorar las cosas sin corregir nada. 

Es muy iluso y muy presuntuoso creer que existe algo en la historia -por muy bueno que nos parezca- que pueda ser clonado para dar lugar a algo mejor. La historia es maestra, enseña. No es una colección de moldes a la espera de ser reproducida a trozos.

Cada vez que surge un -neo en el panorama intelectual, artístico o político suele tener detrás un grupo de personas que asumen no sólo las buenas palabras que llevan en sí todas las fundaciones sino también los vicios, los errores y hasta los crímenes que cometieron sus personajes admirados. En el fondo el talante del -neo es el orgullo recalcitrante de quien cree haber encontrado la perfección (en el arte, el pensamiento, la política) o peor aún, la perfección de la perfección. ¿Y que suele producir el orgullo sino exageraciones y cosas falsas?

El espíritu tradicional, por el contrario, requiere la humildad de saber ser nada mas y nada menos que un eslabón en una cadena. Un peldaño con el que tratamos de elevar la realidad que nos ha tocado en suerte. Y que todo esto que he dicho de los -neo sirva también para los -paleo. Porque no, no hay que volver a ninguna parte o a ninguna época. Ninguno de nosotros hemos nacido en el lugar equivocado. Busquemos la inspiración donde sea... pero para trabajar y para servir aquí y ahora.


6 dic 2022

¡Feliz Mortidad!


Que en nuestras tierras hispanas haya cada vez más gente celebrando la Navidad sin hablar del Nacido es extraño. (Aunque el hecho de que en los países anglosajones celebren algo que llaman Christmas -la misa de Cristo- ocultando cualquier otra referencia religiosa es ya de locos). 

Nadie niega que la Iglesia, en su proceso de inculturación, ha aprovechado fiestas anteriores y reinventado tradiciones paganas. Pero al menos nosotros, los cristianos, les buscábamos otro nombre. Esto de seguir hablando de "Navidad" cuando lo que quieres celebrar en el mejor de los casos es, como hacían los nazis, el solsticio de invierno, es muy cutre.

¡Inventaos otra fiesta! Adorad como queráis a vuestros demonios o al dios-consumo pero dejadnos la Natividad a los que nos arrodillamos ante Dios-niño. Dejad de ridiculizar la memoria del obispo San Nicolás, no cantéis villancicos, ni encendáis velas, ni bandeéis campanas. Ved la tele o tiktok y comed proteínas alternativas para celebrar el odio a la familia. Pero sobre todo no llaméis Navidad a vuestra triste fiesta. Llamadla Mortidad.

3 dic 2022

El nuevo consumismo


¿En qué momento aceptamos ser llamados con ese término reduccionista, insultante y cosificador de "consumidores"? Sí, los humanos consumimos, claro, pero ¿a cuento de qué viene esta exaltación del consumo? ¿No será que alguien necesita mostrar el numero apabullante de "consumidores" para justificar su producción insostenible de basura? Además llamarnos consumidores es un insulto mentiroso pues la mayor parte de nuestras compras compulsivas, incentivadas por un marketing enloquecido, no son estrictamente consumidas o gastadas sino más bien derrochadas y desechadas como basura.

Hay un sistema económico, político y hasta filosófico consumista que nos está utilizando como excusa para producir más y más. No es verdad que necesitemos tantos "bienes de consumo". Es manipulador e injusto tratar a las personas como si fuéramos una insaciable plaga de langosta. La gente normal, cuando no vive atosigada por una publicidad asfixiante, no siente la necesidad de comprar tantas cosas tan a menudo. Las compraría para que durasen si se fabricaran duraderas. Pero claro, eso supondría devolver la libertad a la gente.

Y es que esto va de libertad, que es una cosa mucho más trascendente que la elección del color de la carcasa de tu móvil condicionada por la publicidad subliminal y el marketing psicológico. El sistema ha sido articulado para proporcionar la sensación de que siempre puedes elegir. Entre varias marcas de refresco, entre varios tipos de papel higiénico, entre varias vacunas, entre varios partidos políticos... Lo que no puedes es no elegir, porque -recuerda- eres un consumidor. Tampoco puedes elegir algo fuera de catálogo. Porque no. Porque si haces eso te conviertes en un raro y un apestado.

Hay algo siniestro y deshumanizador en el término consumidor. Una palabra antes reservada para los drogodependientes que ahora, aplicada a la población general, sólo puede significar que somos un rebaño sin voluntad, adicto, obligado al consumo. Eso, el control, y no un mero enriquecimiento personal, es lo que pretenden quienes han planificado y alimentado este sistema. 

Pero atentos al último giro de la mentira consumista con el llamado consumo responsable y otras milongas. Cuando la misma biosfera está acusando su rapiña son ellos, los destructores de la naturaleza, quienes orientan el marketing -el hipócrita eco-marketing- a la venta de aire limpio, de sensaciones sostenibles o de experiencias virtuales no contaminantes. Y así es como después de estar un siglo adquiriendo sus plásticos a lo loco pretenden que nos dediquemos a comprar sus etiquetados eco-nihilistas de forma cada vez más sumisa. Insisto, lo que quieren no es salvar el Planeta sino esclavizar a sus habitantes.

30 nov 2022

Las cosas que hacemos


Las cosas que hacemos en esta vida, por buenas que sean, nos aportan poco mérito. En cuanto salen de nosotros cobran siempre vida propia y si hacen algún bien lo hacen independientemente de nuestra virtud.

Los hijos que educamos, los árboles que plantamos o los libros que escribimos, una vez sembrados nunca nos pedirán permiso para ser ellos mismos, o para dar los frutos, buenos o malos, que les otorgue su naturaleza.

Lean las vidas de los artistas, de los pintores, de los cineastas. Verán como la calidad y trascendencia de la obra no tiene nada que ver con el espíritu de su autor. Muchos santos hay que no han creado nada interesante. Y, por el contrario, pecadores flagrantes como Caravaggio han conmovido a generaciones enteras con sus lienzos. 

El arte apenas necesita de los artistas, no tiene sentido el engreimiento típico de los que van de creadores. Ese aura romántica e individualista del artista vanguardista que se cree insustituible. Puede haber, claro está, maestros de la técnica, artesanos famosos. Siempre necesitaremos sembradores, pensadores, orientadores, gente con buena intención... pero la verdad es que, como dijo Bécquer, podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.

29 nov 2022

Protestar o desobedecer


¿Qué será lo mejor para luchar de forma inteligente y eficaz contra el mal gobierno de nuestro tiempo? ¿Y si en lugar de salir a protestar nos esforzáramos en seguir cada uno en donde estamos siendo capaces de desobedecer?

Las protestas, manifestaciones y huelgas reguladas son imprescindibles en ocasiones -no lo niego- para dejar constancia de una oposición, o para dar un testimonio. Pero sirven de poco. Está demostradísimo. Las redes sociales digitales, internet, pueden también sernos útiles para comunicarnos unos con otros, para mantener la llama de la disidencia. Pero la nota distintiva entre nosotros ha de ser la vida real, la convivencia cara a cara, la proximidad, el servicio mutuo. La clave para recuperar nuestra libertad no puede estar en una movilización perpetua contra la tiranía, y menos aún en una cómoda guerrilla digital, sino en tratar de vivir nuestra vida conforme a nuestros principios, día a día, en el mundo real, independientemente de quién sea el que esté en el gobierno.

La cosa no es fácil porque el control y la censura nos obligan a pagar, a callar y a dar cuentas al gobierno sobre casi todo. Teniendo en cuenta esas limitaciones hay que tratar de descubrir los resquicios de libertad que aún quedan. Los cristianos del siglo XXI, invadidos en nuestras propias ciudades por los neopaganos, somos los nuevos mozárabes. Si fuéramos capaces de agruparnos en pequeñas comunidades de familias libres y dedicáramos un tiempo a buscar esos resquicios podríamos hacernos fuertes y vivir cada uno según nuestra vocación, en libertad, que es de lo que se trata, a la espera de escenarios y tiempos más favorables.

Lo que está claro es que nunca conseguiremos quitarnos de encima a los carceleros progres del NOM yendo por libre, como individuos solitarios. Tampoco la vía electoral parece que vaya a despejar el panorama. Esperar que venga la salvación del propio sistema partitocrático parece bastante ingenuo. Por el contrario, familias amplias y conscientes de ser la resistencia... esa ha de ser la base. Seguido de agrupaciones de familias unidas en torno a pequeñas instituciones o a la pura amistad.

Hubo un tiempo en que los malos gobiernos eran débiles, no tenían todos los recursos, no disponían de toda la información. Aun así siempre fue una tarea ardua rebelarse contra cualquier tiranía. Nunca fue sencillo reunir los requisitos que exige la teoría de la guerra justa. Ahora el poder dispone de una fuerza nunca vista. Por eso no parece tan buena idea, hoy por hoy, la del enfrentamiento directo contra las fuerzas del mal. Estamos muy verdes para eso. 

Lo que nos queda es mucho sin embargo. Motivos enormes para resistir, para prepararse, para organizarnos... porque tenemos a nuestro favor la vida misma frente a la máquina, la realidad frente al metaverso, la humanidad frente al transhumanismo, y la confianza en Dios -nuestra arma secreta- frente a la desesperación de la oscuridad.

Sed perfectos... en un mundo imperfecto (sobre la "opción constantina")




Los que arremeten contra la Iglesia presentándola como una estructura indeseable y contraponiéndola a la autenticidad espiritual de algunos cristianos, no se dan cuenta de cómo esa espiritualidad sólo puede florecer bajo el amparo de aquella. La Iglesia, fea en ocasiones como un invernadero, alberga en su seno las flores más delicadas. 

De forma análoga, una estructura política aparentemente imperfecta y hostil, siempre que sea respetuosa con el bien común, es seguramente lo que mejor puede amparar el surgimiento de comunidades culturales vivas y fecundas. El mandato que hemos recibido -tanto para lo divino como para lo humano- no es el de construir un mundo perfecto sino el de levantar instituciones que favorezcan la perfección, que no es lo mismo. 

Escandalizarse porque la Iglesia genere estructuras incómodas o porque las realidades temporales de la Cristiandad hayan sido tan imperfectas es de una gran ingenuidad. La imperfección exterior facilita la perfección interior. En el mundo del derecho natural y del sentido común las barreras defensivas, los caparazones y las murallas suelen responder a la preocupación más inmediata y levantarlas no es trabajo para orfebres. 

Por el contrario las herejías o las ideologías modernas predican la construcción de estructuras perfectas que no son, en última instancia, sino grandes, perfectos e higiénicos contenedores de basura. Son los sepulcros, blanqueados por fuera y llenos de podredumbre, que denunciaba Jesucristo. El mundo feliz y transhumano de la modernidad ansía la construcción de una maquinaria perfecta impuesta por los sabios. Nosotros sabemos que la perfección solo es posible en lo pequeño, en lo que surge de abajo hacia arriba, en lo que sale del interior del corazón.

Dicen aquellos ingenuos: "seamos espirituales, prescindamos de la religión". Como si se pudiera ser verdaderamente espiritual a la intemperie. Como si existiera el vacío religioso. ¿No saben que el sentido religioso es tan connatural al hombre como el sentido de la orientación? Debieran saber que cuando falta la religión verdadera, allí donde no llega la Iglesia con sus ritos, sus estructuras y sus parroquias surgen falsas religiones que endiosan ídolos diversos. Las "espiritualidades" que cobijan son entonces, en el mejor de los casos, ombliguistas como los sabios tibetanos, siempre en riesgo de caer del lado oscuro de la espiritualidad, un abismo que atrae por su misterio y que amenaza con volver a la humanidad a los tiempos de los diosecillos paganos y sus crueles demonios.
 
Por su parte, en las cosas temporales la deriva es evidente, a falta de comunidades vivas que construyan sus cosas en libertad, se impone cada vez más la fría belleza de las estructuras dictatoriales, con sus normas asfixiantes, sus chivatos y su infantil racionalismo.

La cuestión es: ¿ahora qué hacemos? ¿seguimos la "opción benedictina"? ¿alentamos la creación de pequeñas comunidades espirituales y temporales, núcleos de resistencia y reconquista? No es mal plan. Pero me temo que la cosa quedará incompleta sin una "opción constantina", sin la concurrencia de un papa y un emperador. Se nos olvida que la Cristiandad, agonizante ahora, creció y dió frutos gracias a que esas dos figuras, gobernantes de estructuras imperfectas, que habían sido consagrados para proteger con su vida la perfección -la santidad- que suele habitar en lo pequeño y escondido. 

Ahora que reyes y emperadores han sido borrados del mapa tan sólo nos queda el papado. Una institución sometida a una tensión creciente que, acosada por los poderosos para que adopte el papel decorativo de incensario del nuevo orden, no lo tiene nada fácil.

Sin embargo -y ya termino- una cosa es que no tengamos lo que nos hace falta y otra es que dejemos de anhelarlo. ¿No tenemos esas estructuras imperfectas y benéficas que necesitamos? Pidámoslas, busquémoslas. Sólo así podrán volver. Tal vez también aquí pueda tener sentido este consejo transmitido por San Mateo (6:33): "Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura."

24 oct 2022

El sexo de los ángeles


Cuentan que la civilización bizantina se derrumbó entre otras cosas cuando, en vez de hacer lo que tenían que hacer, se dedicaron a discutir sobre el sexo de los ángeles. Tenían a los turcos a las puertas de Constantinopla y se perdían en chorradas... Pues ahora estamos parecido. Tenemos también al Islam -más grande y más expansivo que aquellos turcos- esperando la caída de Occidente como fruta madura, como fruta podrida, mientras nuestros líderes se hacen un lío ya no con la teología sexual sino con la pura y más básica realidad biológica. Tenemos en la vieja Europa una sociedad envejecida, débil, suicida, sumisa hasta el ridículo, atea y nihilista hasta el autoodio. ¿Y hemos de soportar que ahora mismo el debate del momento sea la trifulca entre las viejas feministas y los progres LGTBP-trans-woke?

Leo en Twitter a un pobre hombre, que se las da de médico científico, argumentando que "el sexo puede ser fenotípico, genotípico, cromosómico, cromatínico, biológico, hormonal, sentido, cerebral, jurídico, etc"... Y yo que pensaba que todo era más sencillo, un mundo de damas y caballeros, de chicos y chicas y ya está... Un mundo en el que todo parecía indicar que el sexo y la reproducción tenían alguna misteriosa relación entre ellos. Y lo cierto es que algo debía de haber porque si no ¿a qué ha venido tanta desgracia? Se empeñaron en desligar reproducción de sexualidad y al final se están quedando sin reproducción y sin sexualidad. Niños in vitro como mucho. Y sexo virtual y poco más. ¿Era ese el final de su maravillosa revolución hippie? ¿Suicidio demográfico e insatisfacción sexual? Vidas vacías, sin futuro y sin amor: esto es lo que han conseguido con su locura antinatural. 

Y hablando de locuras. De cosas como la mutilación genital occidental que perpetran cirujanos sin conciencia. ¿Qué hacemos con ellos, ellas o elles cuando están arrepentidos después de una operación de "cambio de sexo"? ¿Les ignoramos? Lo cierto es que nadie puede arrepentirse de cambiar de sexo porque no es posible cambiar de sexo. De lo que se arrepienten algunas personas es de que les hayan amputado las mamas o el pene. Eso sí que tiene que ser dramático.  

Así que no, no creo que haya que entrar en el juego de hablar en términos científicos, ni médicos, ni bioquímicos de estas obviedades. La ciencia no tiene nada que ver con el rollo trans, ni es preciso recurrir a ella para denunciar absurdeces. La idiotez de poner la voluntad por encima de la realidad no es un tema científico sino de puro sentido común. Cuando les digan que la hierba es verde no se pongan a discutir. Dejen que sea misma realidad de las cosas la que hable. Porque lo que no sospechan todos estos teóricos del nihilismo antropológico es que el mundo seguirá rodando sin ellos cuando se extingan, como -salvando las distancias- fue capaz de seguir su camino sin los pobres bizantinos. La gente normal les acabará olvidando como olvidó a los cátaros y a todas las sectas estériles. Id preparando vuestra despedida. Adios progres. Adiós hippies.

20 oct 2022

Carta abierta a los políticos españoles


Estimados colegas, 


Recién estrenado como presidente -en una segunda etapa- de la antigua Comunión Tradicionalista Carlista me dirijo a vosotros por si tenéis a bien escuchar alguna de mis razones. Ya se que la política actual se ha convertido en una especie de comida rápida para consumo de encuestas y memes electorales. Ya se que cualquier cosa que os pueda decir os va a sonar a filosofía rancia. Por eso os envío una carta abierta, porque me dirijo a vosotros con la intención de que me escuchen también todos aquellos que, sin querer, se ven arrastrados de alguna forma por vuestras poses, vuestras sonrisas y vuestros teatros. 

A los del PPSOE, a los políticos profesionales, ¿qué os podría decir un profesional político? No me pidáis medias tintas. Vosotros sois el sostén de un régimen decadente, adoradores de las ideologías de cada momento; de una cáscara que se aguanta gracias al dinero que extraéis sin piedad de las clases medias y endeudando a nuestros hijos; de un entramado partitocrático que no responde a los intereses de los españoles sino a los de vuestros verdaderos jefes, esos que os han encomendado la explotación de esta próspera colonia; una tiranía cada vez más descarada que triunfa por la fuerza, para servir a intereses extranjeros y a ideologías cada vez más locas.  

En cuanto a los que presumís de ser de izquierdas ¿sabéis cuál es vuestro problema? ¡Que soñáis con ser protagonistas del cambio y no sois más que la avanzadilla de los futuros conservadores! Daos cuenta que no habéis venido para acabar con el sistema, sino para dar pleno cumplimiento a la constitución del 78. Vaya un saludo cordial si sois todavía rojos como los de antes, de los que aún seguís pensando en términos de justicia social, hartos de la hipocresía liberal. Es una pena ver cómo han sabido reconducir vuestro rencor y vuestro pequeño odio, hacia ridiculeces como el ecofeminismo, el animalismo o las ocurrencias "woke". Ojalá hubiérais podido superar aquel ateísmo puritano que os inculcaron los apóstoles de la Revolución para poder encontrar la belleza de la fe que vive, y hace feliz a la gente, a veces un tanto escondida debajo de la hojarasca de las formas, los miedos y el antitestimonio hipócrita de algunos cristianos. Vosotros no lo sabéis pero es la fe, la confianza en Dios, la renovación de la tradición, lo único que podrá vencer tanto vuestro odio como el miedo de vuestros adversarios derechistas. 

Permitidme unas palabras también para vosotros, los aprovechateguis que tratáis de pescar en el río revuelto de la partitocracia, los que alimentáis chiringuitos territoriales, engañando a la gente con falsas etiquetas de denominación de origen. Todos vosotros, que os hacéis llamar nacionalistas, ¿qué clase de nación defendéis si ni siquiera os alegráis de los nacimientos? Vosotros no habéis venido para engrandecer ninguna de nuestras patrias, no habéis pensado jamás en liberar a nadie sino en esclavizar a los habitantes de cada uno de los trocitos de España de una forma aún más minuciosa, más cercana, más exhaustiva. Os hacéis llamar separatistas y sois como los perritos falderos del NOM, los sicarios de la uniformización máxima, de la homogeneización cultural universal, de una tiranía que mata cualquier libertad. Sois los más listos. Y sois los más dignos de lástima. 

Por último, a ver qué os digo a vosotros, eternos sufridores, señores conservadores. Vosotros habéis visto, lo mismo que nosotros, que la cosa no va bien. Son loables todos los esfuerzos que hacéis por frenar las consecuencias a que nos está llevando aquello que al principio no os parecía tan mal. Hay que frenarlo todo, de acuerdo. Pero sería estúpido frenar para consolidar el mal camino. Si se frena ha de ser para corregir el rumbo, para ocuparse del timón, para dejar los miedos y el malminorismo, para construir una moral de victoria que permita a España, a nuestras regiones -patrias chicas- y a nuestra Hispanidad entera -patria suprema- ser ellas mismas, fieles a su tradición. Superaréis el miedo cuando echéis por la borda una constitución que fue una traición a nuestra identidad. Dejaréis todas las hipocresías cuando abandonéis esa falsa monarquía que solo sirve para dar una apariencia respetable a la pocilga política. Y seréis lo que somos, católicos e hispanos, cuando os atreváis a romper con la alianza antinatural que tan vergonzosamente nos ata a los intereses yanquis. 

Aquí estamos, en fin, los carlistas y también todos aquellos que, por encima de todos los matices legítimos propios de la imperfección política, comparten con nosotros el ideario de la España tradicional, el de nuestros clásicos. No estamos solos. Nos acompañan al servicio del bien común, y del sentido común, muchos otros políticos anónimos, funcionarios de carrera, concejales independientes... personas de bien que entienden la política como servicio.

Aquí seguimos los carlistas, en pie, no para presentarnos como un partidito más, con sus promesas o sus candidatos maquillados, sino, sencillamente, para levantar una bandera limpia en medio del barro. Una bandera de unidad, que es tan nuestra como vuestra, porque la verdad y el bien son de cualquiera que los respete. Lleva desde hace dos siglos bordado el lema de "Dios - Patria - Rey". Cuando queráis podéis venir a por ella. 

Javier Garisoain
Presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista

13 oct 2022

Hablando de género en los colegios (La niña que tenía sombra de chico)


Hace unos días nos vimos desagradablemente sorprendidos cuando nuestro segundo hijo -10 años-, trajo del colegio un libro que nos parece inapropiado por su enfoque general de la sexualidad, por la edad de los alumnos a los que va dirigido y por el contexto en el que se propone la lectura.

El libro se titula "Julia, la niña que tenía sombra de chico", de Christian Bruel y Anne Galland, ilustrado por Anne Bozellec. Se trata de un libro ya antiguo, publicado por primera vez en Francia en 1976. Esto es lo que bajo el título de: "Doce libros LGTBI para niños y niñas tolerantes" decía de esta obra un artículo del Diario Público:

"Dentro de la literatura que aborda la transexualidad infantil, Julia, la niña que tiene sombra de chico trata del sentimiento de rechazo e incomprensión que muchos niños sienten cuando no se comportan como la sociedad espera. Aborda los estereotipos de género, la aceptación personal y la necesidad de encontrar un amigo que nos apoye cuando tenemos ganas de hacer desaparecer esa sombra que no encaja en los que otros quieren que reflejemos."

El libro se enmarca pues -aunque muy temprana y sutilmente- en la corriente de lo que luego ha venido en llamarse "ideología de género" y que considera que la sexualidad humana no se sustenta en la distinción biológica y genética entre hombres y mujeres sino en meras construcciones sociales que, menospreciadas como imposiciones puramente convencionales y totalmente relativas deberían dejar paso a la pura voluntad del individuo. El tono del libro parece suave pero detrás de una poesía aparentemente inofensiva plantea la cuestión de la llamada "identidad de género" de una manera cuando menos confusa. Sus autores podrían haber explicado a los jóvenes lectores cómo dentro de cada sexo existe un amplio abanico de posibilidades y que, por ejemplo, no es necesario ser el prototipo de "princesa Disney", delgada, presumida, pasiva... para ser mujer. Podrían haber argumentado que se puede ser plenamente mujer siendo fuerte, decidida y hasta algo descuidada en el cuidado personal, porque todo eso es parte de la variedad de la vida misma. Debido a lo temprano de su publicación, el libro no llega a entrar en dogma de la transexualidad, pero escogido ahora en nuestro colegio, con la excusa de "un caso cercano", es una lectura que no clarifica las cosas sino que crea más confusión. 

El diálogo quizás más problemático del libro es aquel en el que la niña protagonista, llena de dudas sobre su identidad, se encuentra con un niño que tiene su mismo problema y la conclusión a la que llegan es tremenda: "-Yo creo que se puede ser chica y chico al mismo tiempo. No me gustan las etiquetas. ¡Tenemos derecho! - ¿Tú crees? - Por supuesto que tenemos derecho." El diálogo tiene su parte verdadera pues ciertamente, como venimos diciendo, ni todos los chicos tienen que ser Rambo ni todas las chicas Blancanieves. Pero de ahí a poner en duda la misma identidad sexual precisamente cuando el carácter del sujeto no encaja con el maldito estereotipo "de género" hay un salto cualitativo muy arriesgado. Este libro, como es de 1976, resuelve el dilema con la ridiculización de las imágenes tradicionales (niña bien peinada, chico recio) pero, leído en 2022, cuando está en puertas una aberrante ley trans que prescinde hasta de cualquier opinión médica, se entiende que es un texto que abre la puerta al caos.

Lo peor del libro no es por tanto el libro en sí mismo sino el hecho de que, según se nos ha explicado en el colegio, se haya escogido para alimentar un debate sobre "una realidad" pero ¿de qué realidad estamos hablando?. El debate sobre la transexualidad, especialmente el de la transexualidad infantil es, a día de hoy, un debate ideologizado y altamente polémico y sería deseable que al menos quedara fuera de la escuela pública en virtud de la neutralidad que esta dice mantener. Se nos ha dicho que la escuela es "inclusiva". Perfecto. Pero esa bella palabra no justifica la más mínima toma de partido en un asunto como la llamada "teoría queer" que, repetimos, está envuelta en la polémica y con razón. Recientemente el médico psiquiatra Celso Arango, una de las mayores autoridades en la psiquiatría actual ha afirmado en una entrevista en el diario El Mundo que la ligereza con la que se está afrontando esta cuestión está provocando 

"una explosión, un boom, un incremento exponencial de adolescentes que dicen ser trans, muchos por moda, y no lo son. En nuestra unidad de hospitalización, si habitualmente teníamos uno o dos adolescentes que decían ser trans al año, ahora lo manifiesta el 15%, o 20% de los ingresados. Obviamente no es una cifra normal, no responde a la realidad". Dice además que: "Mezclar el género con el sexo, y dar la imagen de que uno puede elegir el sexo que tiene... No, es una locura. Uno, o es XX, o es XY. Vive como quieras, pero el sexo es el que es, y los médicos tenemos que saber cuál es el sexo de una persona, porque los tratamientos en ocasiones son diferentes dependiendo de uno u otro". 

Los datos nos dicen que más del 70% de los casos de transexualidad infantil no llegan a consolidarse y sus protagonistas se vuelven atrás en la adolescencia. No se trata por tanto de verdaderos casos de disforia de género sino de una manifestación de inestabilidades afectivas propias de los años de pubertad, agravadas cuando existe una desestructuración familiar. Es difícil establecer el daño que esta "moda" -alentada, también, por ciertas lecturas en ciertos colegios- puede ocasionar en los niños más débiles.

De todas formas, hablando de inclusión... ¿para cuándo la inclusión de las familias numerosas, o las católicas? Dicen que "es una realidad de la que hay que hablar". ¿Pero por qué hay que hablar en el colegio de un caso de presunta transexualidad y sin embargo no sería posible hablar de otras realidades de nuestro entorno en las que además tienen protagonismo destacado, año tras año, varios alumnos del colegio como son, por ejemplo, las primeras comuniones? ¡Ah, no, eso no, eso no es inclusivo ni merece consideración! ¿Por qué?

Los primeros responsables de la educación afectivo-sexual de nuestros hijos somos los padres. No podemos renunciar a esta obligación que es, además, un derecho fundamental. Al enviar a nuestros hijos a un colegio público asumimos que, renunciando a un ideario de centro acorde a nuestras convicciones, van a recibir una enseñanza más o menos "neutral". Así es como queremos que se mantenga, especialmente en asuntos polémicos como el presente.