30 nov. 2019

Monarquía tradicional

Alguien lanza en twitter esta afirmación: “solo dos sistemas políticos son coherentes con la Tradición Occidental y Cristiana de la Política”: la Monarquía Tradicional con un rey que gobierna y cuyos poderes están limitados por las Cortes y la República Presidencialista”. Y además pregunta: “¿Cuál preferís? ¿Razones?”.
Mi respuesta es que la monarquía tradicional es el sistema político más deseable para las Españas. Pero antes de nada, para resolver este dilema, convendría aclarar que la monarquía podría ser electiva (como en tiempos de los visigodos) y que la presidencia de la república podría ser vitalicia (como era para los Dogos de Venecia). En cualquier caso lo ideal es que el gobierno recaiga en manos de alguien que NO haya tenido que hacer “campaña electoral” y que no deba además preocuparse por su retiro. Que no deba favores a partido alguno y que pueda mirar las cosas a largo plazo.
Es cierto que una república presidencialista, en tanto que distingue la soberanía política (el gobierno del presidente) de la soberanía social (la que modera los poderes del gobierno) es un sistema en teoría mucho más deseable que la actual partitocracia en la que todos los poderes y todos los controles se concentran en manos de los oscuros comités de partido. Sin embargo ese sistema no dejaría de ser una máscara de la partitocracia. Pues a fin de cuentas seguirían siendo los partidos políticos, por la doble vía de las campañas electorales presidenciales o las de representantes, quienes tendrían en sus manos todos los resortes del poder.
En definitiva, lo más deseable es que el gobierno recaiga en manos de una magistratura -se llame como se llame- en la que el poder se reciba por herencia y del que se abdique para morir. Con estas condiciones se atenuaría enormemente la principal tentación que corroe a los políticos: el orgullo. En España a esta figura siempre la hemos llamado “rey”.

29 nov. 2019

Sale a la luz mi tercer libro: Babelicismos

BABELICISMOS
Pequeño diccionario para entenderse en la nueva Babel.
Libros con Historia. Urroz-Villa (Navarra) 2019
205 p. Enc. rústica con solapas. 9 eur.




Babelicismos es una colección de 100 artículos breves en los que se glosan otros tantos términos, al hilo de la actualidad y desde un punto de vista católicamente correcto. Esta serie de babelicismos vió la luz -en su mayor parte- a principios del siglo XX en La Verdad, semanario de las diócesis de Pamplona y Tudela dirigido entonces, con maestría, por D. José Gabriel Vera. Lo que en su momento fue una pequeña columna semanal en un pequeño aunque dignísimo semanario eclesial cobra ahora nueva vida en formato de libro. Lo cierto es que también podría haberse convertido en una baraja de cartas. Está pensado para ser leído al azar. Cualquiera de sus páginas podría ser la primera. Cualquiera de ellas podría servir para iniciar una discusión interminable, o hasta para introducir un nuevo libro. Es lo que tienen las semillas, que nunca se sabe dónde pueden llegar a germinar.

¿Que por qué digo que es mi tercer libro? Bueno, el primero, Sonetos Variopintos fue publicado en el año 2001 y es un primogénito que me ha dado muchas satisfacciones. Pero además hay otro libro de poesía. Mi segundo libro, del que solamente existe un ejemplar en todo el mundo. Será porque no hacían falta más.

BABELICISMOS se puede adquirir por correo (sólo 9,00 eur incluidos los gastos de envío) aquí: Babelicismos

28 nov. 2019

Siempre pro-vida

Hoy las oficinas de prensa vomitan un dato “tranquilizador” para este sistema satánico: el número de niños inmolados en los abortorios se mantiene estable. Algo menos de cien mil al año. Eso sin contar el genocidio de los embriones masacrados por métodos químicos. O simplemente descartados por los actuales Mengele de los pulcros laboratorios democráticos.
Los responsables de este genocidio pagarán por ello. Los responsables de obra y los de omisión. Todos ellos saben que abortar es matar a un ser humano inocente.
Una prueba más de que saben que está mal: Su feminismo criminal otorga a la madre el derecho a asesinar al hijo en gestación. En cambio -como es lógico, por otra parte- no permiten al padre desentenderse del cuidado del nuevo ser cuando aún está en las fases iniciales de su desarrollo como persona. Si de verdad creyeran que un feto es como un tumor… ¿por qué no admitir la “interrupción voluntaria de la paternidad”? Pero no. Eso les convertiría en seres un poco más coherentes. Pero sería demasiado salvaje hasta para los que sueñan con un mundo feliz en el que la familia haya sido sustituida por Papá-Estado.

25 nov. 2019

Igualdad es maltrato

En una celebración demagógica como la del 25 de noviembre-día contra el maltrato femenino- digo lo primero que condeno el feminicidio. Faltaría más. Dicho esto les lanzo una reflexión:
¿Cuántas mujeres en la historia se han librado de un guantazo por el simple hecho de ser mujeres?
Pero resulta que la caballerosidad tampoco les gusta… Supongo que porque piensan que es algo que va en contra de la igualdad.
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Sin embargo, si pensaran un poco, se darían cuenta de que será imposible acabar con los maltratos mientras a los brutos se les diga que con sus novias no hace falta ser caballeroso porque las tías son como tíos, porque son exactamente iguales. 
Se mire como se mire, la solución a los malos tratos no es la imposición de una igualdad artificial por decreto sino predicar el respeto, o sea, la caballerosidad. Y eso implica que no se puede tratar igual a un hombre que a una mujer. No somos iguales. La igualdad es un cuento progre.
Esto es algo básico que entienden cualquier hombre o cualquier mujer normales. Lo que no es normal es que se les enseñe a los chicos que es igual de machista ceder el asiento que dar una torta a una mujer.
Trataré, en fin, de resumir este absurdo enfoque de las relaciones hombre-mujer en tres palabras: Igualdad es maltrato.
La prueba de que hombres y mujeres no somos iguales es que para que se mantenga la ficción de la igualdad ha sido preciso implantar unas leyes discriminatorias que tienen en España en la cárcel a 4.300 hombres y han condenado solo este año a 20.000. ¿A dónde nos llevará tanta ceguera?

Lo que más o menos he dicho en el Cerro de los Angeles en la víspera de Cristo Rey

“No hay animal más peligroso que un requeté recién comulgado”. Esta frase tan tonta -aunque tiene una parte de verdad- parece ser que la dijo Indalecio Prieto. No se qué diría hoy viendo a este grupo de carlistas comulgados, confesados, con la indulgencia del año jubilar y con la consagración al Sagrado Corazón recién hecha. ¡Esto si es que peligroso de verdad!
Pero hay que señalar que el peligro que representamos para el sistema político no es exactamente el mismo que imaginaba Indalecio Prieto. El peligro para el sistema es que nosotros somos inasequibles al desaliento. Que si por algo nos caracterizamos es por nuestra moral de victoria. Eso si que es peligroso para un sistema que nos quiere resignados y sumisos. Nosotros sabemos que la victoria la tenemos asegurada y por eso nuestra mera existencia es más peligrosa para el estado de cosas actual que lo que representan las familias derrotistas del catolicismo español. Me refiero por una parte a los malminoristas, los que amagan y no dan, los que siempre se quedan cortos, los que están acostumbrados a negociar con lo no-negociable. Y también me refiero a los llorones, a esos que ante una situación de desastre generalizado suelen caer en lloriqueos inútiles o, por ejemplo, en esas típicas críticas sobre lo que deberían hacer o dejar de hacer los señores obispos. Son tentaciones que también a nosotros nos rondan, pero ninguna de esas es nuestra actitud. Nosotros preferimos centrarnos en el cumplimiento de nuestro deber. Eso es lo que nos hace realmente “peligrosos”. Pero, cuidado, no por nuestros méritos.
¿Sabéis realmente a qué hemos venido hoy al Cerro de los Angeles? ¿Por qué hemos renovado la Consagración al Corazón de Jesús? Os lo diré: hemos venido a vacunarnos. A vacunarnos contra el voluntarismo, contra esa peste de la política que es el orgullo y la exaltación de la pura voluntad. Nosotros no somos de “podemos”, somos de “debemos”. Porque para nosotros lo importante no es el poder sino el deber. No es la voluntad sino la verdad. El deber huye de los calculos, de los maquiavelismos y de las manipulaciones. El deber se cumple cueste lo que cueste. Y nuestro deber es, tal y como hemos hecho esta mañana, ponernos al servicio de lo que Dios quiera. Porque la Reconquista de España -como nos enseña Covadonga- empezará cuándo, dónde y cómo Dios quiera. Si alguien piensa que vamos a salvar a España por nuestras propias fuerzas, por nuestra cara bonita, porque somos los mejores o los menos corruptos está muy equivocado. Si alguien piensa eso será mejor que se vaya o que funde uno de esos partidos de la ultraderechita valiente. Pero que no se llame carlista porque el carlismo es el campo de los caballeros del deber.
Dicho esto, más de uno pensará que con tanta consagración, tanta Misa y tanto rezo los carlistas somos una cofradía. Están muy equivocados. El Carlismo es un movimiento político y nuestro deber consiste en trabajar en el campo político y social. ¡Y hay tanto por hacer! El Carlismo tiene un espacio político enorme por articular. El sistema nos vende la idea de que dentro del arco parlamentario ya están representadas todas las opciones posibles. No es verdad.
Hay una cosa que se llama España, que está clamando por ser lo que ha sido, lo que es y lo que será. Es la España católica que es algo más de eso de las raíces grego-romanas-judeo-cristianas. Por supuesto que nosotros queremos defender nuestras raíces cristianas, pero también nuestro tronco, y nuestras ramas, y nuestros frutos. Por eso somos el único grupo político que, en un mitin político, se atreve a gritar: ¡Viva Cristo Rey!. Nuestro lema de “Nada sin Dios” resume perfectamente la cuestión. No son jaculatorias, son principios políticos. Son la garantía de los débiles frente a los poderosos. Guías para un gobierno justo.
Y luego está el trabajo inmenso que ha de hacerse por liberar a la sociedad de la tiranía de los partidos. Todos ellos, desde el fascismo de Musolini hasta el Podemos de Pablo Iglesias coinciden en un mismo principio voluntarista: “dadnos el voto para que nosotros, desde arriba, os arreglemos los problemas”. Eso es una tiranía. Los partidos políticos usurpan la vida social. Y nosotros lo que queremos es que haya familias libres, municipios libres, cuerpos sociales libres, universidades libres, sindicatos libres… Algunos se creen el no va más cuando piden la ilegalización de los partidos políticos separatistas. Nosotros vamos más allá. Exigimos la desaparición de todos los partidos políticos, porque están chupando la sangre a la sociedad, porque matan la libertad de una sociedad viva.
¿Tenemos o no tenemos trabajo? Realmente está todo por hacer.
“Mil veces he oído decir en torno mío, pasó la ocasión, esta vez si que se hundió la Causa…” ¿Os acordáis de estas palabras del Testamento político de Carlos VII? En ese importantísimo documento el rey concluye que la Causa del Carlismo es la Causa de España. Y esa Causa no morirá jamás. Pero recordad lo que decía al principio, que nuestra actitud no puede ser la ya conocida de los partidos, la de los voluntaristas. En ese mismo documento de Carlos VII, un poco más adelante, se expresa una idea que yo al menos he adoptado como uno de mis lemas vitales. Es un lema que ayuda a trabajar sin descanso, cueste lo que cueste, pero sin el agobio y el veneno del orgullo que tanto daño hace a cualquier proyecto político. Somos débiles y la misión es enorme. No importa. Como decía Carlos VII: “Adelante, haz lo que debas, y suceda lo que Dios quiera”. 
Javier Garisoain Otero
Presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista
Cerro de los Angeles, 23 de noviembre de 2019