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13 abr 2021

Escribas, fariseos, marujas y pringaos



El meollo de la doctrina igualitarista/feminista consiste en extender la idea de que quien sirve, quien ama y quien se entrega es un pringao. Para los igualitaristas no existe mas amor que el de las tareas domésticas repartidas al 50% y sin complementariedad en los roles que valga.

Cuando una mujer decide dejar la calculadora y se entrega en cuerpo y alma a la vocación de ama de casa, esposa y madre, se convierte a ojos del individualismo satánico en una maruja.

Cuando es el hombre quien olvida la mezquindad del nuevo fariseismo igualitario y decide inmolar su soltería en los abnegados deberes de esposo y padre, viene a ser, a los ojos del canon progre, un maldito pringao.

¡Cuánto daño han hecho estas etiquetas despectivas! ¡Y qué ciegos están quienes las promueven! Los progres igualitarios, hijos de ese liberalismo que lleva 200 años rompiendo todos los lazos, quieren meternos a todos en una especie de cuartel en el que sólo una lista interminable de micromachismos, prohibiciones y fobias es capaz de darles la seguridad que perdieron con la fe. De esta forma, al final, su exageración de la libertad nos lleva a la peor de las esclavitudes: la que imponen los preceptos humanos del igualitarismo disfrazados de superstición justiciera. En un mundo en el que la gratuidad, la entrega, el compromiso y el amor no tienen cabida porque no pueden medirse ni tasarse.

Los feministas/igualitaristas nos llevan a un inmediato futuro rácano y calculador y precisan de un gran tirano contable que haga su papel burocrático rodeado de una corte de miserables ofendiditos. Al fin y al cabo, la mejor manera de alcanzar esa igualdad enfermiza es mediante el pasapuré de un estado totalitario que nos convierta a todos en peones, en pilas humanas del Matrix progre.

No se dan cuenta de que así la convivencia no puede funcionar, de que la armonía familiar y social son imposibles si nos limitamos a sumar egoísmos. No se dan cuenta, por ejemplo, de que lo que hay que enseñar a los niños en casa no es a cumplir una estricta cuota de género sino a darse sin medida. Porque la convivencia y la familia no van de justicia sino de amor.

Ojalá entendieran todas estas razones esos nuevos escribas que son los "técnicos de igualdad" de la Administración. Tendrían que cambiar de trabajo, claro, pero podrían entender como hay más alegría en dar que en recibir.

20 jul 2017

Obituario de mi madre: María Eugenia Otero Candeira

El pasado 8 de julio, entre San Fermín y San Benito, falleció en Pamplona, a los 77 años, mi madre, María Eugenia Otero Candeira, Marigena, una mujer de corazón gallego y alma navarra. Nacida en Cambados (Pontevedra) se convirtió en navarra consorte al contraer matrimonio, en 1964, con el pamplonés y farmacéutico, estudiante en Santiago, Miguel Angel Garisoain Fernández. Cada verano tenía la oportunidad de renovar su dulce acento gallego, cada invierno se reafirmaba en ella un espíritu foral militante que ya quisieran para sí muchos navarros. Muchos vecinos la recordarán paseando a diario para hacer la compra con su carrito por las calles Mayor o San Antón, saludando a toda cara conocida, o santiguándose al salir de casa.

Su esquela no ha pasado inadvertida: nueve hijos, dos de ellos sacerdotes, dos de ellas religiosas contemplativas, dieciocho nietos... Una huella profunda allí donde pudo llegar su ejemplo. Un funeral multitudinario en San Lorenzo, el 10 de julio, en plenos sanfermines... ¿qué mejor ejemplo de “empoderamiento” de una mujer tradicional y cristiana para brindar a la reflexión de los ideólogos de la igualdad feminista? Licenciada en Filosofía y Letras, inteligente, con una cultura amplia y siempre curiosa, profesora de francés en la escuela de Magisterio de Pamplona, en el colegio del Sagrado Corazóny en el de las MM. Dominicas, dejó de trabajar fuera del hogar para poder ofrecer una dedicación plena a la familia. Y para no quitar un trabajo a un padre de familia; así al menos lo vivía ella, ajena a lo políticamente correcto. Fue como tantas otras heroicas esposas, madres y amas de casa españolas de su generación: elegante, sencilla, paciente, cariñosa y discreta. Sensible al arte y la naturaleza. Esposa de vocación. Gran cocinera y anfitriona. Madre prudente y servicial que disfrutaba con todos los planes de los hijos, que sabía escuchar, que dejaba hacer, que antes daba ejemplo que sermones.

Creyente y apóstol con una caridad activa y generosa que vertía en obras buenas como Ayuda a la Iglesia Necesitada, Radio María, los misioneros Combonianos o la Adoración Perpetua, entre otras. Su infancia en el colegio del Sagrado Corazón le marcó a fuego una espiritualidad basada en la confianza en la Divina Providencia y en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. El golpe que supuso la muerte de su segunda hija, Marta, de cáncer con sólo 8 años, puso a prueba su fe y dió inicio a una relación muy especial con su ahijada ecuatoriana, relación con Ecuador que fue creciendo con el tiempo, acompañada de otro “amadrinamiento”, el de algunos sacerdotes extranjeros estudiantes en el Seminario Bidasoa, catequistas en su parroquia de San Lorenzo.

Comprometida social y políticamente, espiritual pero nada espiritualista, activista pro-vida... Acompañó de corazón a su esposo, e hizo que se vivieran en el hogar como propias, tanto las andanzas sociales y profesionales de su marido como sus aventuras políticas como carlista tradicionalista.

Media vida, desde los 42 años, la pasó delicada de salud y de pronto, cuando todas sus atenciones estaban volcadas en el alzheimer de su esposo, un cáncer se la ha llevado en unos pocos meses. ¡Bendito cáncer cuando se vive desde la atalaya de una vida completa!; cuando se pasa en buena compañía; cuando se cuenta con los óptimos cuidados médicos que tenemos y no siempre valoramos los navarros del siglo XXI; cuando la enfermedad ofrece al enfermo la oportunidad de soltar lastre, de despedirse como Dios manda, de preparar el viaje más importante.

Marigena estaba preparada. Tenía las manos llenas de buenas obras y el corazón purificado. Nos ha dejado con mucha paz, agradecidos por haber sido testigos de una vida plena.

Javier Garisoain Otero

8 oct 2016

Cómo defender a la familia de los ataques del estado moderno

https://youtu.be/N2638OT7Q7I
Un primer borrador para el Manual del vecino
(Ponencia presentada en los Cursos de Verano del Foro Alfonso Carlos. Sevilla, septiembre de 2016)

https://youtu.be/N2638OT7Q7I

Lo primero que hay que decir en relación con el estado y la familia es que el estado no tiene por qué atacar a la familia. No todos los estados han atacado siempre a la familia. Es más, el origen del Estado tiene mucho que ver con la defensa, la protección y el cuidado de la familia. La teoría roussoniana del buen salvaje es una elucubración absolutamente teórica e irreal. Sin embargo no lo es tanto pensar que antes de la constitución de los estados, antes de ese famoso “contrato social” imaginario, no había individuos aislados sino familias. Fueron las familias las que construyeron las primeras aldeas y ciudades. El trabajo de los arqueólogos consiste en buscar viviendas; habitaciones familiares. Incluso en los enterramientos, allí donde aparecen con más protagonismo los restos individuales son frecuentes los enterramientos colectivos.

En el origen de todas las civilizaciones las familias eran siempre más fuertes que el Estado. Su patrimonio pasaba de padres a hijos con una regularidad que nunca tuvieron las administraciones públicas nacientes. La fuerza de los primeros reyes no residía en un cuerpo de funcionarios sino en su propia familia. Fuerza que se vió incrementada con la institución de la monarquía hereditaria. Las gentes elegían a una familia para que gobernase a todas las demás. Un rey no era nadie sin familia real, sin clan. Una tribu, un linaje, garantizaban mucho mejor el cumplimiento estable de una serie de funciones al servicio de todo un pueblo, que un único individuo. La misma Biblia nos presenta al pueblo israelita repartido en doce tribus, doce linajes, doce familias de familias. Los levitas garantizaban el servicio en el Templo. De la tribu de Judá, del linaje de David, esperaban los judíos al Mesías.

Hoy, el Estado se ha convertido en una especie de familia artificial que protege a los nuevos tiranos de guante blanco y que se va regenerando por adopción. Esto es en realidad lo que se viene llamando “la casta”. Los administradores del Estado abandonan a su familia -o la incorporan directamente a la sombra del poder- esforzándose por dar continuidad al artificio. Y así es como el Estado ha pasado de ser un instrumento controlado por las familias a una gran macrofamilia sintética que trata de controlar a las familias de verdad.

El poder del Estado moderno tolera mal la existencia de esa realidad estable, tranquila, que como un mar de fondo sostiene todo el sistema y amortigua todas las crisis del mismo. El Estado moderno quisiera la desaparación de la familia. Y si no lo quiere realmente la verdad es que lo parece. Porque todas sus acciones van encaminadas al mismo fin: la disolución de los vínculos familiares, el debilitamiento del patrimonio, de la herencia, del linaje. El estado procura que los hombres y especialmente las mujeres no vivan allí donde trabajan, nada mejor para debilitar física y mentalmente a un posible resistente que obligarle a un viaje largo al inicio y al final de la jornada. Si todos viviéramos en nuestro mismo lugar de trabajo, o cerca del mismo, seríamos mucho más difíciles de dominar. El estado procura además que los niños y los jóvenes estén el mayor número posible de horas fuera del hogar: colegios, guarderías, ludotecas, extraescolares, centros juveniles. Lo mismo cabe decir de los ancianos: centros de día, residencias, pisos tutelados...

Todas estas instituciones son presentadas como herramientas para apoyar a la familia, como ayudas a la economía familiar, pero en realidad lo que principalmente consiguen es debilitar los vínculos familiares, desarraigar a las personas de su entorno.

Las leyes divorcistas en primer lugar y todas las que han ido desvirtuando el matrimonio natural, -leyes cuya derogación es vista por la mayoría de los católicos como una causa perdida-, no son sólo una consecuencia de los problemas que tienen las familias actuales sino que son el origen de que se haya devaluado el mismo concepto de matrimonio. Una legislación que prohibe de hecho el matrimonio para toda la vida, que establece clausulas más duras para rescindir un contrato de alquiler, o para liberarse del contrato de permanencia del teléfono, que para romper una promesa sagrada es un ataque directo a la familia. Un ataque previo y de consecuencias devastadoras para el conjunto de la sociedad. Y sin embargo, con cada boda se abre un nuevo frente de lucha. Y el estado anti-familia lo sabe. Si cada nuevo matrimonio tuviera claro que al fundar una familia nace un nuevo protagonista político y social...

El problema de fondo que sufren las familias, en tanto que familias, no es tan solo la actual ideología de género que parece que lo contamina todo; ni siquiera el aborto, ni el materialismo, ni el alcohol o la droga, ni la pornografía o la inmoralidad en general. El problema no es sociológico sino político. Y como todo lo político, con raíces prepolíticas teológicas (como enseñaba Donoso). Existe una fuerza, coherente en su maldad, que elabora su discurso y promueve unas políticas determinadas de forma consciente y planificada. Esa fuerza, o esas fuerzas, buscan la destrucción o, cuando menos, el debilitamiento de la familia.

Muchos católicos y grupos que podríamos llamar “familiaristas” han intentando ofrecer consejos para la autodefensa del núcleo familiar desde un punto de vista espiritual, religioso, prescindiendo del factor político. Como si la política fuera una energía natural, como los terremotos, o los tsunamis, inevitable e imprevisible. Aconsejan, por ejemplo, dar prioridad a la familia antes que al trabajo, educar en el ser antes que en el tener, promover la espiritualidad para luchar contra el materialismo, estar abiertos a la vida, asumir los padres la educación de los hijos con responsabilidad. Estoy absolutamente a favor de todos y cada uno de estos consejos porque es cierto que constituyen una base que hará posible la resistencia más tenaz. Pero es imprescindible completar la lista con algunas orientaciones de carácter político. Es que si no, si llevamos a su extremo ese familiarismo cerrado que reniega de la política podríamos llegar a la conclusión de que quienes más hacen por la familia no somos nosotros ahora sino precisamente quienes no han venido a este foro ni participan nunca en foros similares.

Dicen que la mejor defensa es un buen ataque. No se trata -al menos por el momento- de convertir cada familia en una partida guerrillera rebelde pero sí de entender que la familia, cada una de nuestras familias, es un agente político.

Ser un agente quiere decir que uno no se limita a la queja, la manifestación o la recogida de firmas. Sería imposible agotar en este artículo una lista de consejos prácticos que respondan al “cómo defender a la familia de los ataques del estado moderno”. Ahí van algunas sugerencias que necesariamente han de ser mejoradas y ampliadas:

1. Conoce la historia de tu familia, de tu apellido, inculca en tus hijos amor y admiración por los antepasados. Visita los cementerios, guarda y cuida el álbum de fotos familiar.

2. Arráigate, (como la Sagrada Familia en Nazaret) haz que en la medida de lo posible la residencia de tu familia no sea un lugar de paso. Empadrónate.

3. Asóciate con otras familias, familias numerosas, asociaciones de padres de alumnos, asociaciones de vecinos, grupos o movimientos religiosos...

4. Conoce y ama a la familia de tu cónyuge. Interesate por la familia de tus amigos y tus compañeros de trabajo. Acostumbra a tus hijos a que vean, detrás de cada uno de tus amigos y conocidos a una familia.

5. Agranda tu familia, mantén el contacto con primos, parientes de toda clase. Y procura que ese contacto no se limite a las fiestas familiares sino que integre actividades profesionales, económicas, de acción social, de ayuda mutua.

6. Da prioridad a las celebraciones y reuniones familiares.

7. Resiste económicamente hasta el límite, evita las subvenciones (evita principalmente el control y la pérdida de libertad que casi siempre va asociada al concepto de subvención), calcula siempre las opciones legítimas que sean más beneficiosas para el patrimonio familiar.

8. Si es posible establece una empresa familiar, e implica en su desarrollo a todos los miembros de la familia.

9. Si trabajas por cuenta ajena procura que tus jefes, tu empresa, conozcan a tu familia. Que no te vean ni te puedan tratar como a un individuo aislado.

10. Olvídate del voto personal y secreto. Especialmente en las elecciones municipales, procura que los votos familiares vayan siempre unidos en pro de la propuesta que sea más favorable a los intereses familiares.

11. Procura inculcar en tu familia la conciencia de vecindad. Participa activamente en la comunidad de vecinos, en las actividades vecinales y en las elecciones municipales a través de candidaturas independientes.

12. Mantén y promueve los propios códigos internos de la familia. Las costumbres, los ritos, las “manías”. Cuanto más abundante sea el vocabulario familiar mejor.

13. Abre tu casa como refugio a los necesitados. Haz de tu familia una auténtica ONG. Esta actitud os enriquecerá.

14. Colabora con los centros de orientación familiar diocesanos, ayuda a las víctimas del divorcio.

15. Controla los medios de comunicación que entran en tu casa y apoya solamente a aquellos comprometidos con la familia como Dios manda. Limita en lo posible el uso de internet.

16. Haz por tí mismo todo lo que puedas sin pedir la ayuda de la administración. Si tu vecino tiene la música demasiado alta no llames a la policía, habla con él.

17. Vincula a tu familia a la Parroquia. Participa en sus actividades pastorales todo lo posible. Reza en familia. Conságrala al Sagrado Corazón de Jesús. Participad, en familia, en romerías y tradiciones populares.

18. Estudia y difunde la historia de tu pueblo, de tu barrio, de tu calle, de tu comunidad de vecinos.

19. Desayuna, come y cena en casa. En familia.

20. Cocina en casa. Y si es con recetas familiares, mejor.

21. Compra o contrata los servicios de comercios y profesionales que defiendan la familia, que hagan descuentos a familias numerosas, etc.

22. Lleva a tus hijos a un colegio que defienda la familia como Dios manda. Implícate en la vida del colegio, asóciate con otros padres, exige tus derechos como educador, protesta y reclama siempre que sea necesario.

23. Cuidado con los créditos y las hipotecas. No te endeudes por sistema hasta perder libertad.

24. No tengas miedo a ser raro o, mejor dicho, a ser normal en un mundo raro. Inculca en tus hijos ese sentimiento liberándolos de complejos.

25. Esfuérzate por buscar alternativas al ocio.

26. Cultiva tus principios, lee y difunde libros buenos, publicaciones que los defiendan. Educa contracorriente.

27. Vigila las adicciones: la droga, el sexo, el juego.

28. Haz propaganda de todo lo bueno. Ayuda a que se conozcan las buenas iniciativas, las pequeñas victorias.

30 sept 2016

El adiós de un navarro

Se nos ha ido un navarro de los de antes. De los de siempre. Acaba de fallecer mi suegro, José María Guindano Ciprés. Un hombre cabal, un cristiano de pies a cabeza, una vida plena, de trabajo, de generosidad, 9 hijos, 8 nietos...

"Sólo siento no haber amado más a Dios" nos decía el pasado domingo, en su despedida, acompañado por su esposa y sus hijos. ¿Qué es al fin y al cabo lo importante, a la hora de la verdad?

"El quererse, siempre os he querido, lo primero es el querer". Jose Mari no deseaba pronunciar la palabra amor, tan elevada, y tan adulterada. Amar es querer el bien del otro. Y si no no es amor.

"No estamos para ser héroes, sino para ser santos". Al echar la vista atrás desde esa atalaya que supone una enfermedad larga, ese "hermano cáncer" que le ha ofrecido tantos ratos para meditar y discernir, José Mari entendía que: "No se puede ser perfectos, pero lo que nunca me ha faltado es una pauta"... Qué forma más certera de explicar la luz de la fe. La única luz que puede hacernos santos. ¿Cómo será vivir sin ella? ¿Y cómo morir sin ella?

"La alegría más grande, un hijo sacerdote". La alegría -y el privilegio- de tener a su hijo, Eusebio, celebrando la Santa Misa en la habitación del hospital, ofreciéndole el sacramento de la unción en nombre de la Madre Iglesia... Hay muchas cosas de José Mari que no olvidaremos, pero esa despedida, esas palabras y últimos consejos en familia, esas lágrimas que, como bien dijo mi cuñado Xavier al hablar en nombre de todos, no eran sólo de pena, nos dan una gran paz en estos momentos.

"En fin, es difícil dar consejos. Es mejor dar ejemplo". ...
¿Qué mejor consejo? 
¿Qué mejor ejemplo?

Descansa en paz, Jose Mari.

5 sept 2016

LA FAMILIA, TEMA CENTRAL DEL FORO ALFONSO CARLOS 2016 EN SEVILLA

En unos días, los 16, 17 y 18 de septiembre, se va a celebrar en Sevilla la clásica convocatoria de los cursos de verano del Foro Alfonso Carlos I. Este año el tema de los mismos es LA FAMILIA.

Tal vez convenga aclarar que, como carlistas, nuestra intención principal es hablar de política familiar. Y naturalmente de las políticas antifamiliares que caracterizan a todas las ideologías revolucionarias, desde el liberalismo decimonónico clásico hasta las últimas tendencias de la ideología de género. Hablaremos pues de política, y no tanto de autoayudas, ni de terapias familiares, ni de psicología evolutiva, ni de técnicas pedagógicas. Todos los enfoques tienen su valor, y muchos pueden sumar aspectos positivos apoyándose unos a otros. La familia, más que cualquier otra realidad humana, se presta a una diversidad de enfoques inmensa.


Pero dicho esto es preciso insistir en que lo que como carlistas podemos aportar es nuestra convicción de que familia es la célula básica de la sociedad, célula también política, previa al estado, cuerpo social natural elemental sin el cual la comunidad humana corre el riesgo de convertirse en una masa de individuos fácilmente manipulable. 

Programa e inscripciones aquí: 


13 ene 2014

Al final resulta que los monárquicos carlistas somos más "demócratas" que los liberales.

El popular blogero "Embajador en el infierno" ha publicado una entrada en la que reivindica el voto femenino tal como lo pedía, en nombre del Carlismo, el gran Juan Vázquez de Mella. Es un asunto poco conocido que sin embargo tiene mucha lógica.

Nuestra posición siempre ha sido lógica, y cristiana. Nosotros renegamos del sufragio universal pues es un sistema que favorece la manipulación y la conversión de la sociedad en masa. Nosotros somos partidarios de la representación, pero no de la que se fundamenta en la aclamación demagógica sino de la que se basa en la participación responsable de la gente. En nuestro sistema tradicional quien tenía derecho a voto era el cabeza de familia... independientemente de su sexo. Y esto se llevaba hasta sus últimas consecuencias. No hay mas que pensar cuántas reinas hubo en la Cristiandad... ¿y cuántas presidentas de república trajo el liberalismo machista?

El invento de la "mujer florero", la institucionalización del peor machismo en la vida social y política han sido obra del liberalismo y concretamente de la masonería. Los ilustrados liberales, por ejercer de anticristianos, son los que retrocedieron al paganismo en cuestiones de raza o de sexo haciendo surgir el racismo y el machismo contemporáneos.

Cuando se planteó el absurdo del sufragio universal los carlistas pensaron que era doblemente absurdo impedir el voto de las mujeres. Pero lo mismo sucede hoy en día. Si el sufragio es de verdad universal... ¿no es absurdo que valga igual el voto de un soltero que el de un padre o madre con seis hijos menores de edad?

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En el blog del amigo "Embajador en el infierno" he publicado también esta aclaración-extensión de los argumentos sobre este tema. Por si sirve:

Para los que parece que no acaban de ver la cosa clara trataré de explicarlo de nuevo y ya nos dirá el señor Embajador si interpreto bien sus intenciones al llamar la atención sobre la petición de Mella sobre el sufragio femenino.

Los carlistas estamos en contra del sufragio universal o general inorgánico. Creemos que la participación en la política ha de partir de la célula básica de la sociedad: la familia. (Por eso, en los estados de la Cristiandad el gobierno era cosa de la familia real y los censos se hacían por fuegos y no por individuos). Naturalmente, la participación de las familias en la vida pública se complementa con la participación social de cada persona -sea hombre o mujer- en las distintas realidades que llamamos los cuerpos sociales naturales (trabajo, universidad, cultura, etc.). Ahora bien, el régimen liberal es mentiroso, siempre ha sido mentiroso como denunciaban ya los primeros carlistas como Vicente Pou en "La España en la presente crisis" (1842). Siempre se presenta como lo que no es. Se llama democracia y es plutocracia, o partitocracia. Habla de libertad y oprime con una tiranía peor que los peores absolutistas.

Los primeros sufragios del régimen liberal eran censitarios, controlados por el gobierno que era quien hacía las listas de electores mientras presumía de recoger la "soberanía de la Nación". Ante esa gran mentira los carlistas decían: ¡que se atienda la voz del pueblo, lo que de verdad quieren la mayoría de los españoles! (vease la primera portada de "El Pensamiento Navarro". En el caso del voto femenino se trata de lo mismo. Por principio no defendemos ninguna clase de sufragio universal pero si se dice que se establece excluyendo a las mujeres (porque son o eran más "conservadoras" que los hombres), o a los menores de edad (porque ello supondría dar más poder a las familias numerosas) entonces tenemos la obligación de denunciar la incoherencia, el oportunismo y la mentira del sistema.

No se trata de que el sistema liberal tenga otras reglas de juego diferentes. El problema es que ni siquiera ellos respetan sus propias reglas.

26 ago 2013

Tu familia, nuestras familias, lo primero.

Este va a ser el tema de portada de la revista Ahora información 123 y la imagen que desde hace días tratamos de difundir por redes sociales y que define la posición de la Comunión Tradicionalista Carlista ante las leyes inicuas que contra el matrimonio y la familia como Dios manda se han ido aprobando en las últimas décadas.

Los ataques que sufre la familia y que se condensan principalmente en todas esas leyes no son contra las familias de "los otros" sino contra nuestras propias familias. Hay que reaccionar. Hay que defenderse. Es tu familia lo que está en juego.