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28 abr 2026

Video8: Política familiarista

Otra de las cosas que diferencia radicalmente la política tradicionalista de todo el panorama político actual es nuestra idea de familia como base de la organización política de la sociedad. Todo el mundo se llena la boca hablando de la familia y aún muchos repiten -aunque cada vez menos- eso de que "es la célula básica de la sociedad". Aparentemente todos están a favor de la familia, tanto los liberales como los izquierdistas. Pero la realidad es que sus políticas son antifamilia. 

Los liberales desde los principios de su proceso revolucionario, y los peperos durante décadas, lo que han hecho ha sido procurar que la familia se vacíe de contenido. Todo su empeño ha sido trabajar en favor del individualismo y por la destrucción de los vínculos familiares. Empezando por la legislación divorcista, claro, que para ensalzar la libertad individual permite la ruptura de un voto sagrado, el abandono del cónyuge, la destrucción del matrimonio y el sufrimiento de los hijos. Además, como una cosa lleva a la otra, el riesgo de un posible divorcio es una de las causas que incluso conservadores muy conservadores han llegado a ver como lo más deseable que la mujer desarrolle una carrera profesional de corte masculino y que trabaje fuera de casa. Ojo, no es que pidan que la mujer pueda estar fuera si así lo desea, ese no es el problema. Todo su empeño es que la mujer trabaje fuera de casa. Todo su empeño es procurar que los ancianos estén fuera, en centros de día o en residencias. Todo su empeño es procurar que los niños estén escolarizados el mayor tiempo posible, incluso de cero a tres años. Y en cuanto a los jóvenes lo mismo: sí, en casa hasta los cuarenta, pero como en una pensión. 

La izquierda hace lo mismo. Dicen que defienden lo comunitario, pero eso para ellos no es la familia. Para ellos lo comunitario es lo público, lo estatal, lo administrativo, lo que depende de los sueldos del gobierno. La típica mentalidad progre comunista dice: "no, yo no quiero cargar a mi familia el cuidado de mi persona porque me parece injusto. Yo aspiro a que me cuide la sociedad". Ya. Es decir, que le cuiden unos funcionarios que dependen del sueldo público. Yo, por el contrario, lo que no quiero es que las competencias de la familia no sean arrebatadas por el estado, no sean burocratizadas o moterarizadas. La familia, que al fin y al cabo proviene etomológicamente de "famulus", o sea, sirviente, es inseparable de la idea de servicio. 

Al final, entre unos y otros, izquierdas y derechas, tienen a la familia en la peor de las situaciones. La OCDE acaba de advertir que las familias con hijos son maltratadas en España. Para unos es la última de sus prioridades. Para otros es el primero de los objetivos a batir. 

Entonces, ¿qué tienen que ver la familia y la política según los carlistas? Cuando decimos que la familia es la célula básica de la sociedad, de lo que hablamos es que la primera instancia de participación ha de ser a través de la familia, no del individuo. En los partidos políticos el clásico afiliado es un hombre o mujer joven, lo que llaman un "single", que no cuenta con su familia para nada. En cambio el Carlismo siempre se ha caracterizado por organizar su militancia en torno a las familias. Por eso todos los partidos van pasando y pasarán mientras que nosotros seguiremos aquí. Porque al final de todo -y ya está pasando- sólamente habrá dos tipos de personas, los que tengan familia y los que no. Y es importante añadir que esta misma idea tradicional de familia como agente de participación política es la misma que nos lleva a la familia real. Porque nosotros no estamos suspirando por la autoridad de un solitario, un caudillo, fürer o lider supremo individual sino que estamos a favor de que el rey sea la cabeza de una familia real. Una familia que ordena y gobierna al resto de familias, que da continuidad al servicio político en el tiempo por encima de las personas. 

Antiguamente la participación política se articulaba en torno al concepto de fuego, de casa. Quien tenia voz y voto no era cada individuo sino cada fuego, cada casa, cada familia. Esta es una idea radicalmente contraria al sistema liberal y  moderno. Entre otras cosas porque ese voto, por cierto, podía ser ejercido por el cabeza de familia, hombre o mujer, eso no importa. Es un voto familiar, no individual. 

Claro, lo difícil ahora es pensar cómo se podría ordenar la vida política en el siglo XXI con esta concepción familiarista. Lo primero es tener en la cabeza esta idea. Sólo así es como se podrá pasar del maltrato a la familia al respeto desde la administración, y también desde Hacienda. 

Y lo primero es que los familiaristas dejen de apoyarse en los destructores de la familia.   




13 abr 2026

Vídeo7: ¿La solución al desastre autonómico?

Podrás estar de acuerdo o no con lo que decimos los carlistas pero hay que reconocer que lo que decimos nosotros no lo dice nadie más. 

En cuestión de política territorial todos los partidos políticos, todas las ideologías que circulan en esto que Juan Manuel de Prada llama "demogresca" están de acuerdo en un concepto fundacional. Todos ellos creen en la superstición de la soberanía nacional. Tanto los centralistas como los separatistas, en todos sus grados, parten de ese concepto que nació en la Revolución Francesa y que es el padre de todos los nacionalismos y la raíz del 80% de todas las guerras modernas. 

A principios del siglo XIX, cuando aún no hacía falta el Carlismo, en España, en lo que entonces todavía se llamaba la Monarquía Católica, el soberano, con minúscula, era el rey. La soberanía política estaba en sus manos y era una soberanía muy limitada. Antes de acceder al trono el rey debía jurar respeto a todas las leyes de cada reino, principado, señorío, ciudad, etc. Y eso se hacia porque la idea de servir no consistía en cambiar a la gente o sus opiniones sino simplemente en ayudar a cada cuerpo social a cumplir con sus fines. El Rey era el responsable del gobierno, sí, en persona o a través de sus virreyes y sus corregidores, pero estaba obligado a gobernar junto con los consejos y oyendo a los legítimos representantes de cada territorio.

Además, la palabra soberanía se utilizaba poco porque todos entendían que el auténtico Soberano, con mayúsculas, es Dios. Y eso quiere decir que ningún rey, por muy poderoso que fuera, tenía derecho a ignorar la ley natural o a actuar sin moral. Esa moderna razón de estado, entendida como "licencia para matar" o para cometer cualquier inmoralidad al servicio del príncipe o de la soberanía nacional era inaceptable para nuestros bisabuelos. 

Aun se podría hablar de otro tipo de soberanía, que es la soberanía social, y que consiste en el derecho que tienen los pueblos a decidir sobre sus cosas, sobre qué impuestos tienen que pagar o sobre hasta dónde se pueden tolerar injerencias de entidades superiores. 

Y cuando los carlistas hablamos de fueros -leyes justas- o de soberanía social, o de principio de subsidiaridad, no estamos pensando únicamente en las relaciones entre el estado y sus regiones. No. Estamos pensando en una escalera de afectos y de cuerpos naturales territoriales que nacen en la familia, siguen en el municipio, pasan a la comarca o al reino y terminan en la unidad de todos aquellos que sirven al mismo Dios y al mismo Rey. No se puede presumir de libertades si cada región se convierte en un nuevo centralismo que ignora las libertades municipales. O si los ayuntamientos ignoran las libertades de las familias.

El sistema autonómico del régimen del 78 es un desastre. Es una estructura de saqueo y de control social que ha destrozado esa escala y que sin renunciar al centralismo de la soberanía nacional de la Españita liberal peninsular se dedica a ofrecer trozos de soberanía a los partidos políticos regionales. Esto es lo que se ha llamado sistema de las autonomías. ¿Y qué es la autonomía? Autonomía es lo que se va dando poco a poco a los hijos hasta que llega un momento en que se independizan. El sistema de las autonomías nació para eso, como un cambalache entre los partidos estatalistas y los separatistas de forma que el sueño de los políticos regionales es llegar a tener su propia soberanía nacional-regional. Y mientras tanto después de haber pasado de un centralismo a 17 centralismos sigue el saqueo y sigue el control. 

No. La solución al separatismo y al desastre pro-separatista de las autonomías, no es, como propone Vox, o como hizo el franquismo, volver a ese liberalismo rancio, jacobino, que se inventó las provincias, al estilo de los departamentos franceses, como sistema racional de control. La solución pasa por reconocer y respetar la realidad, y por amar nuestra identidad y por honrar nuestra historia. España no se constituyó en 1978. España se forjó en un proceso muy largo y muy lento y muy sabio. Fue un proceso federativo, no uniformista, en el que la base común era, como he dicho más arriba, el servicio a Dios y a un mismo Rey. 

En fin. Si todo esto que estoy diciendo te parece razonable igual es que eres un poco carlista y no lo sabes. Así que te animo a seguir investigando. 

Gracias por llegar hasta aquí y hasta la próxima.




1 abr 2026

Trasplantes: el fin no justifica los medios


La Organización Nacional de Trasplantes ha manifestado su preocupación sobre las noticias, rumores y dicen que bulos que se han generado en torno al caso del asesinato legal de la joven Noelia Castillo. Es una cuestión grave porque la donación tiene que basarse en la confianza y el simple rumor de que podría haber médicos con conflictos de intereses o incluso presionando de alguna forma para seguir adelante con la eutanasia "por estar comprometidos los órganos" es evidente que deteriora enormemente la confianza en la limpieza del sistema de trasplantes. 

El problema, en mi opinión, es que una vez que la ONT ha aceptado que las ejecuciones por eutanasia pueden ser una fuente admisible de órganos, cualquier noticia o cualquier nueva polémica en torno a la eutanasia va a afectar a la donación de órganos. Porque afecta a la confianza. 

Entiendo que para la ONT era tentador disponer de un cierto número de órganos, con el añadido de la previsibilidad diabólica que aportan los protocolos de eutanasia, pero el "precio a pagar" ha sido precisamente este, transigir con la inmoralidad. Es como si la ONT hubiera aceptado órganos proporcionados por sicarios de un cártel. ¿No habría descendido algo así la confianza en el sistema? 

La eutanasia es un asunto en el que no cabe ponerse de perfil. O estás a favor o estás en contra. O estás con el código hipocrático o con el doctor Mengele. Considerar admisible la idea de recibir un pulmón de un eutanasiado es ponerse de lado de la eutanasia. 

La guía para hacer lo correcto es la misma desde el origen de la humanidad: el fin no justifica los medios.

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Esto es muy fuerte. ¿Se investigará?