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18 feb 2019

La insoportable vanidad del ser político


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La vanidad, ese es el cáncer de la política. Por eso son malas las campañas electorales. Porque al final el candidato triunfante y fotogénico, rodeado de pelotas y trepas, se acaba creyendo un ser especial. Y por eso tiene bastante sentido que el poder pueda ser hereditario, o sea, alcanzado como un talento gratuito, sin méritos ni marrullerías propias. Ahora que se va, o que se está yendo otra vez, según parece, ese robot vanidoso llamado Pedro Sánchez, aprendamos algo de ese gran hombre: Aprendamos al menos lo que no hay que hacer.
He dicho “campañas electorales” y no “elecciones” a propósito. Una elección es un método como otro cualquiera para asignar el poder que nunca viene de la fuerza de la masa porque siempre “viene de lo alto”. Los papas de Roma, por ejemplo, son elegidos sin campaña electoral. Y lo mismo pasa con todos aquellos cargos que exigen un trabajo altruista y poco lucimiento personal: los delegados de clase, los presidentes de las comunidades de vecinos…
La elección por sorteo, o por pura rotación, tampoco suele ser mal sistema cuando hay que elegir entre iguales.
El problema está en las campañas electorales, porque las vemos como un desatino inevitable cuando en realidad todos sabemos lo que conllevan: promesas electorales, donaciones interesadas, adquisición de compromisos ocultos, negación partidista de lo bueno que pueda tener el adversario, publicidad engañosa…
No existen en este mundo gobernantes perfectos. Hasta el rey Salomón acabó mal. Lo que existen son gobiernos mejores o peores. ¿Y saben cuál ha sido el mejor gobierno de los últimos 40 años en España? Sin duda alguna, el que hubo durante los primeros meses del año 2016, la XI legislatura. Fueron 111 días de gobierno en funciones en los que los candidatos electos hubieron de dejar el gobierno, de hecho, en manos de los funcionarios.
He mencionado que el sistema hereditario tiene sentido. Tampoco garantiza la perfección, ojo, porque quien prometa un sistema infalible miente. Pero me resulta tremendamente atractiva la idea de que el poderoso no haya alcanzado el poder a fuerza de empeñarse en alcanzarlo. ¿No tenemos todos, de una u otra forma, acaso esa misma experiencia personal? ¿No hemos sido mejores jefes cuando no pretendíamos ser jefes? Y no sólo estoy pensando en reyes e hijos de reyes. Me atrevo a soñarlo también para los políticos del montón ¿no sería estupendo aspirar a un acceso al poder que no dependiera directamente del pavoneo electoral?

15 feb 2019

Extender la basura

¿Ha recibido alguna vez en su guasap una fotografía o un vídeo con la última locura feminista, animalista, vegana, aberrosexualista, satanista, yihadista o bolivariana? Se trata de un subgénero “artístico”, una especie de terrorismo estético que mezcla propaganda, falta de respeto y mal gusto para llamar la atención y provocar conversaciones que en un ambiente normal serían inverosímiles. Quienes las envían y reenvían suelen hacerlo con la mejor intención del mundo. Se supone que lo hacen para avisar, lo mismo que en las antiguas almenaras encendían fuegos para alertar de la presencia de moros en la costa. Pero a menudo, sin darse cuenta, lo que hacen es extender el mal sirviéndole gratuitamente de pregoneros.
En mi opinión es mejor no difundir según qué cosas. No las necesitamos para saber que existe gente muy loca, devorada por las ideologías de moda. Además son cosas que nos hacen daño a todos porque rebajan el nivel general y nos hacen olvidar esas cosas tan antiguas y tan importantes para el orden social  como son la modestia, el decoro, el buen hablar, la caridad, el buen gusto… Esta especie de contaminación general del mal es la que se propaga, por ejemplo, con el famoso bulo de cierta película fantasma y blasfema titulada “Corpus Christi”. Circula de mano en mano y al cabo de los años, tan sólo por el hecho de rondarnos como una amenaza en ciernes, ha provocado casi el mismo daño que si realmente esa película se hubiera filmado.
Las malas noticias son siempre deprimentes pero es preciso saber de su existencia. En ningún caso abogo por encerrarnos en una burbuja aséptica o en un búnker anti-zombies. En el caso de que ésto fuera posible -que no lo es- resultaría altamente egoísta y poco caritativo vivir así sabiendo que tantas y tantas personas están ahí fuera, a la intemperie. Considero que es importante conocer la dimensión de la enfermedad, estudiarla a conciencia, trabajar permanentemente en la fabricación de vacunas que puedan hacerle frente. Pero ese estudio del mal que nos rodea debería quedar reservado para aquellos que tengan una sólida formación y generados los anticuerpos necesarios. Nada que ver con la simple difusión de la basura que es contra lo que me gustaría prevenir a mis amigos. No seamos cómplices.

8 feb 2019

El mejor Vox de la historia

Ya está en marcha un nuevo gobierno regional en Andalucía y los que confiaban en la gran alianza del centroderecha para hacer realidad el cambio del cambio del cambio se están llevando disgusto tras disgusto. Algunos ya lo vimos desde el minuto uno de las negociaciones tripartitas. Juan Manuel de Prada, lo denunció con acritud en un artículo titulado “Voxecita”. Sin embargo, en mi opinión, no tiene sentido ser tan duro. Claro que el grado del chasco recibido depende de las espectativas. O sea, que cuando no esperas demasiado no existe demasiado riesgo de resultar decepcionado.
Hace tiempo que vengo diciendo que ya hemos visto el mejor Vox de la historia. Y todo lo que empeore a partir de ahora no será ni porque sean débiles ni especialmente malas personas. Todos sabemos que dentro de Vox hay bellísimas personas. Las mismas buenas gentes que durante décadas han ayudado a apuntalar el malminorismo pepero. Así que su problema no es principalmente de personas -al menos por el momento-. Su error es haber aceptado las reglas del sistema, las premisas del liberalismo y de la constitución. Y en este sistema lo que manda es la hegemonía cultural anticristiana,  antitradicional y antiespañola. Es eso lo que hay que cambiar. Y eso se cambia luchando contra el sistema, no vitoreando a la constitución o al jefe del estado.
No nos extrañemos de que Vox negocie, ceda, haga lo que pueda ni de que intente vender cualquier cosa como el inicio de una nueva “reconquista”. Alegrémonos -con moderación- si consiguen alguna cosita que haga alborotarse a los feministos pero no pidamos peras al olmo.
Hoy por hoy desde la Comunion Tradicionalista no nos planteamos hacer campaña en contra de Vox. Nos alegra que el sistema entre en contradicciones. Nos parece estupendo que se cuestionen el feminismo y la ideología de género, y el desmadre autonómico y separatista y algunas otras cosas. Solo pedimos que nadie se emocione. Porque este no es el inicio de la Reconquista sino tan sólo un bandazo dentro de un mismo sistema revolucionario.

7 feb 2019

Prohibir la pornografía

¿Por qué no? Todos estamos de acuerdo en que es imprescindible prohibir la pornografía infantil. Porque es maléfica y traumática. Pues por la misma razón, exactamente por la misma, habría que prohibir la pornografía juvenil. ¿Cómo va a ser algo diabólico para un niño de 15 años e inocuo para un joven de 18? ¿Cómo se podría explicar eso si no fuera por una pura convención arbitraria?
Finalmente, si concluimos que la pornografía es malísima para las personas de 14, 16, 17, 18 años… ¿Como podemos pensar que es buena para las de 20, 30, 40 ó 50? Sólo existen dos formas de romper con este esquema de hipocresía institucional: o se tolera todo, sin restricciones, incluida la abominable pornografía infantil o se prohibe toda. Cualquier posición intermedia es imposible de defender de una forma racional.
Dirán que lo que mata es la dosis más que el veneno. Pero el veneno es veneno siempre. Y no seamos ingenuos. Si se mantiene al alcance de los niños o de cualquier persona para consumo de los incautos y de los adictos será porque existen desalmados que se lucran de ello o, peor aún, que consiguen de esa forma embrutecer a la masa haciéndola cada vez más dócil y sumisa. ¿Hasta cuándo lo vamos a tolerar?

6 feb 2019

¿Cavernícolas?

Nos llaman cavernícolas, a nosotros, a los tradicionalistas, que somos gente de andar por la calle… Que paseamos en familia por plazas y parques a la luz del sol, que amamos las plazas de toros, las romerías, los balcones, las excursiones y los días de campo… Que hemos construido la civilización occidental a base de foros, anfiteatros, paseos y avenidas. Que disfrutamos con las danzas coloristas bajo el bandeo de las campanas en el día del santo patrón.
Y nos lo dicen los progres, que se han criado bajo la luz artificial de los centros comerciales, del metro, de los locales de videojuegos y de las discotecas. Ellos, que inventaron las salas de cine, la casa del terror y las sesiones espiritistas.
¿Dónde están los auténticos cavernícolas sino en la casa del Gran Hermano, en el búnker de la Moncloa y en las sombras de la noche? Si alguna vez nos reunimos en las catacumbas fue por refugiarnos de los tiranos y no por propio deseo. Porque nosotros somos hijos de la luz. No nos gustan las cuevas. Excepto Covadonga, claro.

3 feb 2019

Nuestra Comunión: nuestros círculos

En la primera de las conclusiones de la ponencia sobre “Sociedad” aprobada en nuestro último Congreso se dice: “Es preciso animar y fomentar como primer escalón de la acción política y social las agrupaciones naturales de familias: las comunidades de vecinos, las asociaciones familiares locales. Debemos estudiar, renovar y reinstaurar como prioridad el modelo de los clásicos círculos carlistas. Todo ello ha de constituir el primer núcleo de resistencia.”

Los círculos carlistas fueron una institución política pionera. Nacieron como refugios para sobrevivir bajo el régimen caciquil del liberalismo triunfante, y se organizaron como sociedades locales, fuertemente arraigadas, que lo mismo eran casino, cuartel, capilla o escuela. Esa versatilidad debe inspirarnos hoy para desarrollar el día a día de nuestra actividad carlista.
Nuestros círculos deben reunir tres características: han de ser familiares, locales y culturales.
Familiares, porque no pueden ser ni un club de individuos ni una vulgar “sede de partido”. Tenemos que procurar que sean refugios para toda la familia, estableciendo cuotas familiares, por ejemplo.
Locales, porque han de estar muy pegados al terreno, al municipio y a la comarca, como contrapeso al desarraigo que provoca internet.
Y culturales, porque no deben sustituir a las Juntas de la Comunión en su tarea política. Los círculos están llamados a desarrollar principalmente una actividad social y cultural que sirva para atraer al mayor número posible de simpatizantes.
A partir de ahí libertad total… y saber aprovechar las oportunidades.
Por cierto, tampoco está de más recordar que nuestros círculos no tienen absolutamente nada que ver con los del partido neocomunista Podemos. Esos otros “círculos” no son más que una versión española y partitocrática de los rancios soviets de la Rusia comunista. En un primer momento, tanto en Rusia como en España pudieron ser “concejos” o “juntas” más o menos populares o espontáneas, pero en cuanto entró en juego la doctrina comunista no han margen para la duda: se han convertido en órganos jerárquicos del partido, simples engranajes de transmisión de las órdenes emanadas del soviet supremo. No hay más misterio.
(Artículo publicado en el Boletín Acción Carlista)

2 feb 2019

Se postrarán ante tí, Señor

“Se postrarán ante Tí, Señor, todos los reyes de la tierra”. Esa es la promesa central del Salmo 71. Promesa o profecía en la que nosotros, los carlistas, creemos. Por eso vamos a celebrar y a renovar este año 2019 el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús. Por eso celebramos también la primera consagración pública, que es la que realizó el rey Carlos VII en Estella, ante su ejército, y la que reafirmó Alfonso Carlos I decretando la entronización de ese emblema sagrado en el escudo de la Monarquía.
Lo determinante en esa visión del salmo no es el debate entre monarquía o república. Esa no es la cuestión porque al final, en cualquier sistema, siempre hay un “rey”, se llame príncipe, o presidente, o comité del partido, o amado líder.
La cuestión es que los cristianos debemos esperar y desear que nuestro Rey se postre ante el Señor. O sea, que reconozca que ni él, ni su partido, ni su gobierno tienen siempre la última palabra sobre todo. Mientras no sea así haremos lo que podamos, y viviremos bajo gobiernos impíos que se burlan de nosotros (ese es el lenguaje de los salmos). Lo que es una ingenuidad tremenda es pensar que sin esa postración es posible la existencia de poderes, reyes o estados neutrales. Si no tienen a Dios ni se postran ante Él, no serán cristianos, pero tampoco serán neutrales.

1 feb 2019

¿Qué es ser carlista hoy?

El otro día, y a raíz del vídeo de la valiente intervención de Jaume Vives en la convención nacional del PP lanzaron esta pregunta en un grupo de guasap. Lo primero que respondí, un poco a vuelatecla, fue esto: “Ser carlista es ser contrarrevolucionario. Antiliberal y antisistema. No constitucionalista. Católico no clerical. Tradicionalista. Foralista e hispanista amante de la diversidad de las Españas… cosas de esas”. Luego, la conversación fue derivando hacia el liberalismo católico, ese intento vano que trata de adaptar el Evangelio a los principios de la Revolución.
Cada vez que llegamos a ese punto, y para poder definir al carlista, tenemos que definir qué es la Revolución. Pues bien, digamos que la Revolución -así, con mayúscula- es un proceso de corrosión y disgregación de la Cristiandad que empieza con la ruptura protestante y sigue con la Ilustración, las revoluciones liberales, el nacionalismo, las ideologías socialistas y totalitarias y termina con las locuras actuales del aberrosexualismo, el animalismo… y lo que vendrá. Todo este movimiento tiránico (si, al final todas estas ideologías acaban asfixiando las libertades) tiene en común -aparte del tufillo luciferino- la confusión y mezcla entre política y religión. No saben distinguir -y esa fue la mayor originalidad política de la Cristiandad- entre Iglesia y Estado. Entre Papa y Emperador. No pueden tolerar que exista una Iglesia libre. Tienden a convertir a los funcionarios en sacerdotes y a los sacerdotes en funcionarios. A las leyes civiles en preceptos morales y a las leyes morales en retahílas de normas humanas. Es un proceso en el que la política se sale de quicio y da lugar a pseudorreligiones laicas, inmanentes. Como los antiguos emperadores de Roma o de Japón, como los faraones, como los califas islámicos… la partitocracia liberal moderna une y mezcla todos los poderes, todas las “soberanías”, (la soberanía espiritual de la Iglesia, la política del rey y la social de los cuerpos sociales naturales) en una amalgama supersticiosa llamada “soberanía nacional” que no es al final mas que la voluntad del partido más fuerte o más rico.
Pues bien, en defensa de aquel orden tradicional, en contra de todo ese proceso de ruptura de la Cristiandad y en contra de todas las tiranías de los nuevos faraones nació, creció, vivió y dió frutos la Hispanidad. El Carlismo, hoy, no es mas que la continuidad, arruinada y derrotada, pero llena de esperanza, de aquellos principios de la Hispanidad.

30 ene 2019

Don Opas, Pepe Botella y la guerrilla

711 y 1808. Son dos fechas inspiradoras para el momento actual. En ambas ocasiones había personajes traidores o peleles como don Opas o Pepe Botella. En ambas ocasiones quedó el pueblo a merced del capricho del invasor. Y en ambas ocasiones la salvación vino por las guerrillas. Porque Dios lo quiso, y porque lo quiso a través de las guerrillas. Así es como se forjó y se salvó la España tradicional. No hubo entonces ni grandes planes, ni proclamas grandilocuentes. Don Pelayo no hizo mas que empuñar la espada allí donde no se podía retroceder más. Era imposible estar más arrinconado y perdido que en Covadonga. Tal vez por eso fue aquella la primera victoria, porque no podía ser otra cosa, o victoria o muerte. Ese estilo guerrillero -y macabeico- de los primeros caudillos asturianos es el mismo que fue replicado en el nacimiento del reino de Pamplona, y en los condados leoneses, en los aragoneses, en los catalanes y en el de Castilla. En la francesada tampoco pudo haber la menor estrategia de conjunto. Descabezada la Monarquía los españoles hicieron de cada ermita su propia Covadonga. Y no nos fue del todo mal. Las guerras de la Reconquista y de la Independencia, largas y crueles, fueron conflictos terribles, con desarrollos desiguales, y dejaron unas cicatrices en la piel de Hispania que son aún las líneas que marcan la identidad de comarcas y regiones.
En los momentos actuales España entera está en vísperas de una nueva insurgencia. No sabemos si será un desesperado caudillo montañés o un humilde alcalde como el de Móstoles quien lance la primera piedra. Lo que si podemos augurar es que la lucha, salvando las sorpresas de la Providencia, no será breve y que la táctica general de la guerrilla, en el sentido más extenso de la palabra que va mucho más allá de lo militar, volverá a marcar nuestro destino.

23 ene 2019

Sobre fueros y autonomías, la difícil tesitura de Vox en Navarra

CARTA ABIERTA A JAIME IGNACIO DEL BURGO Y A JAVIER HORNO

He leído la carta abierta que Jaime Ignacio del Burgo, navarro, político experimentado, antiguo carlista, riguroso historiador y constitucionalista convencido ha dirigido hace dos días desde las páginas de Diario de Navarra a Javier Horno, cabeza visible de Vox en Navarra, sobre cuyas espaldas ha caído la difícil papeleta de presentarse ante los navarros de orden con la propuesta voxeadora de eliminar el convenio foral de un plumazo. Jaime Ignacio y Javier, a quienes conozco y respeto, escriben y actúan guiados por un patriotismo, -navarro y español en ambos- que no pongo en duda. Lástima que se vean obligados a hacerlo desde la lógica partitocrática. Del Burgo se queja del antiforalismo de Vox. Horno hace lo que puede, y procura dar largas aportando una dosis de ambigüedad porque algo le dice que las cosas no son tan sencillas.
Del Burgo explica bien la realidad foral del viejo reino, demuestra que el estatus de Navarra no es un capricho ni una rareza injusta sino un derecho territorial heredado, testimonio de un pacto solemne. Por su parte los de Vox reclaman unidad. Y hacen bien, pero se equivocan al exigir uniformidad. Levantar la bandera del centralismo no deja de ser un tic nacionalista y racionalista, de tipo jacobino, paradójicamente más afrancesado que Español. Es una propuesta voluntarista, más típica de movimientos identitarios europeístas que de alguien que se dice defensor de nuestra historia y de nuestras tradiciones. Es estupendo que desde Vox denuncien el derroche de las nuevas taifas, pero eso no justifica que metan al régimen foral en el saco de esos “traidores” que no merecen “la mano de un buen hijo para cerrarle los ojos”. (No, a mí tampoco me gusta demasiado esa especie de maldición gitana que ha puesto de moda Ortega Smith a modo de brindis).
En su favor he de decir que Vox se ha propuesto acabar con el separatismo y su argumento para dinamitar el estado autonómico parece impecable. Si se suprimen las autonomías se terminará el separatismo, piensan. Muerto el perro se acabó la rabia. Y tienen toda la razón, porque autonomía, como sabe cualquier padre -menos al parecer el amigo Jaime Ignacio y sus correligionarios autonomistas del PPSOECIUDEMOS-, es ese conjunto de competencias que poco a poco vamos concediendo a nuestros hijos hasta que llega el momento de su emancipación, la separación, el día de la independencia.
¿Cuál es el problema, a mi modo de ver? Pues que unos y otros están identificando al régimen foral, que es nuestra manera de ser españoles, con el régimen autonómico, que es la manera que tienen los políticos regionales para disponer de su trozo de tarta presupuestaria cuando no de ir preparando una secesión anunciada. Dicho esto, ¿qué necesitaría Javier Horno para convencer a su Consejo Político de que una cosa es el fuero españolísimo (que ójala se extendiera a todas las regiones) y otra muy diferente la autonomía desleal? A lo mejor vendría bien que Jaime Ignacio del Burgo (y todos los políticos de su espectro) le ayudaran a diferenciarlos mejor. Porque a día de hoy, con el “amejoramiento” en la mano, algunos pensamos que el fuero navarro no pasa de ser una autonomía más. Con alguna rareza, pero autonomía al fin y al cabo. Y esto sucede porque la llamada “democratización de las instituciones forales” no sólo no contribuyó a foralizar España sino que disfrazó el régimen foral de lagarterana autonomista. Lo hizo redactando un “Amejoramiento” que no es mas que un estatuto de autonomía regional con algunas pinceladas historicistas. Y lo hizo, entre otras cosas, haciendo tabla rasa de dos dimensiones esenciales en el espíritu foral: el principio de subsidiaridad que limitaba el poder por abajo, que habría evitado la macrocefalia pamplonesa, y que protegía las libertades municipales, sociales, familiares y vecinales. Y el principio cristiano que limitaba el poder por arriba, que habría supuesto un dique contra la perversión moral de las ideologías contemporáneas. El fuero es mucho más que una autonomía rarita tolerada por la Constitución. Es una manera de entender el orden político que fue dinamitada en los años de la Transición y cuya recuperación sería la mejor bandera si de lo que se trata es de presentarse como auténticamente navarro y más español que ninguno.
F. Javier Garisoain Otero
Presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista

19 dic 2018

Somos antiliberales

Discurso pronunciado el 16/dic/2018 en la Fiesta de la Juventud Carlista de Pamplona, ante el Monumento a la Inmaculada de esa ciudad. 


Estamos aquí para hablar de POLÍTICA. Y sin embargo no voy a hablar de elecciones. Ni de lo mala que es Uxue Barcos, ni de las pequeñas y grandes faenas que un día si, y otro también, provoca la partitocracia. ¿Sabéis qué os digo de las próximas elecciones? Que votéis lo que os de la gana. Porque da lo mismo. Ni Navarra ni España se van a arreglar con unas elecciones. ¡Ojalá fuera todo así de sencillo!
Pero si tenéis ganas de acción no os vayáis todavía. Sabed que hay vida y hay política más allá de las elecciones. ¿Qué clase de política será esa? ¿cómo es la política que propugnan los carlistas?
Nuestra política consiste en la defensa, el rescate y la recuperación de la España Tradicional. De todo aquello que no es revolución liberal porque si algo nos define es que somos ANTILIBERALES. Y todos los demás: el PPSOECIUDEMOS, lo mismo que Vox, ojo, son liberales. Todos ellos han aceptado las premisas políticas del liberalismo.
La historia del Carlismo es la historia de 200 años de lucha contra una Revolución que es la Revolución liberal. Nuestro reino de Navarra tiene 1200 años. Desde los tiempos de Iñigo Arista en el siglo IX hasta 1840 fue un reino cristiano, de hecho y de derecho durante mil años. ¡Mil años, que se dice pronto! ¿Creéis que no había política durante mil años? ¿Que eran idiotas los navarros de esos diez siglos porque no tenían ni constitución, ni partidos políticos, ni campañas electorales? Hace doscientos años llegó a esta tierra la revolución liberal, de la que estamos viviendo sus últimos coletazos. Y ésta es nuestra historia. La historia del Carlismo es la historia de una lucha y de una derrota. Pero nuestra derrota innegable en los hechos no es la derrota de una ideología, sino la de algo que nunca podrá ser vencido porque tiene la experiencia de 1000 años de éxito.
Estamos pisando tierra sagrada. Estamos en el reino cristiano de Navarra. Abrid los ojos y veréis que todo lo que tenemos en Navarra como comunidad humana no es como es porque lo haya construido así la revolución sino porque tenemos detrás mil años de construcción seguidos de doscientos de lucha y de demolición. A mi derecha tengo la parroquia de San Lorenzo, y la capilla de San Fermín, Obispo. A mi espalda está el monumento a la Inmaculada, la advocación  mariana que nos lleva a tierras de Flandes en defensa de la Hispanidad. También está ahí el convento de las salesas. Y enfrente tenemos el hotel de “Los Tres Reyes”, reyes cristianos que evocan la gesta de la Reconquista. Es sólo una pequeña muestra, la que tenemos ahora aquí, al alcance de la mano, de aquella civilización contra la que se alzó con sus mentiras el liberalismo.
Porque el principal problema del liberalismo no es que sea pecado, o que sea una herejía. Que lo es. El problema principal es que es mentira. Es que ofrece una libertad que es mentira.
Todos los partidos políticos del sistema están de acuerdo en los mismos principios básicos del liberalismo: el laicismo, el pensar que hay que dejar la fe propia en casa o en la sacristía porque no hace falta para la vida cotidiana; la idea absurda de la soberanía nacional; la idea tramposa de las elecciones y de los partidos que roban a la sociedad todo el protagonismo, y en definitiva, un conjunto de ideas que nos aproximan cada vez más a una tiranía.
Existe una frase que siempre alguien pronuncia en todas nuestras reuniones carlistas. Al menos una vez, y es ésta: TRONOS A LAS PREMISAS, CADALSOS A LAS CONSECUENCIAS. Con ella queremos expresar que es absurdo, y nunca nos cansaremos de decirlo, quejarse de las malas consecuencias de las ideologías revolucionarias cuando se han bendecido premisas falsas como las que contiene la constitución del 78. Por ejemplo. ¡Qué pena nos dan esos católicos liberales que se quejan de datos estadísticos desastrosos (baja natalidad, divorcios, aborto, tristeza, suicidios, insolidaridad…) pero que aún así se declaran fervientes devotos de la Constitución y la democracia.
¡Qué curioso! La revolución empezó gritando libertad y ha terminado imponiendo una dictadura. ¿Acaso no salimos ayer a la calle, aquí, en Pamplona, cientos de familias, para exigir libertad? ¿para luchar contra un gobierno tirano que quiere decirnos a los padres cómo tenemos que educar a nuestros hijos mediante el programa skolae?
¡Salir a la calle para defender la libertad de educación! ¿No es increíble? Nunca se vio algo parecido en los mil años del reino de Navarra. Nuestros abuelos no eran tontos y entendían que las cosas de la política y de la vida social debían hacerse sin mentiras. Con sencillez. Si eres cristiano, lo eres al 100%, y lo eres las 24 horas del día, y no lo disimulas. Por eso construyeron un reino cristiano cuya divisa era una jaculatoria: BENEDICTUS DOMINUS DEUS MEUS.
Los carlistas, al principio nos enfadábamos mucho. Hay que reconocerlo. Nos parecía tan injusto que se impusiera una tiranía liberal a un pueblo cristiano que nos sublevábamos; declarábamos la guerra al gobierno; buscábamos al rey legítimo y nos echábamos al monte porque no podíamos tolerar ese conjunto de ideologías mentirosas que eran las que iban corroyendo y deshaciendo la vida política y social de la Hispanidad.
Hoy, cuando la Revolución nos ha derrotado físicamente y ha conseguido corromper a amplísimas capas de la sociedad no debemos enfadarnos porque sabemos que lo que se acerca es su fracaso. Aunque no hayamos vencido con nuestras manos la realidad de las cosas juega a nuestro favor. Preparémonos por tanto con paciencia, con calma, para la caída del árbol revolucionario. No sabemos cuánto aguantará en pie pero no va a durar mucho.
Ahora bien, ¿estoy diciendo acaso que permanezcamos inactivos viendo cómo se derrumba todo, cómo corrompen a los jóvenes, cómo se pone en peligro la misma paz social (como demuestran, por ejemplo, las recientes agresiones en Vitoria y en Sangüesa) sólo para que alguien nos diga que teníamos razón? No queremos que nos den la razón. Eso nos da igual.
Lo que queremos es que cuando caiga este sistema haya algo más que pobres individuos heridos, queremos que haya núcleos de resistencia fuertes, sólidos, como aquellos que pudieron, hace 1200 años, ser encabezados por Iñigo Arista y por los monjes de Leyre. Al servicio de este objetivo está empeñada la Comunión Tradicionalista Carlista. Y a trabajar por este objetivo estáis todos invitados.

5 dic 2018

La ideología de género y la estrategia de la Revolución: dos pasitos p’alante, un pasito p’atrás

Discurso de Javier Garisoain, presidente de la Comunión Tradicionalista, en el acto en contra de la “ideología de género” celebrado en Pamplona el sábado 1 de diciembre.


Decía mi padre que la Revolución siempre sigue este ritmo: dos pasitos p’alante, un pasito p’atrás. Los dos pasitos p’alante los dan los ideólogos revolucionarios cuando nos ofrecen dos burradas: una burrada muy grande y una burrada más pequeña. Entonces, cuando la gente protesta por tantas cosas malas juntas lo que hacen es retirar la burrada más grande y dejan la burrada pequeña. Siempre hacen lo mismo. Y así consiguen a veces que hasta les estemos agradecidos.
La burrada de Skolae es una burrada doble de las grandes. Se compone de una mezcla de igualitarismo feminista neomarxista y de aberrosexualismo ultraliberal. Pero ojo, esas no son las dos burradas a las que me quiero referir. La burrada pequeña consiste en tratar de educar a los niños con toda esa ideología. Esa es la pequeña, así que prepárense para lo peor. La burrada mayor es, además, pretender que esa basura sea obligatoria para los niños. O sea, para los hijos de los demás, claro, porque generalmente esos pobres ideólogos no tienen hijos.
Siendo conscientes de que esa es la estrategia del enemigo (sí, he dicho enemigo a propósito porque no se me olvida el mandato de amarles) tenemos mucho trabajo por delante. En primer lugar no tenemos más remedio que luchar para que retiren la burrada más exagerada;  para que cosas como el programa Skolae dejen de ser obligatorias. Para eso se convocan concentraciones, se recogen firmas, etc. (el día 15 habrá una manifestación en Pamplona y, por supuesto, ahí estaremos). Pero más adelante, cuando con gran esfuerzo, con lucha, con objeción, con insumisión, como sea, consigamos que algunos colegios, o incluso que algunas familias de los centros gubernamentales, se libren en gran medida de la basura van a exigirnos la burrada primera: que aceptemos que educar a un niño con esa ideología es una opción respetable.
Y ahí es en donde empieza lo realmente difícil. Cuando llegue ese momento tendremos que evitar la trampa. No podemos consentir que nos hagan pagar un precio por nuestro silencio. No nos pueden chantajear ofreciéndonos libertad a cambio de silencio porque eso sería tanto como prometernos libertad a cambio de mentira. Y todo el mundo sabe que la mentira esclaviza, mientras que la verdad nos hace libres. A cambio de dejarnos unas migajas de libertad nos van a exigir silencio. Volviendo a la basura de Skolae, seguramente no lograrán que llegue a ser obligatoria para todos. Pero llegados a este punto no van a querer renunciar a silenciar nuestra crítica. Querrán conseguir normalizar la aberración. Y nosotros deberíamos de estar calladitos porque -pensarán- “encima que os permitimos que no eduquéis con nuestra basura… ¿vais a decirnos que nuestra basura es una basura?”.
En resumen. Si se salen con la suya, al final de este proceso, habrán dado dos pasos adelante y uno atrás. O sea: que habrán dado un paso adelante. Hacia el abismo y la autodestrucción, por supuesto. Eso para ellos es ir adelante.
Tengámoslo muy claro: esta lucha no va a terminar nunca. No olvidemos que la consejera Solana, en un momento de exaltación, ha exigido “tolerancia cero con los retrógrados”. Y esta es señora consejera de educación así que imagínense lo que podrán decir los miembros de la chusma que le ríe las gracias a la señora consejera. Ya están pensando en extender también aquí su obsesivo “delito de odio”, o sea, el delito de pensar lo contrario de lo que piensa el gobierno. Y nos querrán multar o encarcelar por ello. Está claro: nos quieren calladitos. Pues bien. No nos vamos a callar.
Y vamos a decir, sin miedo, que la ideología de género es pura basura intelectual. Nunca se habían esforzado tan poco los intelectuales ideológicos para sostener su tramoya revolucionaria. Las viejas herejías necesitaban siglos para madurar. Los viejos ilustrados pasaron décadas escribiendo su Enciclopedia. Los liberales románticos o puritanos de todo pelaje, los padres de los nacionalismos, los primeros y los segundos socialistas… todos ellos se esforzaron durante años obsesionados por el afán de dotar a sus pataletas reduccionistas de una apariencia de rigor filosófico. Es posible que este fenómeno venga de esa especie de aceleración constante que caracteriza al proceso revolucionario, pero lo cierto es que las últimas ideologías como la de género, o el animalismo, son pura fachada, no se aguantarían ni un día si no contaran con eso que se ha dado en llamar hegemonía cultural y que no es, en definitiva, más que dinero, dinero y dinero. Se sienten tan seguros de sí mismos contando con el apoyo del telediario y de George Soros que no se molestan, como tuvo que hacer Carlos Marx, en escribir legajos infumables para alimentar el prurito intelectual de sus líderes. La ideología de género es el penúltimo peldaño de una degradación constante del pensamiento occidental. Degradación lógica por otra parte pues es un conjunto de locuras que no surgen de la nada sino que se sustentan en las falsas premisas del individualismo liberal, del ateísmo soviético, o de la psicología freudiana.
No sabemos cuánto tiempo logrará la ideología de género ostentar el cada vez más efímero título de ideología de moda. Es posible que pase pronto y que acabe siendo engullida por un animalismo radical, por un antihumanismo nunca visto o, más probable, por una vuelta redecorada a los típicos totalitarismos de toda la vida.
Sea como sea el futuro, hoy nuestro deber es combatirla con todas las armas disponibles. No resulta demasiado complicado cuando se tiene enfrente a alguna persona en disposición de debatir con la pura palabra. El problema es que los ideólogos nunca vienen solos. Siempre se suelen acompañar de los guardaespaldas de la revolución que son los viejos sans-culottes, la masa engañada de los quemaconventos, los códigos penales puestos a su servicio, los potentes medios de comunicación convertidos en medios de manipulación. Contra todos ellos habremos de luchar así que, aunque lo quisiéramos, la nuestra nunca podrá ser puramente una batalla intelectual; no es posible entablar un debate limpio cuando no existe al otro lado alguien dispuesto a reconocer que existe una Verdad.
¿Así pues, qué podemos decir, en fin, de esta lucha? Pues que no tengáis miedo, que si no somos valientes para defender la verdad, la misma biología, o el tesoro de la inocencia de los niños… ¿en qué seremos valientes? No tengáis miedo, decid lo que pensáis, y respondeos siempre con la cabeza fría: ¿qué es lo peor que me puede pasar? El enemigo nos asusta constantemente con consecuencias misteriosas y tremendas si seguimos con nuestra oposición radical a sus genialidades. Hablan de delito de odio, nos llaman ultras y reaccionarios, radicales y carcas. Pero no pasa nada, en la inmensa mayoría de los casos no pasa nada y no pasará nada si nos ven defender nuestras convicciones con valor. Y si tiene que pasar algo que pase: que nos echen del colegio, que nos echen del trabajo, que nos pongan una multa, que nos lleven a la cárcel, que vengan las femen, que venga Arnaldo Otegi con un megáfono… ¿Qué nos puede importar todo eso frente a la satisfacción del deber cumplido? Adelante, arriba los corazones. Sursum Corda!!

30 nov 2018

Una máquina de hacer franquistas

Lo puedo volver a repetir, no pasa nada, al fin y al cabo estamos hablando de memoria y ya se sabe que la memoria así es como se ejercita, repitiendo las cosas: Los carlistas fuimos antifranquistas cuando había que serlo. O sea, cuando el general estaba vivito y gobernando. Fue entonces cuando veíamos algunas cosas manifiestamente mejorables en las políticas de la dictadura. La principal era eso mismo, que al ser una dictadura, un gobierno que dictaba y mandaba desde arriba hacia abajo no dejaba demasiado margen para la vida de la sociedad. Eso lo teníamos bastante claro los carlistas allá por los años cuarenta y siguientes, y así se lo manifestamos a quien quiso oirnos. Que en política, el ordeno y mando es pan para hoy y hambre para mañana. Que no es bueno acostumbrar a la gente a recibirlo todo de Papá-Estado.
Ahora, vistas las cosas en perspectiva, cualquiera puede ver con claridad que aquella falta de libertades propia del franquismo era un juego de niños comparado con esta dictadura partitocrática del siglo XXI. No tenemos empacho en reconocerlo porque es verdad. Es cierto que sin aquellos juegos, sin aquel engordamiento del estatalismo propio del régimen anterior, hubiera sido seguramente más difícil a los pequeños dictadores que gobiernan en en los comités llevarnos al grado de sometimiento actual. Lo que ya es innegable a estas alturas es que con Franco había más libertad, había menos cosas prohibidas, había menos presos, había menos leyes, había menos impuestos, había menos inspectores, había menos obligaciones. Por eso, parafraseando al que dijo aquello de “la máquina de hacer independentistas” diremos que la democracia vigente en su pecado lleva su penitencia: es una máquina de hacer franquistas.

29 nov 2018

La gasolina que alimenta a la Revolución

Es bien conocido que ETA empezó a renquear cuando una tras otra veía cortadas sus fuentes de financiación. Cuando comenzó a escasear la ayuda internacional. Cuando el estado, finalmente, se decidió a acabar con sus tramas de blanqueo. Así es como funciona la Revolución. O con sueldos o con la promesa de un saqueo. Así es como en España triunfó la revolución liberal: con peseteros en el ejército y con caciques encumbrados gracias a las desamortizaciones. Así se levantaron y así es como funcionan los partidos políticos; así es como se mueven las manifestaciones sindicales; así es como sobreviven los movimientos perroflautistas de toda clase. Así es como pagaron los bolivarianos su desastrosa dictadura; así es como se creó el Estado Islámico; así es como se extiende la industria del aborto asesino; así es como propaga el millonario George Soros la ideología de género. Nunca es la fuerza de la razón, ni la bondad de sus propuestas lo que les otorga las victorias. Es el poderoso caballero. Es el dinero. Los verdaderos idealistas son muy escasos en el campo revolucionario. Unos mueren manipulando sus propios explosivos, otros viven ocultos en su logia. Los demás agentes de la revolución antitea se mueven a base de dólares porque la lógica del materialismo y de todas las ideologías egoístas no da para más. Deberíamos estudiar más y mejor cuáles son y de dónde vienen esos dineros. Deberíamos denunciar a todas horas el robo que supone una fiscalidad tiránica, puesta al servicio de la destrucción del orden natural y cristiano. Deberíamos pensar de vez en cuando en la objeción fiscal. La historia de Robin Hood está basada en hechos reales, no lo olviden.

28 nov 2018

El último carlista del pueblo

La política en general, y no digamos cuando se convierte en política partidista, es un campo abonado para filias y fobias, para seguidismos ciegos y prejuicios sin cuento. En ese mar de la política, surcando guerras y alzamientos, campañas y propaganda, censuras y discursos de oratorias diversas lleva el Carlismo 185 años navegando.
Sería interesante llegar a saber, de verdad, qué es lo que piensan los españoles del Carlismo. Son muchos los que nunca oyeron hablar de nosotros, otros millones pensarán que somos la nostalgia encarnada de unos conflictos olvidados. A falta de estudios sociológicos tiro de experiencia y debo decir que cada día que hablo con unos y con otros me encuentro con personas que ni son carlistas ni creo que lleguen a serlo, pero que se alegran sinceramente de que aún haya carlistas. No está lejos de esa imagen positiva la pintura épica de los requetés, hombres del pueblo que en tantos lugares aparecieron como un milagro y luego desaparecieron humildemente volviendo a la oscuridad de una vida oculta. Los españoles que se alegran de que aún existan carlistas son gentes de a pie que entienden al Carlismo como un punto de referencia inimitable. Les podrá parecer que la actitud carlista es exagerada o monumental al estilo de las viejas catedrales que decía Valle-Inclán. Pero están convencidos de que un mundo sin exagerados o idealistas sería un mundo gris y anodino. No tengo macroencuestas en la mano, lo siento, pero tengo la experiencia cierta de la buena acogida que, por lo general, suele recibir en la calle un alegre grupo de carlistas con su boina roja.
¿Saben en cambio dónde he encontrado a menudo mayor prevención hacia los carlistas? Pues entre los propios carlistas, precisamente. La cosa es normal, porque nosotros lo vemos desde dentro y sabemos perfectamente que el Carlismo, aunque honrado y largo en experiencia, es pobre y limitado. Es por eso que a veces, a fuerza de sinceridad, llaneza y antimaquiavelismo, somos nosotros mismos, los carlistas, nuestro peor enemigo. Y a veces nos olvidamos de que ahí fuera, en los campos y ciudades de España, hay un pueblo que no sólo no tiene un rey como Dios manda, sino que ni siquiera tiene a mano a aquellos carlistas que antaño eran el faro de la España tradicional. Vayan y pregunten por esos pueblos. El último carlista de cada uno de ellos solía ser casi siempre una institución. Y se le echa mucho de menos.

20 nov 2018

Hay que romper la burbuja de las redes sociales

Las llamadas “redes sociales” -ese invento electrónico que nos aproxima al ajeno y nos aleja del prójimo– son un arma de doble filo por muchas razones. Como cualquier herramienta es susceptible de un uso torcido. Y todo parece indicar que bajo la apariencia de un mundo de libertad sin freno estamos más vigilados y más sometidos que nunca a las directrices de los poderosos.
Por ejemplo, está muy extendida entre los grupos disidentes de toda clase la sensación optimista de que ahora, gracias a internet, podemos llegar a lugares y personas a las que antes era imposible acceder. La cuestión es ¿a quiénes llegamos? Y, más aún, ¿qué pasa después de que llegamos?
Las llamadas redes sociales se fundamentan básicamente en un principio: conecta con tus amigos, ignora a todos los demás. Y ese principio, que en primera instancia nos resulta confortable y adictivo, nos envuelve en una vida fácil llena de amigosseguidores y “me gusta”. Pero ¿qué hay en todo esto del esfuerzo que siempre ha requerido la construcción de la vida social? ¿Qué hay del debate con quien tiene una opinión diferente? ¿Qué pasa con la búsqueda difícil pero gratificante de los puntos comunes con el prójimo incómodo? ¿Qué sucede con los grupos de vecinos en los que está expresamente prohibido hablar de las cosas más importantes del mundo como son la política y la religión? ¿Qué hay -y con esto es como si hablara en chino, lo sé- del amor al enemigo?
Las redes sociales constituyen burbujas acomodaticias en los que cualquier desavenencia se soluciona saliendo del grupo o bloqueando al que parece que insulta. Si las redes sociales fueran la única realidad, si no existiera un mundo real no habría ningún problema. Pero a veces se nos olvida que ahí afuera, donde no rigen las reglas de internet, en nuestras calles y plazas, en la comunidad de vecinos, en nuestro ayuntamiento, en la fábrica o el comercio, no hay “likes” que valgan ni tienes el recurso de bloquear a nadie por las buenas.
Las redes sociales, internet, son estupendas cuando se utilizan como despensa para aprovisionarse de amigos, conocimientos y experiencias. Pero están siendo perniciosas cuando no somos capaces de romper las burbujas endogámicas que tienden a crear.
Es necesario romper la burbuja, salir a la calle, mirar a los ojos al adversario, esforzarse en encontrar las razones que todo ser humano tiene para actuar de una u otra forma. Si no lo hacemos cada uno de nosotros, si nos conformamos con vivir alienados en nuestras respectivas comunidades virtuales, estaremos dejando todo lo demás que es nada más y nada menos que el mundo real, a merced de un poder cada vez más tiránico. Un poder a quien no temblará el pulso para, llegado el momento, aniquilar aquellas burbujas que no sean de su agrado.
Los católicos deberíamos estar vacunados contra esta tentación. Porque si bien es cierto que nuestra cultura social se basa en la idea de comunidad, nuestro mandamiento más original es el amor al prójimo. Y el verdadero prójimo, ese que nos encontramos en el ascensor, por lo general, no suele estar en nuestros grupitos de guasap.

16 nov 2018

L G T B P

En la nueva farfullería pedagógica feminista que bajo el elegante nombre de “Skolae” están introduciendo en las escuelas de Navarra se habla de “justificar, comprender y liberar de culpa” los “juegos eróticos infantiles”. Según ellos todo vale en el mundo de sus “orientaciones” enfermizas… todo menos la pederastia. ¿Por qué?
Una vez establecidas las premisas ¿qué razón de peso ofrecen para oponerse a la pederastia?
Por mi parte, porque los veo venir, hace tiempo que añado una P a la sopa de letras de las llamadas orientaciones sexuales. Ya se que últimamente los P no son muy bien vistos ni por los L, ni por los G, ni por los T, ni por los B. Pero yo me sigo preguntando ¿por qué?. Algunos se han vuelto tan locos que añaden un “plus” al jeroglífico, como para indicar que dentro del aberrosexualismo cabe cualquier cosa. Y así es realmente: todo cabe, o todo irá cabiendo, incluso hasta el tabú de la pedofilia. Tiempo al tiempo.
A veces tengo la penosa impresión de que la pederastia es mantenida fuera de la sopa de letras del aberrosexualismo sólo porque en estos momentos les resulta más útil dejarla fuera, sirviendo como ariete ignominioso con el que golpear a la Iglesia. Sin embargo la realidad, la cruda realidad, es que los casos de pederastia entre los curas, aunque haberlos haylos, no son grandes ni generalizados sino pequeños y escasos en comparación con los casos encontrados en otros grupos humanos. Otra cosa es la mafia homosexualista que tiende a crecer, lógicamente, cuando se olvida que la homosexualidad es un desorden. Pero ese es otro tema y con ello no se meten los elegetebeistas.
La prueba, en fin, de que las aficiones de los progres se deslizan cada vez de forma más descarada hacia la corrupción de menores es ese empeño que demuestran los ideólogos del género en llevar sus obsesiones a los centros escolares. No olviden que en la ideología de género “todo cabe, y todo es respetable”. Todo al parecer menos aquello que la gente normal entiende como relaciones normales. Eso son rarezas del heteropatriarcado machista y del romanticismo. Claro.

15 nov 2018

La dictadura perfecta

Año 2018: vivimos en un régimen de dictadura perfecta. ¿Quién dijo que elecciones es lo contrario de dictadura? ¿Acaso nunca llegan los dictadores al poder mediante procesos electorales? ¿Y no convocan referendums o elecciones de diversas clases cuando les parece oportuno? La soberanía absoluta que la revolución liberal trasladó hace 200 años de los reyes corruptos a los parlamentos reside hoy en los comités del PPSOECIUDEMOS, y castiga cualquier disidencia sin piedad. Por eso nuestro principal reto consiste en romper todos esos esquemas casposos de izquierda, derecha, partitocracia, soberanía nacional, estadolatría, laicismo… Tenemos que enseñar que podría haber vida política verdadera más allá toda esa basura revolucionaria.
¿Somos extremistas por pensar así? Todos sabemos que, como dice cierta ministra siempre habrá alguien de extrema, extrema, extrema… normalidad. Y esos somos los que nos negamos a pasar por el aro anticatólico y antiespañol que nos proponen.
¿Pero no sería mejor, más práctico -nos dice el abogado del diablo- trabajar desde dentro del sistema para cambiarlo desde dentro? Esa sería precisamente nuestra mayor ilusión: vivir, trabajar, participar en un sistema de libertad, de leyes justas y de autoridad legítima. Pero es muy ingenuo pensar que sea posible hacer algo parecido en las actuales circunstancias. El peaje que habría que pagar para que los políticamente correctos nos permitieran meter un pie dentro del sistema sería elevadísimo: reconocimiento de la Constitución liberal y laicista, atea en la práctica; definición de España como una marca; aceptación de la falsa monarquía; sometimiento a las reglas mentirosas del juego electoral; aprobación de la soberanía nacional y del estatalismo; sumisión a la cultura extranjerizante; olvido de la hermandad hispana… No, no merece la pena. Deseamos lo mejor a quienes, con su mejor voluntad, creen que aún es posible explorar esa vía. Pero nosotros, los carlistas, no haremos ese viaje. Pagar ese precio sería tanto como dar por muerta a la España tradicional. Renunciar a una reconstrucción plena del orden cristiano.Y si perdiéramos esa esperanza ¿qué nos quedaría?