22 feb 2016

¡Piensa! (Que Alguien Haga Algo Nº3)



Hasta el enfermo más inmovilizado puede pensar. Claro que para ello es preciso un poco de silencio, de sosiego, de tranquilidad... Si viéramos menos la tele y pensáramos un poco más haríamos más cosas y mejor hechas. El atolondramiento del consumismo, los atascos y las colas y la masificación en los lugares de moda, el endiosamiento de los super-ventas y de los super-votos, la “estadistificación” de todo lo que pasa, son cosas que tendrían mucha menos importancia si dedicáramos unos minutos a pensar. Y no se trata de pensar por no hacer, sino de pensar qué es lo que puede hacerse. Al final resulta que detrás de la ceguera estúpida del “¡señor-si-señor!” que vemos en las pelis de “marines” siempre hay alguien que está pensando. No es preciso repensarlo todo. Lo importante es adquirir un criterio, un punto de apoyo que te permita saber qué es lo que opinas tú mismo de cada cosa y qué quieres o no quieres hacer con tu vida. La prueba de que actualmente no se piensa es que cada vez resulta más fácil cambiar de forma de pensar. Rectificar es cosa de sabios, naturalmente, pero cambiar de criterio según quien sea el que manda es cosa de necios. Del cambio oportunista de chaqueta que practicaban los trepadores de antaño hemos llegado al cambio de cerebro como si no fueran las neuronas propias una cosa seria y delicada. ¿Que no tienes tiempo ni para estresarte?... pues piensa. ¿Que no sabes qué hacer?: ¡pues apaga la tele y piensa!

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21 feb 2016

¡Da! (Que Alguien Haga Algo Nº2)



Ya casi nadie guarda sus euros en el calcetín. Cada vez tiene menos sentido la expresión “rascarse el bolsillo”. Ese dinero maldito que tanto idolatramos se ha convertido poco a poco en un ser casi espiritual. Los avaros ya no apilan piezas de oro sobre mesitas mugrientas. Todo son sumas y restas. Simples sumas y simples restas ejecutadas en soportes magnéticos que se archivan en ignotos ordenadores gigantescos y que pueden ser consultadas y modificadas en cada sucursal bancaria. Nunca había sido tan fácil como ahora dar dinero. Creo que hace muy bien nuestra Iglesia en seguir pasando el cestillo en el ofertorio. Tal vez si un día se desenchufan todos los ordenadores del mundo sean los párrocos los únicos que sigan recaudando. Sin embargo todo lo que queda por hacer necesita algo más que las monedillas que deja nuestra conciencia en el templo cada semana. Olvidémonos del 0,7%. Eso quizás esté bien para la Coca-Cola y para el Gobierno. Nosotros tendríamos que volver a pensar en el diezmo y aprender a tratar al dinero no como a un señor sino como a lo que es: un medio. Nadie creerá en los cristianos si ven que no damos. Y si no se puede dar tiempo porque la vida moderna está muy achuchada al menos sí se puede dar dinero. El dinero hay que usarlo, gastarlo, invertirlo, ponerlo a producir al servicio de Causas como las que defiende esta revista. Que nadie se engañe: la famosa y respetable virtud del ahorro no es la más cristiana. El único ahorro que bendice el Evangelio es el que aquellos que atesoran sus méritos en el Cielo. 


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