Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta revolucion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revolucion. Mostrar todas las entradas

15 sept 2021

La historia no os perdona, progres



Yo no olvido que los progres que ahora inventáis una neolengua inclusiva sois los mismos progres que hace doscientos años empezasteis con el rollo liberal y machista de los derechos del hombre y del ciudadano, siempre y únicamente en masculino.

No olvido que los mismos progres que ahora os arrodilláis ridículamente con el gesto del BLM sois los nietos de los esclavistas, los segregacionistas y los luteranos del apartheid que en su momento eran lo más moderno del mundo.

No olvido que los mismos que ahora imponéis letreros en viejas lenguas pastoriles -y lo digo sin afán de ofender a nadie- sois los que no hace tanto tiempo decretábais la obligatoriedad de una sola lengua oficial normalizada en vuestras repúblicas bananeras revolucionarias.

No olvido que vosotros, los progres que os dedicáis compulsivamente a pesar el CO2 del aire y a medir la carbonilla sois los mismos que inventasteis las cadenas de montaje, el ferrocarril y los petroleros.

No olvido que vosotros, que ahora presumís de arrojar solamente bombas ecológicas y selectivas fuisteis los inventores del militarismo y la guerra total.

No olvido que vosotros, los llorones del despoblamiento rural -y del despoblamiento en general- sois los mismos que procurásteis tener a todos los "paletos" amontonados en los suburbios y los mismos que lleváis décadas dictando leyes pro-muerte.

No olvido en fin que estáis, progres, buscando una moral universal, un credo internacional, un gran imperio benéfico y que sois los mismos que habéis arrasado la Tierra con guerras nacionalistas y con una persecución constante a todo lo que ya era católico (universal).

La historia no os perdona, progres, porque deja en evidencia vuestra inconsistencia, vuestras palabras vacías y el papel mojado de vuestras bellas declaraciones. No lograréis engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Mientras haya un estudiante de historia habrá esperanza.

9 ago 2021

¿Somos anarcos los carlistas?



No me acostumbro a que los llamamientos más insistentes al orden, la prudencia y el cumplimiento sumiso de las normas estén viniendo de los que hasta hace cuatro días eran hippies, contestatarios, gentes subversivas, marginales, filoetarras o insumisos. Me he criado en la Pamplona de la kale borroka y se de lo que hablo. Hay cuadrillas que antes preparaban cócteles molotov y ahora se han especializado en hacer leyes y decretos.

Y no me refiero solo al COVID con todo su vaivén de preceptos farisaicos. Una vez conquistado el poder, alcanzada una hegemonía cultural, el "prohibido prohibir" de los perroflautas del 68 ha sido cambiado por el "prohibido disentir".

Esto demuestra dos cosas: que todo ese culto a la rebeldía de las tribus urbanas que se ensalzaba como el colmo de la libertad mientras unos y otros se dedicaban a socavar los últimos principios de la cristiandad era una impostura. Y, en segundo lugar, que al final toda sociedad necesita, como siempre ha afirmado el pensamiento tradicional, un "unum", una misma fe común. Un ideal al que servir como pueblo, aunque sea mentira.

Ahora que ya, definitivamente, somos nosotros los rebeldes no mintamos como ellos. No olvidemos nunca que la contrarrevolución no es una revolución de signo contrario sino que consiste en hacer lo contrario de la revolución. Dejemos claro que nuestra insumisión es sólo una herramienta para destruir su tiranía. Porque nuestra vocación es la de levantar de nuevo una civilización cristiana. Que somos gente pacífica y que nos gusta construir.

Soy carlista. Pertenezco a una vanguardia que lleva 200 años levantada en armas y en almas contra el orden mediocre que instauró con mentiras la revolución liberal. Nosotros podríamos por tanto, no sin motivo, erigirnos en el prototipo del rebelde, del justiciero solitario, del anarco. Sin embargo, salvo por alguna inevitable adherencia romántica, los carlistas no hacemos de la protesta el núcleo de nuestra acción. No queremos engañar exigiendo una libertad disoluta y genérica en la que no creemos. No somos anarquistas. No podemos sentirnos halagados por las caricaturas que nos pintan como el loco trabucaire que siempre está enfadado, siempre contra todo y contra todos. No es verdad. Nosotros no somos los que viven exagerando e idolatrando la libertad, nosotros queremos un buen gobierno.

Sépanlo aquellos que sonríen ante la imagen entrañable del carlista cascarrabias. Nosotros no nos contentaremos con ser una minoría más o menos tolerada. Nunca nos rendiremos. Nosotros queremos una reconquista plena y todo lo que no sea eso serán escalas necesarias, pausas inevitables. Y aquél orden con el que soñamos no estará al servicio de ninguna ideología... o volveremos a sublevarnos. Estará presidido por la justicia, para que haya libertad y nadie tendrá que presumir de anarco para defender su dignidad frente al poder porque el poder estará en su sitio, limitado por encima por la autoridad y por debajo, por el servicio.

Por algo Valle-Inclán comparaba al Carlismo con una catedral. Porque la inmediatez de nuestra sublevación a la contra no nos impide soñar con lo que ha de venir después. Porque nuestro horizonte no es tanto la destrucción imprescindible de las estructuras de pecado sino la reconstrucción de un orden cristiano. 

21 feb 2021

Una violencia útil al sistema




La rabia destructora de la Revolución que golpea de forma recurrente y en apariencia sin sentido sirve para que políticos como Pedro Sánchez parezcan hermanitas de la caridad. Es una pinza que siempre ha funcionado así. Sans-culottes y girondinos, bolcheviques y mencheviques, etarras y peneuvistas, poli malo y poli bueno, el árbol y las nueces...

Igual que Mahoma -otro revolucionario- no creen en los misioneros, ni en la persuasión o el simple convencimiento sino en la yihad, la guerra santa, la destrucción y el sometimiento a sangre y fuego. Por eso, ya desde los tiempos de la Reconquista española, todas las guerras que la contrarrevolución ha llevado a cabo han sido luchas defensivas, por la supervivencia del orden cristiano: vendeanos, jacobitas, carlistas, miguelistas, rusos blancos, cristeros...

Nosotros nunca empezamos las peleas, somos gente pacífica, no nos gustan las algaradas, admiramos el espíritu caballeresco que honra al noble adversario, pero cuando llega el momento, cuando se colma el vaso hacemos lo que hay que hacer.

Nosotros somos contra revolucionarios, no queremos hacer una revolución en contra, sino hacer lo contrario de la revolución. No nos gusta destruir sino construir. Somos los auténticos tolerantes porque no somos relativistas y sabemos donde están los limites de lo tolerable. Nos repugnan el terrorismo, la guerrilla urbana, la destrucción de monumentos y el matonismo, pero mas asco nos dan los "moderados" que recogen las nueces y son maestros en tiranizar a los pueblos con las leyes, las multas confiscatorias y el código penal.

Cuando llegue la hora -si es que no vamos directamente a las catacumbas- nos enfrentaremos otra vez a la tiranía de los moderados, no tanto a la chusma de descerebrados sino a las "fuerzasycuerposdeseguridaddelestado" que mandará un ministro con corbata, a espadones bien pagados como el general Concha. Entonces su propaganda remilgosa e hipócrita dirá de nosotros lo que ahora no dicen de los rompeescaparates y nos llamarán bandidos, rebeldes, facciosos, golpistas, reaccionarios o inadaptados.

Si se nos da medio bien se nos sumarán otros moderados, los conservaduros, que traerán consigo egoísmos, ideologías y venganzas que contaminarán nuestro mensaje. Pero esa es otra historia.

¿Y ahora? ¿Estamos a tiempo de detener esta locura? No tendría por qué ser tan difícil cuando lo único que pedimos es respeto y libertad. Pero sí, lo es. No van a parar porque saben que esta táctica les sirve. Así que vayan haciéndose a la idea.