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18 sept 2021

Preceptos humanos



Respeto que puedas pensar que las vacunas están bien porque tanto ellas como los mensajes oficiales que las respaldan te ofrecen seguridad. Pero ¿de verdad que no te chirría este titular? (El Mundo. 16 de septiembre. "A partir del próximo 15 de octubre será necesario el pasaporte Covid para poder trabajar en Italia").

EL MUNDO
@elmundoes
· 16 sept.
A partir del próximo 15 de octubre será necesario el pasaporte Covid para poder trabajar en Italia http://socy.es/o4zwa1

Hoy un amigo afirma que se ha vacunado cediendo a las presiones familiares, no por la salud sino por la paz familiar. Otro me ha reconocido que lo ha hecho no por miedo al virus sino por miedo al gobierno. ¿No será eso lo que quieren los gobiernos? ¿Un gesto de sumisión? ¿Un trámite burocrático más que les proporcione un nueva vuelta de tuerca en el modelo totalitario chino por el que han apostado?

De todas formas, que exijan el trámite de la vacuna obligatoria poderes mundanos más o menos corruptos; políticos, científicos o periodistas regados con el dinero de empresas farmacéuticas de ética dudosa, entra dentro de lo esperable. Pero que lo exijan autoridades religiosas supone entrar en el terreno pantanoso del fariseismo. Y eso me preocupa bastante más. 

Por ejemplo ¿Se puede expulsar a un joven de un seminario diocesano porque no crea necesario vacunarse? ¿Habrá que recordar que lo que hace al hombre puro o impuro no es lo que se inyecta por una aguja sino lo que sale del corazón?

Ojo con este fariseismo que amenaza a la Iglesia, a su libertad y a su misma misión: preceptos humanos como reciclar la basura, o inyectarse una vacuna están siendo elevados a la categoría de mandatos divinos. Y al mismo tiempo, claro, para llenar el vacío y ordenar el desorden, preceptos divinos como no odiar están siendo legislados chapuceramente como delitos civiles. No olviden que el verdadero revolucionario no aspira a quemar los templos sino a tener los suyos propios. 


7 ago 2021

Apartheid sanitario



El término apartheid (separación en afrikaans) ocupa en la cosmovisión progre uno de los círculos de su particular diccionario infernal junto con las palabras dictadura, segregación, fascismo y otras parecidas. Aquella legislación racista de raíces protestantes estuvo vigente en Sudáfrica hasta 1992 y todo parecía indicar que nada, nunca, podría volver a justificar su rehabilitación. Sin embargo, ha tenido que llegar la menos letal de las grandes pandemias de la historia para que los políticos del sistema globalista hayan empezado a pensar en dividir de nuevo a la gente en ciudadanos de primera y de segunda. Los primeros son aquellos que cumplen todas las normas y se inoculan sin rechistar aquello que prescribe el gobierno. Los segundos, los parias, los nuevos apestados, leprosos asintomáticos, son aquellos que -por la razón que sea- no disponen del pasaporte covid. Son los nuevos simpapeles y no podrán ir al circo. 

¿Se acuerdan de cuando se crucificaba a un empresario si se le ocurría despedir a un empleado con SIDA? ¿De cómo se podía llegar a estigmatizar a un propietario por negar el alquiler a una persona seropositiva? Pues bien, ya se dan casos (acaban de hacerlo con empleados de la televisiva CNN) de despidos a personas por carecer de la documentación sanitaria que identifica a los "buenos ciudadanos". Y no solo se trata de empresas particulares. El nuevo apartheid está obteniendo el visto bueno de los tribunales y ahora son los propios gobiernos los que empiezan a cerrar el acceso a los espacios públicos a aquellos parias que no lleven la marca adecuada en la frente.

Malos tiempos para la libertad, para la igualdad y para la fraternidad. Muy malos cuando las ideologías que eclosionaron en 1789 se sienten tan fuertes que ya no necesitan disimular sus malas intenciones con bellas y vacías palabras.

5 ago 2021

El silencio atronador de los médicos


El pasado 29 de julio se publicó en Navarra el Decreto Foral 71/2021 "por el que se crea la Comisión de Garantía y Evaluación de la prestación de ayuda para morir de la Comunidad Foral de Navarra y el Registro de profesionales sanitarios objetores de conciencia para realizar la prestación de ayuda a morir". Tanto eufemismo ñoño provoca arcadas. "Prestación de ayuda para morir" lo llaman. 

Supongo que en el resto de comunidades autónomas harán el mismo copia y pega demostrando una vez más que todo este rollo de las autonomías no es para defender peculiaridades regionales sino para ejecutar con mayor eficacia las normas totalitarias que vienen dictadas desde arriba. No, de Madrid, no, de más arriba.

Lo que no entiendo es por qué no se rebelan los colegios de médicos. Primero les imponen una ley que contempla el matar a los pacientes como una prestación sanitaria más. ¿Y encima a los que no estén conformes se les obliga a inscribirse en una lista? No señor. La lista, en todo caso, tendría que ser la de aquellos matarifes o verdugos que estén dispuestos a cobrar un sueldo por ejecutar mediante inyección letal a sus pacientes. Si yo fuera médico no me apuntaría en una lista de objetores porque el no matar a los pacientes es lo que va incluido en la profesión. Es la podredumbre moral de los que acceden a acabar adrede con la vida de sus pacientes lo que, en todo caso, merecería ser consignado en la lista de la ignominia. 

El silencio de los médicos en defensa de sus propios códigos éticos es atronador. Me temo que tendríamos que haber guardado los aplausos aquellos para los médicos que aún se atreven a denunciar el aborto, la eutanasia o la vacunación infantil. 

En fin, como paciente exijo que la lista de eutanasiadores sea pública. No me interesa la lista de los buenos médicos que quieran seguir siendo fieles al juramento de Hipocrates. Quiero saber quiénes son los malos, dónde viven y a qué se dedican. Quiero saberlo para curarme en salud, y para cambiarme de acera cuando me los encuentre por la calle. Por si acaso.