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20 sept 2021

Presente y futuro del Carlismo (Lo que más o menos dije en el Club Empel de Barcelona)



Este domingo he tenido el honor de acudir como conferenciante invitado al Club Empel de Barcelona, un reducto de la Hispanidad que es a la vez refugio amistoso, catacumba, foro de debate, fuente de formación y punto de encuentro. El título asignado (Presente y futuro del Carlismo) me permitía hablar sobre casi todo y además dió lugar al final a un interesante diálogo con preguntas del público. En realidad lo único que quedaba descartado en el enunciado era el pasado del Carlismo, o sea, esa historia admirable de 180 años de lucha en defensa de la España tradicional, ese cúmulo de ejemplos admirables que, desde luego, hubiera exigido una mayor preparación por mi parte. Además, aunque soy licenciado en historia, siempre me ha interesado más el futuro que el pasado. Digamos que siempre me ha interesado conocer el pasado para entrever mejor el futuro. 


EL PRESENTE

Lo primero que hay que decir sobre el presente es que el Carlismo existe, que está vivo. La prueba es que hoy, 19 de septiembre de 2021 aquí estamos, un grupo numeroso de personas hablando sobre el Carlismo. Ayer un grupo de carlistas, en su mayoría jóvenes subieron al mítico Montejurra. Hoy mismo otro grupo estará reunido al pie de Isusquiza, en Alava. En fin, sería largo enumerar todas las ocasiones en las que hoy en día, se reúnen habitualmente los carlistas que quedan repartidos por el mundo. 

Es evidente que somos pocos, que tenemos pocos medios y que nos faltan millonarios financieros. También es verdad -aunque eso pasa en las mejores familias- que no siempre vamos a una. Pero tenemos nuestras organizaciones, empezando por la Comunión Tradicionalista Carlista, que a pesar de su humildad es una organización muy seria. Tenemos además en nuestro entorno decenas de pequeños núcleos de resistencia, pequeños círculos o asociaciones generalmente de ámbito local, que hacen un trabajo cotidiano muy respetable. Contamos, y esto es quizás lo más importante, con familias enteras leales a la Tradición. Familias en las que aún hoy en día, el amor a nuestros principios se transmite de padres a hijos como se ha hecho siempre, sin grandes discursos, con el ejemplo, en el día a día. Y seremos pocos, pero más de lo que parece a simple vista. 

Lo mejor de todo, nuestra mejor arma para el futuro es que podemos decir con el corazón en la mano una cosa sorprendente: que tenemos razón. Esto de tener razón es a veces una carga pesada y conlleva dos graves tentaciones que hemos de conocer y rechazar. 

La primera es la de pensar que ya está todo profetizado, que ya está todo dicho y todo hecho, que ya no queda nada mas que encerrarse en la catacumba para esperar la Parusía. A lo largo de nuestra historia los carlistas hemos ido anunciando una serie de males que se han ido cumpliendo uno tras otro: la destrucción del orden tradicional, municipal, laboral, familiar, educativo, de los principios de autoridad, solidaridad, etc. El separatismo, el engordamiento del estado, la inmoralidad hecha ley, etc.

La otra tentación es la del purismo. La de engreírse por pensar que todo lo sabemos, que nadie tiene nada que enseñarnos. La de  renunciar a cualquier clase de proselitismo porque eso, al fin y al cabo, implica tener un contacto con personas "impuras" que podrían contaminarnos o ensuciar nuestro sagrado depósito. 

En fin, si somos capaces de superar estas dos tentaciones y nos esmeramos en cuidar lo que tenemos -que no es poco- estoy convencido de que el Carlismo tiene por delante un futuro bien amplio; que habrá carlistas en el futuro y que además tendrán mucho qué hacer y qué decir. 

EL FUTURO

El futuro será lo que Dios quiera. Nosotros podemos prepararnos, podemos imaginar y podemos prever consecuencias aplicando la lógica. Pero agobios los justos. No es verdad que el futuro esté en nuestra mano. Nosotros podremos hacer mucho o poco pero quien dirige la historia es la Divina Providencia. Así que tranquilidad. No es difícil intuir que vamos a vivir una fase de agonía social que irá seguida por otras de persecución, de catacumbas, de resistencia y de reconquista. Lo que no sabemos son los ritmos con los que se irán sucediendo estas distintas fases. Además, a pesar de la globalización actual es probable que las cosas no sucedan de forma uniforme en todas las regiones y países. En todas y cada una de esas fases, en la agonía, en la persecución, en la reconstrucción... habrá carlistas. De hecho no me las imagino sin carlistas. Y también me aventuro a afirmar que esos carlistas tendrán un papel significativo: como aglutinante, como intendencia ideológica o para animar, para dirigir, para servir a los demás. En todas esas fases jugarán un papel importante las familias, las organizaciones, las "guerrillas" tradicionales y también, en un plano superior, para levantar el ánimo, el espíritu religioso así como la idea de la Hispanidad como gran ideal geoestratégco. 

CONSEJOS PARA EL FUTURO

Concluyo con algunos consejos que creo que nos ayudarán a enfrentar mejor el futuro, venga como venga. 

1º. Cuida tu familia. Conviértela en un bastión físico y espiritual que sirva de refugio para todos sus miembros, para los amigos y para otras familias. 

2º. Cuida la organización, las organizaciones que sirven a la Tradición hispana, empezando por la Comunión. No es lo mismo trabajar en solitario que hacerlo en equipo. Esto último es más difícil y requiere esfuerzo y paciencia, pero merece la pena. Obedece a las autoridades, se disciplinado cuando se dicten cosas realmente importantes. 

3º. Aprende a distinguir lo fundamental de lo accesorio. No discutas por tonterías. Se tolerante con los que en las cosas centrales piensan igual que tú. Cuando pienso en esto me viene a la memoria la rivalidad entre Quevedo y Góngora en el siglo de Oro. Los dos estaban absolutamente de acuerdo en lo fundamental. Casi hasta se podría aplicar a ambos en anacronismo de llamarlos carlistas porque efectivamente ambos creían en el mismo orden de Dios - Patria- Fueros y Rey tal como lo amamos los carlistas actuales. Sin embargo ellos son el paradigma del antagonismo vital. No deja de ser curioso. No saco este ejemplo para que les imitemos en sus riñas, lógicamente, sino precisamente para que caigamos en la cuenta de que dentro de la misma Hispanidad, y del mismo Carlismo, podemos caber personas con estilos, talantes o espíritus muy diversos. 

4º. Fomentad las guerrillas, o sea, toda clase de pequeñas organizaciones espontáneas, prácticas, locales, muy pegadas al terreno, que sirvan a un ideal común, que respeten la autoridad de los que saben y la buena doctrina, pero que sepan funcionar con libertad y flexibilidad máxima. No nos ha ido nada mal la estrategia de guerrillas a lo largo de nuestra historia.

5º. Estad atentos al problema religioso pero sin obsesionarse con el mismo. Si la gente no está catequizada poco podremos hacer como políticos católicos. Por ejemplo, ¿cómo explicar el amor a la Patria a alguien que no conoce el cuarto mandamiento o, peor aún, que ni siquiera tiene un padre como Dios manda? Cualquiera de nosotros puede ayudar a la catequización, a la evangelización pura y dura a través de las instituciones de la Iglesia, pero la misión del Carlismo no es catequizar sino completar la dimensión social y política de los ya catequizados. "Dadme católicos y los haré carlistas", decía Carlos VII. Pues eso. 

6º. Defendamos la Hispanidad, con ideas, libros y conferencias y con la práctica, fomentando sin descanso toda clase de lazos entre los pueblos hispanos. 

En fin, con todo esto y con algunas otras cosas que seguramente me dejo en el tintero cumpliremos con nuestra misión, cada uno en el puesto que Dios le reserve, con humildad, cada uno según su vocación. Y ojo: sin quemarse, porque ese es otro de los peligros que amenazan al militante. Hay que trabajar con entusiasmo pero sabiendo medir las propias fuerzas. Llevando a cabo el trabajo encomendado de forma sostenible en el tiempo. Durante toda la vida si fuera preciso. Porque como ya he dicho no sabemos los tiempos, ni los ritmos. Sabemos que podría terminar mañana mismo. Pero que nuestra actitud es la de la mirada larga, la del largo plazo. Esa es nuestra especialidad, fieles a ella será como mejor sirvamos a Dios y a España. 



26 nov 2020

Cristo Rey: la estrategia



Llevamos tiempo los carlistas discutiendo sobre estrategias a seguir. Nuestro proyectado "plan estratégico" se ha ralentizado -como tantas cosas de las de antes del virus- esperando el momento en que se pueda discutir y contrastar como se debe, hablando en persona, mirándose a la cara. Pero de pronto, providencialmente, llega a mis manos un viejo folleto del Círculo Familiar Vírgen del Camino. Es una conferencia de Federico Wilhelmsen titulada "La soberanía de Cristo... o el caos". Lo releo, y pienso que ahí mismo, en esas pocas humildes páginas está ya escrito, desde hace medio siglo, nuestro "plan estratégico". El profesor Wilhelmsen lo escribió en 1967, pensando en los próximos 100 años y en la lucha global tal como la veía venir entonces. 

En su opinión, y eso lo decía hace 50 años, "la Revolución ha alcanzado su culminación". Ha producido un vacío moral que, inevitablemente acabará por ser llenado. Y o lo llenamos nosotros, los defensores del orden católico, o lo llenará una tiranía nunca vista.

Lean esta voz profética si quieren saber en qué pensamos algunos cuando gritamos ¡Viva Cristo Rey": 

"LUCHEMOS POR UN ORDEN CATÓLICO

... No debemos la menor fidelidad al Orden secularista y Liberal Occidental. Destruyó el Orden Católico y lo hizo asesinando a nuestros antepasados en una nación tras otra en Europa y Sud América. Dejemos que la democracia secular se cueza en su propia salsa, como se está cociendo hoy. Mientras tanto, mantengamos nuestra pólvora seca hasta que Dios mediante el momento oportuno emerja en el horizonte de la historia y nos exija actuar en nombre de Cristo Rey. No perdamos el tiempo y energías apuntalando el Estado moderno. Hagamos más bien, lo posible para que se desmorone. (Uso el término "Estado" aquí como definido anteriormente en contraposición con el de "Gobierno"). Evitemos también, en pensamiento y palabra, cualquier sugerencia que haga pensar que defendemos el Orden del siglo XIX en el aspecto político y económico: en ambas dimensiones fueron enemigos de la Iglesia y por tanto son nuestros enemigos. Somos enemigos de toda clase de Liberalismo, económico o político.

Aunque este trabajo no se ha dirigido formalmente a la crisis dentro de la cual la Iglesia se halla hoy día, podemos afirmar con seguridad que la Iglesia emergerá de este terrible momento histórico, libre de los débiles y con las grasas quemadas. Es posible que esto no suceda en vida de los que están leyendo estas palabras, pero sucederá ciertamente dentro de los próximos cien años. Mientras tanto seamos rebeldes a la Ciudad Secular, y así gocemos de la dulzura de la rebelión legitima. Seamos los últimos defensores en nuestro saludo a solo un Soberano, nuestro Señor; Cristo Rey. Ignoremos, por tanto, luchemos, esquivemos, socavemos, cualquier Autoridad que suplante o ignore la Suya. En términos existenciales esto significa que nosotros debemos adherirnos a la Autoridad de Roma, que es la de Cristo, contra clérigos y prelados si fuese necesario.

Edifiquemos, pues, un Poder para la Autoridad de Pedro capaz de actuar en cualquier dimensión de la vida y aun de morir mártires, si fuera necesario. Esto nos arrojará de la sociedad refinada a una selva donde no estaremos fortificados ni por instituciones ni por el peso de prejuicios con los cuales toda sociedad se mantiene en existencia. Estamos perdiendo nuestras universidades hoy día Wester, Notre Dame, St. Louis, San Francisco. Déjenlas ir. No podemos desenfundar nuestras espadas contra un mar de algodón de azúcar. Estamos perdiendo nuestros clérigos a miles. Déjenlos ir. Que Dios tenga piedad de sus almas, pero no queremos que "administren" las nuestras. Nuestra liturgia está en ruinas. Nosotros nos adherimos a la Cosa Esencial: la Presencia Real en el Altar, Cristo Rey, Señor Eucarístico. Y al volver así nuestras espaldas a la respetabilidad, seremos temidos cuando acechemos en la selva esperando nuestra oportunidad en el tiempo, temidos como lo son los Guardias Rojos en China. Y Pedro, al principio temeroso de nosotros, vendrá con el tiempo a llamarnos, sus propios soldados, el Poder de su Autoridad, la Espada de Dios. Entonces llenaremos el vacío, barreremos los escombros y así crearemos un nuevo Orden Católico sobre este Caos. (Esto será fácil de hacer porque nuestro enemigo no tiene arrestos). Y si ello no ocurriese, y no fuéramos temidos, si dudamos por el respeto humano, si encubrimos nuestra cobardía bajo la rúbrica de una falsa prudencia, si esperamos la llegada de un nuevo Atanasio en lugar de formarnos en su espíritu, entonces habremos dejado escapar esta nuestra última oportunidad en la historia. Me aterroriza pensar qué barbarie caería entonces sobre el mundo. " 

¿Demasiado optimista? No lo creo. La Historia es de aquellos que saben qué es lo que hay que hacer. Y en última instancia, de Aquél que lo sabe todo, y lo hace todo. 

2 nov 2020

La Hispanidad, un proyecto político

Algo está cambiando poco a poco en torno al 12 de octubre. El ideal de la Hispanidad -que no puede ser sino el de una Hispanidad católica- está propagándose en miles de almas hermanas como alternativa a las miserias políticas y a los problemas de toda índole que los partidos y las ideologías de la modernidad nos han traído a los países hispanos durante los dos últimos siglos.

En palabras de Javier Barraycoa, a quien publicamos en este número una importante declaración que hacemos nuestra, la Hispanidad no es un sentimiento, ni una ideología, por eso, aunque no sea todavía un ideal mayoritario entre los hispanos, está logrando paso a paso desenmascarar todas las construcciones falsas y mentirosas que se asocian a la leyenda negra. 

La Hispanidad, afirma Barraycoa, es Maestra, porque enseña que lo que ha sido posible puede volver a ser. Es una idea política, aunque no sepamos aún cómo podría llegar a concretarse. Y es una esperanza porque en medio de la crisis de la globalización se alza como una realidad emergente que solo necesita brazos dispuestos a su reconstrucción.  

No se trata de volver con nostalgia a tiempos pasados, se trata de construir, aquí y ahora, con los materiales de que disponemos. Y se trata de construir desde fuera del sistema. A lo que aspira en última instancia es a la unidad de las naciones hispánicas, pero el cómo haya de concretarse esa unidad -cultural, política, militar, monetaria...- queda abierto a la Providencia y tendrá que adaptarse, con sano realismo, a las circunstancias del momento.

El proyecto político de unidad hispana podría ir desde la pura amistad y cooperacion, hasta la confederación o integración en algún tipo de unidad política mas sólida. Lo importante ahora es cambiar la tendencia y aprender a sumar "materiales de construcción" vengan de donde vengan. No es realista pensar que esa unidad futura tenga que pivotar necesariamente en torno a Madrid. La "Españita" peninsular que constituyeron en el solar de la vieja Hispania los revolucionarios liberales en el XIX es ahora -por desgracia- una república bananera más, un pedazo de nuestra auténtica Madre Patria, aquella Monarquía Católica en la que no se ponía el sol.

En este contexto la revista Ahora información quiere ofrecer su humilde aportación a la causa de la Hispanidad. Su equipo de redacción, sus colaboradores, y la "empresa" editora que no es sino la antigua y gloriosa Comunión Tradicionalista, estaremos siempre en la vanguardia hispanista, y por ello permaneceremos cada vez más atentos para divulgar los ecos de este mismo ideal que nos lleguen desde cualquier país hermano. 

Editorial de la revista Ahora información nº 166 (Octubre-noviembre 2020)

31 may 2020

La verdadera guerra



San Millán, ruega por nosotros*

La verdadera guerra que ha destruido Occidente es la guerra revolucionaria contra la tradición. El ruidoso enfrentamiento entre la derecha liberal capitalista y la izquierda marxista es un episodio menor y seguramente acabará pariendo un régimen de consenso al estilo chino.


El que finalmente gane, ese será nuestro mayor enemigo. Nosotros, los carlistas, estaremos en contra del vencedor, sea quien sea. 

La vieja cristiandad ha sido aniquilada. Quedan pequeños núcleos de resistencia que serán lo que Dios quiera, cuando Dios quiera. El grano de mostaza. La levadura. La sal. Los panes y los peces. Piedras para sacar hijos de Abraham. No tiene sentido que nos desgastemos más de la cuenta tomando partido en los rifirrafes de izquierdistas contra derechistas. 

Unos y otros tratarán de ganarnos para su causa. Pero haremos bien en reservarnos para la siguiente Reconquista, cuando de verdad vayamos a luchar por amor y no por miedo. 

Me dicen que esta estrategia es errónea, que nos lleva a la invisibilidad, a la marginalidad, que sería mejor juntarse con los conservadores, con la derecha liberal, con los libertarios, con los nacional-sindicalistas... Yo respondo que nuestra estrategia consiste en hacer lo que hay que hacer. Insisto en que no hay que luchar por miedo así que, con todo mi respeto a las buenas intenciones, diré que muchos de esos partidos, el ultraderechismo en general, no es más que una respuesta provocada por el miedo a los rojos, contaminada de las mismas viejas ideologías y que no profundiza en la Tradición. 

Queda la incógnita de nuestro viejo adversario, el Islam. Los musulmanes son ahora los nuevos proletarios. Crecen en Europa porque son casi los únicos que tiene prole. ¿Se enfrentarán con el Occidente progre igual que lo hacieron antaño con la Cristiandad? No lo creo. Más bien pienso que acabarán siendo domesticados. Porque la izquierda marxista y el Islam en realidad se parecen bastante. Ambas son herejías del cristianismo que buscan un "reino de Cristo" sin Cristo. Se que esto no sonará demasiado optimista, pero en mis peores pesadillas me imagino un enemigo futuro que junta lo peor de cada casa. Como una mezcla de China, Holanda y Arabia saudita.

Así que mucho ánimo, mucha paciencia, y mucha ilusión. Porque la historia no está escrita. Solo el final, y acaba bien. 


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Mención en HISPANIDAD.COM
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* Por cierto, el caballero de la imagen no es Gandalf. ¡Es San Millán! 

29 ago 2019

Unidad del Carlismo y estrategia a seguir

El pasado domingo tuve la ocasión de participar en Leiza (Navarra) en un encuentro de hermandad carlista que había sido convocado por el concejal de la villa, Silvestre Zubitur. Quiero escribir en estas líneas algunas reflexiones que ya compartí en mi intervención a los postres, así como otras con las que trataré de avanzar algunas ideas sobre estrategia. Espero que vayamos dando forma a las mismas de aquí a la reunión de la Diputación General de la Comunión Tradicionalista que celebraremos en octubre.
La “excusa” del encuentro de Leiza era la reposición temporal del monolito que recuerda a Joaquín Muruzábal, primer requeté muerto en combate en 1936. Pero la jornada sirvió para algo más que para alimentar la nostalgia. Iba a calificar el encuentro de “ecuménico” aunque sé que el profesor Miguel Ayuso, que se sentaba a mi lado en la comida, no me permite utilizar esa palabra. Así que vamos a dejarlo en “encuentro de hermandad”. Sin embargo es de destacar que estuviéramos sentados a la misma mesa, un grupo bien heterogéneo en el que había militantes de la Comunión, así como carlistas adheridos a la Secretaría Política de don Sixto, algunos parlamentarios forales de UPN (Navarra Suma), y tradicionalistas independientes procedentes de distintos lugares de España. El mérito de Silvestre Zubitur y sus amigos consiste ni más ni menos en haber creado un núcleo de resistencia. Un reducto que se ha convertido en punto de referencia útil para personas de concepciones políticas diversas. Y tienen además el coraje de haberlo hecho en un lugar inhóspito para cualquier amante de la Navarra tradicional, la Vasconia tradicional, la España tradicional. Un lugar dominado hoy en día por las ideologías postmodernas entre las que el mismísimo nacionalismo vasco, o hasta el viejo izquierdismo clásico, están siendo superados por las locuras globalistas del feminismo radical, la ideología de género o el animalismo.
La situación extrema de un pueblo como Leiza (82% de votos municipales a Bildu) podría tranquilizar a algunos pensando que en la inmensa mayoría de España “no estamos tan mal”. ¿De verdad?. En mi opinión la situación actual de España se parece a la del 718 (tras la invasión musulmana); a la de 1808 (tras la invasión revolucionaria liberal); o a la de 1936 (tras la “invasión” revolucionaria marxista). La única diferencia es que ahora estamos invadidos o colonizados por todos nuestros enemigos al mismo tiempo. Los núcleos de resistencia, como este de Leiza, o como supongo que fue en su día el de Covadonga, son fuertes porque son un último reducto. Porque han llegado a la roca. Porque han tocado fondo. Y son una esperanza, paradójicamente, porque demuestran que llega un momento en el que físicamente ya no es posible retroceder más. Día a día estamos viendo cómo se constituyen, aquí y allá, cada uno con sus peculiaridades, otros muchos núcleos de resistencia. El reto que tenemos por delante es el de lograr que esos núcleos de resistencia se conviertan en núcleos de reconquista. Pero eso no será posible si nos contentamos con recrearnos en la pureza doctrinal de nuestras pequeñas burbujas. Es preciso que por encima del orgullo de saberse “el resto”, prime un amor inmenso hacia nuestros compatriotas, nuestros vecinos, nuestros hermanos, aunque hayan sido arrastrados por la moda, los respetos humanos y la propaganda fanática de las ideologías. Hemos estado en Leiza, si, pero porque nos han convocado los carlistas leizarras. No hemos ido al estilo de esos partidos que presumen de españoles al mismo tiempo que dan por perdidos a los españoles separatistas. Nosotros sabemos que la reconquista es algo más que pasear una bandera. Nosotros sentimos un gran respeto por cada pueblo. Nosotros no damos a nadie por perdido. Solo así, desde este respeto, será posible, cuando Dios quiera, y donde Dios quiera, que surja una nueva Covadonga. Un punto de inflexión en el que pasemos del retroceso y de la resistencia a la misión y a la reconquista.
El ejemplo histórico de las grandes crisis hispánicas -718, 1808, 1936- nos enseña que, en general, la estrategia de la guerra de guerrillas no nos ha ido tan mal. Es iluso pensar hoy por hoy en grandes ejércitos si no se realiza previamente, un oscuro trabajo a pie de calle, casa por casa, familia por familia. Por algo será -y no por pose feminista- que los carlistas hemos sido más de “partidas” que de “partidos”. Bromas aparte, soy consciente, por cierto, de estar utilizando una terminología bélica y nada más lejos de mi intención que exaltar los ánimos por esa vía. La durísima experiencia de nuestros mayores basta para saber que hay muchas formas de luchar. Y me atrevo a decir que se precisa, a veces, más valentía para hablar con tu vecino que para disparar un cañón. Y hablando de vecinos. Lo que nunca debería hacer una guerrilla inteligente es enzarzarse con los otros guerrilleros en riñas sobre si mi estrategia es mejor que la tuya. Cuando se comparten ideales y objetivos generales es fundamental no perder el tiempo en discusiones estériles. Relean la fábula de los galgos o los podencos y sabrán a qué me refiero. Mediten en el conocido adagio de “In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas” y tendrán, en esencia, un manual para guiar sus relaciones con amigos y adversarios. En la Comunión Tradicionalista Carlista, en cumplimiento de uno de los acuerdos de nuestro último Congreso, estamos trabajando en la elaboración de un plan estratégico. ¿Va a ser el mejor plan estratégico del mundo? ¿Será, una vez definido, el único válido para cualquier partidario de la España tradicional? No. En absoluto. Pero va a ser nuestro plan, y exigiremos disciplina a todo aquel que quiera comprometerse con nosotros para llevarlo a cabo. El tiempo dirá si dicho plan sirve para convertir los núcleos de resistencia en guerrillas y las guerrillas en ejércitos. Otras personas, otros grupos, tendrán otros planes. Y puede que lleguen  a acertar más que nosotros. No importa. No vamos a perder el tiempo discutiéndoselo ni vamos a empeñarnos en lograr una unidad teórica, diseñada por decreto. Eso nunca funciona. La unidad está sobrevalorada cuando la experiencia nos demuestra que lo primero es dejar que exista una diversidad armónica. La unidad se produce en la acción, no tiene otro camino.
Precisamente en estos días, a raíz de ciertos artículos en los que el escritor Juan Manuel de Prada pone en cuestión la llamada “opción benedictina” propuesta por  Rod Dreher se ha desatado cierta controversia en la que no siempre se guardan las formas. Y en la que unos y otros corren el peligro de perder el tiempo o, peor aún, de perder la oportunidad de atraerse el máximo de voluntades a cualquiera de las opciones que tienen ya algo en marcha. Se agradecen en este panorama voces como la del Responsable del blog “Sosiego acantilado” cuya lectura recomiendo.  Hace mucho tiempo que elegí como uno de mis lemas vitales ese de “¡que alguien haga algo!”. Supongo que es un lema más de político que de intelectual. La verdad es que nunca desdeño una buena discusión. Porque creo que es posible discutir sin enfadarse. Pero creo, por encima de eso, que el tiempo que tenemos es una responsabilidad y que no debemos perderlo en riñas. Creo que siempre hay varias soluciones para un mismo problema. Creo que nos quejamos demasiado. Creo que hacemos poco.
Gracias por eso a los que nos dan ejemplo y empezaron ya la reconquista sin pedir permiso a nadie. Gracias en fin, a todos aquellos que ya están haciendo algo.

15 feb 2019

Extender la basura

¿Ha recibido alguna vez en su guasap una fotografía o un vídeo con la última locura feminista, animalista, vegana, aberrosexualista, satanista, yihadista o bolivariana? Se trata de un subgénero “artístico”, una especie de terrorismo estético que mezcla propaganda, falta de respeto y mal gusto para llamar la atención y provocar conversaciones que en un ambiente normal serían inverosímiles. Quienes las envían y reenvían suelen hacerlo con la mejor intención del mundo. Se supone que lo hacen para avisar, lo mismo que en las antiguas almenaras encendían fuegos para alertar de la presencia de moros en la costa. Pero a menudo, sin darse cuenta, lo que hacen es extender el mal sirviéndole gratuitamente de pregoneros.
En mi opinión es mejor no difundir según qué cosas. No las necesitamos para saber que existe gente muy loca, devorada por las ideologías de moda. Además son cosas que nos hacen daño a todos porque rebajan el nivel general y nos hacen olvidar esas cosas tan antiguas y tan importantes para el orden social  como son la modestia, el decoro, el buen hablar, la caridad, el buen gusto… Esta especie de contaminación general del mal es la que se propaga, por ejemplo, con el famoso bulo de cierta película fantasma y blasfema titulada “Corpus Christi”. Circula de mano en mano y al cabo de los años, tan sólo por el hecho de rondarnos como una amenaza en ciernes, ha provocado casi el mismo daño que si realmente esa película se hubiera filmado.
Las malas noticias son siempre deprimentes pero es preciso saber de su existencia. En ningún caso abogo por encerrarnos en una burbuja aséptica o en un búnker anti-zombies. En el caso de que ésto fuera posible -que no lo es- resultaría altamente egoísta y poco caritativo vivir así sabiendo que tantas y tantas personas están ahí fuera, a la intemperie. Considero que es importante conocer la dimensión de la enfermedad, estudiarla a conciencia, trabajar permanentemente en la fabricación de vacunas que puedan hacerle frente. Pero ese estudio del mal que nos rodea debería quedar reservado para aquellos que tengan una sólida formación y generados los anticuerpos necesarios. Nada que ver con la simple difusión de la basura que es contra lo que me gustaría prevenir a mis amigos. No seamos cómplices.

30 ene 2019

Don Opas, Pepe Botella y la guerrilla

711 y 1808. Son dos fechas inspiradoras para el momento actual. En ambas ocasiones había personajes traidores o peleles como don Opas o Pepe Botella. En ambas ocasiones quedó el pueblo a merced del capricho del invasor. Y en ambas ocasiones la salvación vino por las guerrillas. Porque Dios lo quiso, y porque lo quiso a través de las guerrillas. Así es como se forjó y se salvó la España tradicional. No hubo entonces ni grandes planes, ni proclamas grandilocuentes. Don Pelayo no hizo mas que empuñar la espada allí donde no se podía retroceder más. Era imposible estar más arrinconado y perdido que en Covadonga. Tal vez por eso fue aquella la primera victoria, porque no podía ser otra cosa, o victoria o muerte. Ese estilo guerrillero -y macabeico- de los primeros caudillos asturianos es el mismo que fue replicado en el nacimiento del reino de Pamplona, y en los condados leoneses, en los aragoneses, en los catalanes y en el de Castilla. En la francesada tampoco pudo haber la menor estrategia de conjunto. Descabezada la Monarquía los españoles hicieron de cada ermita su propia Covadonga. Y no nos fue del todo mal. Las guerras de la Reconquista y de la Independencia, largas y crueles, fueron conflictos terribles, con desarrollos desiguales, y dejaron unas cicatrices en la piel de Hispania que son aún las líneas que marcan la identidad de comarcas y regiones.
En los momentos actuales España entera está en vísperas de una nueva insurgencia. No sabemos si será un desesperado caudillo montañés o un humilde alcalde como el de Móstoles quien lance la primera piedra. Lo que si podemos augurar es que la lucha, salvando las sorpresas de la Providencia, no será breve y que la táctica general de la guerrilla, en el sentido más extenso de la palabra que va mucho más allá de lo militar, volverá a marcar nuestro destino.

14 may 2011

Más cosas sobre las elecciones y la campaña electoral

Hace unos días publiqué en esta entrada la nota de prensa que como Junta de Gobierno hemos difundido ante las elecciones. Ahora incluyo algunos comentarios más personales que espero ayuden a entender mejor la posición de la Comunión en estos momentos.

Nuestra estrategia actual, que como todas las estrategias políticas es imperfecta, trata de conjugar dos líneas de actuación diferentes y complementarias:

Por un lado queremos "meter el pie" en el sistema alcanzando alguna representación y para ello, puesto que la partitocracia es un coto cerrado que no da la menor facilidad a los grupos extraparlamentarios, estamos intentando en los últimos años que se constituya una coalición puntual, como instrumento exclusivamente electoral, integrada por los grupos políticos que entienden los principios no-negociables como mínimo indiscutible. Esa coalición serviría para aglutinar -y multiplicar- los votos que podemos obtener cada grupo por separado. Hay que tener en cuenta que hoy más que nunca es imposible alcanzar algún éxito electoral sin apoyos económicos y mediáticos. ¿Con qué medios de comunicación o recursos económicos contamos actualmente los carlistas o cuentan los otros grupos de los no-negociables? Una agrupación electoral centrada en llevar a las instituciones voces para defender con vigor la vida, la familia, la libertad de educación y el bien común tendría sin duda un mayor acceso a esos recursos económicos y comunicativos tan necesarios. Y supondría, en fin, un gran primer paso para romper la actual situación de marginación y de manipulación que sufrimos los católicos en una España cada vez más alejada de sus raíces. En esta entrada se explica nuestro antepenúltimo intento: http://javiergarisoain.blogspot.com/2011/03/un-nuevo-intento-de-unidad-de-accion.html

La otra línea de actuación, más profunda y ambiciosa, consiste en la reconstrucción de un tejido social tradicionalista que, a largo plazo, facilite la pervivencia y crecimiento de los valores de la España tradicional así como una lógica repercusión en las elecciones e instituciones. En los últimos años, cada vez que hemos apelado al voto carlista nos hemos dirigido a un pueblo desarticulado, a los "restos del naufragio" de lo que fue "el pueblo carlista" y que hoy se encuentra disgregado en medio de sucedáneos más o menos incoherentes. En este sentido, la puesta en marcha de la Liga Tradicionalista (www.ligatradicionalista.es) es el germen de lo que está llamado a ser un gran movimiento social y político.

Por último no hay que olvidar que existe otra política pequeña, de andar por casa, no menos real que estas "grandes estrategias" que acabo de describir. Me refiero a la participación de cada uno de nosotros, en el día a día, en las comunidades de vecinos, en la vida de los colegios o asociaciones profesionales, estudiantiles, culturales o sindicales, o en alguna las mil y un caras de la vida asociativa. Dentro de esta pequeña política están las agrupaciones electorales independientes que encauzan la política municipal en muchos pueblos pequeños. Y aquí es donde puedo contar mi testimonio particular. Que nadie se extrañe si ve al señor secretario general de la CTC como número seis del Grupo Independiente de Urroz-Villa. Me pidieron el apoyo y no me he podido negar. Y además, humildemente, creo que con eso doy ejemplo de actitud carlista. Este tipo de colaboraciones puntuales, siempre que no nos distraiga de nuestros compromisos con la Comunión, es un ejercicio que nos hace bien porque nos pega al terreno, a la vida real de nuestros vecinos, y nos aleja de un peligro de ideologización cierto.