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25 nov 2019

Igualdad es maltrato

En una celebración demagógica como la del 25 de noviembre-día contra el maltrato femenino- digo lo primero que condeno el feminicidio. Faltaría más. Dicho esto les lanzo una reflexión:
¿Cuántas mujeres en la historia se han librado de un guantazo por el simple hecho de ser mujeres?
Pero resulta que la caballerosidad tampoco les gusta… Supongo que porque piensan que es algo que va en contra de la igualdad.
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Sin embargo, si pensaran un poco, se darían cuenta de que será imposible acabar con los maltratos mientras a los brutos se les diga que con sus novias no hace falta ser caballeroso porque las tías son como tíos, porque son exactamente iguales. 
Se mire como se mire, la solución a los malos tratos no es la imposición de una igualdad artificial por decreto sino predicar el respeto, o sea, la caballerosidad. Y eso implica que no se puede tratar igual a un hombre que a una mujer. No somos iguales. La igualdad es un cuento progre.
Esto es algo básico que entienden cualquier hombre o cualquier mujer normales. Lo que no es normal es que se les enseñe a los chicos que es igual de machista ceder el asiento que dar una torta a una mujer.
Trataré, en fin, de resumir este absurdo enfoque de las relaciones hombre-mujer en tres palabras: Igualdad es maltrato.
La prueba de que hombres y mujeres no somos iguales es que para que se mantenga la ficción de la igualdad ha sido preciso implantar unas leyes discriminatorias que tienen en España en la cárcel a 4.300 hombres y han condenado solo este año a 20.000. ¿A dónde nos llevará tanta ceguera?

13 mar 2019

La violencia es típicamente masculina


Edit
Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, que es como la abuela que NO necesitaban los políticos progres, ha descubierto la pólvora y ha dicho en una tertulia televisiva superfeminista que la violencia es algo típicamente masculino. Posteriormente, en su cuenta oficial de twitter, un portavoz de Vox ha salido al paso diciendo que si en esa televisión hubiera estado una representante de su partido no hubiera permitido esa afirmación sin rebatirla. Es lo que pasa con twitter, que si no se tiene un poco de cuidado se pueden escribir cosas sin pensar. Y es lo que tiene la política partitocrática, que a uno le da la sensación de que para marcar el territorio de su propio partido tiene que contradecir necesariamente todas las tesis del contrario. Pues bien. Sin que sirva de precedente tengo que decir que Manuela Carmena no ha dicho -con eso- ninguna tontería.
El problema no es que se diga que la violencia es algo típicamente masculino. El problema es que todos identifiquen violencia con injusticia. La violencia no es mas que el uso de la fuerza, sencillamente. Y ese uso puede ser muy justo y muy necesario cuando se ejerce en defensa de “los tuyos” o en la conquista de la naturaleza. También en defensa de la mujer. ¿No es esa la misma historia de la humanidad? ¿Una sucesión de luchas y de violencias, justas unas, injustas otras, practicadas para repeler a las fieras, para dominar la Tierra, para rechazar a los pueblos invasores y para asegurar una vida en paz?. La especie humana no se liberó de las bestias sin luchar; no fabricó los campos de cultivo sin arrancar violentamente millones de árboles; no extrajo de la tierra el mineral con el que se han hecho los abalorios de la alcaldesa Carmena sin dar violentos golpes a las herramientas. En todas las sociedades humanas, excepto en algunos raros experimentos de tipo “amazónico” que acabaron extinguiéndose por pura lógica, ha existido una división complementaria de roles en los que la biología ha ido siempre acompañada por la convención social. La violencia, es decir, el uso de la fuerza en sus versiones más extremas, ha sido generalmente una responsabilidad propia de los varones. Por eso fue un avance de la civilización la costumbre de impedir al 50% de la humanidad el acceso a los cuerpos militares. Pensar que eso nos hace mejores a los varones es una estupidez. Pero pensar que nos convierte automáticamente en criminales en potencia es profundamente injusto.
Existen muchos pecados que no son violentos. En la lista de los 10 mandamientos bíblicos sólo el quinto es el que prohíbe expresamente la violencia homicida. Por otra parte no siempre es necesaria una violencia explícita para acabar con una vida humana. Muchos de los cien mil niños (niños y niñas) que cada año mueren en España antes de nacer son ejecutados en el vientre materno por medios químicos, en un ambiente aséptico y no violento, con un hilo musical relajante como telón de fondo, tal como propugnan todas esas feministas tan enemigas de la violencia típicamente masculina.
Si lo que quería la señora Carmena era decir que hombres y mujeres somos iguales realmente ha dicho lo contrario. Si lo que quería era decir que los hombres somos peores es que se olvida de que la fuerza, como el veneno, puede ser justa y benéfica en la dosis adecuada. Si lo que pretendía era simplemente abogar por la táctica política de la no-violencia debería recordar que Ghandi fue un hombre. Y si, en fin, lo único que quería era despistar al personal utilizando ese argumento demagógico e histérico del “terrorismo machista” sería un gran error llevarle la contraria. Lo que hay que decirle es, efectivamente, que tiene razón. Que el uso de la fuerza bruta es cosa típica de los hombres: Por eso nunca habrá paridad en las cárceles. Por eso siempre las Carmenas nos seguirán necesitando para abrir los botes de mermelada o para cambiar la rueda del coche. Por eso sus guardaespaldas serán, generalmente, varones.

13 ene 2014

Al final resulta que los monárquicos carlistas somos más "demócratas" que los liberales.

El popular blogero "Embajador en el infierno" ha publicado una entrada en la que reivindica el voto femenino tal como lo pedía, en nombre del Carlismo, el gran Juan Vázquez de Mella. Es un asunto poco conocido que sin embargo tiene mucha lógica.

Nuestra posición siempre ha sido lógica, y cristiana. Nosotros renegamos del sufragio universal pues es un sistema que favorece la manipulación y la conversión de la sociedad en masa. Nosotros somos partidarios de la representación, pero no de la que se fundamenta en la aclamación demagógica sino de la que se basa en la participación responsable de la gente. En nuestro sistema tradicional quien tenía derecho a voto era el cabeza de familia... independientemente de su sexo. Y esto se llevaba hasta sus últimas consecuencias. No hay mas que pensar cuántas reinas hubo en la Cristiandad... ¿y cuántas presidentas de república trajo el liberalismo machista?

El invento de la "mujer florero", la institucionalización del peor machismo en la vida social y política han sido obra del liberalismo y concretamente de la masonería. Los ilustrados liberales, por ejercer de anticristianos, son los que retrocedieron al paganismo en cuestiones de raza o de sexo haciendo surgir el racismo y el machismo contemporáneos.

Cuando se planteó el absurdo del sufragio universal los carlistas pensaron que era doblemente absurdo impedir el voto de las mujeres. Pero lo mismo sucede hoy en día. Si el sufragio es de verdad universal... ¿no es absurdo que valga igual el voto de un soltero que el de un padre o madre con seis hijos menores de edad?

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En el blog del amigo "Embajador en el infierno" he publicado también esta aclaración-extensión de los argumentos sobre este tema. Por si sirve:

Para los que parece que no acaban de ver la cosa clara trataré de explicarlo de nuevo y ya nos dirá el señor Embajador si interpreto bien sus intenciones al llamar la atención sobre la petición de Mella sobre el sufragio femenino.

Los carlistas estamos en contra del sufragio universal o general inorgánico. Creemos que la participación en la política ha de partir de la célula básica de la sociedad: la familia. (Por eso, en los estados de la Cristiandad el gobierno era cosa de la familia real y los censos se hacían por fuegos y no por individuos). Naturalmente, la participación de las familias en la vida pública se complementa con la participación social de cada persona -sea hombre o mujer- en las distintas realidades que llamamos los cuerpos sociales naturales (trabajo, universidad, cultura, etc.). Ahora bien, el régimen liberal es mentiroso, siempre ha sido mentiroso como denunciaban ya los primeros carlistas como Vicente Pou en "La España en la presente crisis" (1842). Siempre se presenta como lo que no es. Se llama democracia y es plutocracia, o partitocracia. Habla de libertad y oprime con una tiranía peor que los peores absolutistas.

Los primeros sufragios del régimen liberal eran censitarios, controlados por el gobierno que era quien hacía las listas de electores mientras presumía de recoger la "soberanía de la Nación". Ante esa gran mentira los carlistas decían: ¡que se atienda la voz del pueblo, lo que de verdad quieren la mayoría de los españoles! (vease la primera portada de "El Pensamiento Navarro". En el caso del voto femenino se trata de lo mismo. Por principio no defendemos ninguna clase de sufragio universal pero si se dice que se establece excluyendo a las mujeres (porque son o eran más "conservadoras" que los hombres), o a los menores de edad (porque ello supondría dar más poder a las familias numerosas) entonces tenemos la obligación de denunciar la incoherencia, el oportunismo y la mentira del sistema.

No se trata de que el sistema liberal tenga otras reglas de juego diferentes. El problema es que ni siquiera ellos respetan sus propias reglas.