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16 dic 2020

¿Así se defiende el bable?


Noreña, Principado de Asturias, 2020.

Hay amores que matan. A estos extremos de subnormalidad pueden llevarnos los partidos políticos para aparentar que hacen algo por su trocito de tarta cuando realmente lo que hacen es dejarla a la altura del barro. Este tipo de señalética idiota hace más daño a la conservación del bable asturiano y a la imagen de Asturias que cualquier otra cosa. Llenando las calles de letras innecesarias lo que consiguen es presentar al bable como un capricho estúpido. 

La defensa de los idiomas minoritarios o de los dialectos se tendría que hacer de otra forma, no empeñándose en las señales. Haciendo cosas inteligentes y no esas mamarrachadas. Convocando concursos literarios, por ejemplo, o ayudando tal vez a algún programa de radio pero no con estas mamarrachadas. 

Y es que además la consecuencia política ya saben cuál es: lograr un desapego cada vez mayor de la idea de España entre los jóvenes y alentar a pirados como los que reivindican esa fantasmal "república asturiana" de la pegatina. 

Como nos pongamos todos los españoles -los gaditanos por poner un ejemplo- a transcribir nuestras diferentes hablas vamos a necesitar muchos muchos letreros. 

2 jun 2020

Lo más antiespañol: una Españita centralista


El globalismo (al menos así estaban las cosas antes del virus) quiere dar por amortizados a los estados-nación. es evidente que se sirve de los partidos que infectan las regiones para dinamitarlos desde dentro. Sin embargo me parece un error no saber  distinguir entre "las regiones" y los políticos egoístas que las mangonean. 

Un eurodiputado español, de derechas, dijo allá por febrero que "El regionalismo es una estrategia para disolver las naciones y está impulsado desde la propia UE para debilitar a los estados". 

La verdad es que no entiendo por qué quienes más presumen de españoles andan siempre copiando todo lo que venga del mundo anglosajón o de Francia. No hay nada más hispano que el regionalismo. No hay nada más antiespañol que el centralismo.

La Hispanidad se forjó como una monarquía plural. Pueblos hermanos unidos en un proceso federativo no uniformista. Reducir España a un paisito peninsular homogéneo, a una más en el conjunto de las pequeñas repúblicas bananeras en las que se disgregó la Monarquía Católica es lo que siempre quisieron nuestros enemigos. Es por tanto lo más antiespañol. 

Yo también estoy harto de los mezquinos nazionalismos separatistas. Soy navarro y sé de qué hablo. Pero creo que un político responsable, y más si pretende ir de super-español por la vida, no puede desear para nuestra Patria el modelo afrancesado. Con eso solo consigue echar gasolina al fuego. 

España necesita sustituir la tentación globalista por la realidad viva de la gran patria hispana. Y necesita asimismo hacerse fuerte desde abajo, desde sus municipios y sus regiones. Hay que acabar con las autonomías, sí, pero para liberar a las regiones, no para darlas por perdidas.

23 ene 2019

Sobre fueros y autonomías, la difícil tesitura de Vox en Navarra

CARTA ABIERTA A JAIME IGNACIO DEL BURGO Y A JAVIER HORNO

He leído la carta abierta que Jaime Ignacio del Burgo, navarro, político experimentado, antiguo carlista, riguroso historiador y constitucionalista convencido ha dirigido hace dos días desde las páginas de Diario de Navarra a Javier Horno, cabeza visible de Vox en Navarra, sobre cuyas espaldas ha caído la difícil papeleta de presentarse ante los navarros de orden con la propuesta voxeadora de eliminar el convenio foral de un plumazo. Jaime Ignacio y Javier, a quienes conozco y respeto, escriben y actúan guiados por un patriotismo, -navarro y español en ambos- que no pongo en duda. Lástima que se vean obligados a hacerlo desde la lógica partitocrática. Del Burgo se queja del antiforalismo de Vox. Horno hace lo que puede, y procura dar largas aportando una dosis de ambigüedad porque algo le dice que las cosas no son tan sencillas.
Del Burgo explica bien la realidad foral del viejo reino, demuestra que el estatus de Navarra no es un capricho ni una rareza injusta sino un derecho territorial heredado, testimonio de un pacto solemne. Por su parte los de Vox reclaman unidad. Y hacen bien, pero se equivocan al exigir uniformidad. Levantar la bandera del centralismo no deja de ser un tic nacionalista y racionalista, de tipo jacobino, paradójicamente más afrancesado que Español. Es una propuesta voluntarista, más típica de movimientos identitarios europeístas que de alguien que se dice defensor de nuestra historia y de nuestras tradiciones. Es estupendo que desde Vox denuncien el derroche de las nuevas taifas, pero eso no justifica que metan al régimen foral en el saco de esos “traidores” que no merecen “la mano de un buen hijo para cerrarle los ojos”. (No, a mí tampoco me gusta demasiado esa especie de maldición gitana que ha puesto de moda Ortega Smith a modo de brindis).
En su favor he de decir que Vox se ha propuesto acabar con el separatismo y su argumento para dinamitar el estado autonómico parece impecable. Si se suprimen las autonomías se terminará el separatismo, piensan. Muerto el perro se acabó la rabia. Y tienen toda la razón, porque autonomía, como sabe cualquier padre -menos al parecer el amigo Jaime Ignacio y sus correligionarios autonomistas del PPSOECIUDEMOS-, es ese conjunto de competencias que poco a poco vamos concediendo a nuestros hijos hasta que llega el momento de su emancipación, la separación, el día de la independencia.
¿Cuál es el problema, a mi modo de ver? Pues que unos y otros están identificando al régimen foral, que es nuestra manera de ser españoles, con el régimen autonómico, que es la manera que tienen los políticos regionales para disponer de su trozo de tarta presupuestaria cuando no de ir preparando una secesión anunciada. Dicho esto, ¿qué necesitaría Javier Horno para convencer a su Consejo Político de que una cosa es el fuero españolísimo (que ójala se extendiera a todas las regiones) y otra muy diferente la autonomía desleal? A lo mejor vendría bien que Jaime Ignacio del Burgo (y todos los políticos de su espectro) le ayudaran a diferenciarlos mejor. Porque a día de hoy, con el “amejoramiento” en la mano, algunos pensamos que el fuero navarro no pasa de ser una autonomía más. Con alguna rareza, pero autonomía al fin y al cabo. Y esto sucede porque la llamada “democratización de las instituciones forales” no sólo no contribuyó a foralizar España sino que disfrazó el régimen foral de lagarterana autonomista. Lo hizo redactando un “Amejoramiento” que no es mas que un estatuto de autonomía regional con algunas pinceladas historicistas. Y lo hizo, entre otras cosas, haciendo tabla rasa de dos dimensiones esenciales en el espíritu foral: el principio de subsidiaridad que limitaba el poder por abajo, que habría evitado la macrocefalia pamplonesa, y que protegía las libertades municipales, sociales, familiares y vecinales. Y el principio cristiano que limitaba el poder por arriba, que habría supuesto un dique contra la perversión moral de las ideologías contemporáneas. El fuero es mucho más que una autonomía rarita tolerada por la Constitución. Es una manera de entender el orden político que fue dinamitada en los años de la Transición y cuya recuperación sería la mejor bandera si de lo que se trata es de presentarse como auténticamente navarro y más español que ninguno.
F. Javier Garisoain Otero
Presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista