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20 sept 2021

Presente y futuro del Carlismo (Lo que más o menos dije en el Club Empel de Barcelona)



Este domingo he tenido el honor de acudir como conferenciante invitado al Club Empel de Barcelona, un reducto de la Hispanidad que es a la vez refugio amistoso, catacumba, foro de debate, fuente de formación y punto de encuentro. El título asignado (Presente y futuro del Carlismo) me permitía hablar sobre casi todo y además dió lugar al final a un interesante diálogo con preguntas del público. En realidad lo único que quedaba descartado en el enunciado era el pasado del Carlismo, o sea, esa historia admirable de 180 años de lucha en defensa de la España tradicional, ese cúmulo de ejemplos admirables que, desde luego, hubiera exigido una mayor preparación por mi parte. Además, aunque soy licenciado en historia, siempre me ha interesado más el futuro que el pasado. Digamos que siempre me ha interesado conocer el pasado para entrever mejor el futuro. 


EL PRESENTE

Lo primero que hay que decir sobre el presente es que el Carlismo existe, que está vivo. La prueba es que hoy, 19 de septiembre de 2021 aquí estamos, un grupo numeroso de personas hablando sobre el Carlismo. Ayer un grupo de carlistas, en su mayoría jóvenes subieron al mítico Montejurra. Hoy mismo otro grupo estará reunido al pie de Isusquiza, en Alava. En fin, sería largo enumerar todas las ocasiones en las que hoy en día, se reúnen habitualmente los carlistas que quedan repartidos por el mundo. 

Es evidente que somos pocos, que tenemos pocos medios y que nos faltan millonarios financieros. También es verdad -aunque eso pasa en las mejores familias- que no siempre vamos a una. Pero tenemos nuestras organizaciones, empezando por la Comunión Tradicionalista Carlista, que a pesar de su humildad es una organización muy seria. Tenemos además en nuestro entorno decenas de pequeños núcleos de resistencia, pequeños círculos o asociaciones generalmente de ámbito local, que hacen un trabajo cotidiano muy respetable. Contamos, y esto es quizás lo más importante, con familias enteras leales a la Tradición. Familias en las que aún hoy en día, el amor a nuestros principios se transmite de padres a hijos como se ha hecho siempre, sin grandes discursos, con el ejemplo, en el día a día. Y seremos pocos, pero más de lo que parece a simple vista. 

Lo mejor de todo, nuestra mejor arma para el futuro es que podemos decir con el corazón en la mano una cosa sorprendente: que tenemos razón. Esto de tener razón es a veces una carga pesada y conlleva dos graves tentaciones que hemos de conocer y rechazar. 

La primera es la de pensar que ya está todo profetizado, que ya está todo dicho y todo hecho, que ya no queda nada mas que encerrarse en la catacumba para esperar la Parusía. A lo largo de nuestra historia los carlistas hemos ido anunciando una serie de males que se han ido cumpliendo uno tras otro: la destrucción del orden tradicional, municipal, laboral, familiar, educativo, de los principios de autoridad, solidaridad, etc. El separatismo, el engordamiento del estado, la inmoralidad hecha ley, etc.

La otra tentación es la del purismo. La de engreírse por pensar que todo lo sabemos, que nadie tiene nada que enseñarnos. La de  renunciar a cualquier clase de proselitismo porque eso, al fin y al cabo, implica tener un contacto con personas "impuras" que podrían contaminarnos o ensuciar nuestro sagrado depósito. 

En fin, si somos capaces de superar estas dos tentaciones y nos esmeramos en cuidar lo que tenemos -que no es poco- estoy convencido de que el Carlismo tiene por delante un futuro bien amplio; que habrá carlistas en el futuro y que además tendrán mucho qué hacer y qué decir. 

EL FUTURO

El futuro será lo que Dios quiera. Nosotros podemos prepararnos, podemos imaginar y podemos prever consecuencias aplicando la lógica. Pero agobios los justos. No es verdad que el futuro esté en nuestra mano. Nosotros podremos hacer mucho o poco pero quien dirige la historia es la Divina Providencia. Así que tranquilidad. No es difícil intuir que vamos a vivir una fase de agonía social que irá seguida por otras de persecución, de catacumbas, de resistencia y de reconquista. Lo que no sabemos son los ritmos con los que se irán sucediendo estas distintas fases. Además, a pesar de la globalización actual es probable que las cosas no sucedan de forma uniforme en todas las regiones y países. En todas y cada una de esas fases, en la agonía, en la persecución, en la reconstrucción... habrá carlistas. De hecho no me las imagino sin carlistas. Y también me aventuro a afirmar que esos carlistas tendrán un papel significativo: como aglutinante, como intendencia ideológica o para animar, para dirigir, para servir a los demás. En todas esas fases jugarán un papel importante las familias, las organizaciones, las "guerrillas" tradicionales y también, en un plano superior, para levantar el ánimo, el espíritu religioso así como la idea de la Hispanidad como gran ideal geoestratégco. 

CONSEJOS PARA EL FUTURO

Concluyo con algunos consejos que creo que nos ayudarán a enfrentar mejor el futuro, venga como venga. 

1º. Cuida tu familia. Conviértela en un bastión físico y espiritual que sirva de refugio para todos sus miembros, para los amigos y para otras familias. 

2º. Cuida la organización, las organizaciones que sirven a la Tradición hispana, empezando por la Comunión. No es lo mismo trabajar en solitario que hacerlo en equipo. Esto último es más difícil y requiere esfuerzo y paciencia, pero merece la pena. Obedece a las autoridades, se disciplinado cuando se dicten cosas realmente importantes. 

3º. Aprende a distinguir lo fundamental de lo accesorio. No discutas por tonterías. Se tolerante con los que en las cosas centrales piensan igual que tú. Cuando pienso en esto me viene a la memoria la rivalidad entre Quevedo y Góngora en el siglo de Oro. Los dos estaban absolutamente de acuerdo en lo fundamental. Casi hasta se podría aplicar a ambos en anacronismo de llamarlos carlistas porque efectivamente ambos creían en el mismo orden de Dios - Patria- Fueros y Rey tal como lo amamos los carlistas actuales. Sin embargo ellos son el paradigma del antagonismo vital. No deja de ser curioso. No saco este ejemplo para que les imitemos en sus riñas, lógicamente, sino precisamente para que caigamos en la cuenta de que dentro de la misma Hispanidad, y del mismo Carlismo, podemos caber personas con estilos, talantes o espíritus muy diversos. 

4º. Fomentad las guerrillas, o sea, toda clase de pequeñas organizaciones espontáneas, prácticas, locales, muy pegadas al terreno, que sirvan a un ideal común, que respeten la autoridad de los que saben y la buena doctrina, pero que sepan funcionar con libertad y flexibilidad máxima. No nos ha ido nada mal la estrategia de guerrillas a lo largo de nuestra historia.

5º. Estad atentos al problema religioso pero sin obsesionarse con el mismo. Si la gente no está catequizada poco podremos hacer como políticos católicos. Por ejemplo, ¿cómo explicar el amor a la Patria a alguien que no conoce el cuarto mandamiento o, peor aún, que ni siquiera tiene un padre como Dios manda? Cualquiera de nosotros puede ayudar a la catequización, a la evangelización pura y dura a través de las instituciones de la Iglesia, pero la misión del Carlismo no es catequizar sino completar la dimensión social y política de los ya catequizados. "Dadme católicos y los haré carlistas", decía Carlos VII. Pues eso. 

6º. Defendamos la Hispanidad, con ideas, libros y conferencias y con la práctica, fomentando sin descanso toda clase de lazos entre los pueblos hispanos. 

En fin, con todo esto y con algunas otras cosas que seguramente me dejo en el tintero cumpliremos con nuestra misión, cada uno en el puesto que Dios le reserve, con humildad, cada uno según su vocación. Y ojo: sin quemarse, porque ese es otro de los peligros que amenazan al militante. Hay que trabajar con entusiasmo pero sabiendo medir las propias fuerzas. Llevando a cabo el trabajo encomendado de forma sostenible en el tiempo. Durante toda la vida si fuera preciso. Porque como ya he dicho no sabemos los tiempos, ni los ritmos. Sabemos que podría terminar mañana mismo. Pero que nuestra actitud es la de la mirada larga, la del largo plazo. Esa es nuestra especialidad, fieles a ella será como mejor sirvamos a Dios y a España. 



13 feb 2021

Unos carlistas limpian el monumento al general liberal Concha: respeto a los muertos

Memoria histórica de la buena



Antes

Durante

Después



Este sábado, 13 de marzo, tocaba jornada de memoria histórica de la buena. Un grupo de carlistas navarros nos acercamos a Abárzuza para limpiar el monumento al general liberal Concha que se encontraba en un estado de abandono lamentable. 

Ante la moda destructora al estilo talibán que están promoviendo las "leyes de memoria histórica" nos ha parecido oportuno hacer este gesto constructivo. Para decir al mundo que no hay que tener miedo de la historia, que no es lícito arrancar del pasado las páginas que no gustan a uno, y que los muertos, sean quienes sean, merecen respeto.

Nosotros somos carlistas, herederos de quienes en el campo de batalla se enfrentaron con el general Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero, un destacado jefe del ejército liberal que fue derrotado y resultó muerto en Abárzuza en junio de 1874. Teníamos entonces muchas razones para sublevarnos contra aquellos gobiernos que trajeron la revolución liberal a las Españas. Y las seguimos teniendo ahora para oponernos a todas las políticas que procuran la destrucción de nuestro pueblo. Hemos recibido de nuestros veteranos ejemplos admirables que nos animan a seguir resistiendo. Ellos tuvieron la valentía de señalar los errores de las ideologías, y nos dieron ánimo para soñar con una España tradicional, católica y foral... Lo que nunca nos enseñaron fue a odiar.





4 feb 2021

Otra vez sobre Franco y los franquistas



Ya en otras ocasiones he entrado en este debate recurrente dando mi opinión sobre Franco y el franquismo y ahora podría resumirla en estas dos ideas: "la historia para los historiadores" y "los carlistas fuimos antifranquistas cuando había que serlo". 

La chispa para reabrir la cuestión han sido unas declaraciones del cardenal Osoro en las que viene a decir que no le haría gracia acoger los restos del general Franco en el espacio que su familia tiene en La Almudena. No se hasta qué punto se da cuenta el señor cardenal que con esa actitud deja a la Iglesia en una situación penosa pues la presenta como una institución desagradecida e incoherente. ¿Qué explicación puede haber para que un cardenal de la Iglesia discrimine de esa forma a un hombre que en 1953 fue distinguido por el Papa con la "Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Señor Jesucristo"?. ¿Cómo explicar el agravio comparativo que supone el entierro en la catedral de Avila, con todos los honores, de Adolfo Suárez, el que fuera secretario general del partido de Franco?

El caso es que aprovechando la ocasión un amigo franquista ha arremetido contra los carlistas comparando nuestro viejo antifranquismo con el de los actuales antifranquistas.Y no se da cuenta de que son antifranquismos diferentes. 

Hubo un tiempo en el que los únicos antifranquistas, los únicos que se atrevían a llevar la contraria al dictador eran carlistas. No todos los carlistas, por supuesto, pero sí muchos de ellos. Y el tiempo les ha dado la razón.

Los 38 años de reconciliación, reconstrucción católica y social presididos por Franco no se fundaron políticamente en la soberanía social sino en la arquitectura artificial de un régimen autoritario que se desmoronó al morir el general o, peor aún, que pasó entonces de dictadura de partido a dictadura de partidos. Lo que criticaban aquellos viejos carlistas -cuando vivía Franco, no ahora 45 años después, como los cobardes que hacen leña del árbol caído- era el partido único, las formas huecas, el centralismo, el paripé de unas cortes nombradas a dedo desde arriba, el estatismo creciente cuyo testigo ha heredado la partitocracia... Son razones, como se ve, totalmente distintas a las que fundamentan el antifranquismo progre de nuestros días.

Y digo que tenían razón aquellos críticos de entonces porque es evidente que algo falló en las previsiones optimistas de aquel "atado y bien atado". ¿Para cuándo la autocritica de los franquistas? Si todo era tan bueno y estaba tan bien atado ¿cómo es posible que se haya llegado a la situación actual?

Lo de Osoro es de vergüenza ajena, porque demuestra un desagradecimiento atroz a un gobernante cuya buena intención no juzgamos los carlistas. El problema de Franco no es lo bueno que hizo -aquellas cosas por las que se supone que recibió una condecoración papal-, sino lo que él y los suyos dejaron de hacer para posibilitar una vuelta real a la España tradicional. Y lo dejaron de hacer, dicho sea de paso, por complejo ante la moda extranjerizante mientras se llenaban la boca de España: primero la de los fascistas europeos y luego la de los yanquis.

No digo que fuera fácil. No juzgo intenciones. Solamente digo que entiendo y defiendo las razones de nuestro viejo antifranquismo carlista. Y que si ahora parezco a veces franquista es porque soy heredero de un antifranquismo diferente, mucho más auténtico y radical que el mezquino políticamente correcto. 

Dicho esto, podemos pasarnos la vida analizando los 38 años de un gobierno que terminó hace 45. Pero eso no es política, eso es historia.  

21 dic 2020

Se cumplieron las profecías políticas del Carlismo. ¿Y ahora qué?



Los carlistas tenemos un problema. Llevamos toda la vida, pero especialmente el último medio siglo en plan profeta, anunciando las desgracias que iban a ir viniendo. Y todo se ha cumplido. Anunciamos, como si fuera una escalera previsible de calamidades, una tras otra, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la destrucción de la familia, el aberrosexualismo, la venta de España, el sometimiento general a la cultura anglosajona, el avance de los separatismos, la perdida de libertades, la despoblación, la crisis rural, y la urbana, la inmigración desordenada, la perdida de las tradiciones, la manipulación de las culturas y lenguas regionales, la droga y otras adicciones, la pornografía, la crisis de autoridad, el totalitarismo en la enseñanza, el feísmo, la cultura de la subvención, la manipulación de la historia, el laicismo, el anticlericalismo, la cristofobia, la descristianización sistemática... Y todo se ha ido cumpliendo, una cosa ha llevado a la otra porque los males nunca vienen solos. Porque todos ellos están íntimamente relacionados. 

La frase más repetida por los carlistas en las últimas décadas ha sido esa tan manida de "Tronos a las premisas, cadalsos a las consecuencias". Es una sentencia que recoge a la perfección la incoherencia de los que se iban lamentando por cada nuevo peldaño en la degradación general de las cosas sin querer reconocer que, paso a paso, seguíamos descendiendo porque en su momento alguien decidió que había que bajar. 

Ahora ya pocos avisos nos quedan. ¿La tercera república?, ¿la persecución abierta?, ¿el modelo chino de totalitarismo?... Todo ello, aunque terrible, no dejaría de ser una vuelta de tuerca más en una sucesión de hechos lógicamente perversa. Los que han escuchado la voz del tradicionalismo clamando en el desierto ya saben qué cabe esperar. Los que se rieron de nosotros han sido barridos por la ola. Por nuestra parte de nada nos serviría, sino para engordar el orgullo, exigir que se nos reconociera que teníamos razón. Sí, por supuesto que la teníamos... ¿pero ahora qué?

Ahora se abre un tiempo nuevo. La travesía del desierto toca a su fin. ¿Para llegar a la Tierra Prometida? Si, al final sí, por supuesto. Estamos llenos de esperanza. Pero no somos ingenuos. Después del desierto vienen las tribulaciones, la lucha contra los filisteos, el combate de David contra Goliat, y también la resistencia martirial de los Macabeos.

Llegan tiempos de acción mas que de precaución. Todos nuestros avisos son humo y llegan tarde. Ahora ya no es momento de más profecías políticas sino de organizar la resistencia y la reacción. Si has leído hasta aquí... quienquiera que seas, y estás donde estés, crea un núcleo de resistencia, una guerrilla política, social, cultural o, simplemente, familiar. Allí donde perviva un núcleo carlista ponte a su servicio. La Comunión Tradicionalista Carlista permanece vigilante y se está preparando, con humildad, con constancia, con toda su experiencia. Si llegas ahora se bienvenido. No será fácil. Ten ánimo, ten fe, haz lo que debas... Y suceda lo que Dios quiera.

10 nov 2020

Los ladridos del Diario de Noticias contra la memoria de la Navarra del 36


Esto lo escribí hace cinco años. Y hoy precisamente vuelve esta historia a plena actualidad.

“Una preciosa carta de nuestro Arzobispo, Francisco Pérez. Y que se publica en La Verdad ilustrada con una imagen de la segunda cúpula de España: la del Monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada.
Este templo cuya parte superior gestiona actualmente el ayuntamiento de Pamplona… y que no saben que hacer con él. Hay que ver lo nerviosos que se ponen los de Bildu y todos los progres en general cada vez que se les recuerda que en el 36 Navarra, demostrando de forma heroica su LIBERTAD, decidió levantarse en armas contra un gobierno tiránico.”

Digo que vuelve a la actualidad porque arrecian de nuevo las presiones al clero desde el Diario de Noticias y otros medios anticatólicos para que se siga tratando como apestados a los miembros de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Una Hermandad canónica, fundada por excombatientes católicos y bajo el impulso del entonces obispo de Pamplona don Marcelino Olaechea (en proceso de beatificación) para -nada más y nada menos- mantener convenientemente santificado y depurado de miserias humanas el verdadero espíritu de cruzada, el auténtico espíritu macabeico que inspiró a gran parte de los sublevados en julio del 36. La Hermandad que inició en 1940 las famosas “Javieradas”. Hermandad de la que he tenido el privilegio de ser Caballero Prior durante unos años y en cuyo mandato, de acuerdo con el entonces arzobispo don Fernando Sebastián, fueron actualizadas sus Reglas.

Después de la gran cesión que supuso la donación del Monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada (la segunda cúpula de España) -con escasas seguridades jurídicas- al Ayuntamiento; después de que ello llegara a propiciar el mayor sacrilegio de la historia reciente de España con la famosa exposición blasfema del pobre diablo Abel Azcona; después de la indigna exhumación -contra el deseo de la mayoría de los familiares- de los difuntos que reposaban en la cripta… ahora quieren prohibir a la Hermandad que mantenga el culto en su sede -que no es mas que una catacumba- rezando por sus muertos.

Sus muertos, los muertos “por Dios y por España” que no son solo “nuestros” muertos porque deberían ser honrados y recordados con respeto por todos los cristianos de Navarra y de España, porque gracias a ellos, a su sacrificio, se libró a Navarra y a España de una amenaza cierta de tiranía anticristiana. ¿Qué hubiera sido de Navarra si no hubiera sido por la victoria de nuestros modernos cruzados? Aquellos que hemos conocido, nuestros mayores que fundaron la Hermandad, por ejemplo, no se alzaron por ambiciones ni por impulsos ideológicos sino en un movimiento defensivo, con plena libertad, siguiendo el llamamiento de la Diputación Foral y contra un gobierno que consideraron entonces ilegítimo.

Si no hubiera sido por su victoria ¿habría existido un renacer religioso en Navarra?, ¿habrían salido de las familias navarras los miles y miles de misioneros navarros muchos de los cuales siguen todavía repartidos por todo el mundo? De bien nacidos es ser agradecido y Navarra, la opulenta y orgullosa Navarra del siglo XXI no lo está siendo con sus mayores porque asiste silenciosa y amedrentada por los ladridos que se leen en el Diario de Noticias.

21 oct 2020

El Santo Padre y la "defensa de Dios"



Vuelven algunos a ponerse un poco nerviosos por culpa de frases entresacadas de un documento pontificio. La encíclica Fratelli Tutti, como cualquier otro documento papal, podría trocearse en miles de tuits y dar lugar a lecturas absolutamente contradictorias. Tengamos cuidado con esas lecturas sesgadas y con la manipulación constante a la que se somete cualquier texto eclesial. Es importante leer estas cosas en su conjunto, entender quién es el destinatario de cada mensaje y saber darse por aludido sólo cuando corresponda. 

En cualquier caso -y esto sirve para cualquier polémica de las que suelen acompañar cada vez más a los Papas en estos tiempos- diga lo que diga o haga lo que haga el Obispo de Roma recuerden que la palabra "Papa" significa padre y que no está bien alborotarse o mucho menos menospreciar o ridiculizar sus enseñanzas. En ningún caso. Como dice el Libro del Eclesiastés 3, 2-6: "aunque chochee". ¿Que oímos o leemos algo que no nos cuadra? No pasa nada, vayamos al Magisterio, acudamos a la Tradición perenne y no nos equivocaremos. 

En el punto 285 de su reciente encíclica, el Papa se refiere a cierta declaración compartida con un importante clérigo musulmán. En ese párrafo afirma: "En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente". Yo, desde luego, como cristiano, español y carlista no me siendo aludido por esta advertencia, y pienso sin embargo que sí resulta un aviso muy oportuno dirigido al islamismo radical. 

Nosotros, los carlistas, a pesar de nuestros himnos y de nuestros lemas, no luchamos "por Dios" en sentido literal. Eso es lo que quiso hacer el bueno de San Pedro cuando sacó la espada en Getsemaní y el mismo Jesús se lo impidió recordándole que, si lo hubiera querido, habría tenido legiones de ángeles a su servicio. Nuestra lucha es más bien como la de los santos Macabeos: es una lucha por la Religión, por la civilización cristiana, por nuestra Tradición. Si se puede decir que salimos "en defensa de Dios" es en tanto que lo hacemos en defensa de nuestros hermanos, de los pobres y de los débiles recordando aquello de "... a Mí me lo hicísteis". Salvando errores y pecados que no hay por qué ocultar, podríamos afirmar que los españoles defensores de la España tradicional, siempre que hemos tomado las armas lo hemos hecho con espíritu defensivo, para luchar contra el invasor o contra el usurpador; nada que ver por tanto con la yihad de los musulmanes o con las guerras imperialistas de las ideologías o de los tiranos. 

Nos hierve la sangre estos días viendo las imágenes de templos en llamas que nos llegan desde Chile. La excusa de una protesta política contra el gobierno, el recurso a señalar estos hechos como casos aislados, obra de exaltados, no pueden ocultar que el objetivo último de las ideologías hegemónicas es acabar con la Civilización cristiana, el último bastión que impide la destrucción de la naturaleza del hombre. No es la primera vez que la Revolución descubre su lado satánico con la quema de iglesias. Ni será la última. Todo parece indicar que llegan tiempos recios para los que tendremos que prepararnos en cuerpo y alma. Defendiendo los templos, y a la vez cuidando el espíritu para que no se nos contagie la espiral del odio.

2 jun 2020

Lo más antiespañol: una Españita centralista


El globalismo (al menos así estaban las cosas antes del virus) quiere dar por amortizados a los estados-nación. es evidente que se sirve de los partidos que infectan las regiones para dinamitarlos desde dentro. Sin embargo me parece un error no saber  distinguir entre "las regiones" y los políticos egoístas que las mangonean. 

Un eurodiputado español, de derechas, dijo allá por febrero que "El regionalismo es una estrategia para disolver las naciones y está impulsado desde la propia UE para debilitar a los estados". 

La verdad es que no entiendo por qué quienes más presumen de españoles andan siempre copiando todo lo que venga del mundo anglosajón o de Francia. No hay nada más hispano que el regionalismo. No hay nada más antiespañol que el centralismo.

La Hispanidad se forjó como una monarquía plural. Pueblos hermanos unidos en un proceso federativo no uniformista. Reducir España a un paisito peninsular homogéneo, a una más en el conjunto de las pequeñas repúblicas bananeras en las que se disgregó la Monarquía Católica es lo que siempre quisieron nuestros enemigos. Es por tanto lo más antiespañol. 

Yo también estoy harto de los mezquinos nazionalismos separatistas. Soy navarro y sé de qué hablo. Pero creo que un político responsable, y más si pretende ir de super-español por la vida, no puede desear para nuestra Patria el modelo afrancesado. Con eso solo consigue echar gasolina al fuego. 

España necesita sustituir la tentación globalista por la realidad viva de la gran patria hispana. Y necesita asimismo hacerse fuerte desde abajo, desde sus municipios y sus regiones. Hay que acabar con las autonomías, sí, pero para liberar a las regiones, no para darlas por perdidas.

25 nov 2019

Lo que más o menos he dicho en el Cerro de los Angeles en la víspera de Cristo Rey

“No hay animal más peligroso que un requeté recién comulgado”. Esta frase tan tonta -aunque tiene una parte de verdad- parece ser que la dijo Indalecio Prieto. No se qué diría hoy viendo a este grupo de carlistas comulgados, confesados, con la indulgencia del año jubilar y con la consagración al Sagrado Corazón recién hecha. ¡Esto si es que peligroso de verdad!
Pero hay que señalar que el peligro que representamos para el sistema político no es exactamente el mismo que imaginaba Indalecio Prieto. El peligro para el sistema es que nosotros somos inasequibles al desaliento. Que si por algo nos caracterizamos es por nuestra moral de victoria. Eso si que es peligroso para un sistema que nos quiere resignados y sumisos. Nosotros sabemos que la victoria la tenemos asegurada y por eso nuestra mera existencia es más peligrosa para el estado de cosas actual que lo que representan las familias derrotistas del catolicismo español. Me refiero por una parte a los malminoristas, los que amagan y no dan, los que siempre se quedan cortos, los que están acostumbrados a negociar con lo no-negociable. Y también me refiero a los llorones, a esos que ante una situación de desastre generalizado suelen caer en lloriqueos inútiles o, por ejemplo, en esas típicas críticas sobre lo que deberían hacer o dejar de hacer los señores obispos. Son tentaciones que también a nosotros nos rondan, pero ninguna de esas es nuestra actitud. Nosotros preferimos centrarnos en el cumplimiento de nuestro deber. Eso es lo que nos hace realmente “peligrosos”. Pero, cuidado, no por nuestros méritos.
¿Sabéis realmente a qué hemos venido hoy al Cerro de los Angeles? ¿Por qué hemos renovado la Consagración al Corazón de Jesús? Os lo diré: hemos venido a vacunarnos. A vacunarnos contra el voluntarismo, contra esa peste de la política que es el orgullo y la exaltación de la pura voluntad. Nosotros no somos de “podemos”, somos de “debemos”. Porque para nosotros lo importante no es el poder sino el deber. No es la voluntad sino la verdad. El deber huye de los calculos, de los maquiavelismos y de las manipulaciones. El deber se cumple cueste lo que cueste. Y nuestro deber es, tal y como hemos hecho esta mañana, ponernos al servicio de lo que Dios quiera. Porque la Reconquista de España -como nos enseña Covadonga- empezará cuándo, dónde y cómo Dios quiera. Si alguien piensa que vamos a salvar a España por nuestras propias fuerzas, por nuestra cara bonita, porque somos los mejores o los menos corruptos está muy equivocado. Si alguien piensa eso será mejor que se vaya o que funde uno de esos partidos de la ultraderechita valiente. Pero que no se llame carlista porque el carlismo es el campo de los caballeros del deber.
Dicho esto, más de uno pensará que con tanta consagración, tanta Misa y tanto rezo los carlistas somos una cofradía. Están muy equivocados. El Carlismo es un movimiento político y nuestro deber consiste en trabajar en el campo político y social. ¡Y hay tanto por hacer! El Carlismo tiene un espacio político enorme por articular. El sistema nos vende la idea de que dentro del arco parlamentario ya están representadas todas las opciones posibles. No es verdad.
Hay una cosa que se llama España, que está clamando por ser lo que ha sido, lo que es y lo que será. Es la España católica que es algo más de eso de las raíces grego-romanas-judeo-cristianas. Por supuesto que nosotros queremos defender nuestras raíces cristianas, pero también nuestro tronco, y nuestras ramas, y nuestros frutos. Por eso somos el único grupo político que, en un mitin político, se atreve a gritar: ¡Viva Cristo Rey!. Nuestro lema de “Nada sin Dios” resume perfectamente la cuestión. No son jaculatorias, son principios políticos. Son la garantía de los débiles frente a los poderosos. Guías para un gobierno justo.
Y luego está el trabajo inmenso que ha de hacerse por liberar a la sociedad de la tiranía de los partidos. Todos ellos, desde el fascismo de Musolini hasta el Podemos de Pablo Iglesias coinciden en un mismo principio voluntarista: “dadnos el voto para que nosotros, desde arriba, os arreglemos los problemas”. Eso es una tiranía. Los partidos políticos usurpan la vida social. Y nosotros lo que queremos es que haya familias libres, municipios libres, cuerpos sociales libres, universidades libres, sindicatos libres… Algunos se creen el no va más cuando piden la ilegalización de los partidos políticos separatistas. Nosotros vamos más allá. Exigimos la desaparición de todos los partidos políticos, porque están chupando la sangre a la sociedad, porque matan la libertad de una sociedad viva.
¿Tenemos o no tenemos trabajo? Realmente está todo por hacer.
“Mil veces he oído decir en torno mío, pasó la ocasión, esta vez si que se hundió la Causa…” ¿Os acordáis de estas palabras del Testamento político de Carlos VII? En ese importantísimo documento el rey concluye que la Causa del Carlismo es la Causa de España. Y esa Causa no morirá jamás. Pero recordad lo que decía al principio, que nuestra actitud no puede ser la ya conocida de los partidos, la de los voluntaristas. En ese mismo documento de Carlos VII, un poco más adelante, se expresa una idea que yo al menos he adoptado como uno de mis lemas vitales. Es un lema que ayuda a trabajar sin descanso, cueste lo que cueste, pero sin el agobio y el veneno del orgullo que tanto daño hace a cualquier proyecto político. Somos débiles y la misión es enorme. No importa. Como decía Carlos VII: “Adelante, haz lo que debas, y suceda lo que Dios quiera”. 
Javier Garisoain Otero
Presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista
Cerro de los Angeles, 23 de noviembre de 2019

21 oct 2019

Carta oberta als carlins catalans


Carta oberta als carlins catalans
Estimats correligionaris,
Vagi abans de res, prèvia a qualsevol altra consideració, una abraçada enorme i la manifestació del nostre respecte i admiració, en nom de tots els militants de la Comunió Tradicionalista. Per sobre de consideracions polítiques, d’explicacions teòriques o de raons històriques està la dura realitat d’una societat fragmentada que us està tocant viure en primera persona. Famílies, amistats i convivència trencades. Ferides terribles que costarà molt de temps estroncar. La ruptura de la pau social i de les vies mínimes de convivència és un crim de lesa humanitat i els culpables del clima guerracivilista que s’ha generat des de fa temps a tot Espanya i ara tan cruelment a Catalunya haurien de pagar per això. Sapigueu que no esteu sols.
Vosaltres coneixeu de sobres, com carlins que sou, que el separatisme no és el problema, sinó la conseqüència d’un problema. Perquè el mateix que passa amb els cossos, que es descomponen en morir, ocorre amb les societats: que es disgreguen quan perden la seva ànima. I l’ànima constitutiva (no “constitucional”) de totes les nostres Espanyes, que porta dos-cents anys en retirada, ha estat des de sempre una ànima cristiana. “O cristiana o no serà”, com va dir Torras i Bages.
Però què va ser de les nostres, de les vostres, arrels cristianes? On van quedar els set alçaments populars contrarevolucionaris de la Catalunya catòlica i tradicional? En poc més d’un segle vostres avis es van aixecar en armes contra la Convenció, contra Napoleó, contra el primer liberalisme, contra la usurpació en tres ocasions, contra la revolució del 36 … Heu pagat un alt preu en herois i en màrtirs. Mai podrà Espanya compensar tant sacrifici. I no obstant això, a dia d’avui, hem de reconèixer humilment la realitat: que les ideologies de la modernitat han triomfat. Almenys aparentment han aconseguit no només el poder polític sinó també això que en diuen l’hegemonia cultural. Amb el seu triomf han buidat de contingut tot allò pel que valia la pena lluitar. Han fet les ideologies una Espanya odiosa que és tot just un estat, una burocràcia, una trama partitocràtica que no suscita amor perquè ha renunciat a ser la nostra pàtria gran. Han fet una Catalunya mesquina, egoista, camp de cultiu de les mateixes ideologies, i feu de idèntics partits. Han fet una nova religió progre, barreja d’idolatria nacionalista amb ateisme pràctic que s’atreveix a subjugar l’Església i a adulterar el missatge de l’Evangeli. Han fet del rei una titella, dels furs un conte mal explicat, de la llengua una eina d’odi, de la història una mentida subvencionada, dels nostres joves una massa sense criteri, del nostre futur un horitzó amb més minarets que campanars.
El monstre ideològic que ocupa ara les institucions a tot Espanya, i amb més desvergonyiment a Catalunya és, per tant, el de l’anti-Espanya i el de l’anti-Catalunya.
Aquí és on cal enquadrar l’enfrontament actual. El que es porta gestant en els últims anys, i el que esclata ara mateix amb la violència d’aquesta “gent de pau” que incendia els carrers de Barcelona (de forma controlada i amb l’ajuda inestimable d’alguns bombers, per cert), és un enfrontament entre dos caps d’una mateixa Revolució. La policia i els aprenents de terrorista del separatisme no s’estan enfrontant per Espanya ni per Catalunya, sinó en defensa dels interessos dels seus caps que són, repetim-ho fins a la sacietat: l’anti-Espanya d’una banda i l’anti-Catalunya per una altra. Pretendre apagar l’incendi separatista amb més constitució és tirar gasolina al foc. Pretendre recuperar la grandesa catalana amb l’afany de crear una nova republiqueta bananera és ridícul.
Enmig d’aquest conflicte els carlins catalans, i tots els catalans de bona fe, aquells que conserven una mica d’esperit crític i de seny, teniu una missió transcendent. Cal que, passi el que passi, hi hagi algú que conservi viva l’ànima de Catalunya. Encara que sigui en petits reductes, encara que sigui a costa de viure ridiculitzats per uns i per altres. Hi ha gràcies a Déu iniciatives diverses, associacions culturals, guerrilles digitals, veus valentes que aixequen entre vosaltres la bandera de la lleialtat al projecte català i hispànic. Sosteniu, tingueu cura de tots aquells que donin el pas endavant en defensa dels vostres propis ideals. Demostreu amb fets que anomenar “carlistes” als que creuen que Puigdemont és un príncep exiliat és una simplicitat. I expliqueu que el problema d’Espanya va més enllà de la fallida de la unitat de l’estat.
Els carlins catalans sou ja ara i haureu de ser, quan Déu vulgui que tornin les aigües al seu curs, un punt de referència imprescindible per a tots els vostres compatriotes. “Endavant, fes el que hagis de fer, i passi el que Déu vulgui”. En aquesta divisa de Carles VII rau la nostra moral de victòria i la proverbial fermesa dels carlins, sempre vençuts, mai rendits, inassequibles al desànim. Ningú com vosaltres sabrà donar exemple i raons del veritable ser català. Visca sempre la nostra Catalunya hispana!
En Crist Rei,
F. Javier Garisoain Otero
President de la Comunió Tradicionalista Carlista
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Queridos correligionarios,
Vaya antes de nada, previo a cualquier otra consideración, un abrazo enorme y la manifestación de nuestro respeto y admiración, en nombre de todos los militantes de la Comunión Tradicionalista. Por encima de consideraciones políticas, de explicaciones teóricas o de razones históricas está la dura realidad de una sociedad fragmentada que os está tocando vivir en primera persona. Familias, amistades y convivencia rotas. Heridas terribles que costará mucho tiempo restañar. La ruptura de la paz social y de los cauces mínimos de convivencia es un crimen de lesa humanidad y los culpables del clima guerracivilista que se ha generado desde hace tiempo en toda España y ahora tan cruelmente en Cataluña tendrían que pagar por ello. Sabed que no estáis solos.
Vosotros conocéis de sobra, como carlistas que sois, que el separatismo no es el problema, sino la consecuencia de un problema. Porque lo mismo que pasa con los cuerpos, que se descomponen al morir, ocurre con las sociedades: que se disgregan cuando pierden su alma. Y el alma constitutiva (no “constitucional”) de todas nuestras Españas, que lleva doscientos años en retirada, ha sido desde siempre un alma cristiana. “O cristiana o no será”, como dijera Torras i Bagès.
¿Pero qué fue de nuestras, de vuestras, raíces cristianas? ¿Dónde quedaron los siete alzamientos populares contrarrevolucionarios de la Cataluña católica y tradicional? En poco más de un siglo vuestros abuelos se levantaron en armas contra la Convención, contra Napoleón, contra el primer liberalismo, contra la usurpación en tres ocasiones, contra la revolución del 36… Habéis pagado un alto precio en héroes y en mártires. Nunca podrá España compensar tanto sacrificio. Y sin embargo, a día de hoy, debemos reconocer humildemente la realidad: que las ideologías de la modernidad han triunfado. Al menos aparentemente han alcanzado no sólo el poder político sino también eso que llaman la hegemonía cultural. Con su triunfo han vaciado de contenido todo aquello por lo que merecía la pena luchar. Han hecho las ideologías una España odiosa que es apenas un estado, una burocracia, una trama partitocrática que no suscita amor porque ha renunciado a ser nuestra patria grande. Han hecho una Cataluña mezquina, egoísta, campo de cultivo de las mismas ideologías, y feudo de idénticos partidos. Han hecho una nueva religión progre, mezcla de idolatría nacionalista con ateísmo práctico que se atreve a sojuzgar a la Iglesia y a adulterar el mensaje del Evangelio. Han hecho del rey un títere, de los fueros un cuento mal contado, de la lengua una herramienta de odio, de la historia una mentira subvencionada, de nuestros jóvenes una masa sin criterio, de nuestro futuro un horizonte con más minaretes que campanarios.
El monstruo ideológico que ocupa ahora las instituciones en toda España, y con mayor descaro en Cataluña es, por tanto, el de la anti-España y el de la anti-Cataluña.
Aquí es donde hay que encuadrar el enfrentamiento actual. Lo que se lleva gestando en los últimos años, y lo que estalla ahora mismo con la violencia de esa “gente de paz” que incendia las calles de Barcelona, (de forma controlada y con la ayuda inestimable de ciertos bomberos, por cierto) es un enfrentamiento entre dos cabezas de una misma Revolución. La policía y los aprendices de terrorista del separatismo no se están enfrentando por España ni por Cataluña, sino en defensa de los intereses de sus jefes que son, repitámoslo hasta la saciedad: la anti-España por un lado y la anti-Cataluña por otro. Pretender apagar el incendio separatista con más constitución es echar gasolina al fuego. Pretender recuperar la grandeza catalana con el empeño de crear una nueva republiquita bananera es ridículo.
En medio de este conflicto los carlistas catalanes, y todos los catalanes de buena fe, aquellos que conservan algo de espíritu crítico y de seny, teneis una misión trascendente. Es preciso que, pase lo que pase, haya alguien que conserve viva el alma de Cataluña. Aunque sea en pequeños reductos, aunque sea a costa de vivir ridiculizados por unos y por otros. Existen gracias a Dios iniciativas diversas, asociaciones culturales, guerrillas digitales, voces valientes que levantan entre vosotros la bandera de la lealtad al proyecto catalán e hispánico. Arropad, sostened, cuidad a todos aquellos que den el paso al frente en defensa de vuestros propios ideales. Demostrad con hechos que llamar “carlistas” a los que creen que Puigdemont es un príncipe exiliado es una simpleza. Y explicad que el problema de España va más allá de la quiebra de la unidad del estado.
Los carlistas catalanes sois ya ahora y habréis de ser, cuando Dios quiera que vuelvan las aguas a su cauce, un punto de referencia imprescincible para todos vuestros compatriotas. “Adelante, haz lo que debas y suceda lo que Dios quiera”. En esta divisa de Carlos VII radica nuestra moral de victoria y la proverbial firmeza de los carlistas, siempre vencidos, nunca rendidos, inasequibles al desaliento. Nadie como vosotros sabrá dar ejemplo y razones del verdadero ser catalán. ¡Viva siempre nuestra Cataluña hispana!
En Xto. Rey,
F. Javier Garisoain Otero
Presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista

29 ago 2019

Unidad del Carlismo y estrategia a seguir

El pasado domingo tuve la ocasión de participar en Leiza (Navarra) en un encuentro de hermandad carlista que había sido convocado por el concejal de la villa, Silvestre Zubitur. Quiero escribir en estas líneas algunas reflexiones que ya compartí en mi intervención a los postres, así como otras con las que trataré de avanzar algunas ideas sobre estrategia. Espero que vayamos dando forma a las mismas de aquí a la reunión de la Diputación General de la Comunión Tradicionalista que celebraremos en octubre.
La “excusa” del encuentro de Leiza era la reposición temporal del monolito que recuerda a Joaquín Muruzábal, primer requeté muerto en combate en 1936. Pero la jornada sirvió para algo más que para alimentar la nostalgia. Iba a calificar el encuentro de “ecuménico” aunque sé que el profesor Miguel Ayuso, que se sentaba a mi lado en la comida, no me permite utilizar esa palabra. Así que vamos a dejarlo en “encuentro de hermandad”. Sin embargo es de destacar que estuviéramos sentados a la misma mesa, un grupo bien heterogéneo en el que había militantes de la Comunión, así como carlistas adheridos a la Secretaría Política de don Sixto, algunos parlamentarios forales de UPN (Navarra Suma), y tradicionalistas independientes procedentes de distintos lugares de España. El mérito de Silvestre Zubitur y sus amigos consiste ni más ni menos en haber creado un núcleo de resistencia. Un reducto que se ha convertido en punto de referencia útil para personas de concepciones políticas diversas. Y tienen además el coraje de haberlo hecho en un lugar inhóspito para cualquier amante de la Navarra tradicional, la Vasconia tradicional, la España tradicional. Un lugar dominado hoy en día por las ideologías postmodernas entre las que el mismísimo nacionalismo vasco, o hasta el viejo izquierdismo clásico, están siendo superados por las locuras globalistas del feminismo radical, la ideología de género o el animalismo.
La situación extrema de un pueblo como Leiza (82% de votos municipales a Bildu) podría tranquilizar a algunos pensando que en la inmensa mayoría de España “no estamos tan mal”. ¿De verdad?. En mi opinión la situación actual de España se parece a la del 718 (tras la invasión musulmana); a la de 1808 (tras la invasión revolucionaria liberal); o a la de 1936 (tras la “invasión” revolucionaria marxista). La única diferencia es que ahora estamos invadidos o colonizados por todos nuestros enemigos al mismo tiempo. Los núcleos de resistencia, como este de Leiza, o como supongo que fue en su día el de Covadonga, son fuertes porque son un último reducto. Porque han llegado a la roca. Porque han tocado fondo. Y son una esperanza, paradójicamente, porque demuestran que llega un momento en el que físicamente ya no es posible retroceder más. Día a día estamos viendo cómo se constituyen, aquí y allá, cada uno con sus peculiaridades, otros muchos núcleos de resistencia. El reto que tenemos por delante es el de lograr que esos núcleos de resistencia se conviertan en núcleos de reconquista. Pero eso no será posible si nos contentamos con recrearnos en la pureza doctrinal de nuestras pequeñas burbujas. Es preciso que por encima del orgullo de saberse “el resto”, prime un amor inmenso hacia nuestros compatriotas, nuestros vecinos, nuestros hermanos, aunque hayan sido arrastrados por la moda, los respetos humanos y la propaganda fanática de las ideologías. Hemos estado en Leiza, si, pero porque nos han convocado los carlistas leizarras. No hemos ido al estilo de esos partidos que presumen de españoles al mismo tiempo que dan por perdidos a los españoles separatistas. Nosotros sabemos que la reconquista es algo más que pasear una bandera. Nosotros sentimos un gran respeto por cada pueblo. Nosotros no damos a nadie por perdido. Solo así, desde este respeto, será posible, cuando Dios quiera, y donde Dios quiera, que surja una nueva Covadonga. Un punto de inflexión en el que pasemos del retroceso y de la resistencia a la misión y a la reconquista.
El ejemplo histórico de las grandes crisis hispánicas -718, 1808, 1936- nos enseña que, en general, la estrategia de la guerra de guerrillas no nos ha ido tan mal. Es iluso pensar hoy por hoy en grandes ejércitos si no se realiza previamente, un oscuro trabajo a pie de calle, casa por casa, familia por familia. Por algo será -y no por pose feminista- que los carlistas hemos sido más de “partidas” que de “partidos”. Bromas aparte, soy consciente, por cierto, de estar utilizando una terminología bélica y nada más lejos de mi intención que exaltar los ánimos por esa vía. La durísima experiencia de nuestros mayores basta para saber que hay muchas formas de luchar. Y me atrevo a decir que se precisa, a veces, más valentía para hablar con tu vecino que para disparar un cañón. Y hablando de vecinos. Lo que nunca debería hacer una guerrilla inteligente es enzarzarse con los otros guerrilleros en riñas sobre si mi estrategia es mejor que la tuya. Cuando se comparten ideales y objetivos generales es fundamental no perder el tiempo en discusiones estériles. Relean la fábula de los galgos o los podencos y sabrán a qué me refiero. Mediten en el conocido adagio de “In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas” y tendrán, en esencia, un manual para guiar sus relaciones con amigos y adversarios. En la Comunión Tradicionalista Carlista, en cumplimiento de uno de los acuerdos de nuestro último Congreso, estamos trabajando en la elaboración de un plan estratégico. ¿Va a ser el mejor plan estratégico del mundo? ¿Será, una vez definido, el único válido para cualquier partidario de la España tradicional? No. En absoluto. Pero va a ser nuestro plan, y exigiremos disciplina a todo aquel que quiera comprometerse con nosotros para llevarlo a cabo. El tiempo dirá si dicho plan sirve para convertir los núcleos de resistencia en guerrillas y las guerrillas en ejércitos. Otras personas, otros grupos, tendrán otros planes. Y puede que lleguen  a acertar más que nosotros. No importa. No vamos a perder el tiempo discutiéndoselo ni vamos a empeñarnos en lograr una unidad teórica, diseñada por decreto. Eso nunca funciona. La unidad está sobrevalorada cuando la experiencia nos demuestra que lo primero es dejar que exista una diversidad armónica. La unidad se produce en la acción, no tiene otro camino.
Precisamente en estos días, a raíz de ciertos artículos en los que el escritor Juan Manuel de Prada pone en cuestión la llamada “opción benedictina” propuesta por  Rod Dreher se ha desatado cierta controversia en la que no siempre se guardan las formas. Y en la que unos y otros corren el peligro de perder el tiempo o, peor aún, de perder la oportunidad de atraerse el máximo de voluntades a cualquiera de las opciones que tienen ya algo en marcha. Se agradecen en este panorama voces como la del Responsable del blog “Sosiego acantilado” cuya lectura recomiendo.  Hace mucho tiempo que elegí como uno de mis lemas vitales ese de “¡que alguien haga algo!”. Supongo que es un lema más de político que de intelectual. La verdad es que nunca desdeño una buena discusión. Porque creo que es posible discutir sin enfadarse. Pero creo, por encima de eso, que el tiempo que tenemos es una responsabilidad y que no debemos perderlo en riñas. Creo que siempre hay varias soluciones para un mismo problema. Creo que nos quejamos demasiado. Creo que hacemos poco.
Gracias por eso a los que nos dan ejemplo y empezaron ya la reconquista sin pedir permiso a nadie. Gracias en fin, a todos aquellos que ya están haciendo algo.

26 jul 2019

¿Qué función tenemos y qué proponemos los carlistas?

Un correligionario me pregunta a ver qué le podría decir a alguien sobre qué función tenemos, y qué proponemos los carlistas. Le he respondido lo siguiente:
​Podrías responder que la función actual de los carlistas es testimonial en el más noble sentido de la palabra. Nosotros no vamos a solucionar nada, no somos el típico partido que lucha para conseguir el poder con el cuento de que vamos a arreglar las cosas desde arriba. Nuestra misión es dar testimonio de que otra política es posible. Que hay vida más allá de los partidos, del sistema, de la soberanía nacional, de los principios revolucionarios del liberalismo y de todas las ideologías partidistas que se han sucedido unas tras otras desde la Revolución Francesa hasta nuestros días. Lo que nosotros proponemos no es ningún invento ni un programa realizado por cuatro intelectuales a golpe de encuesta o de marketing. Lo que proponemos es simplemente la tradición política española​. Una política cuyo esquema constitucional es el que se resume en nuestro trilema de Dios, Patria, Rey.
Que consiste primero en que los cristianos actúen como tales en todos los ámbitos de su vida, también en la vida pública, entendiendo que Dios no es un aguafiestas sino un límite para los abusos y un acicate para las buenas obras.
Que consiste en entender a España no como un estado sino como una patria, una sociedad, una comunidad, formada por la unión ordenada de comunidades menores libres y responsables, con su vida, sus fueros y su autarquía: familias, municipios, comarcas, regiones, cuerpos sociales laborales, culturales, etc.
Y que consiste en culminar todo el conjunto social por el rey y su gobierno, forma con la que tradicionalmente se establecían los gobiernos en los reinos españoles. Gobiernos limitados tanto por abajo por las Cortes como por arriba por la leyes naturales y divinas.
Todo eso es lo que proponemos. Se puede concretar mucho más pero como esquema creo que sirve.
He dicho que poco más podemos hacer sino ser testigos de todo ello. Ten en cuenta que testigo es lo mismo que mártir.

3 jun 2019

Nuestra Comunión: nuestras juntas

(Artículo publicado en Acción Carlista nº 147. 1 de abril 2019)
La Comunión Tradicionalista Carlista es un instrumento, un conjunto de voluntarios de todas las Españas que se ponen al servicio de una Causa, la de la Legitimidad y la Tradición política española. Es por tanto una organización política, pero jamás un “gobierno en la oposición” o un partido en el sentido de estructura ideada para el reparto del poder entre sus miembros. Nuestro objetivo es que España tenga un gobierno justo y legítimo; no que tenga un gobierno “carlista”. Hay una diferencia sustancial entre una y otra concepción del servicio público.
Tampoco es nuestra Comunión una mera agregación o federación de grupos locales o regionales de carlistas. La Comunión no está llamada a suplantar la vida social que -esa sí- surge de abajo hacia arriba. La Comunión por el contrario es una organización de ámbito nacional, jerárquica como un ejército, cuya cabeza es, en ausencia de otra Autoridad política suprema, nuestra Junta de Gobierno.
En el ámbito de cada región son los propios afiliados quienes normalmente constituyen sus propias Juntas Regionales, y es la Junta de Gobierno quien en cada caso reconoce a cada una de esas juntas y supervisa el cumplimiento de unos objetivos comunes.
Una vez constituidas, las Junta Regionales dirigen con amplia libertad la acción de los carlistas en su región: hacen un seguimiento de las autoridades “autonómicas” y municipales; convocan actos públicos, etc. Son, coordinadamente con la Junta de Gobierno, las únicas autorizadas para transmitir de forma oficial la voz de la Comunión.
Hoy por hoy no aconsejamos la constitución de juntas políticas comarcales o locales. En esos ámbitos más próximos, más pegados al terreno, es donde resulta más útil la acción de los círculos.

1 jun 2019

Mi felicitación al Círculo Aparisi de Valencia en su 60 aniversario

Sr.D. José Monzonís

Presidente del Círculo Aparisi y Guijarro
Valencia
Querido amigo y correligionario, querido Pepe:
No puedo estar físicamente en Valencia el día de vuestro 60 cumpleaños pero quiero enviar al menos en estas líneas todo mi afecto hacia vosotros, los socios de ese Círculo, y mi admiración hacia esa institución ejemplar.
El Círculo Aparisi nació en un momento tremendo para nuestra Patria, cuando estaba empezando ya a gestarse la traición de la transición. Durante estas seis décadas ha sido testigo de pérdidas incontables y dolororísimas que no voy a enumerar. Es la pura realidad. Los carlistas estamos habituados a las tormentas, dicen que somos inasequibles al desaliento. Nacimos para luchar contra la anti-España, igual que nuestros tatarabuelos de las Navas y de Bailén. No vamos a engañarnos por tanto a estas alturas con discursos triunfalistas de ninguna clase. El Reino de Valencia, como todas las Españas, sufren en sus familias, en sus pueblos, en sus empresas culturales, sociales y económicas de una falta de savia que les hace vivir como cuerpos sin alma. Llevamos tanto tiempo sometidos a la tiranía de unos políticos que se han empeñado en alejar a los pueblos de España de su Tradición, católica, foral y monárquica…
Y sin embargo ahí estáis vosotros, el Círculo Cultural Aparisi y Guijarro, acompañado por sus hermanos, los otros círculos carlistas del Reino de Valencia, un selecto grupo de leales que levanta la Real Señera, y la rojigualda española, y la cruz de Borgoña de toda la Hispanidad. Lo hacéis con confianza, sabiendo que el triunfo, o el fracaso, está en las manos de Dios y que nosotros no somos mas que pobres instrumentos a su servicio.
Como carlista, he sido testigo admirado de cómo a la sombra del Círculo y de todo el Carlismo valenciano alentaba ese rescoldo de pueblo sencillo y generoso. Como navarro, siempre entendí vuestra lucha contra aquellos que pretendían desordenar y envenenar con el odio nacionalista vuestros afectos regionales, históricos y lingüísticos. Me consta que habéis luchado sin descanso, día tras día. Así debe ser, porque nuestra lucha no es para una campaña sino de la vida entera. Dios os lo premiará. Mientras tanto vayan mis felicitaciones en nombre de vuestros correligionarios de toda España. Enhorabuena, que cumpláis muchos más.

3 feb 2019

Nuestra Comunión: nuestros círculos

En la primera de las conclusiones de la ponencia sobre “Sociedad” aprobada en nuestro último Congreso se dice: “Es preciso animar y fomentar como primer escalón de la acción política y social las agrupaciones naturales de familias: las comunidades de vecinos, las asociaciones familiares locales. Debemos estudiar, renovar y reinstaurar como prioridad el modelo de los clásicos círculos carlistas. Todo ello ha de constituir el primer núcleo de resistencia.”

Los círculos carlistas fueron una institución política pionera. Nacieron como refugios para sobrevivir bajo el régimen caciquil del liberalismo triunfante, y se organizaron como sociedades locales, fuertemente arraigadas, que lo mismo eran casino, cuartel, capilla o escuela. Esa versatilidad debe inspirarnos hoy para desarrollar el día a día de nuestra actividad carlista.
Nuestros círculos deben reunir tres características: han de ser familiares, locales y culturales.
Familiares, porque no pueden ser ni un club de individuos ni una vulgar “sede de partido”. Tenemos que procurar que sean refugios para toda la familia, estableciendo cuotas familiares, por ejemplo.
Locales, porque han de estar muy pegados al terreno, al municipio y a la comarca, como contrapeso al desarraigo que provoca internet.
Y culturales, porque no deben sustituir a las Juntas de la Comunión en su tarea política. Los círculos están llamados a desarrollar principalmente una actividad social y cultural que sirva para atraer al mayor número posible de simpatizantes.
A partir de ahí libertad total… y saber aprovechar las oportunidades.
Por cierto, tampoco está de más recordar que nuestros círculos no tienen absolutamente nada que ver con los del partido neocomunista Podemos. Esos otros “círculos” no son más que una versión española y partitocrática de los rancios soviets de la Rusia comunista. En un primer momento, tanto en Rusia como en España pudieron ser “concejos” o “juntas” más o menos populares o espontáneas, pero en cuanto entró en juego la doctrina comunista no han margen para la duda: se han convertido en órganos jerárquicos del partido, simples engranajes de transmisión de las órdenes emanadas del soviet supremo. No hay más misterio.
(Artículo publicado en el Boletín Acción Carlista)