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22 jun 2026

193 años de disidencia no controlada


(Por Javier Garisoain) - 

Cuando un sistema político asentado necesita limitar el número de críticas, especialmente cuando es hipócritamente tiránico como en el caso de la partitocracia liberal, dedica abundantes recursos al control de la disidencia. El mundo de la literatura y el cine encontró hace mucho tiempo un filón en las historias de agentes secretos y a veces esa visión lo único que ha hecho es deformar la realidad. (Como Mortadelo y la TIA). En las tiranías declaradas el control suele ser directo, al estilo de las históricas agencias soviéticas (KGB, Stasi...) o de la actual MSS china. En "Occidente" en cambio, el relato oficial afirma que todas esas agencias se han creado para combatir el crimen, el narcotráfico y el terrorismo. Nunca reconocerán que una de sus principales misiones es el control de los discrepantes. 

La expresión "disidencia controlada" describe un abanico amplio de prácticas que van desde la tolerancia de algunas opiniones, hasta la infiltración y control efectivo de ciertos grupos real o aparentemente disidentes. El control a veces puede llegar incluso a la creación desde cero de movimientos de falsa bandera. 

El control existe, la infiltración y el recurso a los confidentes existe, es real y es un riesgo que hay que tener en cuenta. Ahora bien, el problema es que, como todo, no se debe sacar de quicio y obsesionarse con el concepto hasta el punto de pensar que no hay nada que hacer o que cualquier oposición es artificial y está dirigida por el hecho de ser débil o de cometer errores. Curiosamente esta actitud a lo que lleva es al derrotismo, y ese también es uno de los efectos paralizantes que buscan a menudo los gobiernos y las tiranías. 

Por tanto, estemos atentos pero sin obsesiones. Y sin que esta preocupación llegue a paralizarnos. El Carlismo tiene una larga historia disidente y ha conocido en primera persona esta clase de amenazas. Eso no quiere decir que estemos blindados contra ellas, pero sí tenemos unas cuantas ventajas por las que nos podemos presentar con este lema de "190 años de disidencia no controlada". 

1º. Nuestra antiguedad nos protege. Antigüedad significa experiencia, olfato e intuición para descubrir comportamientos extraños, escisiones provocadas, retóricas radicales acompañadas de ineficacia... y al mismo tiempo para saber relativizar estos indicios que, por sí solos no son concluyentes. 

2º. Nuestro Ideario y doctrina son permanentes. Somos muy previsibles para bien y para mal. Eso impide o al menos dificulta los giros bruscos o que seamos utilizados por intereses ajenos a los que queremos defender. En nuestra historia ha habigo algunas excepciones graves. Excepciones al fin y al cabo. 

3º. La propia tradición familiar del Carlismo, el hecho de que sustentando el movimiento en el tiempo exista un núcleo de familias carlistas hace que seamos difíciles de infiltrar y replicar y domesticar. Por eso las grandes divisiones y problemas dentro del Carlismo en el siglo XX han estado relacionados con ataques a una familia: la familia real. 

4º. Por último, nuestra manera más típica de actuar, aunque con muchos matices, suele ser abierta, franca y noble. Ir de frente y sin secretismos, sin maquiavelismos políticos, nos aleja de intrigas, tacticismos o estrategias complicadas que son el caldo de cultivo ideal para la aparición de infiltrados. 

Hasta aquí esta introducción breve al asunto. Aunque por completar lo más básico me queda por comentar que los intentos de manipulación o infiltración pueden venir, además de desde los gobiernos, dirigidos desde ideologías, grupos de presión o entidades secretas. El caso del famoso Yunque es paradigmático. Nunca es recomendable recurrir al secretismo para realizar actividades que perfectamente podrían hacerse a la luz del día. Ante unas y otras amenazas el Carlismo cuenta con herramientas suficientes para no dejarse embaucar.