Podrás estar de acuerdo o no con lo que decimos los carlistas pero hay que reconocer que lo que decimos nosotros no lo dice nadie más.
En cuestión de política territorial todos los partidos políticos, todas las ideologías que circulan en esto que Juan Manuel de Prada llama "demogresca" están de acuerdo en un concepto fundacional. Todos ellos creen en la superstición de la soberanía nacional. Tanto los centralistas como los separatistas, en todos sus grados, parten de ese concepto que nació en la Revolución Francesa y que es el padre de todos los nacionalismos y la raíz del 80% de todas las guerras modernas.
A principios del siglo XIX, cuando aún no hacía falta el Carlismo, en España, en lo que entonces todavía se llamaba la Monarquía Católica, el soberano, con minúscula, era el rey. La soberanía política estaba en sus manos y era una soberanía muy limitada. Antes de acceder al trono el rey debía jurar respeto a todas las leyes de cada reino, principado, señorío, ciudad, etc. Y eso se hacia porque la idea de servir no consistía en cambiar a la gente o sus opiniones sino simplemente en ayudar a cada cuerpo social a cumplir con sus fines. El Rey era el responsable del gobierno, sí, en persona o a través de sus virreyes y sus corregidores, pero estaba obligado a gobernar junto con los consejos y oyendo a los legítimos representantes de cada territorio.
Además, la palabra soberanía se utilizaba poco porque todos entendían que el auténtico Soberano, con mayúsculas, es Dios. Y eso quiere decir que ningún rey, por muy poderoso que fuera, tenía derecho a ignorar la ley natural o a actuar sin moral. Esa moderna razón de estado, entendida como "licencia para matar" o para cometer cualquier inmoralidad al servicio del príncipe o de la soberanía nacional era inaceptable para nuestros bisabuelos.
Aun se podría hablar de otro tipo de soberanía, que es la soberanía social, y que consiste en el derecho que tienen los pueblos a decidir sobre sus cosas, sobre qué impuestos tienen que pagar o sobre hasta dónde se pueden tolerar injerencias de entidades superiores.
Y cuando los carlistas hablamos de fueros -leyes justas- o de soberanía social, o de principio de subsidiaridad, no estamos pensando únicamente en las relaciones entre el estado y sus regiones. No. Estamos pensando en una escalera de afectos y de cuerpos naturales territoriales que nacen en la familia, siguen en el municipio, pasan a la comarca o al reino y terminan en la unidad de todos aquellos que sirven al mismo Dios y al mismo Rey. No se puede presumir de libertades si cada región se convierte en un nuevo centralismo que ignora las libertades municipales. O si los ayuntamientos ignoran las libertades de las familias.
El sistema autonómico del régimen del 78 es un desastre. Es una estructura de saqueo y de control social que ha destrozado esa escala y que sin renunciar al centralismo de la soberanía nacional de la Españita liberal peninsular se dedica a ofrecer trozos de soberanía a los partidos políticos regionales. Esto es lo que se ha llamado sistema de las autonomías. ¿Y qué es la autonomía? Autonomía es lo que se va dando poco a poco a los hijos hasta que llega un momento en que se independizan. El sistema de las autonomías nació para eso, como un cambalache entre los partidos estatalistas y los separatistas de forma que el sueño de los políticos regionales es llegar a tener su propia soberanía nacional-regional. Y mientras tanto después de haber pasado de un centralismo a 17 centralismos sigue el saqueo y sigue el control.
No. La solución al separatismo y al desastre pro-separatista de las autonomías, no es, como propone Vox, o como hizo el franquismo, volver a ese liberalismo rancio, jacobino, que se inventó las provincias, al estilo de los departamentos franceses, como sistema racional de control. La solución pasa por reconocer y respetar la realidad, y por amar nuestra identidad y por honrar nuestra historia. España no se constituyó en 1978. España se forjó en un proceso muy largo y muy lento y muy sabio. Fue un proceso federativo, no uniformista, en el que la base común era, como he dicho más arriba, el servicio a Dios y a un mismo Rey.
En fin. Si todo esto que estoy diciendo te parece razonable igual es que eres un poco carlista y no lo sabes. Así que te animo a seguir investigando.
Gracias por llegar hasta aquí y hasta la próxima.
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