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30 jul 2021

Nueva manipulación de las palabras del Santo Padre



Diversos medios y periodistas del entorno liberal, neocon o incluso algún presunto tradicionalista que ha caído en la trampa, han aprovechado una nueva catequesis del Papa sobre el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (25 de julio) para acusar al Papa de comunista, materialista, pobrista y hasta de modernista negador de los milagros.

Libertad Digital, por ejemplo titula: "El Papa corrige a Cristo: "El milagro no es multiplicar los panes y los peces". Este titular es una manipulación como una casa. Aunque, la verdad, cualquiera que sepa un poco de historia sabrá que nada mas propio de los liberales que mentir. Siempre lo han hecho.

Resulta muy hipócrita hacerse pasar por guardián de la fe y la ortodoxia y, al mismo tiempo, ser un adalid de la ideología liberal. ¿De verdad alguien cree que van a ser los redactores de Libertad Digital, anticlericales por naturaleza, quienes van a salvar la recta interpretación del Evangelio de las supuestas herejías que afirme el Obispo de Roma en sus homilías o catequesis?

Infovaticana, medio que no siempre hila demasiado fino en sus análisis eclesiales titula: "Francisco insiste en que el milagro de los panes y los peces fue "compartir". Se trata de un desafortunado artículo de Carlos Esteban, a quien por lo demás aprecio y sigo. Pero en esta ocasión creo que él e infovaticana han entrado al trapo y están haciendo un servicio a los liberales neocon que no soportan al Papa. Además, ¡Qué malo y qué difícil es resumir un texto tipo homilía en un titular! Por definición, este tipo de discursos podrían ofrecer tantos titulares como oyentes. Que a Infovaticana o a uno de sus redactores le llame la atención eso de "compartir" es lo más alejado de la neutralidad periodística pues se basa en un criterio absolutamente subjetivo.

A veces por otra parte, entre los católicos, parece que quienes más obsesionados están por todo lo que dice el Papa son los que nos acusan de papólatras sólo porque reconocemos su legítima autoridad. Cuando el papa patine -que todo es posible- o diga cosas que no me cuadran me podré callar o mostrar una disconformidad respetuosa, lo que nunca haré es sumarme al carro de los neocon o de los liberales que no se preocupan por la ortodoxia del Papa sino que tratan de manipular a la Iglesia al servicio de sus ideologías.

Por su parte, un redactor de Electomania.com ha escrito: "El Papa Francisco pide cambiar el "multiplicar" de los panes y los peces por "compartir". Resulta que en el Evangelio no aparece la palabra "multiplicar". Así que no hay nada que cambiar. ¿Cuál es el problema entonces?

En esta ocasión el Papa no niega ningún milagro, lo que hace es explicar en qué nos concierne el mandato de "Dadles de comer". ¿De verdad vamos a ser tan simples de creer en Jesús sólo porque un día hizo aparecer de la nada cinco mil panes? ¡Por favor! ¡Que ha creado el Universo! Para quien tiene fe en el auténtico Jesús lo de los panes y los peces es una anécdota. Para los más simples -o para los materialistas- era un acontecimiento que les llevaba a querer proclamarlo rey. El Papa, como digo, pone el foco no en el fenómeno milagroso en sí sino en el hecho de repartir. Y nos recuerda que si damos con fe, si repartimos en nombre de Dios poniendo lo poco que tengamos con amor, aun nos sobrará. En eso consiste realmente la caridad, en dar sin medida, sin cálculos. Así lo han hecho todos los santos y así lo pueden confirmar por ejemplo las familias numerosas. Todo lo que se da con generosidad al final vuelve con creces, y rebosa.

En este mundo tan polarizado parece que cada vez cuesta más defender la verdad y poner las cosas en sus justos términos. Si apoyas al Papa te tachan de comunista. ¿Comunista yo? Lo que siempre he sido es antiliberal. O, en todo caso, comunionista... Aunque siempre he pensado que los -ismos los carga el diablo y por eso cuanto menos se usen mejor.

No se si esta maniobra farisaica de ir a buscar la paja en el ojo papal se hace para utilizar a la Iglesia como arma arrojadiza contra las ideologías adversarias o si se emplea directamente para provocar división e inquietud entre los católicos. En cualquier caso, no se fíen ni un pelo de los titulares ni de los comentarios periodísticos. Acudan a la fuente, oigan con buena fe la palabra del Papa y verán que no ha dicho nada terrible, ni comunista, ni modernista. Lo ha dicho en el típico estilo jesuítico, sí, ese que a veces nos pone un poco nerviosos porque obliga a pensar. Sólo es eso. Además, las enseñanzas o reflexiones de sus homilías o catequesis -como las de cualquier otro sacerdote de Dios- aprovecharán más o menos, estarán más o menos inspiradas, moverán más a unos que a otros, serán más o menos ocurrentes o agudas. Pero aprovecharán mucho más si se escuchan con buena intención, tratando de encontrar la viga propia.
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Aquí está lo que realmente dijo el Papa el 25 de julio: 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de la Liturgia de este domingo narra el célebre episodio de la multiplicación de los panes y los peces, con los que Jesús sacia el hambre de cerca de cinco mil personas que se habían congregado para escucharlo (cf. Jn 6,1-15). Es interesante ver cómo ocurre este prodigio: Jesús no crea los panes y los peces de la nada, no, sino que obra a partir de lo que le traen los discípulos. Dice uno de ellos: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tantos?» (v. 9). Es poco, no es nada, pero le basta a Jesús.

Tratemos ahora de ponernos en el lugar de ese muchacho. Los discípulos le piden que comparta todo lo que tiene para comer. Parece una propuesta sin sentido, es más, injusta. ¿Por qué privar a una persona, sobre todo a un muchacho, de lo que ha traído de casa y tiene derecho a quedárselo para sí? ¿Por qué quitarle a uno lo que en cualquier caso no es suficiente para saciar a todos? Humanamente es ilógico. Pero no para Dios. De hecho, gracias a ese pequeño don gratuito y, por tanto, heroico, Jesús puede saciar a todos. Es una gran lección para nosotros. Nos dice que el Señor puede hacer mucho con lo poco que ponemos a su disposición. Sería bueno preguntarnos todos los días: “¿Qué le llevo hoy a Jesús?”. Él puede hacer mucho con una oración nuestra, con un gesto nuestro de caridad hacia los demás, incluso con nuestra miseria entregada a su misericordia. Nuestras pequeñeces a Jesús, y Él hace milagros. A Dios le encanta actuar así: hace grandes cosas a partir de las pequeñas, de las gratuitas.

Todos los grandes protagonistas de la Biblia, desde Abrahán hasta María y el muchacho de hoy, muestran esta lógica de la pequeñez y del don. La lógica del don es muy diferente de la nuestra. Nosotros tratamos de acumular y aumentar lo que tenemos; Jesús, en cambio, pide dar, disminuir. Nos encanta añadir, nos gustan las adiciones; a Jesús le gustan las sustracciones, quitar algo para dárselo a los demás. Queremos multiplicar para nosotros; Jesús aprecia cuando dividimos con los demás, cuando compartimos. Es curioso que en los relatos de la multiplicación de los panes presentes en los Evangelios no aparezca nunca el verbo “multiplicar”. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: “partir”, “dar”, “distribuir” (cf. v. 11; Mt 14,19; Mc 6,41; Lc 9,16). Pero no se usa el verbo “multiplicar”. El verdadero milagro, dice Jesús, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios. Probemos a compartir más, probemos a seguir este camino que nos enseña Jesús.

Tampoco hoy la multiplicación de los bienes resuelve los problemas sin una justa distribución. Me viene a la mente la tragedia del hambre, que afecta especialmente a los niños. Se ha calculado —oficialmente— que alrededor de siete mil niños menores de cinco años mueren a diario en el mundo por motivos de desnutrición, porque carecen de lo necesario para vivir. Ante escándalos como estos, Jesús nos dirige también a nosotros una invitación, una invitación similar a la que probablemente recibió el muchacho del Evangelio, que no tiene nombre y en el que todos podemos vernos: “Ánimo, da lo poco que tienes, tus talentos y tus bienes, ponlos a disposición de Jesús y de los hermanos. No temas, nada se perderá, porque, si compartes, Dios multiplica. Echa fuera la falsa modestia de sentirte inadecuado, ten confianza. Cree en el amor, cree en el poder del servicio, cree en el poder de la gratuidad”.

Que la Virgen María, que dijo “sí” a la inaudita propuesta de Dios, nos ayude a abrir nuestros corazones a las invitaciones de Dios y a las necesidades de los demás.

21 oct 2020

El Santo Padre y la "defensa de Dios"



Vuelven algunos a ponerse un poco nerviosos por culpa de frases entresacadas de un documento pontificio. La encíclica Fratelli Tutti, como cualquier otro documento papal, podría trocearse en miles de tuits y dar lugar a lecturas absolutamente contradictorias. Tengamos cuidado con esas lecturas sesgadas y con la manipulación constante a la que se somete cualquier texto eclesial. Es importante leer estas cosas en su conjunto, entender quién es el destinatario de cada mensaje y saber darse por aludido sólo cuando corresponda. 

En cualquier caso -y esto sirve para cualquier polémica de las que suelen acompañar cada vez más a los Papas en estos tiempos- diga lo que diga o haga lo que haga el Obispo de Roma recuerden que la palabra "Papa" significa padre y que no está bien alborotarse o mucho menos menospreciar o ridiculizar sus enseñanzas. En ningún caso. Como dice el Libro del Eclesiastés 3, 2-6: "aunque chochee". ¿Que oímos o leemos algo que no nos cuadra? No pasa nada, vayamos al Magisterio, acudamos a la Tradición perenne y no nos equivocaremos. 

En el punto 285 de su reciente encíclica, el Papa se refiere a cierta declaración compartida con un importante clérigo musulmán. En ese párrafo afirma: "En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente". Yo, desde luego, como cristiano, español y carlista no me siendo aludido por esta advertencia, y pienso sin embargo que sí resulta un aviso muy oportuno dirigido al islamismo radical. 

Nosotros, los carlistas, a pesar de nuestros himnos y de nuestros lemas, no luchamos "por Dios" en sentido literal. Eso es lo que quiso hacer el bueno de San Pedro cuando sacó la espada en Getsemaní y el mismo Jesús se lo impidió recordándole que, si lo hubiera querido, habría tenido legiones de ángeles a su servicio. Nuestra lucha es más bien como la de los santos Macabeos: es una lucha por la Religión, por la civilización cristiana, por nuestra Tradición. Si se puede decir que salimos "en defensa de Dios" es en tanto que lo hacemos en defensa de nuestros hermanos, de los pobres y de los débiles recordando aquello de "... a Mí me lo hicísteis". Salvando errores y pecados que no hay por qué ocultar, podríamos afirmar que los españoles defensores de la España tradicional, siempre que hemos tomado las armas lo hemos hecho con espíritu defensivo, para luchar contra el invasor o contra el usurpador; nada que ver por tanto con la yihad de los musulmanes o con las guerras imperialistas de las ideologías o de los tiranos. 

Nos hierve la sangre estos días viendo las imágenes de templos en llamas que nos llegan desde Chile. La excusa de una protesta política contra el gobierno, el recurso a señalar estos hechos como casos aislados, obra de exaltados, no pueden ocultar que el objetivo último de las ideologías hegemónicas es acabar con la Civilización cristiana, el último bastión que impide la destrucción de la naturaleza del hombre. No es la primera vez que la Revolución descubre su lado satánico con la quema de iglesias. Ni será la última. Todo parece indicar que llegan tiempos recios para los que tendremos que prepararnos en cuerpo y alma. Defendiendo los templos, y a la vez cuidando el espíritu para que no se nos contagie la espiral del odio.

6 may 2011

Juan Pablo II, el Grande

Como pequeña aportación en los días de la beatificación de Juan Pablo II publico estas respuestas a una pequeña entrevista que me realizaron hace unos días por el Semanario Alba:

-¿En qué JMJ estuviste y por qué fuiste?

Entre mis 20 y 30 años -que es la edad buena para estas cosas- he estado en tres jornadas mundiales de la Juventud, en la de Santiago de Compostela en 1989, en la de París de 1997, y en la de Roma del 2000. Falté a las que me venían más a desmano Czestochowa, Denver y Manila. 

Fuí porque era el Papa, Juan Pablo II el Grande, quien convocaba. Me sentía convocado. Fuí para ver al Papa y para escucharle. Pero también fui para que el Papa me viera, -a mí y a otros cientos de miles de jóvenes- y que se sintiera querido y acompañado.


-¿Cómo la viviste, cómo describirías el ambiente?

Imagínate pasar unos días de verano conviviendo con amigos, visitando monumentos y paisajes, durmiendo en el suelo, viendo pasar al Papa a tu lado, tocando la guitarra en los metros de Roma o de París, practicando idiomas con jóvenes católicos de todo el mundo. Una gran experiencia, sin duda. Lo mejor de todo era sentir que había un equilibrio perfecto entre la fiesta alegre por un lado y la profundidad de los mensajes o las ceremonias por otro. 


-Qué recuerdas de forma especial: mensaje del Papa, vivencia concreta...


Para asistir a la jornada de Santiago fui con la Asociación Cruz de Borgoña, justo al acabar un campamento que teníamos en Gerona. Entonces nos pegamos la paliza de ir en autobús, de Gerona a Santiago en una noche. Supongo que ahora me daría algo de pereza...
En los encuentros de París y de Roma recuerdo con especial intensidad las palabras de Juan Pablo II y cómo -en plan gamberro pero dentro de un orden- estábamos todos deseando que se saliera del guión o incluso que nos llamara la atención a los españoles por gritar demasiado. 


-Resúmela en pocas palabras

Convivencia, alegría, juventud, profundidad, Iglesia, ¡Viva el Papa!






Aquí aparece algo publicado:
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/beatificacion-juanpabloii/papa-los-jovenes-20110427