27 jun. 2016

¿Has votado al PP por miedo a que vienen los rojos/morados?

Las elecciones no han cambiado nada ni han descubierto ningún secreto. España está llena de hermanos nuestros que viven (y que votan) bajo el engaño, con ignorancia o con miedo. Puede que nosotros, los carlistas, por gracia de Dios, seamos un poco menos ignorantes e incluso algo más valientes, pero ojo con la soberbia. El tener lo que tenemos no nos da derecho a enfadarnos con la gente. Para hacer algo en política hay que querer a la gente, hay que ponerse en el lugar del otro y partir de la realidad.

Ahora lo que toca es por ejemplo animar a quienes hayan votado al PP por miedo, o con la nariz tapada, a que lo cuenten. Recoger unos cuantos testimonios en esa línea sería un buen paso para bajar los humos a Mariano Rajoy y compañía.

Te invito a que reenvíes este mensaje a tus familiares y amigos si son de esos que han votado al PP "tapándose la nariz":


¿Has votado al PP por miedo a que vienen los rojos/morados?
No pasa nada. No me parece bien, pero lo comprendo. Pero fíjate cómo ayer, en la noche electoral, salieron Mariano y los suyos a celebrar su "exito". Como si todos esos millones de votos recibidos fueran un espaldarazo sin matices a sus políticas progres, abortistas, anti-familia, sumisas a las consignas del Nuevo Orden Mundial, a la ideología de género, a los caprichos del homosexualismo político, cobardes para seguir manteniendo a España como una simple colonia.

¿No te da rabia que interpreten tu pequeño voto como un cheque en blanco para seguir haciendo lo mismo? El sistema de la partitocracia es así de chapucero, no da para mucho más, no admite matices ni peros. Este sistema es un TIMO.
Sin embargo puedes hacer algo. Ten la valentía suficiente para confesar que has votado por miedo. Cuéntanoslo. Cuéntaselo a Mariano. Si tienes twitter utiliza este hashtag o alguno parecido: ‪#‎alPPconlanariztapada‬

26 jun. 2016

En el día de las elecciones generales (26 de junio de 2016)

Pase lo que pase hoy en las elecciones generales tengamos en cuenta lo siguiente:

1º. Que las elecciones son una farsa, un timo, un señuelo para hacernos creer que decidimos las cosas importantes cuando lo cierto es que cada vez la tiranía gubernamental es mayor. Dicen que nos dejan decidir las grandes cuestiones de la política internacional (Brexit, OTAN...) pero resulta que nos enchironan si te pillan cortando un arbolito o dándole un cachete merecido a tu hijo.

2º. Que las elecciones solamente sirven para configurar el reparto del poder del Estado Español (un poder muy limitado pues España es de hecho una colonia del NOM) entre cuatro partidos que comparten una visión común: todos son progres, divorcistas y abortistas, socialdemócratas, laicistas y estatalistas.

3º. Que las elecciones no cambian nada. Solamente son una foto fija de cómo están las cosas en el campo del marketing electoral. Las elecciones reparten los puestos entre los partidos del PPSOECIUDEMOS según haya sido la habilidad publicitaria de cada cual; según sean sus amistades y los patrocinios de los grandes medios audiovisuales; y según haya sido la cantidad de dinero invertida en hacer esa publicidad.

4º. Que pase lo que pase, ese otro mundo real, el de la España de siempre, la España amante de sus tradiciones, la de las familias que luchan día a día por educar a sus hijos, la de los trabajadores que procuran cumplir bien con su responsabilidad, la de los cuerpos sociales naturales que resisten, más o menos renqueantes, al acoso socialista y totalitario del gobierno... esa España débil y de glorioso pasado, y que ahora no vota o vota con miedo, es un motivo para no rendirse nunca. Los carlistas servimos a esa España. Somos pocos y la tarea es inmensa pero tenemos esperanza. La partitocracia pasará, las ideologías progres se irán anulando unas con otras, la verdad de las cosas acabará por imponerse y al final los más fuertes no serán los que obtengan más votos o salgan más en la televisión, sino los que tengan familia, los que tengan memoria, los que tengan fe.

18 jun. 2016

“La Comunión”, una organización política al servicio de España

por Javier Garisoain
Secretario General de la Comunión Tradicionalista Carlista
(Artículo publicado con ocasión de la edición del nº100 de Reino de Valencia)

Si no existiera el Carlismo, o si se hubiera quedado en una pugna sucesoria coyuntural, habría que inventarlo. Esta gran cosa que todavía llaman España es la sombra de un proyecto grandioso que tuvo sus siglos de oro; que martilleó, iluminó y lucho por la Cristiandad como ningún otro imperio; que construyó sobre roca; que salvó a muchos, y que cayó finalmente, despedazado e invadido por sus enemigos. El Carlismo no sólo lo sabe, no se limita a contarlo a quien lo quiera oir, sino que además sirve con esperanza a aquella España, y reconoce en los restos del naufragio la herencia de cosas grandes, que si fueron posibles antaño es para demostrarnos que hoy también son posibles. Porque poder siempre podemos... cuando Dios quiere.

He dicho “proyecto grandioso” aunque lo cierto es que para la gran mayoría de sus protagonistas pudo no tener más horizonte personal que las montañas de Covadonga, o la comarca agreste de una partida facciosa, o el humilde paisaje vecinal de una cooperativa agrícola. La inmensa mayoría de los súbditos leales de aquella Monarquía Católica, como la mayoría de los carlistas que han mantenido su Ideal y sus gestas en 180 años han sido gente sencilla, poco dados a las estrategias de salón, a los maquiavelismos continentales, o a las jugadas torticeras de la geoestrategia. Ni siquiera los más políticos de entre los tradicionalistas respondemos bien al tópico del que se reúne con los amigos para "arreglar el mundo". Nosotros somos ante todo realistas, nos gusta pisar tierra firme y no alejarnos más de la cuenta del tañido de nuestro campanario local. Si hay que arreglar algo, seguro que es más urgente la fontanería consistorial que el tejado mundial. Sabemos que la política más que el arte de lo posible es la artesanía de hacer lo que se pueda. Los carlistas estamos escarmentados de discursos grandilocuentes, de ideologías que todo lo explican, de partidos que prometen una salvación material a golpe de BOE, por su arte y por su listura. Y sin embargo, cuando nos detenemos para conmemorar alguno de nuestros pequeños hitos -los 30 años del Congreso de la Unidad Carlista, los cien números de un humilde medio de comunicación regional...- se nos ensancha el corazón al comprobar que todo encaja. Que todas y cada una de estas batallas merecen la pena. Que es la suma de todas esas pequeñas luchas lo único que hace a este mundo -a esta España- aún habitable.

Escribo en el arranque de una nueva y duplicada campaña electoral. Un circo mediático y televisivo en el que los actores de una compañía teatral llamada PPSOECIUDEMOS pugnan por captar nuestra atención y hacer cada uno de ellos gestos que los diferencien de sus compañeros. Es una invasión mediática que estigmatiza a todos aquellos que no aparezcan en sus encuestas, que persigue -o al menos procura como daño colateral- el desánimo, la eterna abstención política de quienes tendríamos tanto que decir. Pase lo que pase el 26 de junio puedo garantizarles que el próximo gobierno de España será 100% “progre”: abortista, laicista y socialdemócrata. Los demás no contamos. No es que seamos incómodos, es sencillamente que “no existimos”. Y sin embargo nosotros, los carlistas, aunque nos abstengamos hoy en la urna, nunca podremos renunciar a la responsabilidad de ser la única organización política que entronca, que enlaza -siquiera sea mediante un hilillo-, con la España tradicional. Y la única que durante casi doscientos años ha venido viviendo y practicando con los pies en el suelo el Ideal de nuestros clásicos. Que no nos hemos limitado a conservar la momia embalsamada de Calderón. Que no somos los inevitables y simples nostálgicos.

Por todo esto digo que si no existiera la Comunión Tradicionalista Carlista habría que inventarla. ¿Qué otra organización política será capaz de resistir con esperanza a los próximos gobiernos del fanatismo progresista? ¿Qué otro grupo humano, político y social ha seguido paso a paso los desvaríos de la revolución liberal sin someterse al dictado de lo políticamente correcto, contraponiendo la vigencia de la Tradición, alzando una voz contemporánea y fresca para rebatir las viejas ideas modernas? ¿Qué otra herencia política concreta -si no es la carlista- está en condiciones de afrontar un debate intelectual serio con los cantamañanas de las ideologías “progresistas”?

11 jun. 2016

ACLARANDO CONCEPTOS: LAICISMO Y CONFESIONALIDAD

"Laicismo" no es el gobierno de los laicos, que eso también lo queremos nosotros los carlistas, sino el gobierno de los ateos.

"Confesionalidad" no es el gobierno de los curas, ni el mangoneo de los clérigos en la política, sino que los gobernantes laicos reconozcan en la ley divina un límite para su poder y un fundamento para su autoridad.

¿Existe alguna otra opción real entre el laicismo y la confesionalidad? No. En la práctica no existe. De hecho el mismo laicismo puede ser considerado como una forma de confesionalidad: aquel modelo en el que el estado confiesa como fundamento de sus políticas las doctrinas del ateísmo y del relativismo.

De todas formas, aunque el término confesionalidad es bueno -o inevitable- en el sentido en que lo he explicado, creo que en el caso de España y la Hispanidad es preferible hablar de monarquía católica o de reino cristiano antes que de estado confesional.

4 jun. 2016

Una explicación del Ideario carlista. La Patria hispana.

El Ideario de la Comunión Tradicionalista, en el punto "Patria", dice lo siguiente: 

"España, patria común de todos los españoles, expresada en su doble continuidad histórica y territorial, es única e indivisible. La continuidad histórica, elemento espiritual de la patria, se manifiesta por la tradición, que ha definido su peculiaridad diferencial a través de los siglos y que no puede desconocer, sin negarse a sí misma como nación.
La unidad irreversible de la patria no supone uniformidad de la misma. España está constituída por distintas regiones cuya personalidad no ha desaparecido al integrarse históricamente en una entidad superior. Las regiones conservan sus peculiaridades propias, que enriquecen la patria común, así como sus facultades autárquicas o de gobierno, su «fuero», que no sólo no impide, sino que refuerza aquella unidad."


Me piden desde Chile que ofrezca alguna explicación sobre cómo podrían entender los carlistas hispanos -que los hay, y cada vez más numerosos- este punto del Ideario. Pues bien, debo decir que este párrafo del IDEARIO está pensado para lo que es España en la actualidad (desde 1833), la "España europea", y no sirve para describir la antigua "Monarquía católica" que estaba constituida por la unión de regiones y naciones dispersas por todo el mundo, organizadas generalmente como virreynatos. Tampoco sirve, tal como está redactado, para enunciar el ideal de la deseable reconstrucción de una unidad hispana.

El ideal carlista en este punto, aplicado a una realidad como la de la actual república de Chile, por ejemplo, no podría simplificarse exigiendo que se deshaga sin más la independencia de 1818. La reconstrucción de la antigua unidad de la Hispanidad es un ideal, y podría desarrollarse de formas diversas. El "Dios, Patria, Rey" seguiría siendo válido en cualquier caso, porque el concepto de Patria no se refiere a un "estado" sino a una escala de afectos y lealtades que empiezan en la familia y acaban en la unidad política superior. Pero en el caso de que se hiciera realidad la reconstrucción de esa unidad de naciones hispánicas a la que aspiramos, el concepto de "patria" de los carlistas tendría que superar la idea estrecha del actual "estado español" y ser sustituido por la lealtad a una nueva confederación hispánica.

3 jun. 2016

EL ATEISMO ES UNA RELIGION (FALSA)

Confirmado: el ateísmo es una religión. Falsa, por supuesto, pero dispuesta a dictar la moralidad como todas.

"La inauguración del túnel será bendecida por un sacerdote católico, un pastor protestante, un rabino y un imán. Además, para permanecer neutrales, al fin y al cabo estamos en Suiza, habrá un representante de los ateos y no creyentes." (fuente: Euronews)

Una vez más se demuestra que no existe el vacío religioso. Toda sociedad, toda comunidad humana tiene, en última instancia, un "unum", un ideal máximo de justicia, una visión "ortodoxa" que enseña lo que está bien y lo que está mal. La convivencia coyuntural es necesaria y positiva, pero no puede ocultar el hecho de que, a la hora de la verdad, solamente puede existir una última norma moral definitiva e incuestionable.

Cuando un testigo de jehová se niega a aceptar una transfusión de sangre hace bien el estado confesionalmente ateo en imponérsela. Pero cuando ese mismo estado laicista nos impone a los católicos silencio ante la ideología de género lo que hace es ejercer sobre nosotros una especie de autoridad "sagrada" cuya única justificación es la presunción de que posee la verdad.

El acto de inauguración del nuevo túnel suizo ha sido neutro y para todos los gustos. Si. Pero ese túnel se llama SAN GOTARDO.






http://es.euronews.com/2016/05/31/el-tunel-de-san-gotardo-un-desafio-de-ingenieria-sin-precedentes/

2 jun. 2016

Un mensaje del profesor Federico Wilhelmsen para los carlistas el siglo XXI

Acaba de llegar a mis manos este texto luminoso. Se trata de una conferencia pronunciada en los años 70 (¡hace 40 años!) por el filósofo norteamericano -y carlista convencido- Federico Wilhelmsen. Está recogida con otros textos del autor en un folleto titulado: "Cristo Rey, Libertad, Carlismo". Si eres un carlista del siglo XXI esto es para tí. Si no todavía no eres carlista... piénsatelo.


Somos pocos pero distinguidos. Y porque somos pocos voy a hablar con Vds. de una manera menos académica de lo que yo pensaba hablar… Creo que es significativo y aún simbólico que en un grupo de unos jefes de requetés haya tres extranjeros, bueno –hay dos- porque me considero a mí mismo un requeté más debido a mi colaboración tan larga y mi amistad tan profunda con Don José Arturo Márquez de Prado. Pero haciendo hincapié en el hecho de que el señor Brad Evans y el Doctor Warren Carroll, ambos norteamericanos están con nosotros, me gustaría enfocar mi primera charla sobre unos aspectos del mundo moderno, o más bien dicho, el mundo post-moderno dentro del cual estamos viviendo. En el pasado el carlismo siempre tenía a su lado y hasta en las trincheras a voluntarios extranjeros pero esos voluntarios habían venido a España para luchar en pro de un ideario legitimista y católico netamente español. Hoy en día la lucha contra-revolucionaria es internacional en sí misma y por eso la batalla no puede ser estrechamente nacional sino universal –y cuando digo universal quiero decir casi trascendental. Pero esta internacionalización de la lucha por Dios y por la dignidad del hombre no solamente ha crecido debido al carácter internacional del enemigo. Esto claro que sí, es verdad, pero esta lucha se impone también debido a un cambio enorme en las estructuras técnicas que domina el mundo de hoy.

En pocas palabras voy a expresar mi tesis. Mientras que la técnica del siglo pasado obraba en contra del carlismo la técnica de hoy puede obrar en favor del carlismo con tal de que el carlismo tenga la imaginación y la inteligencia necesarias para aprovechar de este momento histórico. El siglo 19 y la primera mitad del siglo 20 han sido dominados por un proceso científico y tecnológico cuyo centro dinámico operaba en contra del carlismo. El pasado, en el sentido de que el carlismo levantaba una bandera en favor de una serie de valores amenazados no solamente por los enemigos políticos de la cristiandad sino también por el mismo desarrollo científico y técnico de aquel entonces.

El carlismo defendía a las Españas, una sociedad descentralizada y autogobernada por fueros arraigados en cada provincia y reino de la patria hispánica. Pero el siglo 19 hasta muy recientemente, el siglo 20 de hecho eran tiempos de una centralización feroz. Podemos trazar esta centralización histórica notando que su nacimiento se debía a la revolución técnica de Guttemberg en el siglo 15 lo cual hizo posible la distribución rápida de libros y por tanto de órdenes y ordenanzas que manaban de un centro. Europa empezaba a gobernarse desde centros políticos capitales. Todo esto hizo que la antigua estructura política y social empezara a desparecer, poco a poco, primeramente en Francia luego en las Alemanias, y últimamente en España. Pero la centralización política –hecho posible por ese medio nuevo de comunicación, la imprenta-, hizo una alianza casi inconsciente, con la revolución tecnológica que llegó, un poco más tarde en el continente europeo. Me refiero naturalmente a la revolución industrial. Esta revolución más importante quizá, que cualquier otra revolución en la historia del hombre, destrozó la antigua base de una política descentralizadora. Fueros en un sentido político exigen una base técnica y económica que hace posible la libertad pregonada por los fueros. De otra forma los fueros son nada más que una bandera y un mito romántico. Por mucho que hablemos de los fueros, toda nuestra dedicación queda en el aire a menos que el autogobierno de una región o de una provincia se mantenga sobre una base económica que ofrezca cierta independencia económica y técnica a dicha región. Ahora bien –la tradición de las libertades concretas y forales luego defendida por el carlismo tenía esa base antes de la revolución industrial. Pero la revolución industrial centralizaba el trabajo a través de fábricas enormes localizadas en ciudades grandes cuyo poder económico era tan grande que era capaz de destruir la antigua libertad económica de las regiones y provincias y aldeas de toda la cristiandad.

Puesto que esta revolución técnica estaba en las manos de una nueva clase económica cuya política llegó a ser el liberalismo clásico del siglo pasado, el capitalismo, podemos decir que la nueva política se apoderaba de la nueva técnica. También podemos decir que la nueva política era la cara política de esta misma tecnología. Por defender los fueros y las libertades concretas de la tradición cristiana católica, el carlismo en realidad era una fuerza reaccionaria –en este sentido del término: reaccionaba en contra de un mundo nuevo cuyos postulados tecnológicos estaban en contra de la base económica y tecnológica de dichos principios. En esto Carlos Marx tuvo razón: el mundo nuevo industrializado estaba destrozando las bases económicas de la antigua cristiandad.

Se puede decir que el carlismo era el último abanderado de un mundo ya muriendo –de un mundo descentralizado, autogobernado por sus propias instituciones y marcado por una serie de libertades concretas que no tenían sentido en el mundo nuevo de la mecanización- un mundo gris, feo, uniforme, y totalmente carente de belleza y de gracia.

Pero no hay nada necesario en la historia. La historia no se desarrolla a través de la evolución. Aunque hay procesos evolucionarios en el ser –por ejemplo, en la vida biológica- la historia como tal historia consiste no en la evolución sino más bien en una serie de saltos que no tienen relación entre sí. El vapor no es un barco de vela en escala grande. El vapor no es un paso evolucionado en la historia del hombre y del mar. El vapor no tiene nada que ver con el barco de vela –es una cosa totalmente y completamente diferente cuyo principio técnico no tiene nada que ver con la técnica anterior. Estoy tratando de decir que lo moderno –en este caso el vapor-, no apareció en la historia a través de un proceso evolucionario. Era nuevo sin ningún precedente. En términos aristotélicos no era la actualización de una potencia pre-existente.

Ahora bien. La técnica moderna –no la postmoderna- era marcada por una tendencia dinámica que necesariamente centralizaba todo a través de una atomización de lo pre-existente. La máquina centraliza gracias a un poder enorme de atomizar todo lo que la misma máquina absorbe dentro de sí misma. La sociedad creada en la imagen de la máquina hace lo mismo. Atomiza la sociedad antigua con sus libertades y fueros y así centraliza todo en un orden político que es un espejo de una máquina. Así es el capitalismo liberal y así es la técnica que hizo posible esta misma política. Si no hubiera aparecido en la historia una técnica no mecanizada, el carlismo hubiera sido nada más que una reacción gloriosa pero reacción sí en contra de un mundo nuevo.

Alguien aquí podría acusarme de ser marxista por haber arraigado lo político en lo económico si no tomara en cuenta el hecho de que el marxismo tiene una teoría evolucionista de la técnica y yo no la tengo. Creo que mi ejemplo sencillo del vapor y del barco de vela por lo menos es un bosquejo de a dónde voy.

Ambas políticas, la marxista y la liberal, se basan en la convicción de que la mecanización es una ley del ser, que la mecanización y una mecanización aún más intensiva, es una regla arraigada en la misma marcha de la historia del hombre. Pero algo pasaba en este siglo cuyas raíces ya existían en el siglo pasado –la aparición de una técnica nueva que no tiene nada que ver, absolutamente nada que ver, con la mecánica. Me refiero, claro que si, a la técnica electrónica. La electrónica –por un dinamismo interior cuya estructura no puedo explorar en esta conferencia; esto exigiría una conferencia mucho más detallada y filosófica que quiero dar- descentralizada- voy a poner unos ejemplos. Cuando pongo una conferencia telefónica –de larga distancia como dicen los mexicanos-, no solamente el concepto sino la misma realidad de un centro- desaparece. No hay ningún centro geométrico que forme la medida de todo lo que lo rodea. El teléfono permite que un jefe de estado gobierne desde un yate o desde su finca. No hace falta que esté en una capital. El teléfono por sí mismo ha hecho anacrónico el concepto liberal y marxista según el cual una sociedad tiene que ser gobernada desde un centro. El teléfono es la venganza de Carlos V –un hombre que nunca gobernaba desde ningún centro, pero mientras que Carlos V tenía que pasar su vida viajando por sus varios reinos, un Carlos V de hoy podría hacer lo mismo desde cualquier sitio geográfico. El espacio y el tiempo han sido abolidos por la técnica electrónica. Esta abolición ha destrozado, no la realidad –claro que sí- pero sí ha anulado la base técnica de una política de centralización. Lo que he dicho del teléfono podría decir también de la televisión y de la computadora. Una base central del mundo moderno era la universidad estatal. Es universidad se basaba en bibliotecas enormes y la universidad, en realidad, era un centro físico que guardaba un concentración de libros y esta concentración encarnaba la sabiduría y la ciencia de la sociedad. Ahora no: toda la información que existe en una universidad, la más grande que hay hoy en día puede encajarse en una computadora de tamaño de una maleta. La misma educación va hacia una descentralización hasta ahora ni siquiera imaginada por el hombre. El concepto de un poder grande se hace anacrónico también. Cualquier gamberro capaz de apoderarse de un submarino nuclear podría hacer el chantaje a todo el mundo –no importa donde esté.

El mundo del mañana, post-moderno, el mundo del siglo XXI, buscará a la fuerza de nuevas maneras de autogobernarse. Esto no quiere decir que todo lo moderno va a desaparecer. Nada desaparece en la historia. Todo permanece. Estamos en un monasterio del siglo XII 1 y la faz del siglo XX continuará existiendo en el siglo XXI pero tal y como el siglo XX no está gobernado por el siglo XII, el siglo XXI no estará gobernado por el XX. ¿Pero dónde hay una doctrina que siempre ha pregonado una descentralización del poder y una pluralidad de autoridades? ¿Dónde hay una doctrina que siempre rechazaba la doctrina determinista según la cual las condiciones del siglo XIX eran leyes inmutables de la existencia histórica humana? ¿Dónde hay una postura política que niega que el hombre sea nada más que una pieza dentro de una máquina? ¿Dónde hay una enseñanza que pregone una libertad concreta absuelta de un poder central? Ahora bien –el ejército del gran rey Carlista, Carlos V, nunca pudo entrar en Madrid. Llegó hasta el Parque Retiro, y nada más. Pero mañana no hace falta llegar a un centro político geográfico porque no habrá ningún centro. Estamos entrando en una nueva edad media pero una edad media totalmente nueva y por lo tanto no una repetición de lo pasado.

De momento en esta conferencia, no me dedico al aspecto católico y religioso del carlismo. Me dedico al carlismo como respuesta a una situación técnica nueva. Ahora bien –otra doctrina política podría llenar el vacío que se produce hoy gracias a las condiciones electrónicas. Pero, tal doctrina no existe. El marxismo es una postura totalmente muerta en los EEUU, pero tiene mucho empuje aquí y en Sur-América y en el tercer mundo2. El marxismo tiene carisma pero un carisma que se basa en una mirada hacia una situación pasada. Voy a poner otro ejemplo: el sistema parlamentario puede existir solamente cuando hay mucho tiempo para dialogar. El mundo post-moderno no tendrá tanto tiempo porque las condiciones eléctricas han abolido el tiempo como dimensión significativa en la vida política.

Si el carlismo era reacción y reacción en un sentido sano de la palabra en el siglo pasado, el socialismo y el marxismo y el capitalismo representan las fuerzas de la reacción en el mundo de hoy. Esto no quiere decir que han perdido su poder. Un león herido y muriendo es casi más feroz y peligroso que un león pacíficamente andando por la jungla. Pero un carlismo sin la imaginación de coger este momento histórico, un momento idóneo por la instauración de su ideario, sería un carlismo también destinado a desparecer como un sueño bonito, como un lirismo histórico y romántico. Y esto tenemos que evitar.

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1 La conferencia formaba parte de un curso que se impartía en el Monasterio de La Oliva en Carcastillo (Navarra) http://monasteriodelaoliva.org/

2 Hay que tener en cuenta que Federico Wilhemmsen, era norteamericano y que la conferencia se impartió a mediados de los años 70.