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29 mar 2026

Noelia Castillo: un antes y un después


Noelia Castillo ha sido una victima de la eutanasia. Esto es verdad, pero no es toda la verdad.

El caso de Noelia es un antes y un después. Porque es un compendio de todos los errores y de todos los horrores de la modernidad y del régimen del 78. Es en primer lugar una víctima del laicismo y la descristianización, de un mundo que se ha construido sin Dios y que, como dijo San Juan Pablo II, es un mundo contra el hombre. Un mundo que no tolera el dolor y que no es capaz de ofrecer la menor esperanza. Es una víctima del divorcio, de una sociedad que decidió que, en nombre de la diosa libertad, estaba bien romper un voto sagrado lo que ha provocado el infinito dolor de familias rotas e hijos traumados. Es una víctima de las políticas antifamilia, del desprecio a la patria potestad y de la creación de centros de acogida que no funcionan bien. Es una víctima de la revolución sexual, de la hipersexualizacion de la juventud, del feminismo hembrista y de la corrupción de la feminidad con la que son cosificadas y sufren especialmente las jóvenes. Es una víctima de un sistema educativo nefasto, que no prepara a los jóvenes para afrontar las dificultades de la vida y que fomenta el materialismo, el placer y el bienestar por encima de cualquier sentido trascendente. Es una víctima también del desorden migratorio y del incremento de la inseguridad. Es una víctima de un sistema sanitario perverso que pone a los médicos al servicio de la cultura de la muerte, que los convierte en sicarios oficiales, en verdugos, en sacerdotes de unos ritos satánicos. Un sistema con el que los centros de salud han dejado de ser espacios seguros. Un sistema en el que, en vez de expulsar a los médicos inmorales, se hacen listas de médicos objetores decentes. Es una víctima, en fin, de la partitocracia corrupta, en la que se aprueban leyes inmorales, impulsadas por ideologías diabólicas en la sombra, a cambio de puestos, cargos y privilegios para la casta. Este caso debiera ser un antes y un después. Digamos basta. Acabemos de una vez por todas con esta tiranía del relativismo. La constitución era esto. La democracia liberal era esto. La modernidad era esto. Ni un día más sin comprometerse en la lucha contra este horror. Cada uno que ocupe su puesto, según su vocación, al servicio del bien, que hoy, aquí y ahora no es otro que la restauración de la España tradicional, la España católica. La España de siempre.

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