16 sept. 2013

Lo que más o menos he dicho en el Aplec Carlista de Morella

Este pasado fin de semana, del 13 al 15 de septiembre, hemos tenido jaleo carlista en Morella. Quién lo iba a decir. 180 años y aún seguimos tremolando las mismas banderas, el mismo espíritu, los mismos ideales. 

El viernes y el sábado hemos tenido en el hotel don Jaime las sesiones de nuestros cursos de verano del Foro Alfonso Carlos I. Ponencias, mesas redondas, charlas y tertulias, participación, opinión, convivencia, etc. Un tiempo especial para empaparse de carlismo, para cargar las pilas. 

En la sobremesa del Aplec del domingo me tocaba dirigir unas palabricas a un público partidario. Es fácil hablar para convencidos, discursear entre amigos... O no, porque tal vez es ahí, en familia, donde uno no puede disimular. 

En cualquier caso llevaba cuatro ideas en la cabeza y esto es más o menos lo de dije o me hubiera gustado decir: 

"Carlistas,

Hoy es un día de fiesta. Aquí estamos comiendo, entre amigos, pasándolo bien. Al hacer esta mañana nuestra entrada triunfal en esta ciudad de Morella, con la banda de cornetas y tambores de La Llosa de Ranes, uno podía dejar volar la imaginación y tratar de evocar lo que debió ser la visita de la Expedición Real de Carlos V cuando hiciera escala en Morella. Pero levantando un poco más allá la vista sobre estas calles pintorescas se ve piedra, mucha piedra, se ven muros, almenas, torres, aspilleras... se ve sufrimiento, dolor, sangre, sacrificio. Por eso para nosotros estar hoy aquí es un honor, pero también es una exigencia. Una exigencia grande.

Quisiera expresar esa exigencia con unos términos que suenan a pasados de moda, a cosa exagerada, pero que tienen mucho de verdad: la exigencia que tenemos delante es nada más y nada menos que salvar a España. Si. Salvar a España. Pero no estamos locos, cuando digo que nuestra misión es salvar a España ya se que no podemos salvarla ni nosotros solos, ni salvarla entera aquí y ahora. Salvar a España es el ideal y en la medida que podamos tenemos el deber de aspirar a su cumplimiento. Haremos lo que esté en nuestras manos. Tampoco don Pelayo salvó a España entera. Pero a veces lo importante es la chispa que empieza un incendio. Y el Carlismo ha de ser esa chispa, ese punto de referencia que sirva de apoyo para otros muchos. 

¿Y de qué hemos de salvar a España? 

En primer lugar hay que salvarla del CATOLICISMO LIBERAL que es esa especie de apatía, de incongruencia, de contaminación de tantos hermanos nuestros católicos que ni comen ni dejan comer. Que dejan su religión en la sacristía o en el templo pero que en la vida pública se limitan a decir: "la ley es la ley". Una forma de entender la vida política que lo aguanta todo, porque el malminorismo no tiene fin. Que es capaz de vivir como si nada mientras, por ejemplo, las leyes han rebajado el matrimonio cristiano a la altura rastrera de una unión aberrosexual. ¿Y no pasa nada? 

Hay que salvar también a España de la TIRANÍA. Los españoles viven hoy asfixiados, aplastados por códigos, leyes, reglamentos, inspecciones, impuestos... Cada español trabaja al menos hasta junio solo para poder pagar los impuestos del estado. Es verdad que con ellos se hacen carreteras. Pero también aeropuertos inútiles. Es verdad que se hacen hospitales. Pero también se alimenta una casta política corrupta que derrocha y derrocha. Y mientras tanto no se puede protestar, porque la realidad del sistema es lo contrario de lo que dice ser. No es una democracia porque la democracia es imposible. No es una monarquía porque eso es un teatro. Esto es una partitocracia, una tiranía a plazos, una dictadura socialista cada vez más dura. 

Y hay que salvar a España, por último, de la PARTITOCRACIA, una casta política que es lo contrario de la Monarquía Tradicional, que impide la existencia de gobiernos que hagan las cosas pensando en el bien común, con la vista larga, haciendo las cosas a largo plazo. Todo lo hacen pensando en las próximas elecciones, y reparten las subvenciones para tener contentos a los amigos. No les importa el bien común y por eso están dispuestos a trocear España sin ponerle remedio. Lo mismo les da Gibraltar que Cataluña. Hay que salvar a España procurando la unidad en la diversidad. Tal como siempre lo entendió la política tradicionalista. 

Somos pues responsables de mucho. Lo somos de toda España. Porque ni renunciamos ni renunciaremos a esta idea de salvar a toda España. Pero somos en primer lugar responsables de los nuestros, de ese resto de familias cristianas, españolas, decentes, que viven huérfanas no solo de Rey, sino también de las estructuras políticas más básicas y más necesarias. No basta con sobrevivir a base de las burbujas espirituales que proporcionan los ambientes y movimientos religiosos. Es preciso que lo que queda del sano pueblo católico y español se organice, se estructure políticamente, y para ello se ofrece esta vieja Comunión Tradicionalista Carlista, porque nosotros llevamos la bandera y el germen de la España tradicional, de la España de siempre, porque no somos una ideología más en el mercado de las siglas, porque tenemos una historia limpia de servicios que ya la quisieran para si otros partidos. 

Carlos VII dijo en su famoso testamento político "Vosotros podéis salvar ala Patria, como la salvasteis, con el Rey a la cabeza, de las hordas mahometanas y, huérfanos de Monarca, de las legiones napoleónicas." 

Yo esto me lo creo. Y os animo a que lo creáis firmemente. Y por eso cada día, por la mañana, os recomiendo que os miréis al espejo y os digáis a vosotros mismos: ¡voy a salvar a España! Lo conseguiremos si cumplimos cada uno con nuestro deber, con disciplina, con organización, y, como siempre os digo, que nadie deje estas grandes preguntas en el aire. Si no se sabe qué hacer, por dónde empezar, preguntadnos a cualquiera de los miembros de las juntas regionales o de Gobierno de la Comunión. Preguntadnos. Que trabajo no falta. 

Gracias".

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