25 ene. 2011

Razones para ser Carlista (II) Objeciones sobre los mismos carlistas

Objeciones sobre los mismos Carlistas

Los carlistas son unos fanáticos
Un fanático es alguien que no razona, o que es puro sentimiento, y si razona, lo hace por libre. Pero el carlista, por definición, tiene poderosas razones en las que apoyarse. Son razones que él asume con total libertad, pero que le limitan y moderan en sus ímpetus porque le vienen dadas.

Los carlistas son revolucionarios
Todo lo contrario. El carlismo es un movimiento contrarrevolucionario. Es decir contrario a la revolución, no es partidario de otra revolución que "desrevolucione" lo que se ha revolucionado.

El Carlismo es sólo para hombres. No hay mujeres. Es machista
Falso. Lo que apartó a la mujer de la vida pública fue la revolución liberal. La "mujer objeto" nace en la sociedad liberal. En la Europa cristiana pre-liberal existieron reinas de verdad (no comparables con Isabel II, que fue una "reina objeto") y el derecho a voto no era voto masculino, sino voto familiar. El sufragio universal no se instaura en España hasta 1934 y fuimos los carlistas los primeros en pedirlo.

Los carlistas son violentos
Decir que la violencia de las guerras carlistas es culpa de los carlistas es como decir que la violencia de las guerras indias de Norteamérica es culpa de los sioux. La violencia de las guerras civiles de los siglos XIX y XX fue causada y sufrida por todos los españoles cualquiera que fuese su forma de pensar. A pesar de eso, y sin renegar del pasado épico de los voluntarios carlistas, el carlismo merecería el premio Nobel de la Paz. Porque aunque los voluntarios carlistas se enfrentaron en la guerra, lo hicieron siempre de forma abierta e incluso caballeresca. No han sido los carlistas quienes han promovido el terrorismo, ni el golpismo de Estado, ni la pena de muerte, ni los campos de concentración, ni el aborto, ni el cine violento, ni las cámaras de gas, ni el bombardeo indiscriminado, ni la bomba atómica...

Los carlistas están divididos y por lo tanto son ineficaces
En primer lugar los integrantes de la Comunión Tradicionalista Carlista no estamos divididos. Tratamos de trabajar todos juntos en una misma dirección porque pensamos que sólamente las organizaciones compactas, disciplinadas y unidas pueden hacer cosas con coherencia y cierta eficacia. Una organización pequeña y coherente puede hacer mucho más que una grante -o no tan grande- llena de incoherencias. Fuera de la CTC hay simpatizantes que van por libre y que colaboran o no con nuestra organización puntualmente. También hay otras organizaciones que proclaman su fidelidad a los principios del carlismo. Y otras más -pocas- con las que compartimos un mínimo común respecto "a la patria, la familia, la religión, la moral", etc. Nosotros nunca negamos el carlismo de nadie. Ni somos nadie para poner o quitar etiquetas de validez a nadie. No estamos enfrentados a ninguna otra organización. En ese sentido no estamos divididos ni fomentamos ninguna división. Es más: estamos abiertos a colaboraciones puntuales y estamos trabajando desde hace algún tiempo para que algún día sea posible una gran plataforma de políticos decentes. El problema es que para que se unan unas partes tendrán primero que existir esas partes ¿no? En definitiva, que no estamos divididos, lo que estamos haciendo es ocuparnos de nuestra parte.

Los carlistas dicen grandes palabras, pero no concretan nada
El talante carlista contrasta enormemente con la política de los liberales que consiste en concretarlo todo de manera enfermiza. Los políticos del sistema liberal hacen leyes como churros. Porque quieren regularlo todo, normalizarlo todo, codificarlo todo. Son unos locos que han colocado las pequeñas cosas triviales en el lugar que correspondía a las trascendentes y vitales. Como carlistas defendemos la libertad tanto que nuestra intención es que la gente use de esa libertad y opine en libertad y discrepe en libertad. Los carlistas estamos de acuerdo en lo fundamental y luego podemos discrepar en mil cosas. En cambio los miembros de los partidos liberales se ven obligados a defender una cuestión opinable y luego pueden discrepar sobre lo fundamental. Primero acuerdan repartir mil pesetas de subvención a cada familia y luego discuten sobre qué es una familia.

PUBLICADO EN WWW.CARLISTAS.ES
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