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21 abr 2024

La burocracia y los enchufes


Nunca han existido tanta burocracia, tantas normas o tantos controles protocolarios en la Administración. Y sin embargo nunca, como ahora, han sido tan necesarios los enchufes y el conocer a alguien para saltarse una lista de espera médica, resolver un problema judicial o agilizar cualquier trámite administrativo. La democracia era esto. Todos iguales pero unos más iguales que otros.

Pero no se crean que denuncio esto porque esté a favor de "perfeccionar" -o sea, de deshumanizar aún más- el sistema o porque me molesten los enchufes. Al revés, estoy convencido de que las cosas funcionarían mejor con menos burocracia, menos controles, menos robots parlantes y más humanidad. ¿Y con más enchufismo y amiguismo? Pues sí, también con eso, dentro de un orden. ¿Cuántas veces han ido a resolver una tontería y el funcionario o empleado de turno les ha dicho eso de "lo siento, pero el sistema no me deja"? Las normas están bien como pauta general pero incluso el sistema más perfecto hace sufrir a infinidad de personas en infinidad de ocasiones porque no es capaz de detectar y solucionar los pequeños problemas con la agilidad que caracteriza a una persona empática. El hecho de facilitar las cosas a alguien por el hecho de conocerle es lo más humano del mundo y debería ser lo más normal. Naturalmente que habrá que evitar los abusos, pero también habrá que tener en cuenta que sin esa válvula de escape de los enchufismos esto ya habría reventado por alguna parte.

He dicho "dentro de un orden", porque las recomendaciones interesadas, los sobornos, los tráficos de influencias o las mordidas son precisamente los males que sirven de justificación a los puritanos de la norma, a los que dicen que para evitar esa corrupción la única solución posible es establecer unas normas inhumanas. No. Porque esas normas dificultan la vida a los inocentes de tal forma que es peor el remedio que la enfermedad. Si hay abusos persíganse, pero no a costa de fastidiar a la mayor parte de la gente. Hay un ladrón asaltando viviendas. Lo lógico sería que la autoridad persiguiera a ese ladrón. Pero no, la mentalidad burocrática no se centra en eso, prefiere obligar bajo multa a todo el mundo a poner cerrojos o decretar un toque de queda en vez de centrar sus esfuerzos en detener al criminal.

Si queremos un mundo mas amable, más humano, más nos valdría anteponer cosas tan humanas como la amistad por encima del cumplimiento de la norma. En definitiva, dar l sistema un enfoque más empático de forma que si alguien se salta la cola todo el mundo entienda que es porque se trata de una excepción, o de una emergencia, y no de un caradura. Porque ¿Qué es más difícil? ¿Tener muchos amigos o cumplir todas las normas? No hablo de eliminar la norma. Hablo de anteponer la humanidad. Como cuando en la circulación rodada prevalece lo que diga el guardia por encima de la señalética.

En definitiva, que cuando las leyes se hacen para el hombre, con sentido común y proporcionadas, no se hace tan necesario el auxilio extraoficial. Pero cuando, como ahora, se exagera el cumplimiento de forma farisaica, la única manera de no convertirse en robot, esclavo de la ley, es recurrir a la ayuda de amigos y conocidos. Moraleja, tengan amigos porque eso es lo que abre puertas, y si está en su mano favorecer a alguien -dentro de un orden- háganlo, porque el mayor placer del mundo es ese: servir.

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