13 ene. 2016

Retrocesos del progreso

Dice la propaganda futurista que la humanidad avanza, y avanza, y avanza, siempre hacia el mundo feliz. Pero resulta que no todo han sido progresos:

LOS COCHES NOS FACILITAN LOS VIAJES... Y NOS OBLIGAN A ESCUCHAR LA RADIO Y A SER PUNTUALES
Tenemos coches potentes, que nos permiten llegar en unas pocas horas muy lejos. Pero que al mismo tiempo nos obligan a estar allá. A la hora exacta. Y a volver. Y a ir, y a volver. Y a escuchar la radio en el trayecto tragando las consignas que decida el Estado.

LAS CARRETERAS COMUNICAN LOS PUEBLOS... Y LOS VACÍAN
Tenemos carreteras por las que podemos estar en el pueblo en media hora. Y por las que podemos abandonar el pueblo para no vivir en él. ¿Cuándo tenían vida los pueblos y estaba la población mejor distribuida en el territorio y no había macrociudades masificadas? Cuando las comunicaciones eran lentas. ¡Menuda paradoja!

EL METRO NO AHORRA TIEMPO, NI CAMINATA, Y CONTRIBUYE A LA REEDUCACIÓN DE LA MASA
En las grandes ciudades tenemos metros que corren bajo el asfalto de punta a punta en minutos, pero que nos obligan a ir puntuales sea donde sea. En raras ocasiones ahorran la caminata. Porque de la estación a casa o al trabajo o a donde sea siempre hay un trecho. Y mientras tanto ahí está el metro, obligándote a consumir tiempo, y dinero, y reeducándote gota a gota con la publicidad y las pantallas instaladas por el gobierno.

EL TELEFONO NOS ALEJA DEL PRÓJIMO
Tenemos teléfonos que nos permiten hablar con todos los amigos que tenemos en China. Pero que nos obligan a tener amigos en China. Y eso quiere decir que a veces no podemos dormir por la noche si queremos guasapear con ellos. Y mientras tanto los días siguen teniendo 24 horas. Y esos minutos que dedicamos a chatear con el amigo chino no los dedicamos al amigo vecino que es nuestro prójimo pero que se aleja, se aleja.

EL CORREO ELECTRONICO OBLIGA A TOMAR MUCHAS DECISIONES PRECIPITADAMENTE
Tenemos correo electrónico que nos facilita enviar en segundos una carta de amor. Pero que nos obliga a tomar decisiones en segundos. Tenemos una tecnología digital, virtual, intangible, eterea, que se lleva el viento y se mueve como chispas haciendo inestable todo lo que toca, todo lo que dice, todo lo que piensa.

LOS SUPERMERCADOS HAN ACABADO CON LOS SOUVENIRS
Tenemos supermercados con un poco de todo, pero que nos impiden el placer de traer productos exóticos si alguna vez vamos de viaje. ¿Qué gracia tiene traer un recuerdo de "Nuevayor" si la palabra "Nueva York" o una imagen del puente de Brooklyn es lo que llevan en las camisetas y en sus gorras los niños de Cuenca?

LAS FOTOGRAFIAS
Tenemos máquinas fotográficas que nos permiten hacer 500 fotos por minuto. Nos faltan minutos para verlas después. ¡Nos faltan hasta para darles la vuelta y ponerlas derechas si alguna vez encontramos tiempo para pasarlas al ordenador!

Tenemos calles anchas estupendas para ir en coche, pero lo que a nosotros nos gusta cuando estamos relajados o vamos a hacer turismo son las calles estrechujas del siglo XIII. Mucho más humanas, frescas en verano, y recogidas en invierno. Hemos tirado las murallas y todo lo que hacía pintoresca nuestra ciudad para hacer pisos feos y, en cuanto podemos turismear nos vamos a los pueblos pintorescos.

Continuará...

Tenemos ordenadores estupendos que hacen casi, casi, casi todo lo que antes hacíamos con papel y lápiz. Pero por alguna extraña razón no nos acabamos de fiar del todo de ese mundo digital. El resultado es que gran parte de los trabajos administrativos o de oficina los tenemos que hacer ahora por duplicado. En ordenador, y mano o en papel, por si acaso.

Las persianas -las de casa, de la oficina, del garaje, de la tienda...-  ya no suben y bajan con un pequeño ejercicio manual -que nos servía por cierto para desentumecer algunos músculos del brazo- sino con un simple botón. Es un sistema más lento, más insano, y más aburrido que el anterior. Y cuando se avería... suele ser más difícil de arreglar, claro.

No he llegado a conocer los coches de caballos, pero se que antiguamente, montando en una simple tartana con una yegua medianamente bien criada, podía guiar hasta un ciego. Las mulas tienen ojos, y los usan, por la cuenta que les trae, claro.

¿Y las máquinas de fotos? En un principio su capacidad casi infinita de almacenaje pareció una gran ventaja. ¿Seguro? Cuando resulta que se hace imposible no ya mantener ordenadas las fotos o imprimirlas sino ni siquiera mantenerlas ordenadas.

Por último, la guía telefónica... si ya no salen todos los vecinos con sus teléfonos... ¿para qué nos sirve?



Publicar un comentario