18 jun. 2015

Sobre el solsticio y el neopaganismo ecologista

Recién salida del horno la segunda encíclica del Papa "Laudato si" y en vísperas del solsticio que emociona tanto a los nazis como a los progres copio este fragmento de la primera encíclica de Francisco, "Lumen Fidei":

"En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. "No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol", decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, "cuyos rayos dan la vida".

Absolutizar al sol rescatando rituales supersticiosos e infantiloides es igual de anticristiano y retrógrado que caer en el rollo neoindigenista de la Pachamama. El Santo Padre lo deja ahora bien claro pues una cosa es clamar contra el egoísmo que destruye la naturaleza, la "casa común", y otra volverse materialista o panteísta: ¿tiene sentido hablar de "madre tierra"? En cierto modo si, pero es mucho mejor, más cristiano, decir como San Francisco "Hermana Tierra". Porque el Sol o la Tierra jamás serán más que el Verdadero Sol que nace de lo Alto.
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