19 sept. 2012

Clausura de los cursos de verano del Foro Alfonso Carlos I



¿Crisis coyuntural o crisis del sistema? 
 Los carlistas ante la situación actual 

 Los carlistas llevamos 200 años hablando de crisis y sabiendo que el liberalismo y sus ideologías adyacentes o secundarias han significado una crisis global para la Cristiandad y de modo especial para la Monarquía Católica. A lo largo de estos dos siglos se han producido numerosas crisis coyunturales dentro del sistema liberal triunfante: estallidos sociales, guerras, cambios bruscos en la situación política, social y económica. Los períodos de más pujanza del carlismo y los de sus alzamientos armados siempre se produjeron en esos momentos más críticos.

Pero cada crisis pasaba y el sistema seguía en pie, y puede que lo hiciera, precisamente gracias a las antiguas columnas sociales aún no destruidas.

 Sin embargo lo que tenemos ahora tiene todo el aspecto de ser la confluencia de varias crisis diversas en la que se entremezclan y atropellan, una tras otra, varias crisis coyunturales que ponen de manifiesto las debilidades fundamentales de todo el sistema. Debilidades que nos permiten hablar, por fin, de crisis del sistema liberal.

 La crisis económica es solo una de las varias crisis superpuestas que se han abierto como vías de agua en un barco cada vez más peligroso. Existen crisis en la fe, en la educación, en la familia, en la participación social... Todas ellas son la consecuencia de la herejía liberal que consiste en una exageración de la libertad. Todas ellas, en mi opinión, tienen un punto de confluencia común: todas ellas son crisis en las que se rompen las mil relaciones humanas que hacen la vida más plena. Se rompe la relación con Dios y el mundo trascendente; se rompe la armonía entre generaciones; se rompe la complementariead entre los sexos; se rompe esa hermandad entre vecinos que es la base del patriotismo. El resultado es la transformación de la sociedad, del pueblo, en una masa amorfa de individuos que se entregan, como ovejas sin pastor, en manos de nuevas ideologías presuntamente salvadoras. En manos del nacionalismo. En manos del Estado.

 Los carlistas ante la situación actual 
 Ante esta situación lo primero que creo que tenemos que hacer los carlistas es tomar distancia ante lo que está pasando. Sin dejarnos llevar por las pequeñas noticias de los altibajos de la prima de riesgo o por los trucos llamativos del teatro partitocrático y electoral tenemos que elevarnos para ganar perspectiva. 

Tenemos que mantener una visión de conjunto amplia, para empezar, en términos cronológicos o históricos. En este sentido recomiendo que miremos las cosas más por siglos que por décadas. Hagamos, por ejemplo, la siguiente cuenta: 8 siglos de reconquista (del VIII al XV); 3 siglos de Monarquía Católica (del XVI al XVIII); 2 siglos de liberalismo y nacionalismo (XIX y XX).

 Y lo mismo en términos geográficos. El problema actual de los independentismos peninsulares no puede hacernos olvidar que hace doscientos años nuestra Patria grande eran las tierras de la Monarquía Católica que iban desde Manila hasta Barcelona. Desde Sevilla hasta La Patagonia.

 De esta forma, cuando seamos conscientes de lo desmesurado de nuestros objetivos apreciaremos mejor la pequeñez de nuestra pobre realidad y entenderemos que si ha de haber un milagro, el milagro de una renovación de la vida social que haga resurgir una sociedad tradicional, desde luego que estamos en una situación inmejorable para que éste se produzca. Y para que quede patente que ha sido un milagro ajeno a nuestras escasas fuerzas.

 Ahora bien, aparte de esperar ese milagro global, mientras no llega, los carlistas podemos hacer varias cosas ante la situación actual. No puedo plantear nada demasiado nuevo. Sin embargo he querido aterrizar con estas seis propuestas, algunas de ellas bastante concretas, porque siempre me ha gustado ese consejo un tanto manipulado por algunas ideologías que dice: “Piensa en global, actúa en local”.

 1º. Mantener la ortodoxia carlista, la que nos han enseñado los carlistas finos, que consiste en respetar el equilibrio admirable de nuestro lema en sus principios: Dios, Patria, Fueros, Rey.

 2º. Especializarnos en lo nuestro, que es la Política, sin desviar la acción de la CTC hacia tareas sociales, o catequéticas, o culturales, o educativas. Encauzando en su caso todos esos otros esfuerzos hacia otras entidades que forman la Liga Tradicionalista.

3º. Potenciar la Liga Tradicionalista para ir reconstituyendo una base social propia. Para alentar en la medida de nuestras fuerzas las iniciativas sociales sanas que vayan surgiendo.

 4º. Trabajar por tener medios de comunicación propios o afines. Porque si no somos capaces de explicar lo que hacemos y por qué lo hacemos será casi como si no lo hubiéramos hecho.

5º. Conseguir una profesionalización creciente de nuestros cuadros dirigentes, siquiera sea a tiempo parcial. La experiencia nos demuestra que es la única manera de crecer.

6º. Establecer lazos con grupos internacionales similares al carlismo.

 Javier Garisoain Secretario General de la CTC
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