8 jul. 2011

El asombro por lo evidente

Dicen que no hay nada más difícil de explicar que las cosas evidentes. Por ejemplo, si Vd. no ha entendido esta frase no hay nada que hacer. Y es que lo evidente, lo rabiosamente real, nos golpea con furia en todo momento y no hay mas que mantener una actitud humilde para darse cuenta de que la Verdad está ahí, ahí mismo, al alcance de la mano. 

La capacidad de asombro, la humildad, el ser como niños y la confianza valen más que la pedantería del que se cree que para filosofar bien hay que ser filósofo-minero, pensador-topo con ojos pequeños y uñas fuertes. No señor. La sabiduría no está en la invención, ni en la exploración rebuscada, sino en el descubrimiento. No hay que excavar nada. Basta con saber mirar.

Giovanni Papini, por ejemplo, me hizo ver un día esa evidente broma divina que consistió en presentar al Niño-Dios sobre un recipiente alimentario, el pesebre, como si fuera una pobre patena pastoril. ¿No es gracioso jugar, contemplar, cantar toda la vida delante de ese pesebre sin caer en la cuenta de ello?

Gilberto Chesterton, por su parte, que es un auténtico despertador de realidades, un gigante descubridor de evidencias asombrosas, me ayudó a entender que el sol no tiene por qué salir de nuevo cada día; o que la hierba, que es verde, podría haber sido de otro color. También fue él quien descubrió que una revolución, -como la francesa sin ir más lejos-, consiste en dar una vuelta de 360 grados sobre el eje de forma que al final todo queda igual que al principio.

Acabo, en fin, de leer otra de esas evidencias gozosas. La escribe Carlos Ibáñez y me enseña lo siguiente: que le llaman democracia y no lo es. Léanlo aquí: http://representacionrealya.es/?p=45, merece la pena.
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