22 abr. 2007

DISCURSO EN EL Xº CONGRESO DE LA CTC: SOLUCIONES QUE LA CTC PUEDE OFRECER A LA SOCIEDAD

Xº CONGRESO NACIONAL DE LA CTC
SOLUCIONES QUE LA CTC PUEDE OFRECER A LA SOCIEDAD

1. NO OFRECEMOS SOLUCIONES
Cuando aparece una enfermedad, hay que buscar un remedio. Ante las enfermedades políticas y sociales que debilitan a España, nosotros podemos decir que tenemos el remedio, pero naturalmente, para que sea eficaz tendríamos que conseguir la colaboración del paciente. Y esa parte me temo que nos falla un tanto.

Cuando se cometen errores, es preciso que aparezcan correctores. Ante los errores que inundan la vida política y social de España nosotros podemos presumir pues, si nos escucharan, los carlistas seríamos unos correctores bastante buenos.

Pero eso de las soluciones... Me gusta que hayamos planteado así el enunciado: ³SOLUCIONES QUE LA CTC PUEDE OFRECER A LA SOCIEDAD² pero me veo obligado a tranquilizaros y a recordaros que nosotros, como carlistas, los miembros de la Comunión Tradicionalista Carlista -pobres de nosotros- no podemos solucionar nada o casi nada. Sólo con que sepamos explicar esto a nuestros compatriotas ya habremos conseguido algo fundamental y es distinguirnos absolutamente de todas las demás organizaciones políticas que prometen que ellos nos van a solucionar las cosas. Y es que problemas, lo que se dice problemas, es totalmente normal que existan. Y soluciones, de esas soluciones matemáticas en las que por milagros de la aritmética se da con un resultado que resiste la prueba, lo que se dice soluciones, sólo las puede encontrar plenamente el protagonista de cada problema.

Los partidos políticos del sistema se presentan hoy en día como magos, como prestidigitadores que vienen a solucionarnos la vida. ³Nosotros vamos a hacer, nosotros vamos a arreglar...². Los carlistas nunca diremos eso. Nosotros lo que queremos es que la gente, las personas, los pueblos, los vecinos, la sociedad, las autoridades, afronten libremente sus propios problemas. Y encuentre cada uno libremente sus propias soluciones.

Es preciso que la política vuelva a su cauce. Hoy en día existe una exageración de la vida política que contamina toda la realidad social porque la política, ese arte de la convivencia, la ley, y la vecindad se ha sacado de quicio. Nosotros queremos ponerla en su lugar. Queremos bajar los humos a esa especie de tiranosaurio que es ³el político².

Pensemos, por ejemplo, en la relación que hay entre la política, la religión y la sociedad. Los fanáticos de la política solucionista pretenden subordinar todo, la religión y la sociedad, a la política. Es más, pretenden anular todo, la religion y la sociedad y politizarlo todo. Nosotros decimos que el orden de las cosas es el siguiente: la ley moral y la religión por encima; la sociedad por debajo con su vida libre; y la política... para servir a ambas. No es tan difícil de explicar.

Pero volvamos a decir algo a quienes esperan que, puesto que todo lo demás ha fallado, seamos los carlistas la solución de sus problemas. Nuestro objetivo principal es lo que cantamos en el Oriamendi: ³que venga el rey de España a la corte de Madrid². No decimos: ³que venga el partido que quiere que venga el rey de España a la corte de Madrid², sino: ³que venga el rey². Si el carlismo es un partido lo es en un sentido muy diferente a los demás porque nosotros no nos sentimos marcados por la infalibilidad política como para saber todo sobre todo (hasta cuál es el precio medio de un café en España) o para gobernar mejor que los demás. Nosotros no renunciamos a la conquista del poder político, porque sabemos que (como ha recordado el primer ponente) la revolución ha venido siempre desde arriba. Pero eso no quiere decir que pretendamos el poder para nosotros. En este sentido, si la Comunión es un partido, es un invento provisional. Es verdad que llevamos ya 174 años de provisionalidad, pero cuando llevemos³al rey de España a la corte de Madrid² nos disolveremos. Esto es lo que siempre hemos dicho. Y eso es lo que haremos... si sucede.

En mi opinión podríamos distinguir dos tipos de vocacion política. Por un lado estaría la del ³rey y sus ministros², una vocación de mando y de organización, es decir, de servicio desde el poder, que por su propia naturaleza necesitaría de cierta estabilidad. Por otro estaría la de los diputados y representantes. Y ésta es una forma de política que, contra lo que sucede en la partitocracia, no debiera de profesionalizarse nunca. Y pensándolo bien me parece -y esto es una idea más personal- que la vocación política más propiamente carlista no es ni una ni otra. Por eso no abundan entre nosotros los típicos políticos. Porque nosotros no pretendemos solucionar directamente la vida a los demás. Y tampoco queremos representar por siempre a toda o parte de la sociedad. Lo dicho, nuestra vocación es transitoria, provisional, coyuntural... independientemente de esos 174 años que lleva prolongándose esta situación.

Lo que nosotros proponemos son principios, raíces, fundamentos, límites... y hasta si me permitís la palabra: talante. Proponemos un punto de vista, damos un punto de apoyo desde el que cualquier vecino podría trabajar en cualquier aspecto de la política. En la política municipal, por ejemplo, la CTC nunca dirá en bloque si hay que construir o no cosas concretas; en cinco carlistas puede haber cinco opiniones legítimas y respetables (cosa que los partidos del sistema no toleran). Cuando un carlista sea elegido para hacer política municipal demostrará que es carlista en los principios pero las soluciones concretas las hará como mejor crea, según su libre criterio personal.

Todos los demás movimientos políticos hablan de la libertad pero no se atreven a tocarla. Nosotros queremos que la gente sea libre, que use su libertad, que haga, aunque no lo haga perfecto. Y que se equivoque si hace falta. Pero que cada cual sea libre, es decir, que cada cual mande en lo suyo. Por eso vuelvo a repetir: estamos totalmente en contra de esa profesionalización de la política que está creando una especie de nueva aristocracia cutre. Alguien tiene que decir en política que la perfección -que la profesionalización- no existe en este valle de lágrimas. Que no se puede crear un mundo feliz sin Dios. Ni hacer a Dios ³feliz² (entre comillas) olvidándonos del mundo. Así que soluciones, lo que se dice soluciones, las dará, si puede, la misma gente. Y cualquiera tendrá más garantías de acierto si lo hace según los principios que nosotros enseñamos. Posiblemente no consiga un mundo más perfecto. Pero sin duda conseguirá un mundo más humano.


2. OFRECEMOS UN PUNTO DE VISTA DIFERENTE Y ORIGINAL Y UNA DOCTRINA SÓLIDA

El problema profundo y verdadero que tiene nuestra sociedad es doctrinal, no de táctica, ni de estrategia, ni de mal menor (como nos ha recordado José Fermín Garralda). Existe una cosa que se llama liberalismo y que es un error, un conjunto de errores, que es preciso refutar. Esto, en política, no lo dice nadie. Por eso está claro que tenemos un hueco para nosotros, porque vendemos un producto genuino. Una doctrina política vieja y nueva a la vez que sirve para aportar sentido común a cualquier problema que se nos plantee, por nuevo que sea.

A veces somos tan originales, y aportamos tantos matices a las cosas, que eso mismo nos complica la propaganda. Tenemos que aprender a explicarnos mejor y a huir de los simplismos y los bipartidismos. Nosotros no somos ni rojos ni azules, ni izquierdistas ni derechistas, ni capitalistas ni socialistas, ni machistas ni feministas, ni centralistas ni separatistas, ni anarquistas ni totalitarios, ni ateos ni meapilas, ni marxistas de reino sin Cristo ni pietistas de Cristo sin reino... Aunque haya que perfeccionarlo lo tenemos; tenemos un lenguaje propio, y unos gestos propios. No somos la tercera vía, somos otra cosa. No somos una reacción, somos anteriores. Somos en fin la España de siempre, la que vive en sus tradiciones de forma a veces hueca e inconsciente, pero serena. Y tenemos en el fondo esta centralidad y este equilibro porque nos los da el ser católicos, el estar ni un paso adelante ni un paso atrás de la Iglesia.

En la doctrina política y social que ofrecemos todo encaja. El trilema de Dios, Patria-Fueros y Rey está muy bien pensado. Y como ha dicho Garralda es tan bueno que nos lo quieren falsificar. Por eso yo no tocaría en este momento, de aquél Ideario que se redactó en los Congresos de la Unidad, ni una sola coma. Y digo del Ideario, que es lo permanente, pero no del programa que evidentemente lo retocamos cada vez que abrimos la boca según sea nuestro interlocutor. El Ideario nos define perfectamente: cristianos, patriotas, libres, tradicionales. Con la originalidad de pedir la confesionalidad del estado, y la reivindicación de la Tradición de Las Españas. No tenemos que perder ni un minuto en definirnos. Sabemos lo que somos y dónde están los límites: ni laicismo, ni integrismo, ni democracia cristiana, ni liberalismo, ni marxismo, ni pietismo, ni pesimismo, ni militarismo, ni centralismo, ni separatismo... en fin: armonía y equilibrio. Ese Ideario es hoy en día nuestra razón de ser, y digan lo que digan las encuestas; se lleve lo que se lleve en Europa, no vamos a cambiarlo. Porque el Ideario de la Tradición el tronco que nos une con las famosas raíces de que tanto se habla. Raíces, tronco, y ramas. Todo junto y coherente, para que se sepa que somos los representantes de la Tradición y que aunque suene un poco fuerte, nuestra democracia cuenta, aquí, en España, con los votos de los muertos.

Aparentemente hay en este mundo de colorín y publicidad muchas opciones distintas. Pero un católico que se preocupe especialmente por todas estas cosas de la política no tiene muchas alternativas. Si se mete en un partido laicista es para sufrir. Y si lo que quiere es un partido que proclame la ley moral natural y que respete la objeción de conciencia... que busque bien, porque no existe nada semejante fuera de la Comunión y algún otro pequeño partido extraparlamentario confesional. Y por otra parte, el derroche de energías que supone dar la cara en batallitas perdidas y aisladas (el aborto, la familia, el terrorismo, la unidad de España) puede resultar entretenido mientras se es joven pero después, con la hipoteca y los niños, todo se complica. El carlismo es el único punto en que se unen todas las batallas en una sóla. ¿No quieren eficacia? Pues aquí la tiene quien quiera. Y si quiere trabajar dentro que entre. Y si le basta con tenernos como punto de referencia pues muy bien. Se puede elegir.

3. OFRECEMOS UN CAUCE DE PARTICIPACIÓN EN POLITICA

Recapitulando: no ofrecemos soluciones; sí ofrecemos principios. Pero además nos ofrecemos a nosotros mismos, como Comunión, para ser un cauce, una organizacion para quien tenga vocación política y quiera participar. Ya he aclarado antes que puede haber dos tipos de vocación: la de mandar y la de representar. Y además la vocación más especificamente carlista de luchar, primero para que llegue al poder ³el rey legítimo² y después representar a la gente de principios. Todas estas vocaciones son buenas, necesarias y complementarias. Y en la Comunión han de tener todas su sitio.

Eso quiere decir que la Comunión ha de prepararse para crecer. No podemos conformarnos con ser un rescoldo que no transmite la llama. La Comunión tiene que crecer, y de tal forma que todos quepamos, que todos nos respetemos. E incluso para llegar a ser un cauce no sólo para los que tengan una vocación directamente política. En la Comunión han de encontrar un puesto también los que tengan vocación intelectual para escribir, para publicar, para historiar. Y los que tengan vocación periodística, y los educadores, y los asistenciales, y los artistas, y cualquier persona con sentido común... todos. Es preciso que admitamos que dentro de la Comunión puede haber gente con distintos estilos, que puede haber carlistas de formas más clásicas y otros más innovadores. Respeto dentro, en fin. Y respeto fuera también para conseguir que la CTC se mantenga siempre independiente de sectores concretos, que nunca se convierta en el brazo político de nadie, ni de grupos económicos, ni ideológicos, ni religiosos.

En el momento actual tengo la convicción de que no tenemos que hacer nada extraordinario para crecer sino tomarnos más en serio lo que ya somos y tenemos: con nuestros estatutos, con las normas de organización interna que ya empleamos, con nuestras juntas y con cualquier iniciativa que haya demostrado algún fruto en estos últimos años ya sea el Foro Alfonso Carlos I, Cruz de Borgoña, la revista Ahora, El Bazar, los actos públicos, etc. No hay que inventar nada nuevo sino desarrollar lo que ya tenemos con perseverancia y con paciencia.

Y permitidme que siga concretando algunas cosas más en las que habremos de incidir para que la Comunión tenga cada vez un mayor atractivo y cada vez más personas vean en ella una forma sensata de emplear sus energías:

1. Una dirección política que reparta tareas entre todos. Una Junta de Gobierno fuerte, que llegue a manejar una potente base de datos (de afiliados, simpatizantes, clientes del bazar, suscriptores de ahora, niños monitores y padres de CB, medios de comunicación, entidades sociales, civiles y religiosas, etc.), que ponga en contacto con la Comunión todo lo que todavía quede de sana sociedad tradicional.

2. Unos medios económicos que nos den independencia. Una sólida base económica fundamentada en cuotas y en pequeñas iniciativas que se autofinancien (CB, Ahora...) y también, en cuanto sea posible, mediante una fundación, tal como acordamos en el último Congreso.

3. Una ³organización organizada² y más grande. Con una Secretaría Técnica al servicio de todos, con más personal, bien dotada y muy eficaz. Que allí donde haya al menos tres afiliados se constituya una Junta Carlista para crear una red más extensa. Y que donde no haya junta nombre la Junta de Gobierno delegados responsables, para que la CTC esté presente en todos los rincones de España.

4. Bien comunicados hacia dentro y hacia fuera. Una comunión bien ³comunicada², para que cada afiliado o cada persona que se acerque a la Comunión se sienta invitada a participar e informada de lo que se hace: por correo, mediante boletines, circulares, correo electrónico, mensajes sms, etc. Mediante notas de prensa, comunicados, ruedas, manifiestos, etc.

5. Una Comunión capaz de hacer propaganda eficaz y original. Para multiplicar fuera, llegando a otros, el efecto de todo lo que se haga dentro. Y que no se escriba nada que luego no se difunda. Propaganda, propaganda, y propaganda.

6. Una Comunión que atraiga y centre a los jóvenes católicos. Que a los espiritualistas los baje a la tierra y que eleve a los activistas. Que persevere y mejore siempre actividades como los campamentos o las reuniones para la formación.

7. Que forme a la gente con vocación. Y que la revista Ahora y otras ediciones que se vayan haciendo sirvan a ese objetivo, junto con los encuentros del Foro Alfonso Carlos.

8. Una Comunión que oriente a todos, en fin, sobre la situación actual, que critique y que proponga. Y aprovechando, como CTC, siempre que sea posible, la mecánica electoral. Como CTC o animando a candidaturas independientes en las municipales, o con otras marcas electorales que se vea oportuno utilizar. Esta lucha electoral, de antigua tradición en el carlismo, nos ha de distinguir de cualquier otra iniciativa nostálgica o puramente intelectual que pueda conformarse con la simple repetición de los principios.
4. OFRECEMOS UNA DEFENSA Y REPRESENTACIÓN DEL PUEBLO CRISTIANO ANTE LOS PODERES LAICISTAS
Por último, y para terminar, esta Comunión que no ofrece soluciones, que muestra principios, que se ofrece como cauce organizado, está llamada a ser baluarte y defensa del pueblo cristiano español ante la tiranía laicista que viene.

El carlismo tendrá sentido aunque no llegue a la Corte de Madrid. Tiene razón de ser aunque no domine el territorio. El carlismo no puede limitarse a proclamar principios como un disco rayado. Una vez proclamados, alguien tendrá que dar la cara por el pueblo español, el verdadero e indígena pueblo tradicional y católico español, que vive huérfano de representantes. Por eso la posibilidad real, el riesgo, de manchar nuestras gloriosas banderas no puede amedrentarnos nunca hasta tal punto que renunciemos a la toma de decisiones políticas, electorales, discutibles o arriesgadas. En eso consiste hacer política. Y hacer política, negociar si viene al caso, hablar con personas que pueden hacernos daño... todo ello por responsabilidad y sin caer en lo que podríamos llamar, más que carlismo (el seguimiento de Don Carlos), ³carlistismo² (el seguimiento anquilosado de una imagen de museo).

Nadie sabe hasta qué punto o cuándo van a volver los tiempos de catacumbas. Voy a dejar caer una idea, y es que en cualquier caso, pase lo que pase, a lo mejor alguientiene que preparar las catacumbas, acondicionarlas, y defenderlas.
De momento lo que hay que hacer es misionar cueste lo que cueste. Y todos juntos, todos juntos en unión.
F. Javier Garisoain
Presidente de la Junta Carlista de Navarra
y Vocal de la Junta de Gobierno

Cerro de los Angeles, 21 de abril de 2007

PUBLICADO EN EL DIARIO HISPANIDAD:
Javier Garisoain, nuevo secretario general de la CTC: “No ofrecemos soluciones, sino principios”

La Comunión Tradicionalista Carlista (CTC), en su X Congreso Nacional, ha elegido al navarro Javier Garisoaín como nuevo secretario general, en sustitución de Javier Zazu. Publicamos su discurso en la Congreso, donde distinguió la CTC de otras formaciones políticas, bajo la idea central de que los carlistas no ofrecen solución, sino principios.

Hispanidad, lunes, 23 de abril de 2007

Pero, al mismo tiempo, recordaba que el Carlismo no puede limitarse a “proclamar principios”. Quizás, lo más llamativo de su discurso sea su alusión final a la posibilidad de “negociar… incluso con personas que puedan hacernos daño”.
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