23 abr. 2007

23 abril 2007



CARTA ABIERTA DEL PRESIDENTE DE LA JUNTA CARLISTA DE NAVARRA AL COMITE EJECUTIVO DE UPN 


Allá por diciembre del 2004, en otra carta abierta dirigida a Miguel Sanz nos tomábamos la libertad de sugerirles que se atrevieran a suscitar en el seno de su partido “un debate sobre la futura constitución europea”. En aquella ocasión, la posición favorable de UPN -sin matices de ningún tipo- a aquel “proyecto por el que se establece una constitución para Europa” fue ignorada por unos cuantos miles de navarros, votantes habituales de UPN, que no siguieron su consigna, tal y como Vds. pudieron comprobar al analizar los resultados del referendum en Navarra. No sabemos hasta qué punto esos votantes (que se han calculado en más de 20.000) pudieron negar su apoyo al proyecto constitucional basándose en los mismos argumentos que la CTC. Sin embargo tarde o temprano tendrán Vds. que asumir que existe un sector católico y tradicional en Navarra que dentro de un mes votará -si vota- a UPN únicamente para que no se instale en el Gobierno Foral un “tripartito” nefasto. Las encuestas y el escrutinio reflejarán numéricamente un determinado respaldo para UPN; pero nadie como nosotros percibe con tanta claridad hasta qué punto serán débiles muchos de esos votos y cómo lo único que separa a otros de la abstención es el mero temor al triunfo de un tripartito “nacional-socialista”. En la actual coyuntura, y a tres días de que se cierre el plazo para la presentación de candidaturas al Parlamento Foral, les confirmamos que hemos decidido finalmente no presentar la candidatura que teníamos preparada. Lo hacemos por responsabilidad y por patriotismo. Pero eso no quiere decir que vayamos a abdicar de nuestro deber. Hay tres ámbitos de grave discrepancia en los que constatamos que están Vds. alejándose cada vez más de un sector importante de la población navarra, el que podríamos definir como voto católico, tradicional y antiliberal, sector que políticamente está quedando absolutamente huérfano y prácticamente sin representación. A continuación enumeramos algunas de las razones que nos impiden recomendar el voto para su formación política. En la medida en que UPN llegue a reflexionar sobre ellas y a asumirlas como propias podrán evitar una inminente fuga de votos por parte de quienes si los comparten. Pero si continúan ignorando que la identidad de Navarra es algo más profundo que el “bienestar” y el “antivasquismo” no duden que verán a la CTC en el campo electoral, para recoger todas las banderas que han quedado huerfanas y para tratar de representar a todos esos navarros que en el fondo lo que buscan es coherencia. F. Javier Garisoain Otero Presidente de la Junta Carlista de Navarra (CTC) 20 de abril de 2007 


1º. En el campo de las políticas que podríamos llamar familiaristas o pro-vida, y a pesar de alguna excepción a título individual, UPN como grupo está haciendo una política seguidista del PP, tolerando el aborto -subvencionando los que se ejecutan fuera de Navarra- la manipulación de embriones, la abolición del matrimonio como Dios manda, o la degradación de la educación. Concretamente, hemos echado en falta una postura nítida por parte de los senadores y diputados de UPN que les distanciara de los del PP en estos asuntos. El episodio de “la foto de las Azores” y la guerra de Irak acerca de lo cual han expresado Vds. un alejamiento notable con el PP demuestra que sería posible hacerlo en otros ámbitos si quisieran. Igualmente nos sorprende y desagrada que en sus pactos con CDN nunca haya salido a la luz por su parte la exigencia de suprimir la Ley Foral 6/2000 (3-VII-2000) para “la igualdad jurídica de parejas estables”. 


2º. En el ámbito propiamente político-social vemos todavía más difícil un acercamiento. Porque en ningún momento se ha propuesto desde UPN la más mínima reforma del sistema con el objeto de abrir cauces de participación social (como podrían ser las listas abiertas, o los Consejos sociales, o alguna forma de cheque escolar, por ejemplo) sino que, por el contrario, mantienen Vds. en todos sus proyectos una concepción estatalista, partitocrática, hiper-legalista; que promueve la profesionalización de la política y que tiende a sustituir cada vez más dietas por sueldos. Por el contrario, nosotros seríamos partidarios por ejemplo de revitalizar las Merindades, no como folclore histórico, sino en la administración y Gobierno Foral, y para permitir la elección por personas más que por partidos. 


3º. Por último, la presunta defensa de la “identidad de Navarra” que teóricamente les caracteriza no impide que su partido se avergüence de la historia más reciente de Navarra, de sus verdaderas raíces católicas y tradicionales. Y por si fuera poco que incluya a menudo en su discurso un cierto componente anti-vasquista que reniega de hecho de la cultura vasca como parte inseparable del ser mismo de Navarra. Mucho se ha hablado de mencionar las “raíces cristianas” en la legislación europea. En la misma línea nosotros proponemos que se incluya en el Amejoramiento del Fuero mediante reforma de la LORAFNA una alusión expresa al clásico lema del Reino: “Benedictus Dominus Deus meus”. De la misma forma venimos exigiendo la total derogación de la Disposición Transitoria 4ª de la Constitución. Pero podríamos citar otros ejemplos concretos en los que la actitud de UPN oscila entre la complicidad con los enemigos de Navarra y la abstención cobarde. Uno sería la obsesión por eliminar la Cruz Laureada de nuestro escudo; otro aquella Declaración del Parlamento, del 26 de marzo de 2003, que vertía términos injuriosos o calumnias contra la Iglesia Católica y las “juntas de guerra” por su actuación en los años 1936-1939. Y otro, más reciente, el sorprendente respaldo de los senadores de UPN a una moción para apoyar a los brigadistas internacionales comunistas. Y a estas actuaciones hay todavía que sumar una gran falta de criterio a la hora de favorecer en ediciones oficiales la difusión de argumentos separatistas. Un último ejemplo podría ser el folleto “El reino de Navarra”, de Mª Antonia del Burgo y Matías Múgica, editado en 2007 por el Gobierno foral, que concluye de hecho la historia del “Reino de Navarra” en 1512 -y no en 1841- dando así la razón a las tesis nacionalistas.


F. Javier Garisoain
Presidente de la Junta Carlista de Navarra


PUBLICADO EN NAVARRA CONFIDENCIAL
Publicar un comentario