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17 feb 2026

Realismo versus ideologías




Me dicen que el Carlismo, o el tradicionalismo, o la misma realidad de la Cristiandad también ha cambiado y cambia, "como todas las ideologías". Yo digo que para empezar lo nuestro NO es una ideología. El Carlismo es, sencillamente, realismo aristotélico-tomista en política española. Y digo además que los tradicionales tenemos todo el derecho a "cambiar", a modificar todo aquello que sea modificable, en el sentido de adaptarse a la realidad, porque nuestra concepción de la vida es -repito- esencialmente realista y entiende la Tradición como un proceso de mejora constante, de reforma permanente al servicio del Ideal. 

Por el contrario las ideologías no cambian. No pueden cambiar. Cada ideología tiene su idea fija, su propia visión reduccionista de la realidad y por eso las ideologías son estáticas. Son de cartón. Son momias. Nunca mejoran. Lo que hacen las ideologías -esos errores tan perfectos que parecen verdades- no es evolucionar, porque eso supondría una capacidad de adaptarse a la realidad. Lo que hacen es simplemente pasarse el testigo unas a otras. El liberalismo pasa el testigo al socialismo; éste al comunismo; luego a las ideologías feministas o de género; estos a los animalistas, o a los transhumanistas y así sucesivamente. 

Con la particularidad de que lo hacen con una aceleración social creciente que recuerda a un fenómeno físico ya estudiado por los griegos antiguos. Una parte de la llamada "paradoja de Zenon" trata sobre el rebote con frecuencia creciente. Es lo que le pasa a una pelota de ping-pong al caer, que cuantos más golpes da es cuanto más cerca está de detenerse. ¿Qué sucederá cuando vayamos a ideología por día? ¿Será el fin de la historia? No. Será el final de las ideologías. Y lo que veremos entonces será la realidad, la cruda hermana realidad, con sus luces y con sus sombras, simplemente. 

El racionalismo cartesiano morirá un día de pronto, por agotamiento, porque no daremos abasto con esta serie acelerada de chorradas subjetivas que lejos de elevarnos nos han animalizado y cosificado. Todas las filosofías averiadas de la modernidad han querido lo mismo: endiosarnos. Y aquella vieja promesa del "Seréis como dioses" se ha cumplido. Somos dioses. Diosecillos inertes de barro, totems de madera, becerros de oro. 

Entonces ¿se puede mejorar, crecer y cambiar? Sí. Porque la única forma de progresar en el buen sentido, de avanzar en el descubrimiento de la verdad de las cosas y de la realidad es despojarse de todas las ideologías acartonadas y respetar el sentido vivo y realista de la tradición. Esto es lo que tratamos de hacer los tradicionales. En cualquier caso, por mal que lo hagamos y por torpes que seamos, eso es lo que pasará. Porque las cosas son lo que son. Y porque al final hay un Señor de la historia. Y es el Señor.

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