Vaya usted a saber qué es lo que está pasando en Oriente, o en Tierra Santa, o en Ucrania o lo que estarán tramando en todas las cloacas de todos los sistemas. Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad. Oímos que en Irán el gobierno ha masacrado a miles de opositores y clamamos contra los ayatolas, nos dicen que Israel ha bombardeado una escuela iraní y maldecimos a los sionistas, llega la triste noticia del asesinato de un párroco libanés y lloramos con la comunidad maronita. Lo que resulta más difícil de juzgar es el conjunto. Porque los árboles nos impiden ver el bosque. Porque no sabemos. Porque nos faltan datos o, mejor dicho, nos sobran datos para llegar a la esencia y poder decir con seguridad qué es lo que está pasando.
En este contexto internacional es difícil hilar fino. Pero hay que hilar fino. Es absurdo ese empeño en que tomemos partido pero hay intereses poderosos que nos empujan constantemente a ello. Si estás contra la occidentalización de Ucrania eres pro-Putin. Si estás contra el fanatismo de la guardia revolucionaria iraní eres entonces pro-Netanyahu. Pero no. No es necesario tomar partido en todas las guerras. Lo de Ucrania, por ejemplo, había un problema entre Vladimir y Volodomir (¡que los dos se llaman Vladimiro! ¿y saben qué significa Vlad-Mir?: "el que gobierna la paz"). ¿Por qué la comunidad internacional no les forzó a sentarse a negociar en lugar de echar leña al fuego? No, no siempre hay que tomar partido.
¿Quiere eso decir que estamos con el populismo buenista del NO A LA GUERRA? No. Quien conozca un poco la historia del Carlismo y las gestas de nuestros auténticos "ejércitos populares" en los siglos XIX y XX vería poco coherente si nos sumáramos a ese pancartismo hippie. Guerra no, o sí, depende. Porque lo cierto es que existen o pudieran existir guerras justas, causas por las que sea lícito en un momento dado tomar las armas. El tema de la guerra justa y sus condiciones es un asunto bien estudiado por teólogos y moralistas. No vamos a inventar nosotros nada nuevo. Lo que sí sabemos que no existe, o que es profundamente inmoral, es la llamada guerra preventiva.
Tenemos unos aliados, unos compromisos internacionales, unas obligaciones con nuestros socios de la OTAN, nos dicen. ¿Y por qué tenemos esos aliados? ¿Desde cuándo los tenemos? ¿Quién decidió esas alianzas? ¿El general Franco en 1953? El famoso referendum de la OTAN de Felipe González ganó por los pelos. En 1986, de todo el censo electoral, sólamente votó SÍ a la OTAN el 33,8% del censo. Y además lo hizo con condiciones. La integración militar plena en la OTAN llegó de la mano de Aznar, sin consulta alguna, en 1997, y dejó claro el respeto de los partidos a sus propios referendums. Ahora mismo tenemos 1.700 soldados, y barcos, y aviones a miles de kilómetros ¿defendiendo qué?
Cuando escuchan nuestro punto de vista algunos podrían pensar que tenemos una posición soberanista. Ese concepto de soberanía es bastante problemático desde el punto de vista tradicional. Por supuesto que no defendemos el concepto de soberanía nacional al estilo moderno. Sin embargo, si lo que queremos decir es independencia, entonces sí. Nosotros pensamos de hecho que la guerra de la Independencia todavía no ha terminado. Empezó en el siglo XVIII con los afrancesados, siguió en el XIX contra los britanizados, luego en el XX contra los estadounidensizados y ahora mismo, de lo que se tiene que liberar España, es del yugo anglo-sionista. Esto no va de aliados ni de socios. Va de neocolonialismo. España actualmente es una colonia. Nuestro ejército tiene armas y aviones con una dependencia tecnológica y logística total de Estados Unidos y de Israel. Eso no es ni independencia ni soberanía.
Aunque la historia nos haya pintado como unos talibanes la realidad es que los carlistas somos gente pacífica. Conocemos, y lo sabemos por experiencia, que no hay nada peor que una guerra. Por eso el objetivo número uno de un buen gobierno español sería liberarse de cualquier atadura que limite nuestra independencia y soberanía. Después vendría profundizar en la amistad y la colaboración con Portugal. Y después todo lo que tenga que ver con tender puentes de todo tipo con los países que conforman la Hispanidad. Ni OTAN, ni Unión Europea. Ya tenemos experiencia sobrada para saber que eso no ha sido un buen negocio para España. A partir de ahí el papel de España, y Portugal, y toda la Hispanidad, debiera ser el de mantener relaciones de amistad con todos los países del mundo, con un especial cuidado a los cristianos perseguidos, y tratando de ayudar o mediar en la resolución de conflictos.
En definitiva, nuestra idea de neutralidad no es neutralidad a la Suiza. No es debilidad. Es la posición de quien tiene unos principios claros y eso le permite hilar fino, ser independiente, pensar por su cuenta y no tomar partido cuando no sea estrictamente necesario.

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