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6 ene 2026

En el día de la Monarquía Tradicional: ojalá tuviéramos "un rey medieval"


Con todo respeto, me sorprende mucho que todavía algunos estéis tratando de rey a don Felipe o mostrando decepción por su comportamiento y complicidad con la mafia que lleva 50 años saqueando España.

La falsa monarquía constitucional es un invento que creó el liberalismo para dar una apariencia de respetabilidad al sistema. Nada más.

Un rey es otra cosa. Un rey que no rige no se puede llamar rey.

Don Juan Carlos recibió del general Franco todos los poderes y en vez de usarlos para ser un rey de verdad se los entregó a la mafia de los partidos, es decir, a las ideologías y a los intereses extranjeros. Luego se dedicó a hacer de florero, a su ocio y a sus negocios.

Su hijo don Felipe es aún peor porque nunca ha disimulado. No ha sido perjuro porque nunca ha jurado. En toda la historia de España es la única persona que ha asumido el título de rey sin una mínima ceremonia religiosa. Es normal que reciba premios de la masonería.

En fin, por todo esto es por lo que digo que no os entiendo cuando decís que os ha defraudado. A mí no me ha defraudado. Es todo tal como me lo imaginé. O, mejor dicho, tal como los viejos carlistas me dijeron que sería.

Nos dicen los defensores de la partitocracia que lo que soñamos los carlistas les suena a "rey medieval". Ojalá tuviéramos un rey medieval. Una monarquía templada y limitada de forma efectiva por la sociedad, por las Cortes, por los cuerpos sociales naturales. Esa es la monarquía tradicional que defendemos los carlistas. La que se mantuvo en las Españas también durante la dinastía de los Austrias, con sus consejos, sus instituciones y con maravillas como la llamada escuela de Salamanca que explicó perfectamente cuál es el papel del rey. 

Lo que vino después de los reyes medievales, es decir, los reyes absolutos inventados por Bodino o Hobbes e instaurados en Inglaterra y Francia son los que hicieron odiosa la monarquía. Hasta el punto que dieron lugar a sendas revoluciones, la puritana inglesa y la satánica francesa que lo que hicieron para acabar con la monarquía absoluta, aparte de cortar cabezas, fue instaurar la partitocracia absoluta.

Lo que tenemos ahora es un sistema absolutista en el que quien tiene la mayoría absoluta del parlamento manda de forma tiránica. Ante esta realidad la división de poderes propuesta por Montesquieu es un cuento imposible. No hay límites al poder más allá del mangoneo electoral, que depende del dinero y de la corrupción de los partidos. El verdadero límite al poder no se consigue troceándolo sino frenándolo, limitándolo en la realidad con cortes independientes y con cuerpos sociales naturales libres y responsables de sus asuntos. Eso, tan respetuoso con la libertad real, con las libertades concretas, es lo que despectivamente llaman "medieval". 

La Edad Media duró mil años. Y en la Hispanidad se prolongó tres siglos más. La Edad Media, es decir, la Cristiandad, no fue un bloque estático sino un camino. Una forma de entender el progreso acorde con la tradición, en el que cada generación entregaba a la siguiente un legado respetado y mejorable. Ese proceso es lo que fue truncado por la Revolución, por el absolutismo y el protestantismo primero, por el liberalismo y las ideologías después. En todo este marco las monarquías parlamentarias como las que gustan a los progres, la sueca, la belga, la holandesa o la española constitucional, no son mas que ridículos jarrones chinos que sirven para dar un aire de respetabilidad y un poco de glamour a la cutrez de los partidos. ¡Bendita monarquía tradicional!

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