30 jul. 2013

La mayoría nunca gobierna

La teoría dice que el sistema democrático vigente es un sistema en el que "gobierna la mayoría con el respeto a las minorías". Se trata de una falacia evidente porque ni ahora ni nunca ha gobernado la mayoría en ninguna parte.

La mayoría, por definición,  no puede gobernar porque el ejercicio del gobierno requiere unidad y coherencia. Y resulta que las personas son libres. Y sucede que el campo de las cosas opinables es vastísimo, imposible de encauzar de forma estable en una institución de gobierno a no ser que se consiga una sociedad de borregos sin inteligencia y sin voluntad, zombies políticos entregados en cuerpo y alma a una casta gobernante. Un gobierno razonable (que, insisto, no podrá ser ejercido de hecho más que por una persona, una familia o una minoría) puede aspirar a tener la adhesión y el reconocimiento de la mayoría. Pero decir que es la mayoría la que gobierna es pura demagogia.

Por otra parte nunca hubo tanto desprecio a las minorías, y a todos los gobernados, como ahora. El respeto a las minorías en la vieja Cristiandad se regulaba mediante los fueros y "privilegios", leyes hechas a medida, con las que se procuraba hacer justicia dando a cada uno lo suyo, independientemente del tamaño de cada grupo social. En cambio los gobiernos actuales, autodenominados democráticos, son especialistas en la persecución de cualquier minoría, con el sistema electoral, con la opresión a la pequeña empresa, al pequeño municipio, a la familia, a las asociaciones profesionales.

El sistema actual no representa a la mayoría, ni siquiera se puede decir que respete a la mayoría, porque al fin y al cabo la mayoría no es mas que la suma de todas las minorías pisoteadas. El sistema actual se sustenta en una casta ideologizada que, como los antiguos imperios paganos, necesita una masa de esclavos para perpetuarse. El sistema actual es pura fachada, palabrería falsa, un gigante con los pies de barro que caerá cuando las familias busquen la verdad y aquel talante admirable que en nuestra tierra siempre se llamó la libertad de los hijos de Dios.
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