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20 may 2026

Cinco razones para afiliarse a la Comunión Tradicionalista Carlista

Tal vez lleves algún tiempo leyéndome, o viendo los vídeos del canal (Carlistastv). A lo mejor piensas que lo que digo por aquí es medio razonable. Incluso es posible que estés de acuerdo con casi todos mis comentarios sobre la situación de España y del Mundo, sobre los problemas sociales y políticos a los que nos enfrentamos, y sobre cómo encontraremos las soluciones solamente si vamos a la raíz. 

Llegados a este punto tengo que decirte la típica frase que se dice en la típica manifestación: "No nos mires, únete". 

¿No has pensado alguna vez en afiliarte a la Comunión Tradicionalista Carlista? Aquí tienes algunas razones para hacerlo:

1. Porque las buenas ideas tienen que encarnarse, no basta con pensar bien, hay que actuar

Hay una expresión antigua que a mí siempre me ha gustado y es lo de ser "de opinión carlista". Realmente para ser carlista lo único que hace falta es pensar que el Carlismo es una buena idea. Ahora bien, cuando se cree en algo lo propio es hacer algo, dar un paso, dejar de ser espectador... Llegar a formar parte de "los católicos prácticos". Porque las ideas, por sí solas, no cambian nada. Si no las defendemos nosotros, tú y yo, ¿quién lo hará? 

2. Porque "no es bueno que el hombre esté solo"

El mayor triunfo del liberalismo ha sido crear una sociedad anti-social, un mundo individualista en el que cada cual hace la guerra por su cuenta. Afiliarse significa dejar de estar solo, algo tan humano como ir al combate acompañado. ¿Qué prefieres?

3. Porque nadie dice lo que decimos nosotros, ni todo lo que decimos nosotros

En la política actual todos dicen lo mismo: más Estado, más propaganda, más ideología, más dependencia del dinero y del poder. Y algunos que dicen cosas buenas suelen quedarse en aspectos parciales ¿Quién defiende íntegramente el esquema constitucional de España de Dios-Patria-Fueros-Rey sino nosotros? ¿Y quién lleva defendiéndolo dos siglos, por encima de modas? Los carlistas somos tradición viva.

4. Porque quejarse no basta

Ante la degradación actual en todos los órdenes la tentación es caer en la queja. En el lloriqueo permanente. Como si no se pudiera hacer nada más. Pero sí se puede hacer algo más. Puedes empezar por comprometerte. No hace falta grandes heroicidades, basta con un pequeño paso: pedir la afiliación, apoyar con una cuota, asistir a los actos, participar en la vida de la Comunión. 

5. Porque merece la pena luchar por algo más grande que uno mismo

¿No echas en falta una misión? ¿No te parece que la vida es más pobre si andamos siempre pensando en nuestras cosas particulares? Pertenecer a la Comunión es formar parte de una cadena histórica. Tal vez no veamos la victoria completa pero hay causas que merecen ser defendidas aunque todo el mundo diga que son imposibles. 

En fin, es posible que lleves años pensando: “algún día debería acercarme”, “algún día debería colaborar”, “algún día debería afiliarme”… Ese día es hoy. Escribe a carlistas@carlistas.es y pide la afiliación. 

España necesita hombres y mujeres que den un paso al frente, gente práctica, que rompa con el individualismo, que defienda el mensaje íntegro, que haga algo más que quejarse, que quiera formar parte de algo grande. 

Afíliate. Participa. Da el paso.

18 may 2026

Poco amor y mucha guerra



La revolución sexual iniciada en los 60 tenía que haber llenado el mundo de niños, y cincuenta años después nos ha dejado un mundo de viejos.

Si todos hubieran hecho el amor y no la guerra vaya usted a saber dónde estaríamos ahora. Pero ya se sabe que los lemas ideológicos de la Revolución afirman lo contrario de lo que pretenden. Aquello que comenzó como adoración de los órganos genitales y la fornicación ha terminado como sucede siempre cuando se desordenan las cosas. El sexo, la unión sexual natural, se adora y se idealiza según los cánones de la pornografía, pero ya no se practica. El mundo moderno, que empezó siendo un burdel, se parece cada vez a una casa de albigenses perfectos, cátaros lunáticos que se dedican a hacer la guerra y a fornicar virtualmente con la IA. Hacer el amor a la vieja usanza queda para los ultracatólicos, los mahometanos y otros pueblos primitivos. Los maltusianos deberían estar contentos. Los cálculos mas conservadores estiman que desde 1970 han sido ejecutados en el vientre materno, en todo el mundo, unos tres mil millones de seres humanos. Mucha guerra y poco amor. Los sacrificios humanos del genocidio abortista están frenándose, porque cada vez hay menos concepciones. Pero si los sumamos a la esterilidad del aberrosexualismo, al feminismo histérico, a la adicción virtual solitaria y a la normalización de la castración anticonceptiva el resultado es exactamente el que uno podía esperar cuando san Juan Pablo II hablaba de "cultura de la muerte". Aquella revolución diabólica, la que propagó y llevó a sus últimas consecuencias el individualismo liberal, está implosionando. Lo que nos espera en las próximas décadas va a ser un desorden terrible. Pero si Dios tiene un poco más de paciencia con estas Sodoma y Gomorra saldremos adelante. En ese futuro ya no dominarán ni los prostíbulos ni los cátaros. Habrá hombres y mujeres "haciendo el amor" como Dios manda. Y seguirá habiendo problemas, pero habrá familias para afrontarlos.

11 may 2026

Los jefes de los pueblos los tiranizan


"Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos". (Mt. 20:25)

En estas palabras de Nuestro Señor se condensa toda la idea de política cristiana. Y fijaos que Jesús dice, como con optimismo: "No será así entre vosotros". Claro, él ya sabía que una cosa es el Ideal al que aspiramos y otra cosa es la pobre realidad de nuestros intentos. Pero, aún así, ¡qué importante es tener claro ese Ideal!

Dicen que en la antigua Roma los generales victoriosos salían en sus triunfos acompañados por un esclavo que les repetía "recuerda que eres mortal". Pues en todos los siglos de la cristiandad, los príncipes cristianos pasaban su vida rodeados de curas, monjes, confesores y moralistas que les repetían al oído: "Serviam". La Cristiandad era ese camino. No fue un mundo perfecto pero era un mundo que luchaba por la perfección. 

Me viene a la memoria la bellísima imagen del entierro de la emperatriz Zita de Austria en 1989. Para entrar en la cripta imperial un encargado llamaba a la puerta y pregonaba todos los títulos y grandezas de la difunta. Desde dentro, un simple fraile, se negaba a abrir. Al final se permite la entrada cuando dicen, simplemente, "Zita, una pecadora". Así eran nuestros reyes. ¿Qué sería de los políticos si no tuvieran clara esa vocación de servicio? Pues ya lo estamos viendo. 

Recuerdo también, por contraste, aquella entrevista que le hizo hace unos años Risto Mejide a Pedro Sánchez en la que decía "soy ateo" cinco veces seguidas. Seguramente muchos verían esa declaración como una especie de garantía de neutralidad, como si el situarse fuera del marco religioso te hiciera más capaz de servir a todo el mundo. Pero eso es un espejismo, una simple inercia de lo que fue cultura cristiana. La realidad es que cuando se reniega del Ideal cristiano lo que pasa -lo que está pasando- es que se vuelve a la casilla de salida, donde los jefes tiranizan y los grandes oprimen. No hay término medio. 

Los políticos no sirven. Con honradas excepciones, pero en general no sirven en ninguno de los sentidos. Por una parte no sirven porque tenemos un sistema que premia la mediocridad. Un sistema que ha encumbrado a una casta partitocrática que siempre se interpone entre los buenos funcionarios -que los hay- y las necesidades reales de la gente. No sirven cuando hay una catástrofe, un accidente, una emergencia, una crisis. Estamos ya hartos de verlo. 

Pero la cosa es más grave. El problema es que no quieren servir. Lo que quieren es tiranizar y oprimir. En su beneficio, claro. Y lo más curioso es que por acaparar el poder y la riqueza, y por no querer servir a su pueblo, acaban sirviendo a otros poderosos. Y por eso San Agustín dijo que cuando falta la justicia, o sea, cuando se pierde de vista ese ideal cristiano de servicio, los estados se convierten en bandas de malhechores. 

Esto es exactamente lo que estamos viviendo, una ineptitud tan grande para resolver los problemas cotidianos, la vivienda, el agua, la demografía, la crianza de los hijos, etc. que resulta sospechosa. Llega un momento en que es evidente que no es posible que sean tan inútiles. No puede ser que sean tan torpes. Porque a la hora de enriquecerse a sí mismos parecen bastante avispados. Y porque cuando tienen que engañar a la gente a través del sistema electoral tampoco lo hacen tan mal. 

Es decir, que todo parece indicar que tenemos unos gobiernos, bandas de malhechores, cuyo servicio consiste en destruir, en empobrecer. Y en el caso de España, en extender el autoodio, en someternos y humillarnos claramente a nuestros enemigos internacionales, ideológicos y económicos. 

Cuando los carlistas aspiramos a la restauración de una monarquía católica, cuando decimos "Nada sin Dios", o cuando afirmamos simplemente que la confesionalidad es un bien, es porque sabemos que no es lo mismo un estado laico que uno cristiano.

 

4 may 2026

Vídeo9: Malminorismo y aborto



Imaginad que un día un presidente del gobierno comparece en público y dice lo siguiente:

"La ciencia es unánime al afirmar que lo que se gesta en el útero materno durante los nueve meses antes del parto es no solamente un ser vivo sino además un ser humano. Ese ser humano, que según su estado de desarrollo llamamos embrión, feto, bebé, niño, adolescente, adulto o anciano, posee desde el principio y hasta el final de su vida una personalidad única e irrepetible, un adn propio, unas huellas dactilares, etc. Por tanto, lógicamente, este gobierno ha decidido que va a modificar toda la legislación vigente para que lo mismo que actualmente se persigue y condena el asesinato de un niño cinco minutos después del parto se pueda perseguir y condenar ese mismo asesinato cinco minutos antes. Y quien dice cinco minutos, dice seis, o siete, o una semana, o tres meses, o nueve meses. Y la razón es que no estamos seguros de cuál es el momento en que ese ser humano empieza a ser ser humano. Así que por asegurarnos vamos a considerar que el inicio de esa vida humana está el momento de la concepción.

Por consiguiente, a partir de ahora, estarán prohibidos los abortorios. Los médicos que se presten a la ejecución de seres humanos inocentes serán, lógicamente, juzgados y privados del título profesional correspondiente. Y en general el estado hará lo que tiene que hacer que es velar por la vida de los más débiles."

Si un presidente dijera esto no pasaría nada. Quiero decir que no habría una revolución ni un asalto al congreso ni nada parecido. Claro que habría algunas manifestaciones promuerte, eso duraría unas semanas, quizás meses, y luego se desinflaría. ¿Toleraría la sociedad a un gobierno que hiciera una propuesta firme para cortar de raíz el aborto provocado? Sí.

Hay muchos precedentes. La sociedad española ha aceptado sin rechistar la limitación a mil euros de los pagos en metálico; ha aceptado la criminalización de los fumadores; ha aceptado que más de la mitad de tu trabajo se esfume en impuestos; ha aceptado unas leyes de memoria que obligan a odiar a media España; aceptó sumisamente todas las locuras del confinamiento por el covid... Si hay voluntad política para acabar con el aborto provocado se acaba y punto. Pero parece que ni unos ni otros quieren acabar. 

Hasta ahora, se ejecutan en España, cada año, cerca de100.000 abortos provocados. Esto es posible en primer lugar porque las ideologías ultraliberales consideran que la vida humana es digna solamente cuando es deseada por otros. O cuando es útil o productiva o rentable. De esta forma un embrión o feto que es deseado, aunque sea hijo de Irene Montero, se convierte ya antes de nacer en "mi bebé" y "mi niño", mientras que si se trata del hijo de una empleada que teme perder su puesto de trabajo o estropear su carrera por la crianza de un hijo, pasa a ser "un conjunto de células" cuya eliminación es considerada como un derecho.

La posición más incoherente y la que hasta ahora ha impedido que se ponga fin a este genocidio es la del malminorismo conservador. La doctrina católica del mal menor dice que cuando estás obligado a elegir entre varias opciones tienes que elegir la menos mala. Pero esto no tiene nada que ver con la táctica política inmoral del malminorismo. 

El malminorismo es la táctica de aquellos que sabiendo que está mal hacer algo, por ejemplo matar a un ser humano inocente, sin embargo lo toleran, negocian con ello, o incluso hacen propuestas tibias e intermedias. Por ejemplo, aquella propuesta de Vox que ni siquiera llegó a materializarse de obligar a las madres a escuchar el latido fetal. No digo que siempre se hayan hecho con mala intención. Pero la realidad es que si ante un genocidio, ante una inmoralidad evidente, te pones a regatear, a negociar con lo no negociable, el mensaje que estás enviando es que se trata de un asunto discutible y opinable.  

Si no se ha terminado con el aborto provocado es por culpa de esos que dicen que hay que ir poco a poco, haciendo propuestas malminoristas. Esos que afirman que habría que ir poco a poco, paso a paso, lo que están diciendo en realidad es: "vamos a permitir todavía el asesinato de algunos miles de niños en el vientre materno para que los promuerte no se nos alboroten".  

Es como si para acabar con el terrorismo yihadista dijeras que hay que ir poco a poco, avanzando en la buena dirección, permitiendo veinte atentados para que no haya cincuenta atentados.  O como si para acabar con el separatismo catalanista se propusiera la independencia de Gerona. 

Los mayores enemigos de los provida no son los promuerte. Son los falsos provida.