13 oct. 2016

La Virgen de la cueva

Así es como va calando la apostasía general en España. En parte mediante legislaciones inicuas que excluyen a Dios de la vida pública, a cualquier planteamiento trascendente de la vida social. Pero también con pequeños gestos como éste que traigo a colación, extendidos para más inri por entidades que se suponen católicas y benéficas. Es un pequeño ejemplo, pero un buen ejemplo de lo que quiero decir, creo.

Ahora que comienzan las lluvias rescato una foto que hice no hace mucho en Correos. Reproduce una tarjetita supuestamente benéfica impresa por la ONG "Mensajeros de la Paz". Bajo la inocente apariencia de unas "canciones populares infantiles" nos cuelan lo siguiente:



Y así es como me entero de que la que está en la cueva en esta España del siglo XXI ya no es la Virgen, como todo el mundo pensaba, sino que es "la vieja". ¿De dónde sale esto de la vieja? A todas luces se trata de un invento reciente y la prueba es que ciertos payasos afeminados de esos que cuelgan sus vídeos en youtube han hecho otra versión invocando a "la niña de la cueva". ¿La niña? ¿la vieja? ¿en qué quedamos? Esto es como la canción de "mi barba tiene tres pelos" pero lo que no se puede decir ahora es la palabra "Vírgen".

No puedo creer que los responsables de Mensajeros de la Paz, incluido el melifluo Padre Angel, sean tan idiotas como para no darse cuenta del cambiazo. ¿Lo hacen a propósito entonces? ¿Piensan tal vez que así recaudarán más dinero para los pobres? Pues con el mío que no cuenten.

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Por cierto, este es el santuario de la Virgen de la Cueva, en Piloña (Asturias). Bonito ¿verdad?



9 oct. 2016

Entrevista en Ikusle.com

ENTREVISTA. Javier Garisoain (CTC): “Montejurra fue una operación de las cloacas para apartar al carlismo de la vida política”

XABI OLASKOAGA - 09/10/2016


Javier Garisoain es, además de navarro y librero, carlista. Aunque para muchos el carlismo sea un movimiento político asociado con el pasado, la realidad es que todavía existen vascos y navarros que suspiran porque “venga el rey de España a la corte de Madrid” y que exista en el Estado un “gobierno justo, que respete los fueros de las regiones y de toda la sociedad”.

Ikusle: ¿Qué ha supuesto el carlismo en la historia política del País Vasco y Navarra?
Javier Garisoain: El carlismo es un movimiento político propio de toda España, de todas Las Españas como nos gusta decir en plural, pero en Álava, Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra ha tenido históricamente mucha fuerza, posiblemente porque la pervivencia de instituciones forales hizo más difícil que estas fueran controladas por las camarillas liberales. Dejando aparte interpretaciones mitológicas o prehistóricas lo cierto es que la primera y única vez en la historia en la que Álava, Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra han constituido ellas solas un Estado independiente ha sido durante algunos años de las guerras carlistas. Pero este hecho no se puede manipular. No formaron ese Estado para mirarse el ombligo sino como un paso previo para la reconquista de toda España.

¿Qué supone esa reconquista de toda España por parte del carlismo?
El carlismo es un movimiento monárquico, defensor del rey legítimo frente a los usurpadores liberales. Su objetivo práctico a lo largo de todo el siglo XIX fue simplemente, como dice el himno de Oriamendi: “Que venga el rey de España a la corte de Madrid”. Cuando digo reconquista no pienso en términos de conquista del estado, al estilo de los partidos políticos del sistema, sino en propiciar que haya un gobierno justo para toda España, un gobierno que respete entre otras cosas los fueros de las regiones y de toda la sociedad.

¿Qué importancia tiene el carlismo en la creación de UPN y del PNV? Hay quien vincula el nacimiento de ambas formaciones o encuentra antecedentes del carlismo en las mismas…
El carlismo es un movimiento político que requiere del equilibrio entre las tres partes de su ideario. Si sacas de quicio el lema de Dios caes en el integrismo. Si exageras el de patria y fueros puedes caer en el nacionalismo, tanto el centralista como el separatista. Y si exageras la idea de rey se podría terminar en un autoritarismo. Lo mejor del carlismo es ese equilibrio. Las personas que abandonan el carlismo suelen terminar en alguno de esos extremos porque exageran algo y hacen reduccionismos. Por ello, el PNV no viene del carlismo, no es una consecuencia lógica ni fruto de un desarrollo del pensamiento carlista. En su origen es una mezcla de integrismo y de ideología alemana. En cuanto a UPN es, simplemente, un instrumento de participación conservador-liberal dentro del sistema partitocrático actual. Algunos de sus fundadores eran ex-carlistas pero ¿en qué partido político no entró algún ex-carlista en los años de la Transición?

Aprovechando que la mencionas, hablemos de la Transición. ¿Cómo y por qué se produce la división del carlismo entre la Comunión Tradicionalista Carlista y el Partido Carlista de Euskal Herria?
En los años 60, el carlismo necesitaba posiblemente una puesta al día en sus formas, en su lenguaje, para llegar mejor a la gente. Pero una cosa es actualizar su imagen y otra muy distinta darle la vuelta a su Ideario. El carlismo a lo largo de su historia ha tenido muchas tentaciones para dejarse arrastrar por las modas del momento. En el siglo XIX hubo una tentación romántica, luego vino la integrista, en los años 30 la tentación fue el totalitarismo que entonces se presentaba como lo más moderno y futurista. La tentación en la que cayeron los huguistas, y de la que se fueron descolgando al final casi todos los carlistas, fue la de hacer del carlismo un partido puramente social, ideologizado y abducido por la fuerza de las corrientes izquierdistas. La Comunión Tradicionalista Carlista se reconstituyó en 1986, para recoger los restos del naufragio y volver al carlismo de siempre, el de Dios, patria, fueros y rey.

Uno de los momentos más polémicos del carlismo fue los sucesos de Montejurra en 1976. Lo que allí sucedió sigue siendo, en gran medida, una incógnita, con la participación de partidos de izquierda y comunistas, ultraderechistas italianos, franquistas, guerrilleros de Cristo Rey, falangistas… ¿Qué pasó realmente en Montejurra?
Es posible que nunca lleguen a saberse todos los detalles pero con lo que sabemos hoy podemos afirmar que aquello fue una operación de guerra sucia, de lo que se dice las cloacas del estado, con el objetivo de apartar al carlismo de la vida política española. Y el objetivo, que se consiguió en gran medida, consistía en apartar a todos los carlistas con independencia de las disputas de fondo que en aquel momento se estaban produciendo entre unas y otras tendencias.

¿Cuál es la situación actual del carlismo en el País Vasco y Navarra?
El carlismo es, en general, muy respetado como movimiento histórico, porque su historia está llena de vidas ejemplares, de gente coherente, sencilla, creyente, idealista, que participaba en las luchas políticas por pura convicción y sin afán de protagonismo o de lucro. Las organizaciones políticas carlistas son muy débiles y minoritarias, apenas han tenido actividad electoral. Sin embargo en política el simple mantenimiento de unas ideas puede dar lugar a rebrotes importantes. Estos pequeños núcleos carlistas dan frutos e influyen todavía más de lo que pudiera parecer a simple vista.

http://www.ikusle.com/politica/09/10/2016/entrevista-javier-garisoain-ctc-montejurra-fue-una-operacion-de-las-cloacas-para-apartar-al-carlismo-de-la-vida-politica/

8 oct. 2016

Cómo defender a la familia de los ataques del estado moderno

https://youtu.be/N2638OT7Q7I
Un primer borrador para el Manual del vecino
(Ponencia presentada en los Cursos de Verano del Foro Alfonso Carlos. Sevilla, septiembre de 2016)

https://youtu.be/N2638OT7Q7I

Lo primero que hay que decir en relación con el estado y la familia es que el estado no tiene por qué atacar a la familia. No todos los estados han atacado siempre a la familia. Es más, el origen del Estado tiene mucho que ver con la defensa, la protección y el cuidado de la familia. La teoría roussoniana del buen salvaje es una elucubración absolutamente teórica e irreal. Sin embargo no lo es tanto pensar que antes de la constitución de los estados, antes de ese famoso “contrato social” imaginario, no había individuos aislados sino familias. Fueron las familias las que construyeron las primeras aldeas y ciudades. El trabajo de los arqueólogos consiste en buscar viviendas; habitaciones familiares. Incluso en los enterramientos, allí donde aparecen con más protagonismo los restos individuales son frecuentes los enterramientos colectivos.

En el origen de todas las civilizaciones las familias eran siempre más fuertes que el Estado. Su patrimonio pasaba de padres a hijos con una regularidad que nunca tuvieron las administraciones públicas nacientes. La fuerza de los primeros reyes no residía en un cuerpo de funcionarios sino en su propia familia. Fuerza que se vió incrementada con la institución de la monarquía hereditaria. Las gentes elegían a una familia para que gobernase a todas las demás. Un rey no era nadie sin familia real, sin clan. Una tribu, un linaje, garantizaban mucho mejor el cumplimiento estable de una serie de funciones al servicio de todo un pueblo, que un único individuo. La misma Biblia nos presenta al pueblo israelita repartido en doce tribus, doce linajes, doce familias de familias. Los levitas garantizaban el servicio en el Templo. De la tribu de Judá, del linaje de David, esperaban los judíos al Mesías.

Hoy, el Estado se ha convertido en una especie de familia artificial que protege a los nuevos tiranos de guante blanco y que se va regenerando por adopción. Esto es en realidad lo que se viene llamando “la casta”. Los administradores del Estado abandonan a su familia -o la incorporan directamente a la sombra del poder- esforzándose por dar continuidad al artificio. Y así es como el Estado ha pasado de ser un instrumento controlado por las familias a una gran macrofamilia sintética que trata de controlar a las familias de verdad.

El poder del Estado moderno tolera mal la existencia de esa realidad estable, tranquila, que como un mar de fondo sostiene todo el sistema y amortigua todas las crisis del mismo. El Estado moderno quisiera la desaparación de la familia. Y si no lo quiere realmente la verdad es que lo parece. Porque todas sus acciones van encaminadas al mismo fin: la disolución de los vínculos familiares, el debilitamiento del patrimonio, de la herencia, del linaje. El estado procura que los hombres y especialmente las mujeres no vivan allí donde trabajan, nada mejor para debilitar física y mentalmente a un posible resistente que obligarle a un viaje largo al inicio y al final de la jornada. Si todos viviéramos en nuestro mismo lugar de trabajo, o cerca del mismo, seríamos mucho más difíciles de dominar. El estado procura además que los niños y los jóvenes estén el mayor número posible de horas fuera del hogar: colegios, guarderías, ludotecas, extraescolares, centros juveniles. Lo mismo cabe decir de los ancianos: centros de día, residencias, pisos tutelados...

Todas estas instituciones son presentadas como herramientas para apoyar a la familia, como ayudas a la economía familiar, pero en realidad lo que principalmente consiguen es debilitar los vínculos familiares, desarraigar a las personas de su entorno.

Las leyes divorcistas en primer lugar y todas las que han ido desvirtuando el matrimonio natural, -leyes cuya derogación es vista por la mayoría de los católicos como una causa perdida-, no son sólo una consecuencia de los problemas que tienen las familias actuales sino que son el origen de que se haya devaluado el mismo concepto de matrimonio. Una legislación que prohibe de hecho el matrimonio para toda la vida, que establece clausulas más duras para rescindir un contrato de alquiler, o para liberarse del contrato de permanencia del teléfono, que para romper una promesa sagrada es un ataque directo a la familia. Un ataque previo y de consecuencias devastadoras para el conjunto de la sociedad. Y sin embargo, con cada boda se abre un nuevo frente de lucha. Y el estado anti-familia lo sabe. Si cada nuevo matrimonio tuviera claro que al fundar una familia nace un nuevo protagonista político y social...

El problema de fondo que sufren las familias, en tanto que familias, no es tan solo la actual ideología de género que parece que lo contamina todo; ni siquiera el aborto, ni el materialismo, ni el alcohol o la droga, ni la pornografía o la inmoralidad en general. El problema no es sociológico sino político. Y como todo lo político, con raíces prepolíticas teológicas (como enseñaba Donoso). Existe una fuerza, coherente en su maldad, que elabora su discurso y promueve unas políticas determinadas de forma consciente y planificada. Esa fuerza, o esas fuerzas, buscan la destrucción o, cuando menos, el debilitamiento de la familia.

Muchos católicos y grupos que podríamos llamar “familiaristas” han intentando ofrecer consejos para la autodefensa del núcleo familiar desde un punto de vista espiritual, religioso, prescindiendo del factor político. Como si la política fuera una energía natural, como los terremotos, o los tsunamis, inevitable e imprevisible. Aconsejan, por ejemplo, dar prioridad a la familia antes que al trabajo, educar en el ser antes que en el tener, promover la espiritualidad para luchar contra el materialismo, estar abiertos a la vida, asumir los padres la educación de los hijos con responsabilidad. Estoy absolutamente a favor de todos y cada uno de estos consejos porque es cierto que constituyen una base que hará posible la resistencia más tenaz. Pero es imprescindible completar la lista con algunas orientaciones de carácter político. Es que si no, si llevamos a su extremo ese familiarismo cerrado que reniega de la política podríamos llegar a la conclusión de que quienes más hacen por la familia no somos nosotros ahora sino precisamente quienes no han venido a este foro ni participan nunca en foros similares.

Dicen que la mejor defensa es un buen ataque. No se trata -al menos por el momento- de convertir cada familia en una partida guerrillera rebelde pero sí de entender que la familia, cada una de nuestras familias, es un agente político.

Ser un agente quiere decir que uno no se limita a la queja, la manifestación o la recogida de firmas. Sería imposible agotar en este artículo una lista de consejos prácticos que respondan al “cómo defender a la familia de los ataques del estado moderno”. Ahí van algunas sugerencias que necesariamente han de ser mejoradas y ampliadas:

1. Conoce la historia de tu familia, de tu apellido, inculca en tus hijos amor y admiración por los antepasados. Visita los cementerios, guarda y cuida el álbum de fotos familiar.

2. Arráigate, (como la Sagrada Familia en Nazaret) haz que en la medida de lo posible la residencia de tu familia no sea un lugar de paso. Empadrónate.

3. Asóciate con otras familias, familias numerosas, asociaciones de padres de alumnos, asociaciones de vecinos, grupos o movimientos religiosos...

4. Conoce y ama a la familia de tu cónyuge. Interesate por la familia de tus amigos y tus compañeros de trabajo. Acostumbra a tus hijos a que vean, detrás de cada uno de tus amigos y conocidos a una familia.

5. Agranda tu familia, mantén el contacto con primos, parientes de toda clase. Y procura que ese contacto no se limite a las fiestas familiares sino que integre actividades profesionales, económicas, de acción social, de ayuda mutua.

6. Da prioridad a las celebraciones y reuniones familiares.

7. Resiste económicamente hasta el límite, evita las subvenciones (evita principalmente el control y la pérdida de libertad que casi siempre va asociada al concepto de subvención), calcula siempre las opciones legítimas que sean más beneficiosas para el patrimonio familiar.

8. Si es posible establece una empresa familiar, e implica en su desarrollo a todos los miembros de la familia.

9. Si trabajas por cuenta ajena procura que tus jefes, tu empresa, conozcan a tu familia. Que no te vean ni te puedan tratar como a un individuo aislado.

10. Olvídate del voto personal y secreto. Especialmente en las elecciones municipales, procura que los votos familiares vayan siempre unidos en pro de la propuesta que sea más favorable a los intereses familiares.

11. Procura inculcar en tu familia la conciencia de vecindad. Participa activamente en la comunidad de vecinos, en las actividades vecinales y en las elecciones municipales a través de candidaturas independientes.

12. Mantén y promueve los propios códigos internos de la familia. Las costumbres, los ritos, las “manías”. Cuanto más abundante sea el vocabulario familiar mejor.

13. Abre tu casa como refugio a los necesitados. Haz de tu familia una auténtica ONG. Esta actitud os enriquecerá.

14. Colabora con los centros de orientación familiar diocesanos, ayuda a las víctimas del divorcio.

15. Controla los medios de comunicación que entran en tu casa y apoya solamente a aquellos comprometidos con la familia como Dios manda. Limita en lo posible el uso de internet.

16. Haz por tí mismo todo lo que puedas sin pedir la ayuda de la administración. Si tu vecino tiene la música demasiado alta no llames a la policía, habla con él.

17. Vincula a tu familia a la Parroquia. Participa en sus actividades pastorales todo lo posible. Reza en familia. Conságrala al Sagrado Corazón de Jesús. Participad, en familia, en romerías y tradiciones populares.

18. Estudia y difunde la historia de tu pueblo, de tu barrio, de tu calle, de tu comunidad de vecinos.

19. Desayuna, come y cena en casa. En familia.

20. Cocina en casa. Y si es con recetas familiares, mejor.

21. Compra o contrata los servicios de comercios y profesionales que defiendan la familia, que hagan descuentos a familias numerosas, etc.

22. Lleva a tus hijos a un colegio que defienda la familia como Dios manda. Implícate en la vida del colegio, asóciate con otros padres, exige tus derechos como educador, protesta y reclama siempre que sea necesario.

23. Cuidado con los créditos y las hipotecas. No te endeudes por sistema hasta perder libertad.

24. No tengas miedo a ser raro o, mejor dicho, a ser normal en un mundo raro. Inculca en tus hijos ese sentimiento liberándolos de complejos.

25. Esfuérzate por buscar alternativas al ocio.

26. Cultiva tus principios, lee y difunde libros buenos, publicaciones que los defiendan. Educa contracorriente.

27. Vigila las adicciones: la droga, el sexo, el juego.

28. Haz propaganda de todo lo bueno. Ayuda a que se conozcan las buenas iniciativas, las pequeñas victorias.