23 jul. 2016

Mi celebración del 19 de julio

Un pequeño medio digital llamado El Pamplonauta (su redactor Arturo Cisneros, concretamente) ha publicado un artículo mal documentado y bastante desorientado que me obliga a salir al paso para aclarar algunas cosas en relación con mi celebración del 19 de julio. Si me han de insultar o partir la cara al menos que sea por lo que soy -católico, navarro, español y carlista- y no por meterme en ese revoltijo tan recurrente de los fachas, o los franquistas. 

Este es el enlace al artículo en cuestión (que ha reproducido el diario podemita "Diagonal"):
http://www.pamplonauta.info/2016/07/21/la-ultima-misa-franquista-monumento-los-caidos-pamplona/

Y esta es mi respuesta al mismo:

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En primer lugar hay que aclarar que no existe en la liturgia católica ningún rito especial que se pueda denominar "franquista". No existe la "misa franquista" ni menos aún la "misa de homenaje franquista". Las eucaristías que celebra la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz son misas católicas ordinarias en las que se lee la Sagrada Escritura, se realiza el rito de la eucaristía y se reza por los difuntos. (Y también se hacen -por cierto- en desagravio por el sacrilegio de la exposición organizada por el ayuntamiento en ese mismo edificio hace unos meses.)

No es correcto decir que la citada Hermandad tenga "ideología franquista". Es una asociación religiosa canónica que carece de fines políticos. Se fundó en un momento histórico concreto por católicos que, bajo su responsabilidad, y con su obispo a la cabeza, después de entender que se habían agotado las vías pacíficas, decidieron adherirse a un alzamiento contra un gobierno que consideraban ilegítimo. La citada Hermandad lo único que recoge -y actualiza- es ese espíritu de defensa de valores religiosos. A veces parece que nos olvidamos de que el régimen contra el que se alzaron aquellos católicos había desencadenado una auténtica persecución religiosa. Y no sólo a partir de 1936, pues ya desde 1931 se quemaron iglesias y en el fallido golpe de estado socialista de 1934 se asesinó a nada menos que 34 miembros del clero.

Como político, como carlista y como navarro, tengo que decir, para que se entienda bien mi posición, que lo que los carlistas conmemoramos el 19 de julio no es ni la guerra civil, ni la represión, ni el establecimiento posterior de la dictadura de Franco. Nosotros no celebramos nada de eso. Lo que recordamos con admiración y respeto es el espíritu del 19 de julio, un espíritu popular y civil que llevó hace 80 años a miles de navarros, -leales al gobierno legítimo de la Diputación Foral de Navarra-, a alzarse contra otro gobierno, el de Madrid, que consideraron ilegítimo porque estaba amparando la anarquía y la persecución religiosa. 4.704 de esos sublevados murieron en el frente a lo largo de la contienda y sus nombres están inscritos en el Monumento de Pamplona. Otros navarros murieron fuera de navarra, víctimas de la represión y persecución de la "zona roja". Otros más fallecieron en los bombardeos de Pamplona o Lumbier. Sus familiares y amigos tenemos todo el derecho del mundo a reconocer su heroísmo, a honrar sus restos, o a rezar por ellos. Al menos el mismo derecho que los familiares y amigos de los combatientes y represaliados del bando republicano.

La historia de Las Españas está llena de guerras y de violencias y supone un llamamiento constante para que evitemos los mismos errores. Es fácil poner la etiqueta de culpable al que toma la decisión de enfrentarse al gobierno pero ¿qué sería del mundo si todas las personas, a lo largo de toda la historia, se hubieran sometido siempre, sin protesta alguna a los caprichos de los poderosos? Cuando recuerdo el heroísmo que tuvieron los sublevados de 1936 pienso en el de los protagonistas de otros alzamientos históricos como los del 718 contra los musulmanes, del 1212 contra los almohades, de 1808 contra Napoleón, de 1833 contra los liberales... Entiendo que otros pueden tener otras preferencias, y verán con admiración a golpistas liberales como Riego o a los anarquistas de la "semana trágica" de Barcelona. Lo entiendo y lo respeto. Lo único que pido es ese mismo respeto.

Javier Garisoain

4 jul. 2016

La rojigualda, la bandera de todos los españoles

Ahora que se acerca el 18 de julio y el 80º aniversario del Alzamiento-Cruzada de 1936 es un buen momento para reivindicar la bandera de España como signo de unidad de todos los españoles, por encima de intereses, partidos, ideologías o bandos.

La bandera rojigualda es bandera hispánica "oficial" desde mayo de 1785. Se diseñó y escogió en tiempos de Carlos III sin afán partidista alguno. Es cierto que su implantación como bandera oficial fue paulatina, empezando como enseña de la Armada española, pero hoy es la bandera de todos. Nos representa a todos.

Los carlistas empleamos otro distintivo histórico, la cruz de Borgoña, la de los tercios de la época de los Austria. Pero no la equiparamos a la bandera rojigualda. La usamos de otro modo. De hecho se ha convertido en emblema de nuestro movimiento político y como tal nunca hemos pretendido imponerla al resto de los españoles. Lo que hizo el franquismo cuando utilizó como banderas oficiales las del "partido único" fue un gesto totalitario y antitradicional. Un gesto por otra parte típico también de comunistas, islamistas, masones, nazis o de los separatistas de todo pelaje que aun hoy procuran imponer a regiones y naciones sus banderas de partido (como la ikurriña o las esteladas).

La bandera tricolor republicana, emblema sectario y partidista, sustituyó a la bandera tradicional, tras el golpe de estado de 1931. Por eso nunca será aceptada con normalidad en España. La bandera rojigualda, por el contrario, desde su mismo origen había sido la bandera de todos los españoles y por eso su restitución fue una de las condiciones que pusieron los carlistas para concurrir al Alzamiento de 1936. Si hoy está donde está es gracias a ellos. Conviene recordarlo.

Ver también: 
http://javiergarisoain.blogspot.com.es/2011/07/pues-si-alzamiento-nacional-y.html

2 jul. 2016

En defensa de la normalidad

Hay que tener mucha tranquilidad ante la oleada de las estupideces políticamente correctas. Lo peor que nos puede pasar a los católicos, a la gente tradicional, es que nos hagan creer que los frikis somos nosotros.

Tenemos que reafirmarnos en nuestra normalidad. Sin complejo alguno. Hemos de procurar fortalecer las convicciones normales de la gente normal, bombardeadas por la potentísima propaganda progre.

Tampoco creo que haga falta organizar el "Día del orgullo de la gente normal" pero la gente sencilla necesita escuchar argumentos razonables.

- Una mujer que renuncia a casarse porque prefiere inseminarse artificialmente es una mujer rara. Se mire como se mire.

- Un hombre que no usa sus mandíbulas como un omnívoro es un tipo extraño. Se mire como se mire.

- Uno que confunde el aparato sexual con el digestivo no puede estar orgulloso de eso.

- Uno que dice que hay que proteger los huevos del aguilucho cenizo pero que no pone reparos al aborto es una persona injusta.

- Uno que vive despreciando a sus abuelos y su tradición pero esperando la veneración de sus nietos es un iluso.

- Uno que se avergüenza de su lengua materna por respetos humanos es un cobarde.

- Uno que se queja del exceso de leyes, policía, inspecciones e impuestos pero que vota a los políticos estatalistas es tonto.

- Uno que no cree en Dios pero que confía en los chakras, el aura, los marcianos y la brujería tiene un pie en el manicomio.

Los raritos son ellos.