30 jul. 2013

La mayoría nunca gobierna

La teoría dice que el sistema democrático vigente es un sistema en el que "gobierna la mayoría con el respeto a las minorías". Se trata de una falacia evidente porque ni ahora ni nunca ha gobernado la mayoría en ninguna parte.

La mayoría, por definición,  no puede gobernar porque el ejercicio del gobierno requiere unidad y coherencia. Y resulta que las personas son libres. Y sucede que el campo de las cosas opinables es vastísimo, imposible de encauzar de forma estable en una institución de gobierno a no ser que se consiga una sociedad de borregos sin inteligencia y sin voluntad, zombies políticos entregados en cuerpo y alma a una casta gobernante. Un gobierno razonable (que, insisto, no podrá ser ejercido de hecho más que por una persona, una familia o una minoría) puede aspirar a tener la adhesión y el reconocimiento de la mayoría. Pero decir que es la mayoría la que gobierna es pura demagogia.

Por otra parte nunca hubo tanto desprecio a las minorías, y a todos los gobernados, como ahora. El respeto a las minorías en la vieja Cristiandad se regulaba mediante los fueros y "privilegios", leyes hechas a medida, con las que se procuraba hacer justicia dando a cada uno lo suyo, independientemente del tamaño de cada grupo social. En cambio los gobiernos actuales, autodenominados democráticos, son especialistas en la persecución de cualquier minoría, con el sistema electoral, con la opresión a la pequeña empresa, al pequeño municipio, a la familia, a las asociaciones profesionales.

El sistema actual no representa a la mayoría, ni siquiera se puede decir que respete a la mayoría, porque al fin y al cabo la mayoría no es mas que la suma de todas las minorías pisoteadas. El sistema actual se sustenta en una casta ideologizada que, como los antiguos imperios paganos, necesita una masa de esclavos para perpetuarse. El sistema actual es pura fachada, palabrería falsa, un gigante con los pies de barro que caerá cuando las familias busquen la verdad y aquel talante admirable que en nuestra tierra siempre se llamó la libertad de los hijos de Dios.

20 jul. 2013

Si estás con el PP no estás con el Papa


2 jul. 2013

Valbuena y la crítica a la nueva "aristocracia"

Cedo hoy con gusto un espacio en mi blog a mi correligionario don Antonio de Valbuena, crítico, literato y carlista cascarrabias sin par. Fíjense lo que decía hace más de cien años y ya me dirán si no resulta actual:

"La revolución abolió los privilegios de la nobleza, y como la humanidad no puede vivir sin privilegios, fué y creó los del capital. Se emancipó de la apacible sumisión a los nobles, para caer bajo el afrentoso garfio de los usureros. ¡Algo dieran ahora los labradores de muchísimas comarcas de España por volver a llevar todas las mañanas al palacio del conde en señal de homenaje la jarra de agua fresca cogida de la fuente cristalina, en vez de llevar a la panera del opulento comprador de bienes nacionales sendos carros de trigo, que en junto con los enormes tributos que exige el Erario, absorben por entero el fruto de sus sudores! La revolución abolió los títulos nobiliarios, o por lo menos los hirió de muerte con la desvinculación, otra grande injusticia; y luego, no hallándose sin ellos, creó otros nuevos títulos a favor de los afortunados: estableció la aristocracia del dinero en sustitución de la aristocracia de las virtudes; apartóse de Dios y adoró al becerro de oro. Y ¡coincidencia cruel y risible! los que más se han burlado de los antiguos pergaminos, han sido luego los más ansiosos buscadores de las cartulinas modernas; y los gobiernos más liberales, han sido los que más han hecho crecer ese barullo de caricaturas de aristócratas".

Antonio de Valbuena, Ripios aristocráticos, sexta edición, V.Suárez, Madrid, 1894.